lunes, 31 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Hasta que la pasta fermente con la levadura del Espíritu

Después de la transgresión de Adán, los pensamientos del alma, lejos del amor de Dios, se dispersaron y se mezclaron con pensamientos materiales y terrestres. Adán, por su transgresión, recibió en sí mismo la levadura de las malas tendencias. Así, por participación, todos los nacidos de él, de la raza de Adán, tienen parte en esta levadura. Luego, las malas disposiciones crecieron y se desarrollaron entre los hombres hasta el punto de llegar a toda clase de desórdenes. Finalmente, la humanidad entera se vio penetrada de la levadura de la malicia...

De manera análoga, durante su estancia en la tierra, el Señor quiso sufrir por todos los hombres, rescatarlos con su propia sangre, introducir la levadura celestial de su bondad en las almas de los creyentes humillados bajo el yugo del pecado. Quiso perfeccionar en ellos la justicia de los preceptos y de todas las virtudes hasta que, penetradas de esta nueva levadura, se unieran para el bien y formaran "un solo espíritu con el Señor" según la palabra de san Pablo (1Cor 6,17). El alma que está totalmente penetrada de la levadura del Espíritu Santo ya no puede tener en ella el mal y la malicia, tal como está escrito: "El amor no tiene en cuenta el mal recibido" (1Cor 13,5). Sin esta levadura celestial, es decir, sin la fuerza del Espíritu Santo, es imposible que el alma sea trabajada por la ternura del Señor y llegue a la vida verdadera.


Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390)
monje
Homilía nº 24

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 17,22-27


Evangelio según San Mateo 17,22-27
Mientras estaban reunidos en Galilea, Jesús les dijo: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres:

lo matarán y al tercer día resucitará". Y ellos quedaron muy apenados.

Al llegar a Cafarnaún, los cobradores del impuesto del Templo se acercaron a Pedro y le preguntaron: "¿El Maestro de ustedes no paga el impuesto?".

"Sí, lo paga", respondió. Cuando Pedro llegó a la casa, Jesús se adelantó a preguntarle: "¿Qué te parece, Simón? ¿De quiénes perciben los impuestos y las tasas los reyes de la tierra, de sus hijos o de los extraños?".

Y como Pedro respondió: "De los extraños", Jesús le dijo: "Eso quiere decir que los hijos están exentos.

Sin embargo, para no escandalizar a esta gente, ve al lago, echa el anzuelo, toma el primer pez que salga y ábrele la boca. Encontrarás en ella una moneda de plata: tómala, y paga por mí y por ti".


RESONAR DE LA PALABRA

Hermana, hermano:

Seguro que alguna vez, tras la lectura del Evangelio, le diste vueltas a ese estribillo que se repite en el capítulo 13 de Mateo, ¿verdad?

Ese “sucede con el reino de los cielos…” es el motivo central. Nos habla del plan de Dios, del Sueño de Dios; muy especialmente del modo y manera con que Dios quiere actuar en la historia humana.

Sí. De eso van las parábolas.

De eso va también la de hoy.

Y nos sorprende. Y nos cuestiona. Y nos descoloca. ¿O no?

Siendo sinceros, en muchas ocasiones, esperamos más de “todo un Dios”. Esperamos más en fuerza, en poder, en energía, en planteamientos, en estrategias…

Y resulta que va y Él nos sale con eso de lo pequeño, lo germinal, lo poco, lo casi (o del todo) insignificante…

Con cara de “descolocados” intentemos soltar esas nociones, ideas y valoraciones “paganas”; que, por cierto, nos cuesta bastante dejar.

Abrámonos con confianza en su propuesta, y dejémonos convertir (mejor: seducir) por ese bendito modo de hacer del Señor con su Proyecto.

Dame ojos, Señor, para ver la fuerza de las semillas.

Dame corazón, Señor, para amar la fuerza de los pequeños gestos.

Dame entendimiento, Señor, para ser levadura y fermento.

Dame discernimiento para no dejarme engañar por el espejismo de lo grandioso, de lo poderoso, de lo aparentemente efectivo y perfecto.

Amén.

Tu hermano.
Juan Carlos, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 30 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La perla de gran valor

Al hombre que «busca perlas finas» se le han de aplicar las siguientes palabras: «Buscad y hallaréis» y «El que busca, halla» (Mt 7, 7-8). En efecto ¿a qué se pueden referir las palabras «buscad» y «el que busca, halla»? Digámoslo sin dudar: a las perlas, y particularmente a la perla adquirida por el hombre que lo ha dado todo y lo ha perdido todo. Es por esta perla que Pablo dice: «He aceptado perderlo todo para así ganar a Cristo» (Flp 3,8). La palabra «todo» quiere significar las perlas de gran valor, y por la palabra «ganar a Cristo» significa la única perla de gran valor.

Seguramente que la lámpara es de gran valor para los que están en las tinieblas y tienen necesidad de ella hasta que amanezca el sol. Es de gran valor también la gloria que resplandecía en el rostro de Moisés (2C 3,7), y también, creo yo, sobre los demás profetas. Da gusto verla porque nos ayuda a progresar hasta que podamos contemplar la gloria de Cristo, de la cual el Padre da testimonio cuando dice: «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto» (Mt 3,17). «Aquello que fue particularmente glorioso en otro tiempo, ya no lo es puesto que ahora hay una gloria que está por encima de todo» (2C 3,10). Tenemos necesidad, en un primer momento, de una gloria susceptible de desaparecer ante la «la gloria que está por encima de todo», tal como tenemos necesidad «de un conocimiento parcial» que «desaparecerá cuando obtenga el conocimiento perfecto» (1C 13,9s).

Así pues, toda alma que todavía se encuentra en la infancia y camina «hacia la perfección de los adultos» (Hb 6,1), tiene necesidad de ser enseñada, rodeada, acompañada hasta que alcance la «plenitud de los tiempos» (Gal 4,4)...Al fin llegará a su madurez y recibirá su patrimonio: la perla de gran valor, «aquello que es perfecto y hace desaparecer lo que es parcial» (1C 13,10). Llegará a este bien que está por encima de todo: el conocimiento de Cristo (Flp 3,8). Pero son muchos los que no comprenden la belleza de las numerosas perlas que tiene la Ley y el «conocimiento parcial» que ya habían dado a conocer todos los profetas; se imaginan, equivocadamente, que sin la Ley y los profetas, perfectamente comprendidos, podrían encontrar la única perla de gran valor...: la plena comprensión del Evangelio y todo el sentido de los actos y las palabras de Jesucristo.


Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo
Comentario al evangelio de Mateo, 10, 9-10; GCS 10, 10-11

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,44-52


Evangelio según San Mateo 13,44-52
Jesús dijo a la multitud:

"El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo.

El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas;

y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró."

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces.

Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve.

Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos,

para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes.

¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.

Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".


RESONAR DE LA PALABRA

EL REINO DE LOS CIELOS SE PARECE A...

Podemos afirmar que el tema central y principal de la actividad misionera de Jesús es «el Reino» de los cielos o Reino de Dios, que es exactamente lo mismo. Sin embargo, pocos cristianos serían capaces de explicar de qué se trata esto del Reino. Lo más frecuente es relacionarlo con la otra vida, con lo que vendrá después, con el más allá, con el cielo...

Dice el Papa Francisco:

Jesús no se preocupa en explicarlo. Lo enuncia desde el inicio de su Evangelio: «El reino de los cielos está cerca». Sin embargo se refiere a él de manera indirecta, narrando el actuar de un propietario, de un rey, de diez vírgenes tontas que se quedan sin aceite… Prefiere dejarlo intuir, con parábolas y semejanzas, manifestando sobre todo los efectos: el reino de los cielos es capaz de cambiar el mundo, como la levadura oculta en la masa; es pequeño y humilde como un grano de mostaza, que sin embargo se volverá grande como un árbol... y otras como las de hoy.

La intención de Jesús no era darnos detalles sobre la otra vida, y mucho menos abstraernos o evadirnos de «esta» vida, que es lo que en realidad más nos importa ahora. Jesús pretende ayudar a la gente a vivir su vida de aquí desde unas claves que derivan del proyecto amoroso de su Padre Dios: con ilusión, con esperanza, con sentido... Más que hablar de «la otra vida», quiere que «esta vida sea otra», aunque -eso sí es cierto- tenga continuidad, y alcance su plenitud más allá de la muerte.

- El Reino de Dios o de los cielos es «aquello que pertenece a Dios» y que Jesús nos propone como proyecto, como sentido, como objetivo para nuestra existencia. Se trata de todo un «contenedor» de valores que nos vienen de Dios o del cielo... para que construyamos los andamios de nuestra vida personal y de nuestra sociedad aquí en la tierra.

- El Reino de Dios se refiere a cómo son las cosas cuando Dios anda por medio, cómo son las personas cuando se dejan hacer y guiar por Dios. Es decir: cómo es el mundo cuando nada se opone a la voluntad amorosa de Dios. Por eso es lógico identificar el Reino con la persona de Jesús: alguien que es pura y absoluta obediencia y entrega al Padre.

O sea que hablar del Reino es lo mismo que hablar de la «felicidad profunda» a la que aspira cualquier ser humano, y que Dios mismo ha tomado como su primera ocupación y su principal empeño y objetivo para con nosotros. Por eso nos importa mucho conocer cómo es ese Reino de Dios, cómo es ese proyecto de Dios, cómo puedo encontrarme con el Dios que me busca y se preocupa por mi plenitud/felicidad aquí, y también después. ¡Esto sí que es un tesoro, o una perla preciosa!

Las parábolas de hoy nos presentan a dos personajes, que son dos formas de encontrar a Dios y entregarse a Él o ponerse a su servicio, o ser sus cómplices/instrumentos.

- El primero encuentra un tesoro en un campo. No le ha caído llovido del cielo delante de los pies, ni estaba medio tapado detrás de unos arbustos. Estaba, seguramente, trabajando como jornalero, sudando, cavando, «profundizando». Me parece algo relevante. Me atrevo a decir que aquellos que llevan una vida superficial, sin remover la tierra endurecida de cada día, cómoda, a golpe de impulsos y sentimientos, sin «rumiarla» como decían los monjes antiguos... es muy probable que no se encuentre nada.

Este jornalero no dice que estuviera buscando nada, cumplía con sus actividades de cada día. Y de pronto se da cuenta de que tiene allí delante lo que le resolverá toda la vida. Simbolizaría a todos los que, de una manera u otra, con más o menos esfuerzo hemos tenido «la suerte» de encontrarnos con Dios, de conocer a Cristo, de escuchar sus palabras de vida...

Aquel tesoro -como la fe- fue algo recibido: alguien lo puso ahí. Pero podemos apropiárnoslo, podemos hacerlo nuestro, podemos aprovecharlo...

Jesús dice que el que lo encuentra, se llena de alegría. No sé por qué hemos presentado tantas veces una visión de la fe cristiana, de Dios, como alguien triste, que amarga la vida, que impone renuncias y sacrificios, con tantas normas asfixiantes y exigencias imposibles. Que hay que «merecerlo» y ganárnoslo. Pero no es así. Aquel hombre, «por la alegría» de lo que ha encontrado, considerándolo un tesoro muy valioso, no tiene inconveniente en renunciar a otras cosas. Se trata de una renuncia muy especial, pues todo lo que no sea aquel tesoro encontrado, tiene menos valor, o ningún valor. Y está dispuesto a prescindir de lo que sea necesario para que el tesoro sea realmente suyo. Como decía San Pablo: «Todo lo estimo como basura, con tal de conocer a Cristo y el poder de su resurrección». (Flp 3, 8)

Tales renuncias, ese «venderlo todo», no parecen un sacrificio, pues lo que se consigue a cambio vale mucho más. Yo no sé si para muchos la fe, nuestro seguimiento de Jesús, nuestro ponernos en las manos de Dios es algo valioso que nos llene de alegría, tanto, que dejemos de estar tan preocupados y agobiados por cosas que, en el fondo, ni nos llenan, ni nos dan la felicidad, ni nos hacen sentir mejor... a pesar de los muchos esfuerzos y sacrificios que a menudo nos suponen. Quizá sea porque el «tesoro» de nuestro campo, sigue ahí enterrado, sin que sea «nuestro», sin que vivamos de él.

- El otro protagonista de las parábolas es un comerciante que encuentra una perla valiosa. También está en medio de sus tareas cotidianas de compra/venta. Parece que, de nuevo, se insiste en que se puede uno encontrar con lo más importante... sin tener que acudir a sitios raros, a experiencias raras, a esfuerzos costosos.

Ya tenía otras muchas perlas... pero seguía buscando. Ninguna de ellas, ni todas juntas, le llenaban del todo. Aquello no era suficiente. Este personaje es un buscador, como tantos que ha habido en la historia, y también en el día de hoy: No se sienten satisfechos con lo conseguido, aunque pueda ser valioso: ¡Tiene que haber algo más! Y buscan, a veces durante mucho tiempo, incansablemente, en muchos bazares y mercados... Hasta que... un día encuentran algo que merece la pena... Tanto, como para deshacerse de todo lo conseguido y apostar por aquello que acaba de encontrar, para hacerlo realmente suyo.

Es una parábola esperanzadora para todos los buscadores, para los inquietos, para los inconformistas. Según Jesús se acaba encontrando... Pero, como en el caso anterior, no se puede conseguir si no es a base de desprenderse o relativizar de todos los demás. En las cosas de Dios no vale «nadar y guardar la ropa», hacerse con aquella perla... manteniendo todas las demás. Estamos con el primer mandamiento: Amar a Dios sobre todas las cosas. O si se quiere: Poner el proyecto de Dios, los valores de Jesús, su mensaje... por encima de todo lo demás. Jugárselo todo por el Evangelio. Estar más pendiente de los demás, que de mí mismo, mis proyectos, mi propia perfección.

- Concluyendo:

- Hay un tesoro en mi campo. Muy valioso. Pero, quizá, todavía sin desenterrar. Habrá que buscar por ahí dentro, cavar, profundizar...

- Hay una perla preciosa que está a mi alcance. Pero tengo que ponerme a buscar y no conformarme con lo conseguido.

- Que puedo encontrar a Dios, la fe, el sentido de mi vida en medio de mis cosas de cada día. Porque es ahí donde está

- Que merece la pena, que nos llena de alegría... y que necesitamos apasionarnos un poco más con el mensaje de Jesús como para arriesgarnos del todo .

- Y que la alegría profunda es la mejor señal de que he encontrado algo/alguien que realmente merece la pena.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 29 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Entonces, Jesús rompió a llorar. Los judíos comentaban: ¡Cómo lo quería!” (Jn 11,35-36)

Siendo Dios verdadero, Señor, Tú conocías el sueño de Lázaro y lo anunciabas a los discípulos.... Viviendo en la carne, Tú que no tienes límites, vienes a Betania. Hombre verdadero, rompes a llorar por Lázaro. Dios verdadero, por tu voluntad resucitas al que llevaba cuatro días enterrado. Ten piedad de mí, Señor, ya que muchas son mis transgresiones. ¡Desde el abismo clamo a ti, sácame de él! ¡A ti grito, escúchame, Dios de mi salvación!

Llorando por tu amigo, en tu compasión has enjugado las lágrimas de Marta, y por tu pasión voluntariamente aceptada, has enjugado las lágrimas de tu pueblo. (Is 25,8) “Dios de nuestros padres, te bendecimos.” (Esd 7,27) Guardián de la vida, tú llamas a un muerte como si se tratase de uno que duerme. Por una palabra has rasgado las entrañas del infierno y has resucitado a aquel que se puso a cantar: “¡Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres!” Yo, ahogado por los lazos de mis pecados ¡levántame y te cantaré: “Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres!” ...

Movida por la gratitud, María te trae un frasco de mirra como una deuda para con su hermano (Jn 12,3) y te canta por todos los siglos. Como mortal, tú invocas al Padre; como Dios despiertas a Lázaro. Por esto te cantamos, oh Cristo, por los siglos de los siglos... Tú resucitas a Lázaro, un muerto de cuatro días. Tú lo haces surgir de la tumba, convirtiéndole en testimonio verídico de tu resurrección al tercer día. Tú caminas, lloras, hablas, Salvador mío, mostrando tu naturaleza humana. Pero resucitando a Lázaro revelas tu naturaleza divina. De manera inefable, Señor, Salvador mío, según tus dos naturalezas, has realizado mi salvación.


San Juan Damasceno (c. 675-749)
monje, teólogo, doctor de la Iglesia
Tríode de Maitines del sábado de Lázaro, odas 6-9

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 11,19-27


Evangelio según San Juan 11,19-27
Muchos judíos habían ido a consolar a Marta y a María, por la muerte de su hermano.

Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa.

Marta dijo a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto.

Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas".

Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará".

Marta le respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día".

Jesús le dijo: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;

y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?".

Ella le respondió: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo".


RESONAR DE LA PALABRA

Marta es la hermana de María y de Lázaro. Aparece en la conocida escena en la que Jesús llega invitado a su casa y, mientras que Marta se afana en servir a la mesa para que todo esté en orden para el invitado, María se sitúa a los pies de Jesús escuchándole con atención. De esa escena siempre se ha dicho que señala la importancia de la contemplación/oración en la vida cristiana.

Pero el texto del evangelio indica que no estaban las cosas tan claras entre Marta y María. Cuando Jesús se acerca a la casa de las hermanas para dar el pésame por el fallecimiento de Lázaro, Marta es la que se acerca a Jesús e intercede por su hermano mientras que María se queda en casa, casi podríamos decir que paralizada por el dolor.

Sus palabras ante Jesús nos muestran a una Marta que tiene su confianza y su fe bien radicada en Jesús. Es consciente de que su hermano está muerto y de que Jesús llega tarde pero “aún ahora sé que todo lo que le pidas a Dios te lo concederá”.

Lo que sigue es un diálogo de fe en el que Marta termina confesando plenamente su fe en Jesús: “Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.” Es una confesión de fe que ya no pone condiciones. No dice “si mi hermano resucita, entonces creo que tú eres el Hijo de Dios.” Simplemente confiesa su fe. Su confianza es plena y total. A pesar de los pesares. A pesar de que su hermano ya lleva tres días enterrado y su cuerpo se está empezando a descomponer.

Para nosotros, en este día, queda la confesión de fe de Marta, total, plena, sin condiciones. Y también las palabras anteriores de Jesús que han provocado esa confesión de fe: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”.

Quizá podríamos repetir estas palabras muchas veces en nuestra oración: la afirmación de Jesús y la respuesta de María. Y después, llenos de fe, ir a servir a nuestros hermanos y hermanas. Como parece que tantas veces hizo Marta.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA


viernes, 28 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Ciento o sesenta o treinta por uno»

La siembra ha sido echada por los apóstoles y profetas, pero es el Señor, él mismo, el que siembra. Es el Señor, él mismo, quien está presente en ellos desde el momento en que es el mismo Señor quien siega. Porque sin él ellos no son nada, mientras que él, sin ellos, sigue siendo perfecto. En efecto, él les dice: «Sin mí nada podéis hacer» (Jn 15,5). Sembrando, pues, en las naciones, ¿qué es lo que dice Cristo? «Salió el sembrador a sembrar.» (Mt 13,3). En otro texto son los segadores los que son enviados a segar; el sembrador quien sale a sembrar, y no se queja de su trabajo. En efecto ¿qué importa que el grano caiga en el camino, o sobre piedras o entre zarzas? ¡Si dejara entrar en él el desánimo por la ingrato de estos lugares no llegaría hasta la buena tierra!...

Se trata de nosotros: ¿seremos el camino, o las piedras, o las zarzas? ¿Queremos ser la tierra buena? Dispongamos nuestro corazón para que dé treinta, sesenta, cien, mil veces más. Treinta veces, mil veces, es siempre trigo y nada más que trigo. No seamos este camino en el que la simiente es pisoteada por los viandantes y nuestro enemigo se apodera de ella como si fuera un pájaro. Tampoco seamos estas piedras en las que una tierra poco profunda hace crecer demasiado rápidamente un grano que después no puede soportar el calor del sol. Nunca jamás estas zarzas, las codicias de este mundo, este empeño en hacer el mal. En efecto ¿hay algo peor que hacer todos esto esfuerzos para una vida que nos aparta de llegar a la verdadera vida? ¿Hay alguien más desdichado que cuidar tanto la vida para llegar a perderla? ¿Hay algo más triste que temer la muerte para caer en poder de la muerte? Arranquemos las espinas, preparemos el terreno, recibamos la simiente, perseveremos hasta la siega, aspiremos a ser recibidos en los graneros.



San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 101; PL 38, 605

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,18-23


Evangelio según San Mateo 13,18-23
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.

Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.

El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,

pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.

El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.

Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".


RESONAR DE LA PALABRA

La historia de la humanidad está teñida de sangre, de violencia. Por mucho que nos cueste reconocerlo es así. Basta con que echemos una ojeada a los libros de historia. No hay periodo de la historia que esté libre de batallas y sangre. No hay cultura que pueda decir que ha vivido siempre en paz. Hay batallas a muchos niveles. Se enfrentan las naciones. Pero también se enfrentan las familias, los amigos. La violencia parece que está metida en el tuétano de nuestros huesos, que forma parte de nuestro ser. Quizá sea fruto de la inseguridad, del temor, de la lucha por sobrevivir, que no siempre ha sido fácil para las personas a lo largo de la historia.

Cuando pensamos en lo opuesto a la paz, solemos pensar en las guerras entre naciones. Pero hay muchas más formas de violencia. Hay también una forma de violencia oral. Me he sorprendido muchas veces encontrándome con personas, absolutamente pacíficas en sus formas –diríamos que incapaces de matar a una mosca– que al hablar de los políticos (obviamente de los que son opuestos a sus ideas) destilan una violencia realmente increíble en sus palabras. Otros echan una violencia tremenda al volante, cuando conducen. Otros la generan en el campo de deportes (¡pobres árbitros!). Hay violencia entre las personas, en las relaciones humanas.

Hoy celebramos la fiesta de Santa María, Reina de la Paz. A Jesús por su mediación, le pedimos que nos libere de esa violencia que nos invade a veces por dentro como un cáncer. Y que nos haga hombres y mujeres de paz.

La paz no es sólo ausencia de violencia física. La paz es capacidad de diálogo, de escucha del otro y de sus necesidades. La paz es tolerancia frente al que no piensa como nosotros. La paz es respeto a los derechos humanos. La paz es justicia y atención especial para los más necesitados, para los pobres, para los marginados. Vamos a trabajar todos juntos por la paz. Este día y todos los días. Porque el Reino de Dios es reino de paz.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 27 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA


El exuberante paraíso de las Escrituras espirituales

Algunas de las verdades que la autoridad de las divinas Escrituras ha destinado para nuestra instrucción, son expresadas con gran claridad, mismo para los espíritus menos dotados, y no esconden en la oscuridad un sentido secreto. El mismo auxilio de la exégesis no parecería necesario ya que las letras y las palabras libran todo su sentido. Otras, al contrario, esconden su sentido bajo misteriosas oscuridades y sólo se abren con los esfuerzos y una inmensa solicitud del que quiere verlas con claridad y comprenderlas. (…)

Se puede fácilmente comparar la Escritura con una tierra rica y fecunda. En esa tierra muchos productos que nacen y se desarrollan benefician la vida del hombre sin requerir cocción previamente. Otros, necesitan perder al fuego ciertas cualidades naturales, para transformarse en suaves y tiernos, de lo contrario serían impropios y dañinos. Algunos son aptos para tomarse de diversas formas. Crudos no son desagradables ni dañinos, la cocción sólo agrega beneficios a los buenos efectos de su ingesta. (…)

Se puede distinguir un desarrollo semejante en el exuberante paraíso de las Escrituras espirituales. Ciertos pasajes resplandecen con una luminosa claridad desde su sentido literal, al tomar simplemente las palabras como suenan, ofreciendo a los auditores un alimento sustancial y abundante. (…) Otros deben iluminarse con una interpretación alegórica y necesitan del fuego espiritual para ser un alimento saludable, puro de todo mal germen, para el hombre interior. (…) Algunos pasajes se pueden tomar literalmente o en sentido alegórico y en ambos casos el alma se alimenta como lo requiere, del modo nutritivo conveniente.


San Juan Casiano (c. 360-435)
fundador de la Abadía de Marsella
De principados, III (SC 54, Conférences VIII-XVII, Cerf, 1958), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,10-17


Evangelio según San Mateo 13,10-17
En aquel tiempo, los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?".

El les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.

Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.

Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden.

Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán,

Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.

Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.

Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron."


RESONAR DE LA PALABRA

Dice el refrán popular que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Digo yo que algo así es lo que Jesús nos quiere decir en el evangelio de hoy. Parece ser que había gente que no entendía las parábolas con las que hablaba Jesús. Quizá mejor pensar que la historia de la parábola la entendían –son historias realmente simples– y que lo que no entendían era a cuento de qué venía esa historia, lo que Jesús quería decir con ellas. Dicho en otros términos, parece que había gente que no entendía la indirecta o el mensaje de fondo de la parábola.

Pero Jesús tiene claro que entre sus oyentes hay personas que tienen los oídos cerrados. Son de aquellos que no quieren oír el mensaje de la buena nueva. Son de los que terminan diciendo que Jesús expulsa demonios con el poder de Belcebú, como se dice en otro pasaje evangélico. Son los que no solo no creen sino que no quieren creer. Y, si van a escuchar a Jesús, es porque le quieren pillar en falta, quieren encontrar alguna contradicción que les permita decir que todo el mensaje de Jesús es una tontería, que no hay que hacerle caso y que pueden seguir a su vida, a lo de siempre con mucha tranquilidad.

Esos son los que “son duros de oído, han cerrado los ojos para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure.”

Jesús nos invita a abrir los oídos y los ojos, a creer en él abriéndole nuestro corazón. Porque solo así nos podrá curar, sanar, reconciliar. Y nos abrirá a una nueva existencia en la esperanza y el amor fraterno. Eso es el Reino. Pero para eso tenemos que salir de nuestras casillas, de los caminos de siempre y entrar por los caminos nuevos del Reino. Jesús nos invita a seguirle, a convertirnos, a curarnos, a entrar en la vida nueva del Reino.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 26 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis”

El profeta dice en un salmo: “Me consumo ansiando tu salvación y espero en tu palabra” (118,81)... ¿Quién expresa este deseo ardiente si no "la raza escogida, el sacerdocio real, la nación santa, el pueblo escogido por Dios" (1P 2,9), cada uno en su época, en todos los que vivieron, que viven y que vivirán, desde el origen del género humano hasta el fin de este mundo?... Por eso el Señor mismo les dijo a sus discípulos: "Muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis". Es pues su voz, la que hay que reconocer en este salmo... Este deseo jamás cesó en los santos y continúa ahora, en "el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia" (Col. 1,18), hasta que venga "El Deseado de las naciones" (Ag 2,8 tipos de Vulg)...

En los primeros tiempos de la Iglesia, antes de la encarnación en la Virgen, existían santos que deseaban la llegada de Cristo en la carne; y desde entonces hasta su Ascensión existían otros santos que desean la manifestación de Cristo para juzgar a vivos y muertos. Desde el comienzo hasta el final de los tiempos, este deseo de la Iglesia jamás perdió su ardor, incluso tampoco mientras el Señor vivió sobre tierra en compañía de sus discípulos.



San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Discurso sobre los Salmos, Sal. 118, n° 20 ; CCL 40, 1730

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,1-9


Evangelio según San Mateo 13,1-9
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.

Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.

Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar.

Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.

Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;

pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.

Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.

¡El que tenga oídos, que oiga!".


RESONAR DE LA PALABRA

Vamos a ser sinceros. No tenemos ninguna seguridad de estos santos que hoy celebramos. Está claro que la madre de Jesús, María, tuvo padres. Pero la verdad es que no sabemos nada de ellos. Ni un solo dato histórico más allá de una tradición del siglo II, es decir, una tradición que surge a muchos años de la muerte de los padres de María.

Pero María tuvo padres. La tradición ha querido que se llamaran Joaquín y Ana. Y, por aquello de que “el que a los suyos parece, honra merece”, podríamos decir que la generosidad de María cuando dijo “hágase” a la propuesta del ángel, cuando siguió a Jesús y casi podemos decir que fue su primera discípula, cuando estuvo a los pies de la cruz en el momento del mayor dolor y cuando, después de la muerte de Jesús, se reunía con los demás discípulos a orar, ya estuvo incoada en la familia en que nació.

Porque hay muchas cosas de nuestra vida que o se reciben cuando somos muy pequeños en la relación con nuestros padres o no se reciben nunca. En el español más castizo se dice que hay cosas (educación, estilo, forma de ser) que hay que mamarlas. O se aprenden en esos momentos iniciales de la vida o ya va a ser muy difícil que se aprendan o asimilen nunca.

Podemos imaginar, suponer, que María aprendió desde su más tierna infancia de sus padres cómo tenía que ser su relación con Dios. El “hágase su voluntad” de María al ángel en la Anunciación no brotó de la nada. Más bien, viene de una actitud de vida que se aprende desde la infancia, en la vida de familia, en lo que se ve en la relación de nuestros padres, en su forma de hablar, de comportarse, de ser.

Hoy es una día para pensar en nuestras familias. Y en la responsabilidad que tenemos de cuidar y educar bien a los pequeños que en ellas van creciendo a la vida. No se trata de educar a través de la palabra sino del ejemplo de vida. Es complicado educar a los hijos. Quizá es más complicado incluso en nuestros días. Pero la base necesaria será hoy y siempre el ejemplo, el testimonio de una vida construida sobre el amor, el cariño y el cuidado mutuo.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 25 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«No sabéis lo que pedís» (Mt 20,22)

Salmo 126

«Es en vano que madruguéis» (Sal (126,2)... Así eran los hijos de Zebedeo quienes, antes de haber sufrido la humillación en conformidad con la Pasión del Señor, ya habían escogido su sitio, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Querían «levantarse antes de la Aurora»... También Pedro se había levantado antes de la Aurora, cuando dio al Señor el consejo de que no sufriera por nosotros. Efectivamente, el Señor había hablado de su Pasión que debía salvarnos y de sus humillaciones, y Pedro, que poco antes había confesado que Jesús era el Hijo de Dios, se estremeció ante la idea de su muerte y le dijo: ¡No lo permita Dios, Señor! Sálvate a ti mismo. Eso no puede pasarte.» (cf. Mt 16,22). Quería ser más que la Luz, dar un consejo al que es la Luz. Pero, ¿qué hace el Señor? Ha hecho que se ponga detrás de la Luz diciéndole: «¡Quítate de mi vista»... «Ponte detrás de mí para que yo camine delante de ti y tú me sigas. Pasa por el mismo camino que yo, en lugar de querer enseñarme el camino por el que tú quieres andar»...

¿Por qué, pues, hijos del Zebedeo, queréis pasar antes que el Día? Esta es la pregunta que es preciso ponerles; no se van a enfadar porque estas cosas están ya escritas para ellos con el fin de que nosotros sepamos preservarnos del orgullo al cual ellos han caído. ¿Por qué querer pasar antes que el Día? Es en vano. ¿Queréis veros enaltecidos antes de ser humillados? El mismo Señor vuestro, el que es vuestra luz, se humilló para ser enaltecido. Escuchad lo que dice Pablo: «Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la condición de esclavo... Actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo (Flp 2,6s)



Agustín de Hipona
Sobre los Salmos: ¿Queréis veros enaltecidos antes de ser humillados?

RESONAR DE LA PALABRA - EVANGELIO DE MATEO 20, 20 - 28

EVANGELIO DE MATEO 20, 20 - 28
Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición. 21 Él le preguntó: «¿Qué deseas?». Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda». 22 Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». 23 Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre». 24 Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. 25 Y llamándolos, Jesús les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. 26 No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, 27 y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. 28 Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».


RESONAR DE LA PALABRA


¡Qué gran contradicción entre el Evangelio de hoy y esa imagen tan tradicional en España de Santiago, vestido de guerrero y montado en un caballo saliendo a batallar contra los ejércitos musulmanes! Son imágenes difíciles de conciliar por no decir que es imposible.

Una es la imagen del poder que se impone por la violencia, por el dominio (manifestado en el soldado musulmán que se retuerce pisado por el caballo. En el fondo no es muy diferente esta imagen de lo que pedía a Jesús la madre de los Zebedeos, que sus hijos se sentasen uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús. Son posiciones de poder, de autoridad, de dominio. La madre, y quizá también los hijos, pretendía esas posiciones de poder para sus hijos, pretendía ponerles por encima de los otros apóstoles. La madre quería para sus hijos los dos primeros puestos del escalafón. Justo por debajo de Jesús. El resultado fue que los otros apóstoles se enfadaron. Más que todo porque, probablemente, ellos también aspiraban a esos puestos de poder.

Las palabras finales de Jesús nos sitúan en una realidad diferente. Jesús habla del Reino, anuncia el Reino y vive el Reino. El Reino no es de este mundo en el sentido de que no se mueve con los principios y valores de este mundo. El Reino es reino de fraternidad. No hay posiciones de poder sino de servicio. Es grande el que más sirve. Es Jesús lavando los pies a los discípulos. Es Jesús dando de comer a los hambrientos. Es Jesús poniendo en el medio a un niño como el más importante. Es Jesús haciéndose pan de vida para nosotros. Es Jesús entregando su vida en la cruz por fidelidad al Reino.

Con esa autoridad le dice a los apóstoles que el que quiera ser primero entre ellos que se haga el esclavo de todos. Esa palabra “esclavo” tuvo que sonar muy fuerte en aquella época. En nuestros días puede tener un sentido metafórico pero en el tiempo de Jesús todos sabían perfectamente lo que era un esclavo. Tuvo que sonar duro a los oídos de los discípulos. Tiene que sonar con toda su fuerza en nuestros oídos. Como el hijo del hombre que no vino para ser servido sino para servir y dar su vida por nosotros. Así debe ser el cristiano: no pensar en los primeros puestos sino en servir. Porque un cristiano que no sirve no sirve para nada.


Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

CULTIVAR EL CORAZÓN

 

«Nuestro corazón, en efecto, es el campo de la libertad: no es un laboratorio aséptico, sino un espacio abierto y, por tanto, vulnerable. Para cultivarlo adecuadamente, es necesario, por una parte, cuidar constantemente los delicados brotes de bondad y, por otra, identificar y erradicar las malezas, en el momento justo. Así pues, miremos en nuestro interior y examinemos un poco que ocurre, lo que crece en mí. Que está creciendo en mi de bien y de mal. Existe un hermoso método para hacerlo: aquello que se llama el examen de conciencia, que es ver qué sucede hoy en mi vida, qué me impactó en el corazón y qué decisión tomé. Y esto sirve precisamente para verificar, a la luz de Dios, donde están las hierbas malas y donde la semilla buena»



 

lunes, 24 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡Cree en la resurrección!

Fue depositado realmente como un hombre en un sepulcro de piedra, pero las rocas se quebraron de temor, por su causa. Descendió en los lugares subterráneos para rescatar a los justos. (…) Aquel que descendió a los infiernos remontó. Jesús sepultado y realmente resucitó el tercer día.

Si un día te atacan, pregunta sin tardar: “¿Jonás no resucitó de tierra después de tres días? Por haber tocado los huesos de Eliseo, un muerto ha resucitado (cf. 2 Re 13,21), ¿el creador de los hombres, por el poder del Padre, no resucitaría más fácilmente aún? Ha resucitadorealmente y una vez resucitadoha visto de nuevo a sus discípulos. Los doce discípulos, testigos de su resurrección (cf. 2,32-33), testimoniaron con floridos discursos y sostuvieron combates que fueron hasta la muerte, por afirmar la realidad de la resurrección.

Según la Escritura “Toda cuestión será reglamentada sobre la afirmación de dos o tres testigos” (cf. Dt 19,15). No puedes ser todavía incrédulo: ¡he aquí la afirmación de doce testigos!


San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 4 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne, 1993), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 12,38-42


Evangelio según San Mateo 12,38-42
Entonces algunos escribas y fariseos le dijeron: "Maestro, queremos que nos hagas ver un signo".

El les respondió: "Esta generación malvada y adúltera reclama un signo, pero no se le dará otro que el del profeta Jonás.

Porque así como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del pez, así estará el Hijo del hombre en el seno de la tierra tres días y tres noches.

El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay alguien que es más que Jonás.

El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra esta generación y la condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay alguien que es más que Salomón."


RESONAR DE LA PALABRA

Los letrados y fariseos querían un milagro para creer en Jesús. Y nosotros muchas veces también. Pensamos que con un milagro todo sería más fácil. Pensamos que, si Dios es todopoderoso, debería arreglar las cosas para que los pobres no sufrieran la pobreza, los oprimidos la injusticia ni los enfermos la enfermedad. Es algo así como si le dijéramos a Dios: demuéstranos que eres de verdad Dios, Padre, Todopoderoso, que te preocupas de tus hijos e hijas, que no eres u n muñeco de feria ni un adorno en nuestras vidas. De alguna manera, le retamos: que nos demuestre lo que es y le seguiremos, creeremos en él, cumpliremos sus normas y leyes. Pero, por favor, que nos solucione la vida, que nos libre de tantas trabajos, angustias, preocupaciones, de la enfermedad y de la muerte, del desamor y la soledad.

Pero la verdad es que nuestro Dios no ha sido pródigo en hacer grandes signos que nos dejaran apabullados. Casi podemos decir que la historia de Dios entre nosotros empezó mal: en Belén, en un pesebre maloliente, nació un niño. Frágil, vulnerable, sin poder hablar ni expresarse más que a través de sus lloros. Y no siguió mucho mejor. Es verdad que Jesús hace algunos milagros pero su eficacia es muy relativa. Cura las enfermedades de algunos pero la mayoría siguen igual. Da de comer a una multitud pero eso no es nada comparado con las muchas gentes que pasan hambre y que no llegan a fin de mes. Y, por si no era suficiente, todo terminó mal: en la cruz. El fracaso total.

Y aún así hubo un grupo, unos cuantos de sus seguidores, que se empeñaron en decir que Jesús había resucitado, que había vencido a la muerte. Vivían con una nueva esperanza. Sentían el Espíritu de Jesús en medio de ellos, compartían el pan, atendían ellos a los pobres, vivían en fraternidad, trabajaban por la justicia. Y hablaban del Reino.

El gran signo de Dios no es que se oscurezca el sol a mediodía sino los muchos hombres y mujeres que a lo largo de la historia se han dejado la piel por vivir la fraternidad, por atender y servir a los necesitados, por hacer justicia para los oprimidos. Una nube de testigos nos rodea. Basta con que abramos los ojos. Y la fe brotará en nuestro corazón.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 23 de julio de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,24-43


Evangelio según San Mateo 13,24-43
Jesús propuso a la gente otra parábola:

"El Reino de los Cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo;

pero mientras todos dormían vino su enemigo, sembró cizaña en medio del trigo y se fue.

Cuando creció el trigo y aparecieron las espigas, también apareció la cizaña.

Los peones fueron a ver entonces al propietario y le dijeron: 'Señor, ¿no habías sembrado buena semilla en tu campo? ¿Cómo es que ahora hay cizaña en él?'.

El les respondió: 'Esto lo ha hecho algún enemigo'. Los peones replicaron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?'.

'No, les dijo el dueño, porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo.

Dejen que crezcan juntos hasta la cosecha, y entonces diré a los cosechadores: Arranquen primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, y luego recojan el trigo en mi granero'".

También les propuso otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su campo.

En realidad, esta es la más pequeña de las semillas, pero cuando crece es la más grande de las hortalizas y se convierte en un arbusto, de tal manera que los pájaros del cielo van a cobijarse en sus ramas".

Después les dijo esta otra parábola: "El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa".

Todo esto lo decía Jesús a la muchedumbre por medio de parábolas, y no les hablaba sin parábolas,

para que se cumpliera lo anunciado por el Profeta: Hablaré en parábolas, anunciaré cosas que estaban ocultas desde la creación del mundo.

Entonces, dejando a la multitud, Jesús regresó a la casa; sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña en el campo".

El les respondió: "El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre;

el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno,

y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.

Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo.

El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal,

y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes.

Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre. ¡El que tenga oídos, que oiga!"


RESONAR DE LA PALABRA


«Un enemigo ha sembrado la cizaña» (

[...] 5. Una de las parábolas que narra Jesús acerca del crecimiento del reino de Dios en la tierra, nos permite descubrir con mucho realismo el carácter de lucha que entraña el Reino a causa de la presencia y la acción de un «enemigo» que «siembra cizaña (gramínea) en medio del grano». Dice Jesús que cuando «brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña». Los siervos del amo del campo querrían arrancarla, pero éste no se lo permite, «no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo. Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero» (Mt 13, 24-30). Esta parábola explica la coexistencia y, con frecuencia, el entrelazamiento del bien y del mal en el mundo, en nuestra vida y en la misma historia de la Iglesia. Jesús nos enseña a ver las cosas con realismo cristiano y a afrontar cada problema con claridad de principios, pero también con prudencia y paciencia. Esto supone una visión trascendente de la historia, en la que se sabe que todo pertenece a Dios y que todo resultado final es obra de su Providencia. Como quiera que sea, no se nos oculta aquí el destino final ―de dimensión escatológica― de los buenos y los malos; está simbolizado por la recogida del grano en el granero y la quema de la cizaña.

6. Jesús mismo da la explicación de la parábola del sembrador a petición de sus discípulos (cf.Mt 13, 36-43). En sus palabras se transparenta la dimensión temporal y escatológica del reino de Dios.

Dice a los suyos: «A vosotros se os ha dado el misterio del reino de Dios» (Mc 4, 11). Los instruye acerca de este misterio y, al mismo tiempo, con su palabra y su obra «prepara un Reino para ellos, así como el Padre lo preparó para él [el Hijo]» (cf. Lc 22, 29). Esta preparación se lleva a cabo incluso después de su resurrección. En efecto, leemos en losHechos de los Apóstoles que «se les apareció durante cuarenta días y les hablaba acerca de lo referente al reino de Dios» (cf. Hch 1, 3) hasta el día en que «fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios» (Mc 16, 19). Eran las últimas instrucciones y disposiciones para los Apóstoles sobre lo que debían hacer después de la Ascensión y Pentecostés, a fin de que comenzara concretamente el reino de Dios en los orígenes de la Iglesia.

7. También las palabras dirigidas a Pedro en Cesarea de Filipo se inscriben en el ámbito de la predicación sobre el Reino. En efecto, le dice: «A ti te daré las llaves del reino de los cielos» (Mt 16, 19), inmediatamente después de haberlo llamado piedra, sobre la que edificará su Iglesia, que será invencible para las «puertas del Hades» (cf. Mt 16, 18). Es una promesa que en ese momento se formula con el verbo en futuro, «edificaré», porque la fundación definitiva del reino de Dios en este mundo todavía tenía que realizarse a través del sacrificio de la cruz y la victoria de la resurrección. Después de este hecho, Pedro y los demás Apóstoles tendrán viva conciencia de su vocación a «anunciar las alabanzas de Aquel que les ha llamado de las tinieblas a su luz admirable» (cf. 1 Pe 2, 9). Al mismo tiempo, todos tendrán también conciencia de la verdad que brota de la parábola del sembrador, es decir, que «ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer», como escribió san Pablo (1 Cor 3, 7).

8. El autor del Apocalipsis da voz a esta misma conciencia del Reino cuando afirma en el canto al Cordero: «Porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes» (Ap 5, 9. 10). El apóstol Pedro precisa que fueron hechos tales «para ofrecer sacrificios espirituales aceptos a Dios por mediación de Jesucristo» (cf. 1 P 2, 5). Todas éstas son expresiones de la verdad aprendida de Jesús quien, en las parábolas del sembrador y la semilla, del grano bueno y la cizaña, y del grano de mostaza que se siembra y luego se convierte en un árbol, hablaba de un reino de Dios que, bajo la acción del Espíritu, crece en las almas gracias a la fuerza vital que deriva de su muerte y su resurrección; un Reino que crecerá hasta el tiempo que Dios mismo previó.

9. «Luego, el fin ―anuncia san Pablo― cuando [Cristo] entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad» (1 Cor 15, 24). En realidad, «cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo» (1 Cor15, 28).

Desde el principio hasta el fin, la existencia de la Iglesia se inscribe en la admirable perspectiva escatológica del reino de Dios, y su historia se despliega desde el primero hasta el último día.

Juan Pablo II
Audiencia General (25-09-1991): El Reino supone una lucha contra el mal

fuente del comentario DEIVERVUM
 

sábado, 22 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Tocar espiritualmente a Cristo

«Jesús le dijo: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre». Estas palabras contienen una verdad que debemos examinar atentamente. Jesús enseña a esta mujer que le había reconocido como Señor y le había dado ese título, qué es la fe. El divino jardinero sembró un grano de mostaza negra en el corazón de María Magdalena, como lo habría hecho en un huerto... ¿Qué significa, pues: «Suéltame, que todavía no he subido al Padre»?

Con estas palabras Jesús quiso que la fe que se tiene en él, a través de la cual se le toca espiritualmente, llegue hasta creer que él y el Padre son uno (Jn 10,30). Porque el que en él sigue progresando hasta reconocer que Jesús es igual al Padre, en cierta manera sube hasta el Padre en lo más secreto de su alma. De no ser así, no se toca a Cristo como él quiere, es decir, que no se tiene la fe que Jesús pide.

María podía creer en él y seguir pensando que no era igual al Padre, por eso las palabras: «Suéltame» le dan a conocer su error. Es lo mismo que decir: «No creas en mí según el espíritu en el que todavía estás: No te quedes pensando en que lo que he hecho por ti sin llegar a pensar en aquél por quien tú has sido hecha». ¿Cómo podía ella no seguir creyendo de manera puramente humana en aquel que lloraba como hombre? «Todavía no he subido al Padre». «Me tocarás cuando creas que soy Dios, y que soy perfectamente igual al Padre».



San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Comentario sobre San Juan, tratado 121,3; PL 35, 1955-1959

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18


Evangelio según San Juan 20,1-2.11-18
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.

Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".

María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro

y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".

Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".

Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.


RESONAR DE LA PALABRA

Por alguna razón de María Magdalena se tiene la imagen de que era una prostituta. Debe ser porque, como se dice de ella que era una pecadora, la única posibilidad que tiene una mujer de ser pecadora es siendo prostituta. En realidad, en el Evangelio solo se dice que de ella habían salido siete demonios (Lc 8,1-2). Pasa que se la ha identificado con la mujer adúltera del evangelio de Juan y con la pecadora que unge los pies de Jesús (Mc 14,3-8), de las que no se dice el nombre en esos textos. Vamos a dejar esta historia de lado. La mujer, como el hombre, puede ser pecadora de muchas maneras. Y lo que nos importa no es lo que fue sino en lo que se convirtió al encontrarse con Jesús. Que ninguno de nosotros puede decir que tenga un pasado impoluto y libre de toda culpa.

María Magdalena siguió a Jesús, fue discípula de Jesús. Estuvo al pie de la cruz, acompañando a María, la madre de Jesús. Y luego fue testigo de la resurrección. Uno de los primeros testigos. Y, según el evangelio de hoy, fue ella la que dio testimonio de la resurrección de Jesús a los otros discípulos. Esto es ya muy importante. Porque en aquel mundo patriarcal, el testimonio de un mujer no tenía valor. Esto nos habla ya de que en torno a Jesús se había creado una comunidad nueva, igualitaria, donde las mujeres estaban al mismo nivel que los hombres. Todos discípulos, todos creyentes, todos seguidores de Jesús. Y precisamente Jesús resucitado se aparece a María Magdalena y le pide que vaya a anunciar a sus hermanos que ha resucitado.

La situación para las mujeres en nuestro mundo, y en nuestra iglesia, ha ido cambiando. Para ser realistas, ha ido mejorando. En muchas cosas, están a un nivel de igualdad con respecto al hombre. Pero todavía queda mucho por hacer. Todavía hay culturas y sociedades donde la mujer se sitúa a un nivel inferior al hombre. O, si lo prefieren, el hombre se sabe superior a la mujer. Solo un pequeño detalle: incluso en las sociedad que creemos que son más avanzadas, a igual trabajo el salario de la mujer es habitualmente inferior al del hombre. Es solo un detalle pero ya dice mucho. María Magdalena, discípula entre los discípulos, nos hace recordar que el reino del que habló Jesús es un reino de igualdad, de fraternidad, donde todos, hombre y mujeres, estamos al mismo nivel y compartimos la misma mesa en torno al único Padre.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA