miércoles, 17 de julio de 2019

Puedes levantarte




"Todos tenemos necesidad de mirar al otro con los ojos de amor de Cristo, aprender a abrazar a aquellos que están en necesidad, para expresar cercanía, afecto, amor. 

Pero abrazar no es suficiente. Tendamos la mano a quien se encuentra en dificultad, al que ha caído en el abismo de la dependencia, tal vez sin saber cómo, y decirle: «Puedes levantarte, puedes remontar; te costará, pero puedes conseguirlo si de verdad lo quieres».

Santo Padre Francisco
VISITA AL HOSPITAL SAN FRANCISCO DE ASÍS DE LA PROVIDENCIA
Río de Janeiro
Miércoles 24 de julio de 2013

Meditación: Mateo 11, 25-27

El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. (Mateo 11, 27)

Cuando leemos el Evangelio, en varias partes vemos que los jefes de los judíos rechazaron el mensaje de Cristo porque pensaban que su enseñanza no era “auténtica.” Siendo “sabios y entendidos” no lograban captar las verdades de Jesús, porque su arrogancia intelectual y la dureza del corazón les cerraban el acceso a Dios. Por el contrario, los “sencillos” aceptaron con amor todo lo que Jesús enseñó. Para enfatizar la dureza de corazón de los eruditos, Jesús dijo que si Tiro y Sidón (ciudades gentiles conocidas por la inmoralidad y la corrupción) hubieran visto las obras de Jesús y escuchado sus palabras, se habrían arrepentido y cambiado.

¡Qué diferente es la forma en que los pequeños, por un lado, y los sabios y entendidos, por el otro, reciben las palabras del Señor! Esto sucede porque el mensaje de Cristo debe acogerse con humildad y respeto, como lo hacen los que buscan la verdad, sin la soberbia y la indiferencia que tan a menudo caracterizan a quienes confían solo en sí mismos. Los sabios y entendidos, en su mayoría, caen en la necedad de creer que son poseedores de la verdad, mientras que los humildes, indoctos y pequeños dejan que el Espíritu de Dios los ilumine, porque perciben que el Señor siempre tiene algo más que darles.

Dios desea revelar las verdades de su Reino a toda la humanidad, pero ¿estamos dispuestos a recibir la verdad de Jesús? Incluso los que ya tienen una relación con el Señor deben preguntarse esto. Hay quienes aceptan a Cristo hasta cierto punto, pero permanecen inmutables cuando la verdad de Dios es contraria a su modo de pensar o a sus conveniencias personales.

¿Tienes la tendencia a decidir lo que aceptas o rechazas del mensaje de Cristo? ¿Te abstienes de participar en la comunidad de tu parroquia porque no ves la necesidad de ayudar a los demás a crecer en la fe y la devoción? ¿Buscas oportunidades de servicio cristiano para compartir tus bienes, tiempo o talentos con los pobres, los que sufren y los necesitados como lo hizo Jesús? Si vemos situaciones como éstas y somos indiferentes, no estamos recibiendo el mensaje de Jesús como los pequeños y no estamos cumpliendo la voluntad de Dios. Estas son cosas que cabe analizar en la vida cristiana.
“Señor Jesús, quiero ser humilde de corazón y recibir tu palabra como los pequeños. Señor, Espíritu Santo, muéstrame a Cristo y guíame con tu luz.”
Éxodo 3, 1-6. 9-12
Salmo 103 (102), 1-4. 6-7
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Pensamientos de Fuego - B Elena Guerra # 323


Buen día, Espíritu Santo! 1707219


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,25-27.


Evangelio según San Mateo 11,25-27.
Jesús dijo: 
"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."

RESONAR DE LA PALABRA

Querido amigo/a:

Una de las mayores búsquedas del ser humano es la del sentido de su vida. Si no fuéramos capaces de contestar vitalmente a la pregunta ¿para qué estoy aquí? ¿Cuál es el sentido de mi vida? no encontraríamos la auténtica felicidad. El ser humano no se llena ni se conforma con cualquier cosa. No somos fáciles de contentar. Si llenamos nuestra vida de experiencias superfluas sin escuchar la voz interior que habla en nuestro corazón, tarde o temprano nos damos cuenta de que todo eso no nos satisface y nos impide caminar felices.

Los creyentes en Dios tenemos una ventaja respecto a los no creyentes; podemos preguntarle al Padre, cuál es nuestra misión. Podemos encontrar en Él el sentido de nuestra vida. Lo podemos hacer porque Él es nuestro creador, nos conoce muy bien, mejor que nosotros mismos. Y precisamente porque estamos en la mente de Dios, Él tiene una propuesta de vida para cada uno de nosotros. Podemos preguntarle: “Señor, ¿qué quieres de mí?”

En la primera lectura de hoy, el Libro del Éxodo nos narra la vocación de Moisés. Dios llama a Moisés a una misión, le ofrece un plan que da sentido a su vida. Esto es tan grande que lo llamamos sagrado. El Señor advierte a Moisés que lo que está aconteciendo, su llamada, y ante quien está presentándose es importantísimo: quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Y es que, nuestra vida, como la de Moisés y la de otros hombres y mujeres que han sido y son llamados por Dios a una misión, es algo sagrado. Yo estoy contigo, le dice Dios en la zarza ardiente. Sagrada es nuestra vida, es decir, digna de mucho respeto y cuidado; por ello buscar y encontrar qué hacer con la vida que nos ha sido dada, es lo más importante que tenemos que hacer. Y en Dios, podemos y debemos encontrar el sentido a nuestra vida confiando en que quiere lo mejor aunque a veces no lo comprendamos o nos desconcierte en un primer momento.

Este misterio no es conocido por muchos, por ello Jesús da gracias al Padre: Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. A través de Jesús, en Dios, encontramos y reafirmamos nuestra vocación, el sentido de nuestra vida. Vocación y sentido que no es sólo para nosotros, sino que repercute positivamente en el mundo si dicha vocación y sentido vienen de Dios. En tu oración de hoy da gracias a Dios por la vida sagrada que te ha sido regalada y pídele que confirme su llamada sobre ti, tu vocación.

Nuestro hermano en la fe: 
Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 170719


«Aquello que has escondido a los sabios y entendidos, lo has revelado a los más pequeños»

Si supierais, mis hijas, lo que le place a Dios el ver que una pobre hija de aldea, una pobre [religiosa] Hija de la Caridad, se dirige con amor a Él, ¡Oh! Iríais con más confianza de la que yo os puedo aconsejar. ¡Si supierais cuánta ciencia podéis adquirir, cuánto amor y dulzura podéis encontrar! Lo encontrareis todo, queridas hijas, ya que es la fuente y el manantial de todas las ciencias, [de cualquier conocimiento].

¿Dónde habéis visto que personas sin letras hablen bien de Dios y expliquen los misterios con más de inteligencia con que lo haría un doctor? Un doctor no tiene más doctrina para hablar de Dios que la ciencia que ha aprendido; pero una persona de oración habla de otra manera. Y la diferencia entre los dos, hijas mías, consiste en que uno habla por simple ciencia adquirida, y otro por una ciencia infusa, plena de amor, de modo que el doctor, en este punto, no es el más sabio. Y es necesario que se calle dónde hay una persona de oración, ya que esta habla de Dios de una manera que él no puede hacer.

San Vicente de Paúl (1581-1660)
presbítero, fundador de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad
Conversaciones

martes, 16 de julio de 2019


Nuestra Señora del Carmen

Madre del Carmen, imploramos tu poderosa intercesión y tu protección maternal! Señora, enséñanos a decir siempre "si" a la Voluntad de Dios. Ayúdanos a ver en los acontecimientos la mano providente del Padre.
Nuestra Señor del Carmen, ruega por nosotros!

viñeta: Leonan Faro


Meditación: Mateo 11, 20-24

Jesús se puso a reprender a las ciudades. (Mateo 11, 20)

En las Escrituras se atribuye gran importancia a las ciudades. Por ejemplo, Dios envió a numerosos profetas a proclamar su mensaje en diferentes ciudades, así como Jonás exhortó a la población de Nínive a arrepentirse y Jeremías alertó a la gente de Jerusalén de su inminente destierro.

En el Evangelio de hoy, Jesús reprende a tres ciudades que no aceptaron su mensaje: Corozaín, Betsaida y Cafarnaúm. La gente vio las maravillas que hacía, pero pocos creyeron en él. Jesús quería que todos los habitantes de la ciudad creyeran en su Persona y que ninguno se perdiera.

¿No deberíamos pensar así también hoy en día? Tal vez no sepamos qué hacer cuando vemos noticias sobre la violencia y las injusticias que se cometen en nuestras ciudades, pero ¡podemos hacer oración! Podemos rezar con devoción y pedirle al Señor que transforme nuestros barrios y vecindarios, por ejemplo pidiendo por intenciones como éstas:

Por los funcionarios elegidos: “Señor, bendice a nuestros gobernantes. Ayúdales a cumplir su labor con humildad y justicia y servir a los más necesitados de ayuda y atención.”

Por las escuelas: “Padre, bendice a los maestros. Concédeles sabiduría y un corazón compasivo para formar bien a nuestros hijos. Ayuda a sus alumnos a aprender y crecer física e intelectualmente.”

Por nuestros vecindarios: “Señor, bendice a cada hogar de mi vecindario y llénalo con tu paz. Que cada familia llegue a ser una pequeña iglesia, donde los padres y los hijos se amen mutuamente y se ayuden unos a otros. Que cada hogar sea un refugio para resguardarse de las tentaciones y los peligros.”

Por nuestra Iglesia: “Espíritu Santo, bendice a nuestro obispo, al párroco y los empleados de nuestra parroquia y a todos mis hermanos de la congregación. Ayúdanos a demostrarnos bondad y espíritu de servicio. Concédenos tu fortaleza para convertirnos en testigos de tu amor, y danos sabiduría y valor para hablar a otros de lo que tú has hecho por nosotros.”

Por la paz en nuestro diario vivir: “Señor, forja la paz y la unidad en nuestro barrio o ciudad. Repara el daño provocado por la discriminación, la pobreza, la delincuencia y la violencia. Señor, haz que la luz de tu amor ilumine hasta los lugares más oscuros.”
“Amado Señor Jesús, concédeme la gracia de rezar todos los días por mi familia, mi ciudad y mi país.”
Éxodo 2, 1-15
Salmo 69 (68), 3. 14. 30-31. 33-34

Pensamientos de Fuego - Beata Elena Guerra # 322

“Debemos corregirnos unos a otros, de nuestros defectos sin respeto humano ni demasiadas atenciones, porque serían perjudiciales, pero con santa libertad y amorosamente pensando que si alguno de nosotros no soportase ser corregido, tendría más necesidad que de todas las otras, porque faltaría a la humildad que es el fundamento de toda virtud.”

Beata Elena Guerra
Pensamientos de Fuego 

Buen día, Espíritu Santo! 16072019


Buen día, Espíritu Santo! 15072019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,20-24


Evangelio según San Mateo 11,20-24
Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.
"¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú".

RESONAR DE LA PALABRA

Querido amigo/a:

No hay pecado, por muy grave que sea, del que no pueda haber arrepentimiento, conversión y perdón. Lo peor es no querer arrepentirse, no querer convertirse, no querer cambiar, no querer crecer. Veámoslo en la liturgia de hoy.

En la secuencia del Libro del Éxodo de hoy, Moisés, el gran libertador de Israel, comete un pecado mortal, nada menos que un homicidio; mata a un egipcio que a su vez estaba maltratando a un hebreo. Sus ansias de justicia, en el ambiente de opresión en que vivía, no han madurado y no comprende que la liberación no puede conllevar la muerte, pues la violencia sólo genera más violencia. Temeroso de ser descubierto huirá al desierto de Madián donde tendrá ocasión de orientarse, meditar y arrepentirse (el desierto es el lugar de encuentro con la Palabra).

Jesús hoy alza su voz contra las ciudades que no se han convertido, pues a pesar de haber recibido profetas y mensajeros que les han animado a ello, todo ha sido inútil. Jesús no pone el acento en el pecado, sino en los duros de corazón, en los que no quieren escuchar ni convertirse. Esto me lleva a pensar ¿y yo? ¿Cuántas oportunidades, llamadas al crecimiento, al cambio, a la conversión he recibido de Dios a través de múltiples canales de comunicación, señales, guiños, mediaciones a lo largo de mi historia? ¿Me hago cargo? ¿Las escucho? ¿Dejo que el Señor tenga una palabra que decir sobre mi vida? ¿O soy como las ciudades de Corozaín, Betsaida o Cafarnaún, más duro que una piedra? Hagamos hoy nuestra la antífona del salmo 68 que rezaremos en la eucaristía: Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Hoy la liturgia también nos invita a mirar a su Madre, hoy en la festividad de Nuestra Señora del Carmen que se celebra en algunas latitudes como patrona de los marineros y trabajadores del mar. Ella supo abrir su corazón a Dios sin reservas, y desde la sencillez y humildad de su vida fue la primera discípula de su hijo Jesús.

Nuestro hermano en la fe: 
Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 160719


«En su nombre se predicará la conversión... a todos los pueblos» (Lc 24,47)

¡Raza entera de los hombres, reyes y príncipes, ricos y pobres, monjes y laicos, escuchadme que voy a contar la grandeza del amor de Dios hacia los hombres! He pecado contra él como no lo ha hecho ningún otro hombre en el mundo... Y sin embargo, lo sé, me ha llamado y le he respondido inmediatamente... Me ha llamado a la penitencia e, inmediatamente, he seguido a mi Maestro. Cuando se alejaba, le seguía...; él se marchaba, volvía, se escondía, aparecía de nuevo, y yo no me echaba atrás, no me he desalentado jamás, no he abandonado la carrera...

Cuando no lo veía, lo buscaba. Desecho en lágrimas, preguntaba a todo el mundo, a todos aquellos que un día lo habían visto. ¿A quién preguntaba yo? No a los prudentes de este mundo, no a los sabios, sino a los profetas, a los apóstoles, a los padres –los sabios que en verdad poseen esta sabiduría que es él mismo, el Cristo, sabiduría de Dios (1C 1,24). Con muchas lágrimas y una pena grande en el corazón les preguntaba me dijeran adónde, un día, lo habían visto... Y, viendo mi deseo, viendo que para mí todo lo que hay en el mundo y el mismo mundo era considerado como nada a mis ojos..., él se hizo ver todo entero, a mí todo entero. Él que está fuera del mundo y que lleva al mundo y a todos los que están en el mundo sosteniéndoles como con una sola mano, tanto las cosas visibles como las invisibles (Col 1,16), vino a mi encuentro. ¿De dónde y cómo vino? Yo no lo sé... Las palabras son incapaces de expresar lo inexpresable. Tan sólo conocen estas realidades aquellos que las contemplan. Es por eso que hemos de apresurarnos a buscarlas con los actos y no con las palabras, ver y aprender las riquezas de los misterios divinos, las que el Maestro divino da a los que la buscan.


Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022)
monje griego
Himno 29

lunes, 15 de julio de 2019


COMPASIÓN


«Si no sientes compasión frente a una persona necesitada, si tu corazón no se conmueve, significa que algo anda mal. ¡Está atento, estemos atentos! No nos dejemos llevar por la insensibilidad egoísta. La capacidad de compasión se ha convertido en la piedra de comparación del cristiano, ante la enseñanza de Jesús. Jesús mismo es la compasión del Padre por nosotros. Si vas por la calle y ves a un sin techo tirado allí, y pasas sin siquiera mirarlo tal vez, o si piensas: «Bueno, es el efecto del vino, es un borracho», pregúntate a ti mismo no si ese hombre está borracho, pregúntate si tu corazón no se ha endurecido, si tu corazón no se ha convertido en hielo»

Francisco
Ángelus 14-07-2019


 

Meditación: Mateo 10, 34–11, 1

Quien los recibe a ustedes, me recibe a mí (Mateo 10, 40)



Hermano, recuerda esta verdad: tú eres un embajador de Cristo. Cuando alguien se encuentra contigo, entra en contacto con Jesús.

Esta verdad lo lleva a uno a reconocer su propia pequeñez, pero hay otra que tiene un efecto parecido: Jesús también está presente en todas las personas con quienes te encuentras cada día. Tal vez tú ya esperas que el Señor se manifieste en tu vida por medio de tus amigos y familiares, pero eso no le basta. Cristo te ama tanto que te sale al paso en cualquier situación o circunstancia, pues está presente en las personas con quienes hablas o alternas diariamente, como un compañero de trabajo, el cajero del supermercado o el conductor del autobús.

También está en las personas que nunca has conocido, como el vecino de la otra cuadra o el que echa gasolina detrás de ti. Está incluso en aquellos con quienes no te llevas bien o que llevan una vida censurable, según tus estándares. ¿Estás dispuesto a aceptarlos también?

Acoger a Cristo no significa que uno deba invitar a cada persona que encuentre a tomar un café o a cenar. Simplemente significa estar atento; significa tratar de ser receptivo y cortés con aquellos con quienes haya en tu camino; significa no dejarte llevar por la primera impresión que tengas y poner atención a lo que digan y hagan. Y en el caso de que alguien te cause incomodidad o irritación, significa al menos tratar de estar dispuesto a disculparlo y aceptarlo.

La iglesia es un lugar perfecto para que esto suceda. Aun cuando tenemos una fe común, no todos compartimos las mismas opiniones. O sea, puedes encontrarte en Misa con alguien que no comparta tu tendencia política, o que parece que nunca le sonríe a nadie, o cuya vestimenta no te parece correcta. Si alguien te hace sentir incómodo, respira hondo y procura escuchar lo que dice y pregúntale al Señor qué te quiere decir a través de esa persona.

Si no te causó buena impresión el nuevo miembro de la parroquia que acabas de conocer, alguien con quien no te parece tener nada en común, tranquilízate y deja que Jesús te sorprenda. Nunca olvides que al Señor le gusta pillar a los suyos “con la guardia baja” y hablarles a través de mensajeros “inesperados”.
“Amado Jesús, concédeme la gracia de verte en todas las personas con las que me encuentre hoy.”
Éxodo 1, 8-14. 22
Salmo 124 (123), 1-8
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Pensamientos de Fuego - Beata Elena Guerra # 321


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1.


Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1.
Jesús dijo a sus apóstoles: 
"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra;
y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".
Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.

RESONAR DE LA PALABRA

Querido amigo/a

Nadie ha dicho que la fe en Jesucristo sea fácil. La fe es una batalla en dos frentes principales: interior, contra nosotros mismos en nuestras inclinaciones más egoístas, destructivas u oscuras; exterior, contra las circunstancias, situaciones y personas que, en ocasiones, tratan de obstaculizar nuestro camino de seguimiento. Para mantener y avanzar en el camino de la fe hay que luchar, y la batalla más dura que se nos puede presentar es contra los de nuestra propia casa.

En la Palabra de hoy Jesús nos advierte de esta posibilidad. Puede ocurrir que en el seno de nuestra familia, de nuestro entorno más querido, surja la incomprensión o el rechazo por el hecho de que seamos creyentes. Si esto sucede, la llamada del Maestro no es al odio o al rechazo, sino a la aceptación de esta realidad en forma de cruz, cargando con ella. Esto es difícil, por ello la tentación puede ser abandonar a Jesús con tal de mantener la paz familiar. En esta situación extrema Jesús es muy claro: El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí…

Evidentemente Jesús amó la vida familiar, su Encarnación fue en familia, y la fe se puede y se debe vivir en familia, pero en caso de incompatibilidad, la opción está clara: primero Dios. El mensaje de Jesús es de paz, pero en ocasiones y entre algunas personas levanta espadas porque no es un mensaje meloso, descafeinado o light, sino transformador y radical, va a la raíz de las cosas, por ello ha encontrado, encuentra y encontrará rechazo de múltiples formas hasta el final de los tiempos. Mirando a la primera lectura del libro del Éxodo, nos encontramos con la persecución que sufrió el pueblo hebreo en Egipto, les oprimían y amargaban la vida con dura esclavitud. 

Por eso, cuando experimentes el rechazo de los de tu casa no te desanimes, recuerda que forma parte del camino de seguimiento de Jesús, no permitas que el rencor acampe en tu interior y reza por los que no te entienden ni te comprenden, para que algún día reciban a Cristo en su corazón.

Nuestro hermano en la fe: 
Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 150719


“El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí.” (Mt 10,37)

El Señor dirige estas palabras a los que están ardiendo de amor, o mejor dicho, a los que él quiere encender en este amor. Nuestro Señor no ha destruido sino que ha ordenado el amor debido a los padres, a la esposa, a los hijos. No ha dicho: “El que los ama...” sino “el que los ama más que a mí”... Ama a tu padre, pero ama más al Señor. Ama a los que te han engendrado, pero ama todavía más a aquel que te ha creado. Tus padres te han dado la vida, pero no te han creado, porque no sabían, al engendrarte, quien serías o qué llegarías a ser. Tus padres te han alimentado, pero no son el origen del pan que sacia tu hambre. En fin, tu padre tiene que morir para que tú puedas heredar sus bienes, pero tú participarás en la herencia de Dios viviendo con él por toda la eternidad.

Ama, pues, a tu padre, pero no más que a Dios, ama a tu madre, pero no más que a la Iglesia que te ha engendrado para la vida eterna. .. En efecto, si debemos gratitud a los que te han engendrado a una vida mortal ¿qué amor no deberás a los que te han engendrado para la vida eterna? Ama a tu esposa, ama a tus hijos según Dios, para llevarlos a servir a Dios contigo, y unidos a él, no temeréis la separación. Tu amor a tu familia sería muy imperfecto si no condujeras a sus miembros a Dios...

Toma la cruz y sigue al Señor. Tu Salvador en persona, Dios en la carne, revestido de carne, también mostró sus sentimientos humanos cuando dice: “Padre mío, si es posible que pase de mí esta copa de amargura” (Mt 26,39)... La naturaleza de siervo con que se ha revestido el Señor, se expresa en la voz del hombre, la voz de la carne. Ha tomado tu voz para expresar tu debilidad y para darte fuerzas... y mostrar cuál es la voluntad que hay que preferir.

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 344, 2-3

domingo, 14 de julio de 2019


Meditación: Lucas 10, 25-37

Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna? (Lucas 10, 25)

¿Quién es mi prójimo? nos pregunta el Evangelio. Cuentan de unos judíos que sentían curiosidad al ver que su rabino desaparecía tras la oración vespertina del sábado. Sospecharon que tenía un secreto, quizás con Dios, y le encargaron a uno que lo siguiera. Así lo hizo, lleno de emoción, hasta una barriada miserable, donde vio que el rabino cuidaba y barría la casa de una mujer pobre y paralítica; le servía y le preparaba la comida. Cuando volvió el espía, le preguntaron: “¿A dónde fue? ¿A las nubes?” El espía respondió: “¡No, fue más alto que eso!”

Amar al prójimo, especialmente el necesitado, es lo más elevado; allí donde se manifiesta el amor. ¡No pasar de largo!: “Es el propio Cristo quien alza su voz en los pobres para despertar la caridad de sus discípulos”, afirma el Concilio Vaticano II en un documento.

El letrado le preguntó a Jesús: ¿Quién es mi prójimo? Jesús le responde por medio de la parábola del buen samaritano, en donde lo importante no es saber quién es mi prójimo sino “hacerme” prójimo de otro. El verdadero cristiano se hace prójimo de todos porque desea ser portador del amor de Dios a todos.

Ser un buen samaritano para un necesitado significa cambiar los planes que uno tenía y dedicarle tiempo y atención para auxiliarlo en su necesidad, sin buscar retribución y ni siquiera agradecimiento. El posadero, por su parte, sí recibió paga, pero fue más allá de su estricta obligación, pues cuidó al herido. Como dijo San Juan Pablo II: “¿Qué habría hecho el samaritano sin él?”

Todos podemos actuar como el posadero, cumpliendo nuestras tareas con espíritu de servicio. Toda ocupación ofrece la oportunidad, más o menos directa, de ayudar a quien lo necesita. El cumplimiento fiel de los propios deberes profesionales ya es practicar el amor a las personas y a la sociedad.

Preguntó Jesús: “Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado? “El que tuvo compasión de él” fue la respuesta. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo.”
“Señor Jesús, concédeme un corazón sensible y compasivo, para condolerme de verdad ante el sufrimiento y hacer algo para aliviarlo.”
Deuteronomio 30, 10-14
Salmo 69 (68), 14. 17. 30-37
Colosenses 1, 15-20

Pensamientos de Fuego - Beata Elena Guerra # 320


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 10,25-37.


Evangelio según San Lucas 10,25-37.
Un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?".
Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?".
El le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".
"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida".
Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?".
Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: 'Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver'.
¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?".
"El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera".

RESONAR DE LA PALABRA

El buen samaritano

Ha pasado ya al acervo de nuestro idioma. No sabemos siquiera si existió el “samaritano” de la parábola. Pero hoy se llama “buen samaritano” a cualquier persona de buen corazón que ayuda a sus hermanos sin pedir nada a cambio. No hay mejor cosa que encontrarse un buen samaritano cuando uno anda por los caminos de la vida perdido, sin rumbo y quizá herido y vapuleado. Hasta es posible que nos sorprenda su generosidad sin límite, el cariño gratuito que recibimos, tan acostumbrados como estamos a pagar por todo lo que recibimos. 

Pero la parábola de Jesús va más allá. Porque el samaritano no es sólo uno que se paró a atender a aquel hombre abandonado y herido a la vera del camino. En su parábola, Jesús pone en relación al samaritano con otros personajes bien conocidos del pueblo judío: un sacerdote y un levita. Los dos son representantes de la religión oficial judía. Los dos ofician en el templo y son mediadores entre Dios y los hombres. Sacerdotes y levitas se supone que tienen un acceso a Dios del que carecen el resto de los creyentes –lo mismo que hoy muchos cristianos piensan todavía de sacerdotes y religiosos–. El samaritano, desde la perspectiva judía, pertenecía prácticamente al extremo opuesto de la escala religiosa. Era un pueblo que había mezclado la religión judía con otras creencias extrañas. Era traidor a la fe auténtica, un pueblo impuro. Los judíos trataban de evitar todo contacto con los samaritanos. El contacto con un samaritano hacía que el judío se volviese impuro. 

Por eso, tiene mucho más peso el hecho de que Jesús contraponga en la parábola a los representantes oficiales de la religión, un sacerdote y un levita, con un samaritano, pecador e impuro. Y, lo que es peor, que sea precisamente el samaritano el que sale bien parado, el que se comporta como Dios quiere, el que es capaz de acercarse al prójimo desamparado y abandonado. Dicho de otra manera, el que se hace prójimo-próximo-cercano de su hermano necesitado. 

En realidad, Jesús está replanteando nuestra relación con Dios. Mucho más importante que el culto oficial y litúrgico del templo, es la cercanía al hermano necesitado. Mucho más valioso que ofrecer sacrificios y oraciones, es adorar a Dios en el hermano o hermana que sufren por la razón que sea. Jesús no es sacerdote sino profeta. Jesús se aleja del templo y nos invita a vivir nuestra relación con Dios en el encuentro diario, habitual, a pie de calle, con nuestros hermanos y hermanas. Ahí es donde se juega nuestra relación con Dios. Sólo si somos capaces de amar así, podremos decir que amamos a Dios. Porque, como dice Juan, el que dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso. Ni más ni menos. 

Para la reflexión
El mandamiento de Dios está tan a nuestro alcance como lo están nuestros hermanos y hermanas. ¿Me acerco a ellos y me intereso de verdad por ellos? ¿Les acompaño en sus necesidades? ¿Soy capaz de escuchar? ¿Soy un “buen samaritano”?
Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 140719


Cristo viene en ayuda de la humanidad herida

«¿Cuál es el grande y primer mandamiento de la Ley?» Jesús le responde: «Amarás al Señor tu Dios, y a tu próximo como ti mismo» (Mt 22,36-39). El amor de Dios nos libera de la muerte, y el amor del hombre del pecado, ya que nadie peca contra el que ama. Pero ¿qué corazón puede poseer en plenitud el amor a su prójimo? ¿Qué alma puede hacer fructificar en ella, con respeto a todo el mundo, el amor sembrado en ella por este precepto: «Ama a tu próximo como ti mismo»? Nosotros somos incapaces por sí solos, somos los instrumentos de esta voluntad rápida y rica de Dios: es suficiente el fruto de la caridad sembrado por Dios mismo.

Dios puede, debido a su naturaleza, realizar todo lo que Él quiere; ahora bien, quiere dar la vida a los hombres. Los ángeles, los reyes y profetas... pasaron, pero los hombres no han sido salvados, hasta que desciende de los cielos el que nos tiene cogidos de la mano y nos resucita.


San Efrén (c. 306-373)
diácono en Siria, doctor de la Iglesia
Comentario al Diatésaron, cap.16, 9/23; SC 121

sábado, 13 de julio de 2019

Comunicar la Fe




Toda comunidad es “adulta”, cuando profesa la fe, la celebra con alegría en la liturgia, vive la caridad y proclama la Palabra de Dios sin descanso, saliendo del propio ambiente para llevarla también a las “periferia”, especialmente a aquellas que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo. La fuerza de nuestra fe, a nivel personal y comunitario, también se mide por la capacidad de comunicarla a los demás, de difundirla, de vivirla en la caridad, de dar testimonio a las personas que encontramos y que comparten con nosotros el camino de la vida.

Santo Padre Francisco
Mensaje Jornada Mundial de las Misiones
2013

Pensamientos de Fuego - Beata Elena Guerra # 319


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,24-33


Evangelio según San Mateo 10,24-33
Jesús dijo a sus apóstoles: 
"El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.
Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!
No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos.
No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.
Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."

RESONAR DE LA PALABRA

“Ustedes valen mucho más”

El evangelio de hoy ofrece una invitación a la autoestima. Sin duda se trata de un valor necesario y escaso en tiempos como los nuestros en los que hay declarada una sorda persecución sin cuartel contra la fe. El ambiente que respiramos es hostil. Y a unos les confunde, a otros les hace temblar de dudas, a otros les endurece y a muchos le empuja a abandonar la Iglesia y la fe. Nuestra cultura genera dogmas ideológicos según los cuales la fe es sinónimo de solemne ingenuidad, de asunto para débiles o cegatos, de insensatez inútil, o también de molesta compañía. Por tanto, hay que eliminarla. Ante esa persecución tejida a base de desprecios y descréditos, suelen generarse sutilmente actitudes de revanchismo, victimismo o entreguismo. Debemos evitar reaccionar así desatendiendo las palabras de aliento del Maestro en las cuestas arribas de la fe a la intemperie.

Los “dichos” del Señor que aparecen en el evangelio de hoy convergen en una enseñanza: Desarrollar la capacidad de confiar sin dejarse hundir por el terror, el lamento o la fuga ante la persecución. Para ello el Maestro nos propone algunas verdades que por su contundencia lógica parecen de piedra.
Seguir la suerte misma del Maestro. Su vida misma es el camino y la fuerza para caminar. El itinerario está trazado en un mapa que es la vida del Señor. Tenemos los nombres de los lugares de paso: Belén, Nazaret, Galilea, Tabor, Samaría...etc. El Gólgota no es punto final, sino penúltimo. Con esa guía ni nos perdemos, ni nos detenemos antes de tiempo. Sabiendo el camino y su final, ¿por qué dudar tanto?
No temer a los hombres. No concederles poder sobre nosotros mismos. No cederles, ni explícita ni implícitamente, la menor autoridad sobre nuestra conciencia. Un solo Señor tiene el cristiano. Tener conciencia de ello nos convierte, por naturaleza, en indómitos y rebeldes ante otros poderes. No se dejemos apabullar, ni asustar por quienes tratan de usurpar el lugar del Altísimo.
Temer al que puede arrojar al castigo eterno. ¿Se está refiriendo a Dios, el Padre de misericordia? Parece que Jesús se refiere al Adversario malo que con su poder seductor y venenoso puede hacernos perder a Dios. Y quien pierde a Dios echa a perder toda su vida. A ese enemigo sí hay que temerle.. sobre todo cuando se presenta disfrazado con pieles suaves.
Dar testimonio de Él delante de los hombres. No acallar el santo nombre del Señor ante los demás. No silenciarlo nunca, ni por vergüenza, ni por miedo, ni por timidez, ni porque no esté de moda, ni porque pueda caerle mal a otros, ni por desapetencia, ni por ignorancia... Anunciarle a tiempo y a destiempo con su estilo.

Ojalá que, como se cuenta de Kant al final de su existencia, podamos confesar al final de la nuestra que dos de las cosas más asombrosas de la vida son: “El cielo estrellado fuera de mí y la conciencia dentro de mí”. La luz en la oscuridad y la rectitud en el corazón.

Nuestro buen amigo, 
Juan Carlos cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 130719


Manifestarse a favor de Cristo delante de los hombres

Cada día puedes dar testimonio de Cristo. Estabas tentado por el espíritu de impureza; pero... has creído mejor no ensuciar la castidad del espíritu y del cuerpo: entonces, tú eres mártir, testigo de Cristo... Estabas tentado por el espíritu de orgullo; pero viendo al pobre e indigente, te ha movido un tierna compasión, y has preferido la humildad a la arrogancia; tú eres testigo de Cristo. Mejor aún: no has dado testimonio con tu palabra sino con tu acción.

¿Cuál es el testimonio más seguro? «Todo aquel que confiesa que Jesucristo ha venido en carne» (1Jn 4,2) y que observa los preceptos del Evangelio... ¡Cuántos son cada día esos mártires de Cristo, escondidos, que confiesan al Señor Jesús! El apóstol Pablo ha conocido esta clase de martirio y da un testimonio de fe a Cristo cuando dice: «El objeto de nuestro orgullo es el testimonio de nuestra conciencia» (2Co 1,12) Porque ¡cuántos son los que han confesado la fe exteriormente pero la han negado interiormente!... Sé, pues, fiel y valiente en las persecuciones interiores para, así, triunfar en la exteriores. Igualmente ocurre con las persecuciones de dentro, las hay «de reyes y de gobernantes», jueces de un poder temible. Un ejemplo de ello lo tienes en las tentaciones del Señor (Mt 4,1ss).


San Ambrosio (c. 340-397)
obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Homilía 20 sobre el salmo 118; CSEL 62, 467s

viernes, 12 de julio de 2019

Meditación: Mateo 10, 16-23

Yo los envío como ovejas entre lobos. (Mateo 10, 16)

San Mateo escribió su Evangelio pensando principalmente en los judíos, para demostrarles que Jesús era el Mesías prometido que ellos venían esperando durante siglos. Su método fue mostrar que la vida y el ministerio de Jesús daban cumplimiento a las Escrituras y profecías del Antiguo Testamento y que hablaban del Ungido que vendría.

La Iglesia primitiva estuvo formada por cristianos de origen judío y gentil, y también fue perseguida tanto por judíos como por gentiles. Por eso, Jesús les dijo a sus apóstoles que los enviaba “como ovejas entre lobos” y les advirtió que no sería fácil ser discípulos suyos. Ellos serían perseguidos, a veces incluso por sus propios familiares, que no aceptarían su amor a Cristo ni su deseo de seguirlo.

En realidad, el discipulado no sería fácil, pero Jesús no los dejó indefensos. Les prometió que el Espíritu Santo estaría con ellos, y les enseñaría y los guiaría en toda situación. Jesús sabía que para permanecer fieles a su Persona y a su enseñanza, deberían ser “precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas” (Mateo 10, 16). Sencillos como palomas, porque cada vez tendrían una menor tendencia a la crítica y al enojo, a medida que el poder y el amor de Cristo les fueran transformando desde dentro.

A veces, a nosotros también nos parece que andamos entre lobos, cuando nos ridiculizan o rechazan por ser cristianos, o por ser católicos. La gente del mundo nos tienta y quiere hacernos caer para demostrar que no somos distintos de ellos. Este hostigamiento puede llevarnos a replicar con dureza o a excluir mentalmente a dichas personas, y a veces la timidez nos hace reacios a demostrar y compartir nuestra fe.

Pero la protección y la sabiduría nos llegan del Espíritu Santo, que recibimos cuando buscamos a Dios en la oración; su fuerza nos viene también de la Palabra de Dios, y cuando nos alimentamos espiritualmente con la Sagrada Eucaristía y recibimos otros sacramentos, como la Confesión. Si acogemos la verdad que nos presenta la Palabra de Dios, recibimos fuerza y conocimiento para mantenernos firmes en la fe en Cristo y en nuestra forma de vida.
“Padre celestial, gracias por tu promesa de enseñarnos lo sabio y lo bueno. Ayúdame cada día a amar a nuestros enemigos y orar por los que nos atacan, para que seamos testigos de que tu Hijo está verdaderamente vivo.”
Génesis 46, 1-7. 28-30
Salmo 37 (36), 3-4. 18-19. 27-28. 39-40
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros