sábado, 31 de julio de 2021

LA GRANDEZA DE JUAN EL BAUTISTA


La grandeza de Juan el Bautista

Lo que ha hecho grande a Juan, lo que le ha hecho el más grande entre los grandes, es que ha vivido sus virtudes al máximo... uniendo a estas la más grande de todas, la humildad. Siendo considerado como el más elevado de todos, espontáneamente y con la presura del amor, ha puesto por encima de él a Aquel que es el más humilde de todos, y hasta tal punto lo ha puesto por encima de él que se declaró indigno de desatarle las sandalias (Mt 3, 11).

Que otros queden maravillados de que Juan haya sido anunciado por los profetas, anunciado por un ángel..., nacido de padres tan santos y tan nobles, aunque de edad avanzada y estériles..., que en el desierto haya preparado el camino del Redentor, que haya convertido los corazones de los padres hacia los hijos y los de los hijos hacia los padres (Lc 1,17), que haya sido digno de bautizar al Hijo, escuchar al Padre, ver al Espíritu (Lc 3, 22), en fin, que haya combatido por la verdad hasta dar la vida y que, para ser precursor de Cristo incluso en el país de los muertos, haya sido mártir de Cristo ya antes de su Pasión. Que otros se queden maravillados de todo esto...

A nosotros, hermanos míos, se nos propone su humildad no tan sólo como objeto de admiración, sino también de imitación. Es ella que le ha incitado a no querer pasar por grande, siendo así que podía hacerlo... En efecto, este fiel «amigo del Esposo» (Jn 3,29) que amaba a su Señor más que a sí mismo, deseaba «disminuir» para que él creciera (v 30). Se esforzaba para aumentar la gloria de Cristo haciéndose él mismo más pequeño, manifestando a través de toda su conducta lo que diría el apóstol Pablo: «No nos predicamos a nosotros mismos sino al Señor Jesucristo» (2Co 4,5).



Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157)
abad cisterciense
3er sermón sobre san Juan Bautista

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 14,1-12


Evangelio según San Mateo 14,1-12
En aquel tiempo, la fama de Jesús llegó a oídos del tetrarca Herodes,

y él dijo a sus allegados: "Este es Juan el Bautista; ha resucitado de entre los muertos, y por eso se manifiestan en él poderes milagrosos".

Herodes, en efecto, había hecho arrestar, encadenar y encarcelar a Juan, a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe,

porque Juan le decía: "No te es lícito tenerla".

Herodes quería matarlo, pero tenía miedo del pueblo, que consideraba a Juan un profeta.

El día en que Herodes festejaba su cumpleaños, la hija de Herodías bailó en público, y le agradó tanto a Herodes

que prometió bajo juramento darle lo que pidiera.

Instigada por su madre, ella dijo: "Tráeme aquí sobre una bandeja la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por los convidados, ordenó que se la dieran

y mandó decapitar a Juan en la cárcel.

Su cabeza fue llevada sobre una bandeja y entregada a la joven, y esta la presentó a su madre.

Los discípulos de Juan recogieron el cadáver, lo sepultaron y después fueron a informar a Jesús.



RESONAR DE LA PALABRA 

Queridos amigos y amigas:

El evangelio nos presenta el relato de la decapitación de Juan el Bautista, del mismo modo que en Marcos 6, 14-29 esta narración entra de improviso, como un recuerdo inquietante suscitado por hechos recientes. El precursor del Mesías, profeta de una fuerte personalidad moral, había denunciando, en nombre de Dios, el pecado de Herodes. De algún modo el evangelista nos quiere mostrar que, si la misión de Juan está vinculada con la de Jesús, la muerte violenta y su sepultura pueden también prefigurar la de Jesús.

La voz de los profetas se vuelve incomoda cuando denuncian las injusticias. Como dijo Monseñor Óscar Romero se «mata a quien estorba» y el que dice la verdad estorba. A Herodías le estorbaba Juan el Bautista porque le recordaba su mal comportamiento, lo mismo a Herodes le resultaba incomoda la denuncia del Bautista, atrapado por el quedar bien, decide mandar a decapitar al precursor. La escena dramática nos presenta como el mal se disfraza en la frivolidad del aplauso y en la dependencia de otros que la bailotean. Así se teje una trama donde se cruzan la pasión y la venganza, el miedo y la complacencia, la danza de una doncella y la vida de un profeta servida en una bandeja de un banquete.

El Bautista supo jugarse su vida hasta el final por denunciar valientemente lo que es injusto. El evangelio de Mateo al introducir la narración del martirio de Juan sugiere al lector que Jesús también será condenado por dar testimonio de la verdad. Jesús como lo vemos en el evangelio se entrega hasta el último momento por defender la vida y la dignidad de todos y de cada uno de los hijos de Dios, particularmente de aquellos que no gozan de una dignidad reconocida: los pecadores, los pobres, los marginados, las mujeres.

Es justamente ese testimonio profético de Jesús lo que cautivó a Ignacio de Loyola, cuya memoria celebramos hoy. Desde su convalecencia en Loyola hasta su profunda experiencia mística en Manresa lo que pedía continuamente era «conocimiento interno de Jesús para más amarle y seguirle». Pidamos por su intercesión el don del discernimiento para buscar siempre, como los profetas, la voluntad de Dios. Que San Ignacio nos contagie de su experiencia espiritual para «hallar a Dios en todas las cosas».


Tomad, Señor y recibid
toda mi libertad
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad
Todo mi haber y mi poseer
vos me lo disteis
a vos Señor lo torno
Todo es vuestro
disponed a toda vuestra voluntad
Dadme vuestro amor y gracia
que ésta me basta

San Ignacio de Loyola

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 30 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 300721


«Porque les faltaba fe»

Algunos teólogos recientes piensan que el fuego que quema y al mismo tiempo salva es el mismo Cristo, el Juez y Salvador. El encuentro con él es el acto decisivo del juicio. Ante su mirada se desvanece toda falsedad. Es el encuentro con él que, quemándonos, nos transforma y nos libera para hacer que lleguemos a ser verdaderamente nosotros mismos. Las cosas construidas durante la vida pueden revelarse entonces como paja seca, vanagloria vacía y derruirse. Pero en el sufrimiento que produce este encuentro en el que lo impuro y malsano de nuestro ser se nos presenta del todo evidente, se encuentra la salvación. La mirada de Cristo, los latidos de su corazón nos curan gracias a una transformación, ciertamente dolorosa, como «a través de fuego». Sin embargo es un sufrimiento dichoso en el que, el santo poder de su amor nos penetra como una llama permitiéndonos, al fin, ser totalmente nosotros mismos, y por ello, totalmente de Dios.

Así se vuelve del todo evidente la compenetración entre la justicia y la gracia: nuestra manera de vivir no es irrelevante, pero nuestra suciedad no nos embrutece eternamente si, por lo menos, permanecemos orientados hacia Cristo, hacia la verdad, hacia el amor. A fin de cuentas, esta suciedad ha sido ya quemada en la Pasión de Cristo. En el momento del juicio experimentamos y acogemos este dominio de su amor sobre todo mal en el mundo y en nosotros. El sufrimiento del amor se convierte en nuestra salvación y nuestro gozo.


Benedicto XVI
papa 2005-2013
Encíclica « Spe Salvi », 47

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,54-58


Evangelio según San Mateo 13,54-58
Al llegar a su pueblo, se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal manera que todos estaban maravillados. "¿De dónde le viene, decían, esta sabiduría y ese poder de hacer milagros?

¿No es este el hijo del carpintero? ¿Su madre no es la que llaman María? ¿Y no son hermanos suyos Santiago, José, Simón y Judas?

¿Y acaso no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde le vendrá todo esto?".

Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo. Entonces les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo y en su familia".

Y no hizo allí muchos milagros, a causa de la falta de fe de esa gente.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

El evangelio de Mateo después del «Discurso de las parábolas» (Mt 13, 1-52), nos presenta a Jesús en la sinagoga de su tierra, en Nazaret, rechazado por sus propios paisanos. Es interesante, estamos en Nazaret. Nazaret es el lugar de la fe, porque es el lugar de María, donde por primera vez la humanidad responde plenamente a Dios: ¡que se cumpla en mí según tu palabra! Es el lugar de adhesión al plan de Dios, pero también es el lugar de la incredulidad. Jesús no puede hacer muchos milagros por la incredulidad de su gente.

Cuando Jesús llega a Nazaret sus vecinos se sorprenden de dos cosas: de la sabiduría de su corazón y de la fuerza sanadora de sus manos. Esto es lo que llamada poderosamente la atención de su persona. No es un líder cualquiera. Tampoco es un intelectual con una gran formación académica. No tiene el poder sagrado de los sacerdotes del templo. No es miembro de una familia de renombre ni pertenecía a una élite de privilegio. Sin embargo, transmitía su experiencia de Dios de una forma totalmente nueva, bajo el signo del amor.

En Nazaret no lo aceptan, neutralizan su presencia con una serie de preguntas, sospechas, perplejidad. Esto les impide captar la novedad asombrosa de su enseñanza y dejarse sanar por su compasión. También nosotros corremos este mismo riesgo cuando damos ya por sabido el evangelio. Y es que «a Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que nos enseñe cosas tan decisivas como la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo» (Pagola).

También nosotros estamos llamados a superar la desconfianza o quedarnos solo en la exterioridad. Como señaló el papa Francisco, en el Ángelus del 4 de julio de este año: «y aquí entramos precisamente en el núcleo del problema: cuando hacemos que prevalezca la comodidad de la costumbre y la dictadura de los prejuicios, es difícil abrirse a la novedad y dejarse sorprender. Nosotros controlamos, con la costumbre, con los prejuicios. Y esto puede suceder también con Dios, precisamente a nosotros creyentes, a nosotros que pensamos que conocemos a Jesús, que sabemos ya mucho sobre Él y que nos basta con repetir las cosas de siempre».

Dónanos Señor la capacidad del asombro, de abrirnos a las sorpresas que traes a nuestra vida para que nuestra fe no sea una costumbre social anquilosada. ¡Señor, haz que encontremos tu presencia humilde y escondida en la vida de cada día!

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 29 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 290721


«Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro» (Jn 11,5)

Amad a todo el mundo con un amor grande de caridad, pero no tengáis trato de amistad más que con los que podéis intercambiar cosas buenas... Si intercambiáis en el terreno del conocimiento, ciertamente que vuestra amistad es laudable; más aún si compartís con ellos en el terreno de la prudencia, de la discreción, de la fuerza y de la justicia. Pero si vuestra relación está fundada sobre la caridad, la devoción y la perfección cristiana, ¡Dios mío, qué preciosa será vuestra amistad! Será excelente porque viene de Dios, excelente porque tiende a Dios, excelente porque Dios es su lazo de unión, porque durará eternamente en Dios. ¡Qué bueno es amar sobre la tierra como se ama en el cielo, aprender a amarse en este mundo tal como lo haremos eternamente en el otro!

Yo no hablo aquí del simple amor de caridad, porque éste se debe a todos los hombres; sino que hablo de la amistad espiritual mediante la cual dos o tres, o muchos, comulgan en la vida espiritual y se hacen un solo espíritu entre ellos. Es con todo derecho que estas almas dichosas pueden cantar: «¡Ved qué dulzura, qué delicia convivir los hermanos unidos!» (Sl 132,1)... Me parece que todas las demás amistades no son otra cosa que la sombra de ésta... Para los cristianos que viven en el mundo es necesario que se ayuden unos a otros con santas amistades; mediante ella se ayudan, se sostienen, se acompañan mutuamente hacia el bien... Nadie podrá negar que Nuestro Señor haya amado con una amistad del todo dulce y del todo especial a san Juan, a Lázaro, a Marta y a Magdalena, porque la Escritura da testimonio de ello.


San Francisco de Sales (1567-1622)
obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia
Introducción a la vida devota, III, 19

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 11,19-27


Evangelio según San Juan 11,19-27
Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.

Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas".

Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará".

Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día".

Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;

y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?".

Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

Hoy celebramos la fiesta de Santa Marta. En el evangelio vemos que Marta sale al encuentro de Jesús cuando aún él está en camino. Es una bella escena para contemplar. A diferencia de su hermana María que se queda en casa, Marta salió a buscar. Justo cuando estaba atravesando un momento difícil como la muerte de su hermano Lázaro. Es una experiencia límite, pero no la paraliza. ¡Qué iluminadora es está actitud de Marta también para nosotros hoy! Nos muestra que aún en los acontecimientos más duros de la vida, no podemos quedarnos estancados.

Ese deseo de encuentro con Jesús lleva a Marta a experimentar consuelo en su dolor. ¿En las situaciones límites de mi vida experimento ese deseo de encuentro con Dios? ¿Soy capaz de salir de mí mismo? Marta nos enseña que podemos abrirnos a la presencia sanadora de Jesús que es capaz de llenar de mi vida de gratuidad. ¿En los problemas de mi vida soy capaz de permanecer en Jesús? La amistad con Jesús, como lo vemos en los hermanos de Betania, nos ayuda a salir adelante en las dificultades.

Jesús nos cuestiona con cariño, como a Marta, y nos dice: «Yo soy la resurrección y la vida... el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre». El discípulo del Señor está llamado hacer propia la pregunta de Jesús a Marta: «¿Crees esto?». ¿Qué implica para mí que él sea la resurrección y la vida? ¿Cómo incide en mi vida de cada día mi fe en él? El evangelio hace de nuestro encontró con Jesús y de la amistad con él una expresión de fe y de esperanza de una vida nueva.

Jesús sin ahorrar las lágrimas a Marta le asegura que su hermano vivirá. Jesús nos asegura que el que cree en él ya ha pasado de la muerte a la vida. El camino propio del discipulado es pasar de la oscuridad de lo que da muerte a la luz de lo que nos da vida. Como a Marta nos toca pasar del «por qué no estabas aquí» a la fe confiada en Jesús: «Yo creo Señor, que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo».

Danos Señor la gracia de crecer en la devoción profunda a tu persona. Llena nuestra vida con una ilusión renovada, que seamos capaz de agradecer siempre tu presencia.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 28 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 280721


El tesoro escondido en el campo de las Escrituras

Cristo era presente en todos aquellos a quienes, desde el comienzo, Dios comunicaba su palabra, su verbo. Si alguien lee las Escrituras en esta perspectiva, encontrará la referencia a Cristo y una prefiguración de un nuevo llamamiento. Porque él es “el tesoro escondido en el campo”, es decir, en el mundo. (cf Mt 13,38) Tesoro escondido en las Escrituras porque había sido prefigurado en figuras y parábolas que, humanamente hablando, no podían ser comprendidas antes del cumplimiento de las profecías, es decir, antes de la venida del Señor. Por esto fue dicho al profeta Daniel: “...mantén ocultas estas palabras y ten sellado el libro hasta que llegue el momento final.” (Dn 12,4) También Jeremías dice: “Sólo después lo comprenderéis” (cf Jr 23,20)...

La ley leída por los cristianos es un tesoro escondido antiguamente en un campo, pero fue revelado en la cruz de Cristo. ... La cruz manifiesta la sabiduría de Dios, da a conocer sus designios en vista a la salvación de la humanidad, prefigura el Reino de Cristo, anuncia la buena noticia de la herencia de la Jerusalén santa, anuncia que la persona que ama a Dios progresará hasta ver a Dios y comprender su palabra y será glorificado por esta palabra...

Así el Señor explica las Escrituras a sus discípulos después de la resurrección, afirmando por ellas que “era necesario que Cristo sufriera para entrar en su gloria.” (Lc 24,26) Si pues alguien lee así las Escrituras, será un discípulo perfecto “que es como un padre de familia que saca de su tesoro cosas nuevas y viejas.” (Mt 13,52)


San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208)
obispo, teólogo y mártir
Contra las herejías IV, 26; SC 100, pag 711

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,44-46


Evangelio según San Mateo 13,44-46
Jesús dijo a la multitud:

"El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;

y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Las parábolas del evangelio de este día, el tesoro escondido y la perla fina, ponen en evidencia el valor absoluto del Reino de Dios anunciado por Jesús, por el cual vale la pena venderlo todo. Esta fue la experiencia que tuvo Jesús cuando descubrió la gratuidad y belleza del Reino de su Padre, por eso afirmó: ¡Donde esté tu tesoro estará tu corazón! Y es que el Reino de Dios exige una completa dedicación a su causa.

Este Reino no es cualquier cosa, es alguien, es haber encontrado la persona de Jesús en el campo de la vida. Y es tanta la alegría que nos produce el horizonte de sentido que le abre a nuestra existencia ese encuentro con él, que dejamos todo lo que considerábamos importante hasta ese momento. De este modo le damos lugar a la novedad de lo que hemos encontrado, no porque haya que pagar nada por lo que hemos encontrado. Al contrario, es su absoluta gratuidad la que nos lleva a querer venderlo todo para tener espacio donde recibirlo.

Por otra parte, la parábola nos presenta la radicalidad en la elección por el Reino de Dios. El Reino se convierte en el único valor absoluto para quien recibe el don de descubrirlo; es la mayor riqueza para el seguidor de Jesús. A los que han sido afortunados con su hallazgo les queda una tarea para toda la vida, la de ir subordinando (vende todo lo que tiene, señala Jesús) todo a causa del Reino.

Pidamos al Señor que nos dé la gracia que nuestra vida sea unificada entorno al Reino de Dios. Que estemos atentos a no dejarnos seducir por las cosas vanas de este mundo como el poder, el prestigio, el placer. Ayúdanos Señor ha descubrir cada día la novedad de tu llamada, que como tus discípulos podamos experimentar que nos miras a nuestros ojos y nos dices: «¡Sígueme!».

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 27 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 270721


“La buena semilla son los hijos del Reino”

No hay dos mundos, el mundo físico y el mundo espiritual. No hay más que uno: el Reino de Dios “en la tierra como en el cielo” (Mt 6,10)

Muchos entre nosotros dicen cuando oramos: “Padre nuestro que estás en el cielo” (cf Mt 6,10) Piensan que Dios está ahí arriba, lo que nos hace creer que hay una separación entre los dos mundos. Muchos occidentales quieren distinguir la materia del espíritu. Pero toda verdad es una y la realidad también es una. Desde el momento en que aceptamos la encarnación de Dios, que para los cristianos se realiza en la persona de Jesucristo, empezamos a tomar las cosas en serio.


Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
Un camino muy sencillo (A simple path)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,36-43


Evangelio según San Mateo 13,36-43 
Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo".

El les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;

el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno,

y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal,

y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!"


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Llama la atención cómo los discípulos le piden a Jesús que les explique la parábola del trigo y la cizaña. Se lo piden en estos términos: «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo». Es justamente con la realidad del mal, con la cizaña, con la que solemos tener mas problemas. La interpretación de la parábola de la cizaña se presta a muchas reflexiones, quizás previstas por el evangelista. El texto nos transmite una convicción rotunda: «solo el Hijo del hombre puede poner punto final a la ambigüedad de la historia».

Jesús invita a los discípulos en primer lugar a la tolerancia, ante el riesgo constante de todo grupo o institución religiosa de creerse mejor que las demás y autoproclamarse escogida frente a los otros. Fácilmente podemos caer en el juicio sobre los demás, en calificativos como «malas hierbas». En un mundo cada vez más plural y diverso como el nuestro es fundamental la tolerancia y el respeto para una convivencia pacífica.

También en mí hay trigo y cizaña, pero no es el momento de perder la paciencia, sino de dejar que Dios marque el ritmo de la cosecha. Reconocer que en uno mismo hay trigo y cizaña nos tendría que ayudar para ser más comprensivos con los demás y para saber aceptar el ritmo de Dios en nuestras vidas. Muchas veces escucho, pero no dejo que la Palabra de Dios, la semilla buena-el Hijo del hombre, llegue a mi corazón. ¿Cómo cuido el terreno de mi corazón para la escucha de la Palabra?

El acento de la explicación de la parábola está en el juicio escatológico. Al final de los tiempos, el Hijo del hombre con su sabiduría, su justicia y su misericordia, separará los verdaderos ciudadanos del Reino de la cizaña. El criterio de separación, como aparece más adelante en el evangelio de Mateo 25, 31-46, será lo que hayamos hecho o dejado de hacer con el que tuvo hambre y sed, con el migrante y el desnudo, con el encarcelado y el enfermo. Cuando es tan fuerte el grito de dolor de los inocentes necesitamos que Jesús nos anime con sus palabras. El mal no tiene la última palabra.

Que tu esperanza nos acompañe Señor para afrontar con ánimo las dificultades y pruebas de cada día.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 26 de julio de 2021

DIOS MULTIPLICA

 

«Nosotros tratamos de acumular y aumentar lo que tenemos; Jesús, en cambio, pide dar, disminuir. Nos encanta añadir, nos gustan las adiciones; a Jesús le gustan las sustracciones, quitar algo para dárselo a los demás. Queremos multiplicar para nosotros; Jesús aprecia cuando dividimos con los demás, cuando compartimos. Probemos a compartir más, probemos a seguir este camino que nos enseña Jesús. Tampoco hoy la multiplicación de los bienes resuelve los problemas sin una justa distribución. Me viene a la mente la tragedia del hambre, que afecta especialmente a los niños. Se ha calculado —oficialmente— que alrededor de siete mil niños menores de cinco años mueren a diario en el mundo por motivos de desnutrición, porque carecen de lo necesario para vivir. Ante escándalos como estos, Jesús nos dirige también a nosotros una invitación, una invitación similar a la que probablemente recibió el muchacho del Evangelio, que no tiene nombre y en el que todos podemos vernos: “Ánimo, da lo poco que tienes, tus talentos y tus bienes, ponlos a disposición de Jesús y de los hermanos. No temas, nada se perderá, porque, si compartes, Dios multiplica. Echa fuera la falsa modestia de sentirte inadecuado, ten confianza. Cree en el amor, cree en el poder del servicio, cree en el poder de la gratuidad»


Francisco

Ángelus

25-07-2021 




COMPRENDIENDO LA PALABRA 260721


Cristo, grano de mostaza y levadura sembradas en el mundo

Cristo vino para someterse a este mundo, reivindicar que era su propio dominio, afirmar sus derechos sobre él como a su amo, liberarlo de la dominación que el enemigo había usurpado, para manifestarse a todo hombre, para establecerse en él. Cristo es este grano de mostaza negra que debe crecer silenciosamente y cubrir toda la tierra. Cristo es esta levadura que hace secretamente su camino a través de la masa de los hombres, de sus sistemas de pensamiento e instituciones, hasta que todo sea levantado. Hasta entonces la tierra y el cielo estaban separados; su proyecto de gracia es hacer de ellos un solo mundo, haciendo que la tierra sea semejante al cielo.

Él estaba en el mundo desde los comienzos, pero los hombres adoraron otros dioses. Vino a este mundo en la carne, pero «el mundo no lo conoció»; «vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron» (Jn 1,10-11). Sin embargo él había venido para provocar que le recibieran, le conocieran, le adoraran. Vino para integrar en él a este mundo puesto que, así como él mismo es la luz, este mundo fuera luz también. Cuando vino, no tenía «dónde reclinar la cabeza» (Lc 9, 58), pero vino para hacerse en él un lugar, hacerse en él un lugar para habitar, y encontrar unas moradas. Vino a cambiar el mundo entero en morada de su gloria, este mundo que los poderes del mal tenían cautivo.

Vino de noche, nació en la negra noche, en una cueva... Es allí donde primero descansó su cabeza, pero no para quedarse en ella para siempre. No podía limitarse a esta oscuridad... Su intención era transformar el mundo... Todo el universo debía ser renovado por él, pero no recurrió a nada ya existente, para crearlo todo de la nada... Era una luz que alumbraba las tinieblas hasta que con su propia fuerza creó un Templo digno de su nombre.



San John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
PPS vol 6, nº 20 «El templo visible»

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,31-35


Evangelio según San Mateo 13,31-35
Jesús propuso a la gente otra parábola:

"El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.

En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".

Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,

para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

Estamos ya en la decimoséptima semana del tiempo ordinario. Durante estos días seguiremos escuchando del capítulo trece del evangelio de Mateo las parábolas sobre el Reino. Jesús comunicó su experiencia del Reino de Dios a través de un lenguaje sencillo y claro. No utilizó un lenguaje como el de los escribas para dialogar con los campesinos de Galilea. Tampoco se valió de conceptos para hablarnos de lo que vivía en su interior. Acudió a un lenguaje que le venía de la vida que le rodeaba, de lo que observaba en la naturaleza, de las personas que encontraba.

Jesús recogía, guardaba y meditaba sobre lo que encontraba, observaba, conocía; y sabía contar pequeñas historias con gran creatividad, inventaba imágenes, concebía bellas metáforas, sugería comparaciones y, sobre todo, tenía el arte de narrar parábolas que cautivaban a la gente. Utilizaba el lenguaje de los poetas. Acercarnos a sus relatos es adentrarnos en su fascinante experiencia del Reino de Dios.

Las dos imágenes del evangelio de este día: la mostaza y la levadura nos dan una idea del dinamismo de crecimiento y de transformación del reinado de Dios. Tanto la semilla de mostaza como la levadura son realidades pequeñas, sencillas, humildes, pero guardan en sí mismas un potencial de crecimiento insospechado. Frente a una mentalidad donde se valora solo lo grande y lo poderoso, Jesús nos enseña a redescubrir el valor de las «cosas pequeñas» y de lo cotidiano.

Del mismo modo el Reino de Dios está ya presente entre nosotros, no se manifiesta de un modo espectacular, está escondido, pero su fuerza de crecimiento es capaz de fermentar toda la realidad. Quizás también nosotros queremos que Dios se revele de un modo grande y poderoso. Sin embargo, la acción salvadora de Dios se descubre en la actuación humilde de Jesús. La fuerza interior y dinámica del Reino de Dios tiene la capacidad de transformar la vida entera del ser humano.

Pidamos al Señor que nos contagie su confianza total en la acción de Dios, que de forma oculta y secreta está actuando siempre para nuestro bien.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 24 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 240721


“Dejadlos crecer juntos hasta la siega”

Que nadie imagine que el Cuerpo de la Iglesia, teniendo el honor de llevar el nombre de Cristo, no se compone, desde el inicio de su peregrinar sobre la tierra, más que de miembros eminentes en santidad, o no está formado más que por el grupo de los que están predestinados por Dios a una felicidad eterna. En efecto, es necesario admitir que la infinita misericordia de nuestro Salvador no rechaza ahora que se dé un lugar en su Cuerpo místico a aquellos que, en otro tiempo, no rechazó que participaran en su banquete (cf Mt 9,11). Porque toda falta, aunque sea un pecado grave, de sí no da como resultado –como el cisma, la herejía o la apostasía- separar al hombre del Cuerpo de la Iglesia. La vida no desaparece de aquellos que, habiendo perdido por el pecado la caridad y la gracia santificante y, por consiguiente, llegan a ser incapaces de todo mérito sobrenatural; conservan, sin embargo, la fe y la esperanza cristianas y, a la luz de la gracia divina, bajo las inspiraciones interiores y el impulso del Santo Espíritu, son estimulados hacia un temor saludable y movidos por Dios a la oración y al arrepentimiento de sus faltas.

Que todos, pues, tengan horror al pecado que ensucia a los miembros místicos del Redentor, pero que el pecador caído y que, por su obstinación, no se ha vuelto indigno de la comunión de los fieles, sea acogido con mucho amor, que nadie, con ferviente caridad, no vea en él más que un miembro enfermo de Jesucristo. Porque, tal como lo señala san Agustín, es mejor “ser curado en el Cuerpo de la Iglesia que ser arrancado de este Cuerpo como un miembro incurable”; “mientras el miembro está todavía ligado al cuerpo, no se puede desesperar de su salud; pero si es arrancado, ya no puede ni ser cuidado ni ser curado”.



Venerable Pio XII (1876-1958)
papa 1939-1958
Encíclica “El cuerpo Místico de Cristo”, 1943

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,24-30


Evangelio según San Mateo 13,24-30
Jesús propuso a la gente otra parábola:

"El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.

Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.

Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'.

El les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'.

'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.

Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

Terminamos la semana escuchando otra de las llamadas parábolas del Reino que el evangelista Mateo ofrece agrupadas. En los próximos días, fortalecidos ya por la celebración del domingo, se nos proclamarán más.

Nos encontramos hoy ante el trigo y la cizaña, que crecen mezclados en el campo; en un campo en el que los enemigos del Reino han ido haciendo también su trabajo. Muchos de nosotros pertenecemos a generaciones educadas en la contemplación de la misericordia de Dios, en la conciencia de su deseo de salvar a todos y de su infinita paciencia. Corremos el peligro (y a veces hemos caído en él) de minusvalorar la fuerza del mal, del que está sembrado en el campo del mundo y del que anida dentro de cada uno de nosotros. Con frecuencia, con el paso de los años, hemos ido poniendo palabra a esta experiencia: el mal existe; el mal tiene fuerza; el mal pelea dentro de cada uno de nosotros, a veces incluso con procedimientos muy sibilinos; el Reino tiene enemigos, y nosotros a veces bailamos a su ritmo.

Por eso la parábola suena tan bien y nos invita gozosa y confiadamente a la esperanza. La fe nos invita a ser lúcidos, a vivir en sencillez, pero también en astucia, a calcular bien el peso, la medida y el coste de la torre antes de edificarla. Hay cizaña; y de vez en cuando colaboramos con ella. No caigamos en ingenuidades que Dios no desea.

Pro al tiempo se nos ofrecen mil ayudas para que el trigo termine con la cizaña en nosotros, para que el bien venza claramente la batalla al mal, para que el Reino pueda seguir abriéndose camino con nuestra ayuda.

Hoy es sábado. María de Nazaret camina con nosotros todos los días del año, pero hoy podemos invocarla de modo especial, unidos a los millones de creyentes que lo hacen: María, madre y hermana, ayúdanos a dar buen fruto, a acoger mejor la Palabra, a proclamar con nuevo entusiasmo que viviremos como quiere el Señor. Santa María, ruega por nosotros.

¡Buen fin de semana, hermanos! ¡Que el Señor os conceda un buen domingo!

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 23 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 230721


«Ciento o sesenta o treinta por uno»

La siembra ha sido echada por los apóstoles y profetas, pero es el Señor, él mismo, el que siembra. Es el Señor, él mismo, quien está presente en ellos desde el momento en que es el mismo Señor quien siega. Porque sin él ellos no son nada, mientras que él, sin ellos, sigue siendo perfecto. En efecto, él les dice: «Sin mí nada podéis hacer» (Jn 15,5). Sembrando, pues, en las naciones, ¿qué es lo que dice Cristo? «Salió el sembrador a sembrar.» (Mt 13,3). En otro texto son los segadores los que son enviados a segar; el sembrador quien sale a sembrar, y no se queja de su trabajo. En efecto ¿qué importa que el grano caiga en el camino, o sobre piedras o entre zarzas? ¡Si dejara entrar en él el desánimo por la ingrato de estos lugares no llegaría hasta la buena tierra!...

Se trata de nosotros: ¿seremos el camino, o las piedras, o las zarzas? ¿Queremos ser la tierra buena? Dispongamos nuestro corazón para que dé treinta, sesenta, cien, mil veces más. Treinta veces, mil veces, es siempre trigo y nada más que trigo. No seamos este camino en el que la simiente es pisoteada por los viandantes y nuestro enemigo se apodera de ella como si fuera un pájaro. Tampoco seamos estas piedras en las que una tierra poco profunda hace crecer demasiado rápidamente un grano que después no puede soportar el calor del sol. Nunca jamás estas zarzas, las codicias de este mundo, este empeño en hacer el mal. En efecto ¿hay algo peor que hacer todos esto esfuerzos para una vida que nos aparta de llegar a la verdadera vida? ¿Hay alguien más desdichado que cuidar tanto la vida para llegar a perderla? ¿Hay algo más triste que temer la muerte para caer en poder de la muerte? Arranquemos las espinas, preparemos el terreno, recibamos la simiente, perseveremos hasta la siega, aspiremos a ser recibidos en los graneros.


San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 101; PL 38, 605

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,18-23


Evangelio según San Mateo 13,18-23
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.

Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.

El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,

pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.

El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.

Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

En el sur de Europa solemos creer que los países escandinavos hace décadas que se han desenganchado de las raíces cristianas y viven en una cultura completamente secularizada. Esto no es del todo verdad, aunque algunas estadísticas apunten en esta dirección. Quizá porque fueron países en los que se produjo un desenganche más temprano, son también países en los que se están dando síntomas de “otra cosa”. Santa Brígida, cuya memoria celebramos hoy, viene del Norte. Ella es patrona de Europa porque representa una manera peculiar de iluminar las vicisitudes de este pequeño continente desde su experiencia de la pasión de Cristo.

Fue una santa viajera. Desde su Suecia natal peregrinó a Compostela, a Roma y a Tierra Santa, los tres lugares de referencia religiosa en el Medioevo. Habló a las autoridades civiles y eclesiásticas. Fustigó la corrupción. Nadie, ni siquiera el Papa, se vio libre de sus admoniciones. Quizá hoy no se toleraría una santa tan “incómoda” como Brígida. Pero su unión a Jesús fue y es la garantía de su fruto abundante.

He aquí una de las oraciones que le dirigía:

¡Oh Dulce Jesús! Herid mi corazón,
a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia
me sirvan de pan, día y noche.
Convertidme enteramente, Oh mi Señor, a Vos.
Haced que mi corazón sea Vuestra Habitación perpetua.
Y que mi conversación Os sea agradable.
Que el fin de mi vida Os sea de tal suerte loable,
que después de mi muerte pueda merecer Vuestro Paraíso;
y alabaros para siempre en el Cielo con todos Vuestros santos. Amén.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 22 de julio de 2021

¿QUÉ BUSCAS?


¿Qué buscas?

Sólo el sentido del oído puede alcanzar la verdad, porque solo él entiende la palabra… “No me toques”, esto es: desentiéndete de ese sentido seductor;apóyate en la palabra y familiarízate con la fe. La fe ignora el error, la fe abarca lo invisible, no conoce la limitación de los sentidos; además trasciende los límites de la razón humana, el proceso de la naturaleza, los términos de la experiencia ¿Por qué le preguntas a la mirada lo que no puede saber? ¿Para qué se empeñan las manos en palpar lo que le supera? Todo lo que te pueden enseñar es de un nivel inferior. Pero la fe te dirá de mí cosas que no menguan en nada mi majestad. Aprende a poseer con más certeza, a seguir con más seguridad lo que ella te aconseja.

"No me toques, que aun no estoy arriba con el Padre". Como si cuando haya subido, quisiera que lo tocasen o fuese ello posible. Claro que podrá; pero con su afecto, no con sus manos; con el deseo, no con la mirada; con la fe, no con los sentidos. ¿Por qué quieres tocarme ahora, si valoras la gloria de mi resurrección por lo que te dicen los sentidos?

¿No sabes que durante el tiempo de mi mortalidad, los ojos de mis discípulos no pudieron soportar la gloria de mi cuerpo transfigurado, que aún debía morir? Todavía complaceré tus sentidos revistiéndome de siervo, para que puedas conocerme como antes. Pero mi gloria es extraordinaria...Prescinde, pues, de tu juicio… de un misterio reservado para la fe... Lo que el ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguno ha imaginado (1Co 2,9), la fe lo lleva cerrado y lo guarda sellado dentro de sí misma.

Me tocará dignamente la fe, si me acepta sentado a la derecha del Padre (Mc 16,19; Sal. 109,1), no en la forma de siervo, sino en un cuerpo celestial idéntico al anterior, aunque de forma distinta. ¿Por qué quieres tocar mi cuerpo deforme? Espera un poco y tocarás mi cuerpo hermoso. Pues lo que ahora es deforme se volverá bello.



San Bernardo (1091-1153)
monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón sobre el Cantar de los Cantares, n° 28, 9

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18


Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.

Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro

y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".

Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".

Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

La santa de hoy, Santa María Magdalena, goza de buena prensa. La literatura, la música y el cine la han presentado como una mujer de corazón ancho, una enamorada de Jesús, testigo en primera línea de su muerte y resurrección, símbolo de buscadora y de mujer entregada hasta el final.

En el evangelio de hoy, Jesús pregunta a María de Magdala: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas? Son preguntas que trascienden el personaje de la mujer y se incrustan en cada uno de nosotros:

¿Por qué lloras? Jesús nos invita a tomar conciencia de nuestras pérdidas y de los sentimientos que las acompañan. ¿Qué es lo que ahora produce en nosotros tristeza y desamparo? ¿Qué formas reviste nuestra manera personal de vivir la relación con un Jesús “ausente”? ¿Qué zozobras nos causa el ambiente en el que vivimos?

¿A quién buscas? No es la primera vez que Jesús formula una pregunta como esta. Se la dirigió también a los discípulos de la primera hora al comienzo del evangelio de Juan. Es como si la revelación necesitase siempre el punto de enganche del deseo. Quien no desea no ve. Quien no busca no encuentra. Quien se detiene nunca llega. ¿Cuáles son nuestras búsquedas de hoy? ¿Qué nos mueve por dentro para seguir caminando?

Detrás de cada lágrima, hay un Jesús que las enjuga. Detrás de cada búsqueda hay un Jesús que pronuncia nuestro nombre y nos invita a vivir. La memoria de María Magdalena es la memoria de un amor posible cuando todo parece perdido.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 21 de julio de 2021

EL CIENTO POR UNO


“El ciento por uno”

De igual manera que toda la fuerza de la ley y los mandatos que Dios ha dado a los hombres se cumple en la pureza del corazón, como lo dijeron los padres, así también todos los modos y maneras por los cuales los hombres rezan a Dios se cumplen en la oración pura. Los gemidos, las prosternaciones, las súplicas, los lamentos, todas las formas que puede tomar la oración tienen en efecto su fin en una oración pura... La reflexión no tiene nada más que lo que tiene: ni oración, ni movimiento, ni lamento, ni poder, ni libertad, ni súplica, ni deseo, ni placer de lo que espera en esta vida o en el mundo venidero; después de la oración pura, no hay otra oración... Más allá de este límite, está la admiración, no hay más oración; la oración cesa, y comienza la contemplación...

La oración es la semilla, y la contemplación, la cosecha de las gavillas. El segador se maravilla de ver lo indecible: ¿cómo a partir de pequeños granos desnudos que sembró, pudieron crecer de repente ante él tales espigas florecientes? La vista de su cosecha le quita todo movimiento...

Lo mismo que apenas se encuentra un hombre entre varios millares para cumplir un poco mejor los mandatos y las normas de la Ley y alcanzar la pureza del alma, de igual manera sólo se encuentra un hombre de cada mil que sea digno de alcanzar con mucha vigilancia la oración pura, de atravesar el límite y de descubrir este misterio. Porque no es dado a muchos, sino a poco, el conocer la oración pura.


Isaac el Sirio (siglo VII)
monje cercano a Mossoul
Discursos ascéticos, serie 1ª, n° 32

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,1-9


Evangelio según San Mateo 13,1-9
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.

Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.

Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar.

Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.

Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;

pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.

Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.

¡El que tenga oídos, que oiga!".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Nuestra tarea, es el ser signos de Reino, hoy sabemos que no es fácil. Nuestra sociedad secular nos cuestiona, eso lo sabemos, pero también sabemos que la alianza no se rompe, que la promesa sigue viva, y puesta la confianza en Dios, todo llega, todo se cumple.

“Cayó en tierra buena y dió grano”; cuantas veces hemos escuchado esta parábola que Mateo pone en labios de Jesús, la parábola del sembrador. Esta es una parábola que a lo largo de tres días la iglesia nos propone meditar, por eso, hoy sólo nos quedaremos con las primeras palabras del Evangelio, “Jesús salió de casa”, la misma propuesta que a Jeremías, la misma respuesta que el profeta.

El Evangelio, el mensaje del Reino es palabra viva, dinámica y eficaz, que tiene que salir al encuentro, a los caminos. Jesús salió al encuentro de los hombres y de las mujeres que vivían como ovejas sin pastor, de hombres y mujeres que saben o intuyen de una semilla que les habita pero que a veces no saben, no entienden o no pueden hacerla crecen, y ahí esta Jesús explicando como hacerla germinar.

“Acudió tanta gente que no cabían en el lugar y se quedaron de pie”, ¿cómo se dispone nuestro corazón para escuchar esas palabras de vida? ¿nos vivimos en la necesidad de salir y buscar? ¿salimos al encuentro de quien nos busca? ¿es nuestro corazón tierra fértil que acoge y recoge lo que se nos regala? ¿somos hospitalidad de la Palabra que se desparrama sin condiciones?

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 20 de julio de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 200721


«El que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana, y mi madre "

Querer sólo lo que Dios quiere, es lo lógico para el que es de veras su amador... Fuera de sus deseos..., no existen deseos nuestros, y si existe alguno, ése, es que es conforme a su voluntad, y si no lo fuera, es que entonces no estaría nuestra voluntad unida a la suya... Pero si de veras estamos unidos por amor a su voluntad, nada desearemos que Él no desee, nada amaremos que Él no ame, y estando abandonados a su voluntad, nos será indiferente cualquier cosa que nos envíe, cualquier lugar donde nos ponga... Todo lo que Él quiera de nosotros no solamente nos será indiferente, sino que será de nuestro agrado.

(No sé si en todo esto que digo hay error; en todo me someto al que de esto entienda. Yo sólo digo lo que siento, y es que en verdad nada deseo más que amarle a Él, y que todo lo demás a Él lo encomiendo; cúmplase su voluntad). Cada día soy más feliz en mi total abandono en sus manos.



San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938)
monje trapense español
Notas de conciencia 10/04/1938 (Obras completas, Dios y mi alma, § 1153, 1154, Ed. Monte Carmelo, sexta edición 2011, p. 944-945)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 12,46-50


Evangelio según San Mateo 12,46-50
Todavía estaba hablando a la multitud, cuando su madre y sus hermanos, que estaban afuera, trataban de hablar con él.

Alguien le dijo: "Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren hablarte".

Jesús le respondió: "¿Quién es mí madre y quiénes son mis hermanos?".

Y señalando con la mano a sus discípulos, agregó: "Estos son mi madre y mis hermanos.

Porque todo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

El texto del Evangelio de hoy debería ocupar un lugar más importante. Es una de las claves que nos permiten comprender lo que es el Reino de Dios. Es una clave que apunta a una radicalidad total. El Reino rompe con todo lo que estamos acostumbrados. Con la forma como se ha estructurado la sociedad humana desde el principio de nuestra historia. La persona humana, desde siempre, nace y se desarrolla en el marco de una serie de relaciones: las relaciones de familia, las de amistad, las culturales, las de pertenecer a la misma nación, las de hablar la misma lengua. Todas esas relaciones son las que conforman la red humana a que pertenecemos, la red que nos permite sentirnos seguros. Sin esa red nos sentimos perdidos.

Pero esa red de relaciones tiene, al lado de muchos aspectos positivos, otros negativos. El más señalado entre ellos es que marca fronteras y diferencias. Es decir, lo mismo que nos pone en relación con los cercanos (familia, amigos, gente de nuestro pueblo, lengua, religión o cultura) señala también fronteras más allá de las cuales perdemos ese sentimiento de seguridad. El encuentro con el otro, el diferente, nos asusta, nos aterroriza. Y ahí surge la violencia. Así lo que por una parte nos protege también puede ser causa de nuestra perdición.

Jesús nos invita a dar un paso adelante. La verdadera relación, lo que efectivamente nos une, no es la sangre, ni la cultura, ni la religión, ni el pasaporte. Lo que nos une de verdad es el hecho de ser hijos del mismo Padre y cumplir su voluntad. Ese hecho crea una relación que es más fuerte que todas las demás relaciones que hayamos podido crear con nuestra iniciativa e inteligencia. Jesús nos invita a romper las fronteras, a saltar los muros y a reconocer la auténtica fraternidad que hermana. ¿Qué tal si meditamos desde esta Evangelio nuestra relación, por ejemplo, con los inmigrantes?

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA