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miércoles, 19 de abril de 2017

El DESCANSO en el ESPÍRITU SANTO

por Ceferino Santos S.J. 


Con alguna frecuencia se viene dando en retiros de sanación, en oraciones de intercesión o de liberación, tras la unción de los enfermos con aceite bendecido, o tras la imposición de manos sobre aquellos por quienes se ora, el fenómeno llamado por algunos descanso en el Espíritu.

Otros prefieren traducir el ingles being alain in the Spirit, como fulminación en el Espíritu, dormición en el Espíritu o quedar abrumado por el amor y la presencia de Dios, o tener silencio en el Espíritu y reposo en Él.

(A) El verdadero descanso del Espíritu es un don carismático, otorgado a uno o a varios para trasmitir a otros una cierta protección de Dios, con lo que se alimentan la fe, la paz interior, la inteligencia de las enseñanzas recibidas y se facilita la practica de la vida cristiana, al suprimirse bloqueos o resistencias mas o menos conscientes a la acción del Señor, lo cual a veces se expresa o se visualiza con un rendimiento ante Dios que conlleva la perdida pasajera del equilibrio corporal, deslizándose suavemente hacia el suelo o sobre el asiento que se ocupa, con una cesación pasajera del movimiento corporal y local.

Dado que existen en la practica pastoral y en la teoría dudas, equivocaciones y hasta errores en torno a este fenómeno del descanso del Espíritu, puede resultar útil y conveniente hacer algunas aclaraciones al respecto.

(B) El descanso pertenece al carisma de sanación es un toque directo a los sentidos internos de la imaginación y de la memoria, con una llenumbre de la presencia de Dios, de su amor y de su paz, de modo que a veces, el cuerpo queda alcanzado y como inmovilizado por un tiempo, y Dios sana interna o externamente y libera a veces.

Uno puede resistirse a este fenómeno de sanación, por sentirse asustado ante el, pero entonces no suelen seguirse en el que se ha resistido los frutos de paz y de oración mas recogida, y suelen quedar en el rastros nuevos de turbación o de inquietud. Algunos, que no se resisten a este don, tras la oración y la imposición de manos, se sienten caer suavemente hacia el suelo, si están de pie o de rodillas, o se quedan como relajadamente inmóviles sobre su asiento los que estaban sentados. Este fenómeno suele ser pasajero y breve.

(C) El aspecto principal del descanso en el Espíritu, es la fuerte presencia sanadora del Dios viviente, que purifica, libra de dificultades y bloqueos interiores a su acción fortalece el alma para sobrellevar el peso del compromiso cristiano de un modo renovado. El que Dios llene la memoria y la imaginación de su presencia, de su amor de su sanación no presenta dificultades en la renovación Carismática ni fuera de ella.

(D) El punto controvertido y discutible en el descanso en el Espíritu es ese sentirse anonadado por el peso del amor de Dios con el fenómeno espectacular de la caída suave del cuerpo hacia atrás o hacia adelante, hasta que el don se haya pasado. Cuando el descanso en el Espíritu es verdadero, la caída del cuerpo es como una señal externa de un nuevo rendimiento al Señorío de Cristo y de una nueva aceptación del amor y la voluntad de Dios sin resistencias.

En el descanso en el Espíritu la persona sigue teniendo control pleno de su entendimiento y de su voluntad. El entendimiento sigue libre para orar con la atención mas concentrada en Dios. Otros efectos, como la extinción de traumas, de bloqueos o cargas interiores, la iluminación espiritual o la sanación, dependen de las necesidades individuales del que recibe este don.

(F) El verdadero descanso en el Espíritu, 1)- facilita la oración en tanto cuanto toca los sentidos internos dispersos y los unifica, 2)- facilita el sentido profundo de la presencia y del amor de Dios.

(G) Estos dos efectos internos pueden darse sin el hecho exterior concomitante de la caída al suelo de la caída al suelo por el impulso poderoso y abrumador del amor de Dios.

(H) Hay personas que creen erróneamente que caen al suelo porque han sido empujadas por el que les impone las manos. De hecho es el amor abrumador de Dios el que empuja y vence poderosamente obstáculos en personas que evitan aparecer como poco naturales.

(I) El poder de descansar en el Espíritu. Es el problema mas vidrioso de este don, que el Señor concede a algunos en los grupos de intercesión.

(J) (1) El don parece en si valido por sus efectos buenos: paz, presencia de Dios, mas facilidad para orar, sanación de traumas y resistencias a Dios, liberación de opresiones.

(2) El descanso en el Espíritu no es expresamente una oración de quietud con su experiencia directa del amor de Dios, que aquí se experimenta con amor sanador mas directamente que como don de oración contemplativa.

(3) Tampoco se trata de un fenómeno natural de hipnosis, donde la voluntad queda casi totalmente suspendida y sometida al hipnotizador, donde la conciencia se entorpece y la memoria de la actividad desarrollada en hipnosis se pierde al volver en si. A veces esta alienación transitoria de la voluntad transitoria de la voluntad del hipnotizado resulta seriamente peligrosa. Nada de esto sucede en el descanso en el Espíritu: la voluntad y el entendimiento se mantienen despiertos y activos, sin someterse a nadie mas que a Dios.

(4) Tampoco se ha de confundirse el descanso en el Espíritu con un posible influjo diabólico, que emboba las potencias del hombre y obscurece, turba y debilita espiritualmente el alma y lleva al que lo padece a buscar sitios concurridos para llamar la atención de otros y distraerlos de su oración o de la sanación interior en curso. Este influjo diabólico deja gran turbación, depresiones y falta de paz en el que lo ha recibido.

(5) Ha habido abusos por parte de personas que por su debilidad psicológica o por ganas de atraer hacia ellas la atención simularon el descanso en el Espíritu. Los efectos posteriores de tristeza, depresión, angustia, oscuridad espiritual, insatisfacción y falta de paz, declararon la falsificación de un don carismático.

(6) Se necesita, por tanto, enseñanza sana, discernimiento y guía espiritual recta durante este ministerio de sanación por el descanso en el Espíritu y después de el. No conviene despertar al que esta; en el descanso en el Espíritu, no se le turbe tras el con preguntas agobiantes e indiscretas; no se le obligue a dar paseos para despejarse, etc.; al que tuvo el descanso déjesele tranquilo por un rato largo para que el don de Dios produzca sus efectos buenos sin interferencias humanas. En el falso descanso, despiértese al paciente.

(7) No se haga del descanso en el Espíritu el don central del ministerio de sanación. La sanación viene de la presencia de Jesús sanador y Salvador y del poder de su Espíritu aceptado desde la fe.

(8) Tampoco se caiga en el otro extremo de denunciar este don como algo ajeno a la Renovación Carismática y como una novedad de la Iglesia. Se trata de un fenómeno conocido en la historia de la Iglesia.

En el proceso de canonización de Santa Clara, Sor Bienvenida de Perusa declara bajo juramento una sanación en la que el Señor utiliza a Santa Clara y aparece el descanso en el Espíritu. Declaro; también la testigo que, habiendo caído en demencia un fraile de la Orden de los Menores, que se llamaba Fray Esteban, San Francisco le mando al Monasterio de San Damián, para que la Santa hiciera sobre el la señal de la Cruz. Hecho esto, el fraile quedo adormecido un poco de tiempo en el lugar donde la Santa Madre solía hacer la oración, y cuando se despertó, tomo alimento y se marcho curado.

(Cf. OMAECHEVERRIA, Ignacio: Escritos de Santa Clara y documentos contemporáneos. Madrid, BAC, 1970, pag. 70.).

(9) En el descanso en el Espíritu la mente esta mas clara para acoger a Dios; no es por tanto un desmayo donde la inteligencia se nubla o se pierde temporalmente. El descanso en el Espíritu (fenómeno de sanación) nada tiene que ver con la caída al suelo en una crisis epiléptica (enfermedad con perdida de sentido, espumarajos, estremecimientos, cf. Mc. 9.18: lo derriba al suelo le hace echar espumarajos y rechinar los dientes). Este mismo niño del Evangelio de San Marcos, cuando recibe la curación fisiológica de su epilepsia, la psicológica de sus desmayos y la espiritual, liberado de aquel Espíritu malo que le arrastraba hacia el fuego o hacia el agua para destruirlo, queda en una especie de descanso en el Espíritu (Mc.9.26: el muchacho quedo curado como muerto), pero enseguida Cristo lo levanto y estaba sano.

(10) El descanso en el Espíritu es diferente del éxtasis sobrenatural, donde la mente queda absorbida en Dios y elevada para conocer sus misterios, con cesación del ejercicio de los sentidos exteriores. San Pablo nos recuerda este don de oración mas propio de almas perfectas, cuando nos dice que subió arrebatado hasta el tercer cielo en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo se, y oyó palabras arcanas que el hombre no puede pronunciar. (2 Cor.12, 2-4). El mismo San Pablo cuando se convierte a Cristo, recibe una especie de descanso en el Espíritu, como don de principiantes; y cae en tierra de su caballo sin hacerse daño (Hch.9.4; Pablo cayo en tierra y oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, por que me persigues?). El descanso en el Espíritu es un don mas propio de principiantes.

Conclusión. Estemos abiertos para acoger los dones de Dios y aceptemos la invitación de Dios a entrar en su descanso para reposar de los trabajos (Heb.4.10), sin esperar solo el descanso definitivo y celestial. También en su vida mortal, Jesús invito a sus discípulos a un lugar retirado a descansar por un rato (Mc.6.30). Hoy también sigue haciéndolo con nosotros.

Preguntas y respuestas de la puesta en común sobre el descanso en el Espíritu.

¿El poder de descansar a alguien en el Espíritu Porque se le ha de atribuir a Dios y no mas bien al poder de la parapsicología o magnético del que ora?
De hecho, los fenómenos externos del descanso del Espíritu podrían ser producidos por una facultad psi-kappa con posibles efectos de psicokinesia sobre un organismo humano, pero no se daría un verdadero descanso en el Espíritu que viene de Dios, con efectos espirituales de paz y de crecimiento en la fe y en el amor; sino, mas bien, un sometimiento al manipulador o parapsicólogo y a sus fuerzas psíquicas o magnéticas. Aunque los fenómenos externos de debilitamiento corporal y subsiguiente caída al suelo se produjesen, no se daría los efectos espirituales de liberaciones de opresiones y bloqueos (v.g. incapacidad de amar a otros, sanación del rechazo de personas concretas, crecimiento en la fe y en amor de Dios, etc.)

La dormición de uno por poderes magnéticos no es descanso en el Espíritu, en el que uno queda sometido y abrumado por el poder sanador de Dios, sino sometimiento servil y no liberador a poderes parapsicológicos y al que los utiliza. Cabria la posibilidad de que los poderes parapsicológicos psi-kappa fuesen utilizados, sometidos plenamente a Dios y como sacramentalizados por El, para producir efectos espirituales. Pero, aun en este caso, no planteado en la pregunta, Dios seria el agente principal y a El se deberían los efectos espirituales buenos con prioridad plena sobre el instrumento sometido a El, esto es las fuerzas parapsicológicas, elevadas de alguna manera por la acción principal de Dios. En todo caso, siempre es indispensable el discernimiento del comienzo, el medio, el fin y los efectos del descanso para saber si este se debe a la acción del Espíritu de Dios o es atribuible a otros poderes.

¿El descanso en el Espíritu no se podría explicar naturalmente como un fenómeno cataléptico?
Mas bien en la catalepsia se pierde la sensibilidad externa con suspensión de las sensaciones y movimientos libres, a la vez que se dan alteraciones y reflejos de tipo histérico y patológico. En el autentico descanso en el Espíritu se conserva un grado apreciable de sensibilidad externa, se da paz espiritual posteriormente al reposo, se producen efectos de sanación interior y, a veces física, y también frutos de maduración y construcción de la personalidad cristiana equilibrada, y no secuelas de debilitación patológica de la personalidad como en la catalepsia. Cuando se dan fenómenos histéricos de agitación nerviosa, sofocaciones, gritos y desequilibrio no se trata del descanso en el Espíritu, que produce paz en el que recibe el descanso y en otros que lo ven; sino mas bien nos hallamos ante productos naturales de personalidades psicológicas inestables e influenciadas por una personalidad fuerte o por un ambiente propicio al entusiasmo religioso.

No obstante, conviene notar para un discernimiento recto que la gracia religiosa verdadera se acomoda a la naturaleza del que la recibe. Cuando se trata de una gracia religiosa fuerte que llega al poco equilibrado psíquicamente o al que necesita conversión y liberación, los efectos externos de gritos, convulsiones vueltas por el suelo pueden significar también el choque que se produce entre las fuerzas salvíficas positivas que vienen de Dios y las fuerzas negativas del pecado, del influjo diabólico y del desequilibrio psicológico del que recibe la gracia fuerte de Dios. En la predicación de John Wesley, el fundador del metodismo en el siglo XVIII, estos fenómenos eran frecuentes, pero mas que un descanso en el Espíritu deberían ser llamadas, turbaciones en el Espíritu en una predicación de conversión y reavivamiento espiritual. El que estos fenómenos tengan un componente fuerte somático y psíquico no quiere decir que sean solo fenómenos naturales o patológicos. También en la vida mística de los santos de la Iglesia, en los &éxtasis, arrobamientos, levitaciones y otros fenómenos reconocidos en la Iglesia, se daban extraños efectos, en el orden somático y psíquico sin excluir por eso la acción sobrenatural de las gracias místicas.

¿No será el descanso en el Espíritu un hecho natural, propio de la psicología de masas, donde se produce una sugestión colectiva y un contagio por emocionalismo, sin necesidad de invocar para nada al Espíritu de Dios?
El descanso en el Espíritu se da mucho en la oración privada por una persona, sin contagio colectivo de masas. Mas que de contagio natural, propio de una psicología de masas influenciables, habría de hablarse en las asambleas, donde se da el reposo en el Espíritu, de un don eclesial de sanación, propio de un nuevo Pentecostés colectivo y maduro con frutos de conversión y transformaciones espirituales, que no se logran en otros fenómenos colectivos de masas, movidas solo por entusiasmos humanos. La sugestión colectiva en estos casos no produce frutos espirituales como sucede en el descanso en el Espíritu. El emocionalismo, sometido a Dios y a sus mociones, no es malo en si;. Se dio en grandes santos y místicos. Dios no actúa solo en el entendimiento del místico, sino en toda su persona y en su sugestibilidad sometida a Dios y a la fe.

¿Es verdad que el descanso es de Dios cuando uno cae hacia atrás; pero que si uno no cae hacia atrás, sino hacia adelante, que ese descanso no es de Dios? .
Bien; el signo de discernimiento del descanso autentico no es el de caer hacia adelante o hacia atrás, sino la presencia operativa de Dios en el alma, que se conoce por la sanación y los frutos buenos de paz, fe y amor que se producen. En el Huerto de los Olivos, algunos de los soldados que venían a prender a Cristo, al oír de sus labios el YO SOY , retrocedieron hacia atrás y cayeron al suelo de espaldas (Jn !8, 5). Sólo porque cayeran hacia atrás, no nos consta el que tuviesen verdadero descanso en el Espíritu. Pudo tratarse de un signo para mostrar que el poder de Cristo es superior al poder de los hombres. Bien es verdad que Ana Catalina Emmerick, monja agustina estigmatizada, que fallece el 1824, nos dice en sus escritos de la Pasión que el Señor le manifestó; que aquellos soldados que cayeron de espaldas, se levantaron del suelo convertidos.

Entonces se habría dado un descanso en el Espíritu con frutos de conversión en aquellos soldados caídos al suelo a la voz de Cristo. En este caso al caer de espaldas seria de Dios. Pero es que también al caer de bruces, hacia adelante, en algunas ocasiones es de Dios. Recordar el caso del profeta Daniel. Dios le ha abrumado con su presencia poderosa y cae de bruces en un letargo con el rostro a tierra (Dan.10,9). Cuando quiere ponerse en pie, no puede y adopta la ridícula postura de querer andar a cuatro patas (Dan. 10,11); y la palabra de Dios nos lo cuenta sin miedo a los discernidores prudentes y sensatos dictaminen que este descanso en el Espíritu del profeta Daniel no es de Dios ni favorece el prestigio social y religioso del vidente ni se puede juzgar con sensatez que este sea un camino razonable y prudente para nadie. En Daniel 10,15, Dios vuelve a hablar con el profeta y este vuelve a caer de bruces, hacia adelante.

Y Dios esta; actuando. Cuando por la fuerza poderosa del Dios presente, las fuerzas corporales abandonan a Daniel temporalmente, el profeta cae hacia adelante. La dirección de la caída corporal no tiene excesiva importancia en un discernimiento espiritual, si la tiene en cambio, el que el impulso que provoca la caída provenga de la poderosa y avasallante presencia del Dios vivo.

El descanso en el Espíritu me recuerda algunas practicas iluministas, y, por tanto, debería ser rechazado en la Renovación Carismática Católica por fidelidad al Iglesia que condeno; el iluminismo en todas sus formas.

En la Renovación Carismática los que saben que es el iluminismo también lo condenan con la Iglesia, pero se niegan a llamar iluminismo a lo que no es, como nadie llamaría a automóvil a un chalet porque su dueño tuviese el dudoso gusto de ponerle la matricula de su coche viejo en la puerta. Tampoco nosotros podemos poner apresuradamente la matricula de iluminismo al descanso en el Espíritu y creer que solo por eso es iluminista. Con que aspecto reprobable del iluminismo podríamos identificar el descanso en el Espíritu?. Acaso con la pasividad del alma iluminada que ya no tiene que orar ni hacer penitencia, sino solo permanecer como un cuerpo exánime?. En el reposo en el Espíritu la voluntad y la mente permanecen activas en Dios. El reposo afecta al cuerpo y a los sentidos interiores solo que después libremente se ha aceptado el descanso en el Espíritu. Este nos afecta solo temporalmente.

En el y después de el se ora y el alma habla con Dios. En cambio, en el iluminismo, se supone que el alma no ora ni actúa, como tampoco actúan la voluntad y la mente. Actúan, si, Dios y el demonio, según los iluministas, pero no ellos que pueden cometer las mayores aberraciones sexuales porque no son ellos los que actúan, sino el maligno. El reposo iluminista del cuerpo tampoco tiene nada que ver con el descanso del cuerpo en el Espíritu, que es solo transitorio. El descanso y pasividad del cuerpo en el iluminista es continuo en los perfectos; los desordenes sexuales o emocionales en su cuerpo no son suyos sino de los agentes exteriores que lo manipulan. Ellos viven en la pasividad y el reposo que los hace impecables.

Ningún carismático dice nada de esto; tras el descanso en el Espíritu uno siente crecimiento espiritual, pero no es impecable; el hombre conserva la voluntariedad y la deliberación en sus acciones libres. Pegar la etiqueta sospechosa de iluminismo al reposo en el Espíritu es una acción del padre de la mentira (Jn. 8,44) y de la confusión, y un pecado contra la verdad, contra la justicia y contra la caridad. No se puede poner la etiqueta de veneno en las medicinas y alimentos sanos, que Dios regala a su Iglesia hoy. Pido al Señor Jesús que nos ilumine a todos con su Espíritu de verdad, de ciencia y de discernimiento para conocer sus done y recibirlos con agradecimiento y para rechazar lo que no venga de Dios, de modo que siempre le glorifiquemos en nuestras vidas.

martes, 18 de abril de 2017

La ASAMBLEA DE ORACIÓN

5 LÍNEAS de FUERZA de la ASAMBLEA de ORACIÓN CARISMÁTICALuis Martín


Las reuniones de oración de los grupos de la Renovación Carismática son una vuelta a la espontaneidad de las primeras comunidades cristianas. Por los datos que nos suministra el Nuevo Testamento vemos que en aquellas comunidades destacaban los siguientes elementos:

• Se alababa y se celebraba al Señor con salmos y cantos inspirados (Ef 5,19)
• Se proclamaba la Palabra del Señor y los testigos que estaban presentes
contaban en la reunión lo que Jesús había dicho y hecho (Col 3,16-17)
• Se tenía la fracción del pan o cena del Señor
• Tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón.

La reunión de oración de un grupo de la Renovación se caracteriza por cinco líneas de fuerza que la definen y la distinguen:

1. Presencia de Jesús: Hay una toma de conciencia de la presencia del Señor en medio del grupo, cumpliendo El su promesa "donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy en medio de ellos (Mt 18,20). Presencia, además, con su poder y con su amor para curar, iluminar, fortalecer, hablar y reconfortar. Esta es la clave de la oración del grupo.

2. Apertura al Espíritu Santo:
Se empieza siempre invocando al Espíritu, y cada miembro así como el grupo entero se abre a la acción del Espíritu que nos lleva a experimentar y sentirnos como hijos de Dios, que nos introduce en el misterio y conocimiento de Jesús Hijo de Dios y derrama su amor en nuestros corazones (Rm 5,5).

3. Oración de alabanza: Es la expresión de todo lo que el Señor está haciendo en cada uno y también en el grupo o en la comunidad. Hay verdadera necesidad de cantar las maravillas del Señor, de alabarle, alegrarnos y regocijarnos con El. Predomina la alabanza sobre las otras clases de oración (petición, perdón, etc.). La alabanza tiene una gran fuerza para elevar enseguida el tono del grupo y hacerlo receptivo de la acción del Espíritu.

4. Comunión en el Espíritu y con Jesús: Al experimentar que también nos sentimos compenetrados con el Señor y con los hermanos que participan en la reunión, y que nos penetran las palabras y sentimientos del Señor. Es cuando el Señor empieza a construir el grupo y la comunidad y percibimos cómo empezamos a formar un solo cuerpo con el Señor y nos sentimos miembros unos de otros. Empezamos también a escuchar a los demás, a compadecernos de ellos, a amarlos: es un amor con el que el Señor empapa todo el grupo.

5. Palabra de Dios: Sí, que «la palabra de Dios habite en vosotros con toda su riqueza (Col 3,16) se siente como palabra vida, como mensaje de Dios acogido con gozo y hambre, que da alimento a toda la oración.

lunes, 17 de abril de 2017

GRUPOS DE ORACIÓN

ORIGEN y PRIMEROS PASOS de un GRUPO de RENOVACIÓN CARISMÁTICA
Luis Martín



Los orígenes de todo grupo de la R.C. son siempre humildes. Las cosas del Señor siempre tienen un comienzo pobre y humilde, como Nazaret, Belén. Es el grano de mostaza. No hay técnicas prefabricadas para poner un grupo en marcha.

Para empezar basta que haya algunas personas, más bien pocas, aunque nada más sean dos o tres, que se reúnan a orar con determinada frecuencia con ansias de abrirse al Espíritu. No importa si saben mucho o poco de la Renovación Carismática. Esta oración que empieza sea espontánea, sincera, con espíritu de pobres, aceptándose y amándose unos a otros y a partir de la palabra de Dios. Evitar desde el principio todo formalismo o rutina. Basta que se atengan a lo que dice San Pablo: «cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lenguas, una interpretación; pero que todo sea para edificación». (1 Co. 14,26).

Para que el grupo cuaje y siga adelante es necesario que este mínimo de personas sigan orando así durante un tiempo razonable, tres o cuatro meses, sin tener prisa para que crezca el grupo. Este tiempo, hasta que el grupo empieza a crecer, es muy importante: en él se va formando como el núcleo del futuro grupo, núcleo del que han de salir después los servidores y catequistas. En este tiempo necesitan abrirse mucho unos a otros y compartir la palabra de Dios y las vivencias por las que vayan pasando. Así se inicia ya el proceso de crecimiento y maduración espiritual y empezarán a despuntar los carismas.
Muy importante en el comienzo de un grupo es la forma como resuelve las primeras dificultades por las que necesariamente ha de pasar, pues, aunque todos vienen con los mejores deseos, surgen enseguida dificultades, por la diversidad de caracteres, sentimientos, situaciones espirituales, modo de entender la oración, etc. La tentación de marcharse está siempre amenazando y hay quien cede: lo que más cuesta será siempre aprender a amar y aceptar a los demás tales como son. Esta es la gran dificultad de todo grupo y de ello depende en gran parte su apertura al Espíritu y a sus dones, dificultad que no sólo se da en los comienzos sino a lo largo de toda la vida de un grupo.

Por otra parte, a los grupos siempre viene alguna persona difícil o problemática que resulta incómoda para los demás. Entonces solemos pensar: «si tal persona dejara de venir al grupo, todo sería más fácil, avanzaríamos más, haríamos mejor la oración... ». Pero esto es un engaño. Esa persona difícil que se nos ha metido en el grupo es la piedra de toque de nuestro grado de amor y aceptación a los demás. Si no la puedo amar, es la que me está denunciando, como si hubiera sido enviada por el Señor, hasta qué punto el pecado sigue en mí, hasta qué punto necesito un corazón nuevo para amar como el Señor ama. Por la fuerza del amor del Señor en mí llegaré a amarla como amo a los demás. 
También empezarán a venir al grupo cojos y ciegos y tullidos: aquellos débiles y enfermos y pobres que en todas partes son rechazados, incluso en muchas comunidades que se dicen cristianas. Estos han de ser los mimados del grupo.
Vendrán también personas inestables, que no durarán mucho; vendrán otros a observar, vendrán muchos sedientos del Señor.

Es de gran importancia el sentido de acogida, que se tiene para todos, pero principalmente para aquellos que vienen por primera vez. No basta saludarlos e invitarlos a participar en la oración. Hace falta más: interesarse por ellos, mostrarles afecto, confianza y familiaridad desde el primer momento, y que nunca se sientan solos en el grupo sin saber a quién dirigirse.

La acogida tiene una gran importancia para que permanezcan los que vienen por primera vez y ha de ser uno de los signos que constantemente está ofreciendo el grupo.
Otro punto importante es la iniciación que hay que ir dando a los nuevos. Si hay ya un grupo considerable habrá que programar un seminario de iniciación; si son pocos, se puede hacer de forma más sencilla, pero siempre en clima de oración. Los seminarios de iniciación no son simple transmisión de conocimientos, sino que además y principalmente han de ir creando una atmósfera espiritual de apertura y entrega al Señor.

Terminada esta etapa de iniciación será bueno celebrar un retiro para el Bautismo en el Espíritu y en este momento ha de sentirse la presencia orante de todo el grupo.
El grupo terminará de completarse cuando llegue a formar un equipo de servidores, según cualquiera de los distintos procedimientos que hay para ello. Si el grupo lleva ya varios meses funcionando no se dilate más la formación del equipo de servidores. Si es uno solo el que lleva la responsabilidad del grupo, recuerde que si esto vale para los comienzos, llega enseguida un momento en que hay que compartir esta responsabilidad con algunos más que tengan plena aceptación de todo el grupo.

Cada grupo está llamado a recorrer un camino de crecimiento en la vida del Espíritu, de amor mutuo entre todos los miembros, de entrega al Señor y a los demás. Debe ser testimonio del amor, de la liberación del Señor y de su presencia. Y seguir caminando hasta las metas que le vaya marcando el Señor: quizá la comunidad, quizás otro tipo de compromiso.

miércoles, 12 de abril de 2017

El GRUPO de RENOVACIÓN CARISMÁTICA y los CARISMAS


Manuel Casanova S. J. 

FE EXPECTANTE 
Al hablar de grupos de renovación podríamos hacer una gran lista: grupos de revisión de vida, grupos de oración según las más variadas orientaciones y formas. En un grupo se insiste en la oración litúrgica, en otro en la preparación de un tema o de un texto bíblico, en otro en el silencio o la contemplación; en otros se busca una acción concreta o un compromiso determinado. El grupo de oración en la Renovación Carismática se caracteriza por la fe expectante, es decir, una fe que espera firmemente que Dios realizará lo que ha prometido. Con frecuencia muchos «creyentes» no esperan ver realizadas las cosas que dicen creer. Así sus vidas y asambleas cristianas se mueven en un nivel de fe bastante deficiente. Jesús prometió a sus discípulos, y en ellos a toda Iglesia que el Espíritu Santo les guiaría a la verdad, les iluminaría sobre todo lo que El les había dicho (Jn 14,26), que el Espíritu vendría sobre ellos como una fuerza y poder para dar testimonio de El con valentía (Hch 1,8). Si el Espíritu está, pues, en cada cristiano y desea transformarnos como individuos y como cuerpo, debemos reunirnos juntos para dar al Padre el culto que El espera de nosotros en espíritu y verdad» (Jn 4,24), y para abrirnos cada vez más a la acción del Espíritu en nosotros.

EL ESPÍRITU SANTO Y LOS CARISMAS 
Creemos que es el Espíritu el que nos congrega en la Iglesia, y que esta Iglesia universal se manifiesta aquí y ahora en este grupo de creyentes reunidos en nombre de Jesús (Mt 18,20). Es el Espíritu de Jesús el que nos va formando más y más en el Cuerpo de Cristo, y lo realiza a través de los dones espirituales o carismas. Si, pues, nos reunimos con esta convicción profunda, «en el Espíritu», no podremos menos de experimentar lo que es la acción del Espíritu formando, transformando y unificando la comunidad cristiana. 

EN LA ASAMBLEA SE MANIFIESTAN LOS CARISMAS 
Es precisamente a través de sus dones o carismas que el Espíritu actúa en el grupo de oración. La reunión de oración es el marco adecuado para que se manifiesten estos dones. San Pablo insiste en el valor de los dones de la palabra, como la palabra de sabiduría, palabra de conocimiento, la profecía en la asamblea cristiana (cf.: 1 Co 12-14). 30 Todos los dones, tanto los de la palabra como los de fe, y los de servicio a la comunidad proceden del mismo y único Espíritu. «Según nuestra manera de ver y entender», dice K. Ranaghan, «los dones del Espíritu que se manifiestan en el Cuerpo de Cristo son acciones de Jesús, el Señor resucitado entre nosotros, que actúa a través de unos miembros de su cuerpo, abiertos y dóciles a las inspiraciones del Espíritu. Son pues, extensiones de la actuación de la Palabra viva de Dios en medio de nosotros, de Jesús. En su operación son análogas a la proclamación de la Escritura, aunque por supuesto no tienen el mismo valor». ( Nota: K. RANAGHAN, -As the Spirit Leads Us., p. 52, Paulist Press, N. Y. 1971).

DOCILIDAD Y DISPONIBILIDAD 
Por lo tanto en la reunión de oración es muy importante que todos y cada uno participen buscando al Señor y estando atentos al Espíritu Santo. En la asamblea donde se dé esta fe expectante en la actuación del Señor, por su Espíritu, a través de sus dones espirituales o carismas; donde haya gran docilidad y disponibilidad al Espíritu, se dará la manifestación de tales dones, en su gran diversidad, según las necesidades de la comunidad. «Cuando os reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un discurso en lenguas, una interpretación; pero que todo sea para edificación» (1 Co. 14,26). 

VARIEDAD DE DONES
Los dones se manifiestan según las necesidades orgánicas de la Iglesia, de la comunidad. Don de dirigir la reunión, don de profecía, según 1 Co 14,3., don de enseñar, don de discenir. Cuando un grupo crece y se va formando en comunidad más amplia con un mayor radio de influencia, el número de dones va aumentando, o mejor dicho, los dones ya existentes en los miembros de la comunidad se van manifestando: dones de la palabra, dones de fe, dones de servicio a todos niveles. En el Nuevo Testamento hay cuatro listas de carismas con mención explícita de este término: 1 Co 12, 4-10; 28-31; Rom 12,6-8; 1 P 4,10. Hay otras cuatro sin usar dicho término: 1 Co 14,6.13; 14,28; Ef 4,11; y Mc 16,17-18. No vamos a detenernos ahora en su enumeración y estudio. Recordemos solamente que todos estos carismas son dones gratuitos del Espíritu Santo para la edificación. Todos deben recibirse con gratitud, podemos aspirar a ellos y pedirlos, sobre todo los más útiles al servicio de los hermanos.

REGLA DE ORO EN EL USO DE LOS CARISMAS 
Todos los carismas están al servicio del amor, nos dice S. Pablo (1 Co 13). Ya podría tener uno los carismas más extraordinarios, si ese cristiano no tiene caridad, si no usa su don según la ley del amor, de nada sirve. Porque el Espíritu Santo es el mismo amor del Padre y del Hijo, y todas sus actuaciones en los miembros del Cuerpo de Cristo han de manifestar su naturaleza. El amor construye, une, da vida y vence al mal. 31 Los grupos de oración que saben apreciar y pedir con humildad, pero al mismo tiempo con fe expectante, los dones espirituales, y los ponen al servicio del amor fraterno, verán crecer la comunidad y darán testimonio, con valentía, de Jesús resucitado.

sábado, 1 de abril de 2017

Nuestro Ángel de la Guarda según Francisco



En varias oportunidades el Papa Francisco dedicó algunas reflexiones sobre la importancia de los Ángeles de la Guarda, también llamados Ángeles Custodios, cuya festividad se celebra el 2 de octubre.

Aquí 4 enseñanzas del Santo Padre para aprender a relacionarnos mejor con nuestro Ángel de la Guarda.

1. El Ángel Guardián no es una doctrina fantasiosa
En el 2014, el Papa Francisco expresó durante la homilía de la Misa en la Casa de Santa Marta que el Ángel Guardián o Custodio sí existe, no es una doctrina fantasiosa sino un compañero que Dios ha puesto a cada uno en el camino de la vida.

“Echar a nuestro ángel del camino es peligroso, porque ningún hombre, ninguna mujer puede aconsejarse a sí mismo. Yo puedo aconsejar a otro, pero no puedo aconsejarme a mí mismo. Está el Espíritu Santo que me aconseja, está el ángel que me aconseja. Por eso tenemos necesidad. Esta no es una doctrina sobre los ángeles un poco fantasiosa: no, es realidad. Lo que Jesús, lo que Dios ha dicho: ‘Yo envío un ángel ante ti para custodiarte, para acompañarte en el camino, para que no te equivoques’”, expresó.

2. Los Ángeles luchan contra el demonio
El 29 de septiembre de 2014 el Papa señaló a Radio Vaticano que Satanás presenta las cosas como si fueran buenas, pero su intención es la de destruir al hombre; y los ángeles luchan contra el demonio y nos defienden.

“Defienden al hombre y defienden al Hombre-Dios, al hombre superior, Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto. Por esto la Iglesia honra a los ángeles, porque son los que estarán en la gloria de Dios –están en la gloria de Dios– porque defienden el gran misterio escondido de Dios, es decir que el Verbo ha venido en la carne”, agregó.

3. Para escuchar a nuestro Ángel debemos ser dóciles
El 2 de octubre de 2015 el Papa dijo en la homilía de la Misa de la Casa de Santa Marta que “el cristiano debe ser dócil al Espíritu Santo. La docilidad del Espíritu Santo comienza con esta docilidad a los consejos de este compañero de camino”.

Para ser dóciles, aconsejó el Papa, hay que hacerse pequeño, como niños. “Pidamos hoy al Señor la gracia de esta docilidad, de escuchar la voz de este compañero, de este embajador de Dios que está junto a nosotros en Su nombre, que nos sostiene con su ayuda”.

4. Se les debe respetar porque ellos siempre nos aconsejan
En la misma homilía el Santo Padre aseguró que el ángel de la guarda “está siempre con nosotros” y que “el Señor nos dice: ‘¡Ten respeto por su presencia! Escuchar su voz, porque él nos aconseja”.

También dijo que nuestro ángel es “un amigo que no vemos, pero que escuchamos”. Un amigo que un día “estará con nosotros en el Cielo, en la alegría eterna”.

“Y cuando nosotros, por ejemplo, hagamos una maldad y pensemos que estamos solos: ‘no, él está’. Cuando sentimos la inspiración: ‘haz esto… esto es mejor… esto no se debe hacer…’ ¡Escucha! ¡No te rebeles a él!”, manifestó.


foto pixABAY
fuente: ACI

lunes, 21 de noviembre de 2016

El que juzga se equivoca



Escuchando las charlas u homilías del Papa Francisco en Santa Marta se me asemeja al viejo párroco de aldea o al antiguo capellán de las monjas vecinas, esas que tocan las campanas todos los días a las siete de la mañana y porque no las  ejan antes. Yo he sido durante años ambas cosas, si cambiamos aldea por barrio de Madrid, que, en el fondo es lo mismo. Los que van a Misa a diario se parecen mucho en todos los sitios.

La forma de hablar y los temas son como muy caseros. Muy directos. Destilan una sabiduría a prueba de críticas y murmuraciones. ¿Qué le importan a un capellán de ochenta años las críticas y el pensar de los demás? Para eso están los jóvenes que son muy sentidos y que necesitan crecer y afirmarse pero el viejo capellán qué más va a crecer. En el caso del Papa menos aún porque es un santo y sabe muy bien que nadie le ha ayudado para llegar a donde está. Es más, ni siquiera él se pudo ayudar. Tiene la máxima sabiduría que consiste en saber que todo es gracia.

El que juzga siempre se equivoca, dijo el papa en Santa Marta el 23 de junio de 2014. Tiene experiencia de ello. Además, continúa, terminará por ser juzgado en la misma medida. Y lo mejor de todo es que el juzgado será defendido por Jesús y el Espíritu Santo.

Dios le ha dado el juicio a Jesucristo porque es el único que ha muerto por nosotros. Jesús nos juzgará desde su propio amor y misericordia, no va a tener nada en cuenta tus opiniones sobre los demás, no piensa para nada igual que tú. Ese vecino a quien tú no puedes soportar, a Jesús le cae muy bien. ¿Has muerto tú por alguien? ¿Quién te crees que eres? Si juzgas eres usurpador de un puesto que no te pertenece. El Papa insistió en el tema desde el evangelio de ese día que
hablaba de la paja y la viga en los ojos. Jesús sabe que todos tenemos una inclinación malsana y persistente de criticar a los demás. Por eso nos dice: ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga que hay en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano deja que te saque la
paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga del tuyo y después verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano (Lc 6, 41-42).

El juzgador se defiende diciendo que tiene razón y que está en la verdad en lo que dice. Puede ser pero lo hace sin amor. Cuando ames a otro como a ti mismo júzgalo todo lo que quieras porque no le harás daño.

Tu juicio estará lleno de misericordia y compasión. Si lo haces desde ti, desde tu razón, desde tus cálculos, intereses o heridas esparces una mala simiente. Siembras inquietud y desamor aunque tengas razón. Desunes. Actúas en directo contra el amor y la comunidad, no reconcilias. Seguro que estás en algún grupillo y si no pronto lo formarás. Esos grupos que hay en todos los sitios, también en parroquias o comunidades.

Hay comunidades con tantos grupúsculos que se han apropiado de todo y si llega uno nuevo no sabe dónde colocarse. Están todas las sillas ocupadas o reservadas. Jesús te dirá a su tiempo: “Quise ir contigo pero no encontré acogida, estaba todo ocupado. No me dejaste sitio”.

No sabemos hasta dónde se extiende la misericordia de Dios. El texto de 2Co 5, 19, que cita Francisco, nos habla de que es amplísima: Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las trasgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Somos pues embajadores de Cristo.

Embajadores en orden a la reconciliación. ¡Mira que si al morir nos encontramos en el cielo con Judas, Nerón, Lenin, Stalin, Hitler, Bin Laden o el que ha robado todo el patrimonio de tu familia! Fueron lo que fueron, les tocó representar un papel en esta vida para la gloria de Dios y para llevar hasta el extremo la calidad de su misericordia y de su inmensa sabiduría. ¿Somos quién nosotros para juzgarlos?

Hoy está muy de moda hablar de las víctimas, de las víctimas de la historia, de los que han sido atropellados en su inocencia y han sido llevados incluso a una muerte injustísima. ¿Podrá alguno quejarse de ser víctima al lado de Jesucristo? El victimismo es un pecado por su falta de fe y su incapacidad de ver las cosas de este mundo desde la resurrección. El tema de la víctima en la historia es interesante porque engloba a Jesús como la principal de todas las víctimas, lo que no podemos hacer es darle al victimismo de Cristo otras intenciones distintas de las que él le dio. Dice el Papa: Jesús delante de su Padre nunca acusa, al contrario, defiende. Su
Espíritu también viene a defendernos. Si tengo estos defensores, ¿quién es mi acusador? Mucho se tendrá que tentar la ropa para acusarme.

Una de las aberraciones más envenenadas que ha surgido en occidente en los últimos siglos ha sido la de juzgar a Dios. El Papa no habla de ella pero es una de las formas de juicio más perniciosas de lo que llamamos modernidad. Como me decía un amigo dominico, jamás en el Congo se le ocurre ni se le ha ocurrido a nadie a lo largo de toda la historia juzgar a Dios. En Europa ha nacido por la prepotencia que se le ha concedido a la razón humana la cual, a la vez que ha creado una civilización, ha hundido otra con todos sus principios y valores. En otras épocas, como en el Congo, nadie se atrevió a juzgar a Dios. Podía haber gente libertina, que no creyera en Dios, que renegara de él, pero juzgarle por los sucesos, los acontecimientos de la vida o las catástrofes del mundo no entraba en la cabeza de nadie. Para eso se necesita una pérdida de inocencia muy grande.

Para poder hacer esto hay que haber perdido el temor de Dios que es el principio de la sabiduría. Mi hermana en los años de cáncer que tuvo siempre conservó hasta la muerte, a pesar de su edad joven aún, el temor de Dios. Se sentía confortada porque jamás se le ocurrió preguntar a Dios ¿por qué? ¿por qué a mí? No obstante, como hija de su tiempo, le entraron muchas veces ganas de hacerlo pero una gracia especial la mantuvo limpia. Hoy muchos caen en este pecado. Se enfadan con Dios, le piden cuentas, le insultan y le tachan de malo e injusto porque se ha muerto su hijo y por menos aún. Yo sé que en la mayoría de los casos se  hace desde la cultura reinante y con poca malicia metafísica, mas el enfriamiento y las consecuencias abren una puerta para el
endurecimiento y para ser duramente tentados.
El temor de Dios no es un miedo sino un don. El que lo conserva en estos tiempos es un elegido. Una antigua conocida, con frecuentes adulterios como decía ella, tenía que soportar las burlas de su compañero de pecado que le decía: “Allá tú si tienes esas aprensiones. Yo me quedo muy bien porque no creo en nada”. Ella se sentía muy mal en el pecado.
Sin embargo me decía: “No quiero por nada del mundo perder este sentimiento de culpa. Si yo algún día no me sintiera en pecado sabría que estaba radicalmente perdida y abandonada”. Su temor de Dios, muy santo en este caso y muy de arriba, la libró de su situación porque ya hace
tiempo que todo terminó.

Yo también he tenido cáncer muchos años. Nunca se me ha ocurrido juzgar a Dios por ello. Preferiría, para defenderme, si mi fe no llegara a ello, morir de una honda depresión que juzgar a Dios. Dios no castiga ni nos envía ningún mal ni enfermedad. Estos tienen sus causas biológicas que se pueden estudiar y, de hecho, miles de científicos lo están haciendo. Dios nos ha enviado a su Hijo Jesucristo como palabra de consuelo para superar los males de este mundo. Gracias a Dios, se me ha regalado suficiente sabiduría para que en vez de juzgar a Dios me adhiera a Jesucristo. Con ello he encontrado un amor y me he librado de la degradación de un juicio. No obstante, mi futuro todavía no se ha
terminado y, dada mi debilidad total, pido para que jamás pierda ni otras fuerzas me arrebaten el santo temor de Dios. Este temor, que es don y no miedo, es el mayor regalo y la máxima virtud que se puede tener sobre todo en estos tiempos. El que juzga, termina el Papa, es un imitador de
Satanás que va diciendo por ahí que no amemos a nadie porque todos son muy malos. Utiliza tu misma razón e incluso tu mediocridad para convencerte de que no eres un santo pero si una persona normal y que si juzgas es porque hay mucha gente rara, incómoda y mala.

Chus Villaroel