martes, 5 de enero de 2021

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,43-51


Evangelio según San Juan 1,43-51
Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme".

Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret".

Natanael le preguntó: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?". "Ven y verás", le dijo Felipe.

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez".

"¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera".

Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel".

Jesús continuó: "Porque te dije: 'Te vi debajo de la higuera', crees . Verás cosas más grandes todavía".

Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos:

Un nuevo día nos acercamos a la Palabra de Dios intentando descubrir luces para vivir como se merece este nuevo año.

En la primera lectura, se nos habla del amor, y con más precisión del AMOR CONCRETO. En realidad, es una redundancia, porque el amor verdadero siempre es concreto. “En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros (…) Si uno tiene de qué vivir y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra sus entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios?”.

El amor concreto lo aprendemos del Señor Jesús: Él pasó por la vida “haciendo el bien” y levantando a quien estaba caído. No creó una gran empresa de beneficencia, sino que hizo el bien a personas concretas, en momentos concretos, como signo del Reino nuevo que venía a traer y como muestra de lo que todos podemos hacer.

El amor concreto lo aprendemos también de los santos: hombres y mujeres que en un tiempo determinado, respondieron con su vida desde el amor. Una de esas santas, Teresa de Calcuta, nos lo dice con claridad: “Love is concrete” – “El amor es concreto”.

Y el amor concreto lo aprendemos de tantas mujeres y hombres cercanos a nosotros preocupados por el prójimo, por las personas concretas en sus circunstancias concretas. El amor auténtico es una respuesta a las necesidades del prójimo. Y quien lo vive, es un “santo de la puerta de al lado”, presencia cercana de Dios, como nos dice el Papa Francisco.

Para llegar a vivir ese amor concreto, quizá la primera condición es la CERCANÍA. Es la que manifiesta hoy Jesús con Natanael. Jesús no se deja llevar de la desconfianza inicial de éste, sino que rompe esa desconfianza con una cercanía concreta: un elogio, un fijarse en la persona… Esa es la cercanía capaz de romper cualquier barrera y la puerta hacia una acción de amor.

Jesús vivió la cercanía con muchas personas de su tiempo, siendo especialmente sensible a quien se sentía más alejado y marginado. En su actual presencia resucitada, Jesús mantiene esa cercanía con toda persona que le abre su corazón, y a través de sus discípulos, quiere llegar a ser presencia cercana de toda vida, para transformarla desde el amor.

Que en este nuevo año no nos falten ni la cercanía ni el amor concreto.

Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 4 de enero de 2021

AMULETOS: La mano de Fátima

¿Sabes cuál es el origen de la mano de Fátima?

El Hamsa o mano de Fátima es un símbolo asociado comúnmente para protegerse del mal, incluso en algunas sociedades este es relacionado con el poder, la fortuna, bendiciones, para protegerse del mal de ojo, celos y la rabia. Su origen real aún sigue siendo un misterio, sin embargo, existen muchas leyendas, de las cuales la más aceptada ha sido la musulmana. 

Una leyenda popularizada por Ildefonso Falcones en su libro la mano de Fátima cuenta que Fátima Zahra (La luminosa) era la hija menor del profeta Mahoma y venerada por los musulmanes. Ella estaba casada con Alí, quien se había marchado por dos años sin decir a dónde iba. Un día Fátima estaba cocinando y vio por la ventana que venía su esposo y ella salió a recibirlo, pero él venía acompañado de una hermosa y joven mujer, la cual era su nueva concubina. Fátima llena de celos y de pensamientos muy negativos regreso a la cocina y sumergió su mano en la olla donde estaba cocinando y comenzó a remover la comida con su mano, tenía tanta ira que ni sentía el dolor. Su esposo al darse cuenta que Fátima se estaba quemando la mano, este inmediatamente se la retira y procede a curársela. En la noche cuando conversaron Ali le confiesa la relación que tenía con la joven. Fátima acepta la voluntad de su esposo, sin embargo ella lo espío en la noche y al observar que Ali besaba a la nueva concubina de ella salían lágrimas de dolor, finalmente ella corre hacia donde Alí para hacerle entender el gran amor que ella aún sentía por él. Cabe destacar que la religión Islámica permite la poligamia en los hombres). A raíz de esto Mahoma inmortalizó la imagen de su mano después de ese trágico suceso.

Otra leyenda sobre este símbolo se basa en el Islam, una religión que interpreta cada dedo de la mano de Fátima como un pilar, ya que cada uno representa un mandamiento fundamental en la ley islámica:

Primer pilar: “No hay más Dios que Ala y Mahoma es su profeta”. Significa que nada más que Dios (Allah) merece ser adorado y Mahoma es un mensajero enviado por Dios.

Segundo pilar: “Hay que orar cinco veces al día en dirección a la Meca”. Las horas en que debe orar son al amanecer, medio día, media tarde, al ocaso y en la noche. Acompañada de varias inclinaciones.

Tercer pilar: “La limosna o Azaque”, significa que cada musulmán debe dar una limosna a un vecino o a un familiar por lo menos una vez al año, porque cada musulmán debe sentirse comprometido con los más necesitados.

Cuarto pilar: “El ayuno” en el mes de Ramadán, que es el noveno mes del calendario islámico.

Quinto pilar: “La peregrinación a la Meca”. Significa que todo fiel debe visitar por lo menos una vez en su vida vestido con atuendos blanco y sin costura para arrepentirse de sus pecados. La Meca esta en Arabia Saudita, lugar donde nació Mahoma.

La última leyenda sobre el amuleto es que después de la guerra de El Badr, en donde Mahoma obtuvo muchos seguidores por su victoria, ellos buscaban un símbolo para identificarse, y Fátima hija de Mahoma, empapo su mano con la sangre derramada de un herido y la dejo plasmada sobre su velo, obteniendo la mano de Fátima en color rojo.

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
# 2117 Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo —aunque sea para procurar la salud—, son gravemente contrarias a la virtud de la religión. Estas prácticas son más condenables aún cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios. Llevar amuletos es también reprensible. El espiritismo implica con frecuencia prácticas adivinatorias o mágicas. Por eso la Iglesia advierte a los fieles que se guarden de él. El recurso a las medicinas llamadas tradicionales no legítima ni la invocación de las potencias malignas, ni la explotación de la credulidad del prójimo.

El uso de la mano de Fátima como amuleto

Si sentimos la necesidad de protección contra el mal y contra poderes demoníacos, Dios tiene algo mucho mejor para ofrecer que amuletos, como encontramos en Efesios 6,11-17:

"Revístanse con la armadura de Dios, para que puedan resistir las insidias del demonio.
Porque nuestra lucha no es contra enemigos de carne y sangre, sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal que habitan en el espacio.
Por lo tanto, tomen la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo y mantenerse firmes después de haber superado todos los obstáculos.
Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza.
Calcen sus pies con el celo para propagar la Buena Noticia de la paz.
Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, con el que podrán apagar todas las flechas encendidas del Maligno.
Tomen el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios.

Confiar en los amuletos es dejar de confiar en la providencia amorosa de Dios.

Transformando caídas en lecciones











“Santo no es el que nunca se cae. Es aquel que se levanta después de caer” (Santa Teresa de Jesús). ¿Caídas? El Señor Jesús también cayó ... cayó en el camino insidioso del Calvario. ¡Tres veces! Se cayó por amor y no desistió de levantarse, porque pensó en ti.

El único objetivo de la salvación era: ¡vos! No sucumbió por haber cometido un error o cometido un delito. Cayó por las caídas de aquellos que lo hicieron caer.

Escribió Fernando Sabino: “Hagamos de la interrupción un nuevo camino. ¡De la caída, un paso de baile, del miedo una escalera, del sueño un puente, de la búsqueda un encuentro!”

“Todos tuvimos caídas, errores en la vida, pero si te equivocaste, levántate rápido y sigue caminando”, dijo el Papa Francisco. “Es cierto que existe el peligro de equivocarse en el camino, porque quien camina puede equivocarse de camino, pero cuando alguien se equivoca puede regresar. Y vuelve porque existe la misericordia de Jesús”.

Y el Santo Padre prosigue: “Cada uno conoce su propia historia. Todos conocemos la nuestra”. Viene al recuerdo una conocida canción italiana, que dice: “'El arte de salir no es el arte de no caer, sino de no quedarse en el suelo'. Entonces, "canta y camina", y si estás cansado, ¡levántate! Existe la caricia de la misericordia de Jesús que todo lo perdona y esa es la alegría, la alegría del encuentro con Jesús”. Gran lección de la caída: ¡levantarse volviendo a los brazos del Maestro!

El Papa Benedicto XVI nos había enseñado: “Una vida santa no es principalmente el resultado de nuestro esfuerzo, de nuestras acciones, porque es Dios, el tres veces Santo, quien nos hace santos, es la acción del Espíritu Santo que nos anima en el interior, es la misma vida de Cristo Resucitado que se nos comunica y que nos transforma”.

Oración

Hoy vuelvo, Jesús, a tus brazos de misericordia. De mi, Señor, nunca te has olvidado. De mi, Señor, nunca te has cansado.
Tú, Señor, siempre me has esperado. Reúno, Jesús, todas mis fuerzas, todas las pequeñas cosas de mi vida, junto con lo que todavía hay de bueno en mí y vuelvo confiado a la fuerza de tus brazos y a tu abrazo que es fuerte. Si me equivoqué o si erré de camino, ¡perdóname!
Tengo nostalgia de Ti, Dios mío y te digo: ¡Gracias! porque de mi, Tú nunca has dejado de tener nostalgia.
Amén.

p. Marlon Mucio
Libro: “40 Días transformando maldiciones en bendiciones”
Parcería Editora Canção Nova y Editora “Misión sed santos”

Buen día, Espíritu Santo! 04012021

 

“Que Cristo bendiga la casa”








Christus Mansionem Benedicat
“Que Cristo bendiga la casa”

¿Has visto alguna vez esta serie misteriosa de letras y números: 20+C+M+B+21?; Es en apariencia una misteriosa serie de letras y números; Muchos buscan la solución como si se tratase de una ecuación. Es posible observarla inscrita en tiza sobre la puerta de una parroquia, o en la casa de un amigo, de un vecino. Tal vez pensaste que podrías entenderlo. Tal vez estabas demasiado avergonzado para preguntar, “¿Qué demonios es eso?”

Si no sabes de qué se trata la tiza, no te avergüences. Ciertamente no eres el único desconcertado.

La Epifanía (también conocida como Noche de Reyes, Teofanía o Día de los Reyes Magos) marca la ocasión de una tradición cristiana consagrada en el tiempo de “marcar las puertas”. La fórmula para el ritual – adaptada para 2021 – es simple: tomar una tiza de cualquier color y escribir lo siguiente sobre la entrada de tu casa: 20 + C + M + B + 21.

Las letras tienen dos significados. Primero, representan las iniciales de los Magos quienes visitaron a Jesús en Su primera casa. También abrevian la frase latina Christus mansionem benedicat: “Que Cristo bendiga la casa”. Los signos “+” representan la cruz, y el “20” al principio y el “21” al final marcan el año. En su conjunto, esta inscripción se realiza como una petición para que Cristo bendiga esas casas marcadas de esta forma, de que se quede con los que moran en ella durante todo el año.

El marcado de las puertas es una práctica centenaria en todo el mundo. Sin embargo, es una tradición fácil de adoptar, y una gran práctica con la que dedicamos nuestro año a Dios desde el principio, pidiendo Su bendición a nuestros hogares y a todos los que viven allí, trabajan o la visitan.

En la práctica, el tiempo de marcar las puertas varía un poco. En algunos lugares, se hace el día de Año Nuevo. Más comúnmente, se realiza durante la tradicional Fiesta de la Epifanía, el duodécimo día de Navidad. La mayoría de las veces el marcado tiene lugar después de la Misa de la Epifanía, y se puede hacer en cualquier iglesia, hogar o vivienda. Tradicionalmente la bendición es hecha por un sacerdote o el padre de la familia. Esta bendición se puede realizar simplemente escribiendo la inscripción y ofreciendo una breve oración, o más elaboradamente, incluyendo canciones, oraciones, procesiones, la quema de incienso y la aspersión de agua bendita.

En algunas comunidades después de muchas misas de Epifanía, se distribuyen bolsas de tiza bendita, incienso y contenedores de agua de Epifanía (agua bendita bendecida con bendiciones especiales para la Epifanía). Estos pueden ser llevados a casa y usados ​​para realizar el ritual. Otra práctica común es guardar unos pocos granos del incienso de la Epifanía hasta la Pascua, para que pueda quemarse junto con la vela de Pascua.

Practicar tradiciones como el marcado con tiza de las puertas nos ayuda a vivir nuestra Fe más concretamente y sirve como un signo exterior de nuestra dedicación a Nuestro Señor. Nuestros hogares son también el lugar donde muchos de nosotros daremos los mayores pasos en nuestro crecimiento espiritual, mediante la observancia de la oración diaria, la lectura espiritual y el trabajo ofrecido como una oblación a Dios.

El marcado con tiza de las puertas de una casa anima a los cristianos a dedicar su vida en casa a Dios y a los demás. Ver los símbolos sobre nuestras puertas puede ayudarnos a recordar, al pasar adentro y afuera en nuestras rutinas diarias, que nuestros hogares y todos los que moran allí pertenecen a Cristo. También sirve como un recordatorio de la bienvenida que los Reyes Magos dieron a Jesús. ¡Debemos esforzarnos por ser tan acogedores con todos los que vienen a nuestras casas a visitarnos!

A continuación, proporcionamos algunos ejemplos de cómo puede realizarse esta ceremonia.

La siguiente oración es tomada del libro, Los Doce Días de Navidad, de Elsa Chaney.

La fiesta de la manifestación, o Epifanía, se celebra tradicionalmente el 12º día después de Navidad, 6 de enero. 

CEREMONIA
Al entrar en la casa

Sacerdote o padre o madre de familia:
La paz sea en esta casa.

Todos
Y a todos los que habitan aquí.

Todos
Desde el oriente vinieron los Magos a Belén para adorar al Señor; y abriendo sus tesoros ofrecieron regalos preciosos: oro para el gran Rey, incienso para el Dios verdadero, y mirra en símbolo de Su entierro.

Todos
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.
Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.
Amen.

Durante el Magnificat, la habitación se salpica de agua bendita e incienso.
Después de que esto se completa

Todos:
Desde el oriente vinieron los Magos a Belén para adorar al Señor; Y abriendo sus tesoros ofrecieron regalos preciosos: oro para el gran Rey, incienso para el Dios verdadero, y mirra en símbolo de Su entierro.
Padre Nuestro. . .

Sacerdote o padre o madre de familia:
Oh Señor, escucha mi oración.

Todos
Y que mi clamor llegue a ti.

Sacerdote o padre o madre de familia:
Oremos.
Oh Dios, que por la guía de una estrella en este día manifestaste a tu Hijo unigénito a los gentiles, concede misericordiosamente que nosotros, los que te conocemos por fe, podamos alcanzar también la visión de tu gloriosa majestad.
Por Cristo nuestro Señor.

Todos
Amén.

Sacerdote o padre o madre de familia:
Sea iluminado, sea iluminado, oh Jerusalén, porque ha venido tu luz, y la gloria del Señor ha resucitado sobre ti, Jesucristo nacido de la Virgen María.

Todos
Y los gentiles caminarán en tu luz y los reyes en el resplandor de tu ascensión, y la gloria del Señor se ha levantado sobre ti.

Sacerdote o padre o madre de familia:
Oremos.
Bendice, oh Señor Dios todopoderoso, este hogar, que en él pueda haber salud, pureza, fortaleza de victoria, humildad, bondad y misericordia, cumplimiento de Tu ley, acción de gracias a Dios Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. Y que esta bendición permanezca en este hogar y en todos los que moran aquí. Por Cristo nuestro Señor.

Todos
Amén.

Después de que se recitan las oraciones de la bendición, cada habitación de la casa es rociada con agua de Epifanía (Bendita) e incienso. Las iniciales de los Magos son inscritas en las puertas con la tiza bendita. (Las iniciales, C, M, B, también pueden interpretarse como la frase latina “Christus mansionem benedicat” que significa “Cristo bendiga esta casa”).
Ejemplo: 20 + C + M + B + 21

Otra posible oración que puedes decir durante tu marcado con tiza:

  1. Que todos los que vienen a nuestro hogar este año se regocijen de encontrar a Cristo viviendo entre nosotros; Y que busquemos y sirvamos, en cada uno de nosotros, ese mismo Jesús que es tu Verbo encarnado, ahora y para siempre. Amén.
  2. Dios del cielo y de la tierra, tú revelaste a tu unigénito a cada nación por medio de la guía de una estrella. Bendice esta casa y todos los que la habitan. Llénanos de la luz de Cristo, para que nuestra preocupación por los demás refleje tu amor. Te lo pedimos por Cristo nuestro Salvador. Amén.
  3. Amado Dios, bendice esta casa. Que seamos bendecidos con salud, bondad de corazón, mansedumbre y permanencia en tu voluntad. Te lo pedimos por Cristo nuestro Salvador. Amén.

Cualquiera sea la forma o manera en que lo hagas, es una tradición rica, una invocación digna de la bendición de Dios, y un gran iniciador de conversación para toda la familia. Para cada persona que pregunte sobre la inscripción, hay una oportunidad de difundir esta práctica auténticamente católica durante la Epifanía.

Comunidad Piedras Vivas
2021

HEMOS ENCONTRADO AL MESÍAS


«Hemos encontrado al Mesías»

Andrés, tras haber conversado con Jesús y aprendido su doctrina, no la reservó para sí como un tesoro, sino que acudió corriendo a casa de su hermano para hacerle partícipe de los bienes que había recibido...

Observad que Pedro tiene un espíritu dócil y obediente... sin ninguna vacilación echó a correr: «Y dice el evangelista, le llevó hasta Jesús». Que nadie le reproche una excesiva credulidad porque prestó fe a lo que le fue dicho sin informarse de más detalles. Es verosímil que su hermano le hubiera hablado ya extensamente e, informándole de los particulares del caso. Pero los evangelistas acostumbran a resumir hechos y palabras, movidos por el deseo de ser breces y concisos. Sea de ello lo que fuere, San Juan no dice que Pedro creyera sin más, sino que su hermano «lo condujo a Jesús», para confiárselo, para que de El aprendiera toda la doctrina.


San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Evangelio de Juan, nº 19

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,35-42


Evangelio según San Juan 1,35-42
Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos

y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios".

Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.

El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?".

"Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.

Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo.

Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos:

Tras los festejos por el año nuevo, comenzamos la primera semana completa de este año 2021. Ciertamente cada día tiene su afán, y lo “nuevo” no está en el año, sino que de estar en algún sitio, puede estar en nosotros. En cómo recibamos lo que el Señor nos va regalando y cómo respondamos ante ello. En todo caso, iniciar un nuevo año tiene algo de simbólico, que podemos aprovechar en estos días. Durante esta primera semana completa del nuevo año, podemos intentar descubrir en la Palabra de Dios aquellas actitudes que nos permitan “ser nuevos” en este tiempo y en todos los años. Este periodo difícil de pandemia nos puede ayudar a volver a lo esencial, y hay actitudes que somos llamamos a potenciar, en nuestros días y en el mundo post-pandemia que esperamos. En el fondo, esa novedad no es otra que la novedad del Reino de Dios, que el tiempo presente, en el comienzo del nuevo año, nos puede ayudar a despertar.

En el Evangelio de hoy se nos habla de BÚSQUEDA. Hay dos personas que buscan, y alguien que anima esa búsqueda: Juan apunta hacia el Mesías ante sus dos discípulos, de una manera tal que despierta su búsqueda. En el inicio de todo camino hay una búsqueda. Y ningún paso se da si nos instalamos en el presente sin buscar nada más ni preguntarnos más allá de lo que hay.

En esa búsqueda, comienza el tiempo de las PREGUNTAS. Jesús pregunta a los dos discípulos; ellos le preguntan de nuevo… Y ahí comienza toda una historia. Quien tiene preguntas puede encontrar respuestas. Y por lo mismo, quien carece de preguntas, le sobran todas las posibles respuestas.

El camino del seguimiento del Señor es siempre un camino de búsqueda. Hay una búsqueda inicial, en la que se llega a descubrir que ya Él nos buscaba primero... y nos encuentra. Hay una búsqueda intermedia, que pretende acompasar nuestro paso al suyo, descubriendo sus horizontes hasta forjar nuestro proyecto de vida. Y hay muchas búsquedas posteriores, al hilo de los cambios que nos trae la vida, para encontrar cómo seguir siendo fiel a nuestro ser discípulos en las circunstancias que nos toca vivir, a veces a contracorriente.

Que en nuestra búsqueda no falten las preguntas: las que nosotros le hacemos a Dios, y las cuestiones que él va despertando en nuestro corazón, para ayudar a encauzar nuestro camino.

Que en este nuevo año no nos falten ni la búsqueda ni las preguntas.

Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 3 de enero de 2021

PENSAMIENTOS

 


Sanación y liberación de los matrimonios de toda la familia

Te agradezco María por habernos dado, a mi y a mi familia, a Jesús Encarnado, nuestro Alimento Vivo, que nacido de una familia quiso en su ministerio valorizar la vida y la familia.

Pedimos en éste día la sanación y liberación de los matrimonios que sufren discordias y divisiones, para que todo espíritu de separación, de adulterio, de peleas y divorcio sea desenmascarado hoy debajo de Tus pies.

Entregamos los matrimonios todavía nuevos en la vida matrimonial, para que en esta fase de adaptación reciban debajo de Tus Pies el apoyo para tener una vida digna, lejos de todo egoísmo, de pensar en sí mismos, olvidándose de la propuesta de vida conyugal, que ahora son “una sola carne”.

Te entregamos los matrimonios que tienen mucho tiempo de casados, que están desgastados por los cansancios de los años, que ellos reciban debajo de Tus Pies la renovación de vida, retirando toda discordia, otorgándoles un avivamiento conyugal, haciendo volver el amor y el brillo inicial que habían perdido.

Te entregamos debajo de Tus Pies a los que todavía no están casados por iglesia, que no recibieron el sacramento del matrimonio, la importancia de la Bendición de Dios delante del altar.

Rogamos por los matrimonios en segunda unión, que aún no pudiendo comulgar en especie, tienen el deseo de unirse a Jesús en comunión espiritual, para que sean auxiliados por Vos.

Te consagramos a ti, María, las mujeres que están con dificultades para embarazarse, pedimos el milagro de la vida en esta familia, por aquellas que habiendo estado en gestación, perdieron sus bebes y por eso se cerraron emocionalmente al milagro, consagramos el vientre de las mujeres y el sistema reproductor de los hombres, para que sean liberados de problemas físicos, emocionales o de otro orden, y reciban en este día tu milagro maternal.
Amén.

DE LA SOLEDAD AL ENCUENTRO SALVADOR

"No se emborrachen con vino... sino sean llenos del Espíritu".
Efesios 5,18

Esta invitación nos impulsa hoy a permitir que el Espíritu Santo nos ayude a combatir nuestras debilidades: amargura, irritación, ira, heridas, quejas, todo tipo de maldades.

La Palabra misma nos exhorta: "Desaparezca en medio de ustedes [todo esto]" (cf. Ef 4,30-32).

La experiencia de Jesús que está entre nosotros, del Verbo Encarnado bajado de lo alto para penetrar la miseria humana, la que vive en cada uno de nosotros, hará de este día un verdadero encuentro con el prójimo y con el mismo Libertador, dando paso a la alabanza, a la alegría del perdón, a la caridad y a la generosidad de corazón.

“Sean bondadosos y compasivos unos con otros” (Efesios 4,32a)
¡Abrámonos a una nueva vida! ¡Abrámonos al amor!
¡Jesús, en Vos confío!

Luzia Santiago
Fuente Comienza bien tu día a día – Editora Canción Nueva

El Evangelio de la Navidad

Navidad. Esta es una meditación sin fin, siempre inagotablemente rica en temas fundamentales que se refieren a nuestra relación con Dios. Nos despediremos de la celebración del gran acontecimiento navideño tomando para nosotros la ejemplaridad que le es propia, ejemplaridad tal que puede servirnos como revelación del pensamiento divino sobre nuestras cosas; y puede, además, conformar nuestra existencia presente a la forma que sirva mejor para acercarla a la de Dios hecho hombre. El Señor, ya antes de enseñarnos con su palabra, había sido nuestro maestro con el ejemplo de sus obras y con el Evangelio de su aparición entre nosotros en forma humana.

Sólo poner ante nuestra consideración la historia de la vida de Cristo suscita problemas que nunca conseguiremos resolver completamente, pero siempre veremos irradiar de la presencia de Cristo en el mundo tal luz de verdad, tal consuelo de esperanza y de vida que advertiremos que El es la luz del mundo; y que sólo dentro del cono luminoso de doctrina que la «Iglesia nos ofrece sobre El, podemos gozar de su luz y obtener nuestra salvación.

Lo que quiere decir que debemos sentirnos obligados a fijar la mirada de nuestra fe en Cristo Señor, con adhesión total de pensamiento y de vida. Recordemos las palabras finales del prólogo del Evangelio de San Juan: «Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1, 14).

Pero en este punto de nuestra contemplación sobre el Verbo de Dios hecho carne, en vez de encontrar su gloria nos encontramos en el marco de la vida temporal de Jesús, su humillación, su pequeñez, su anonadamiento; no encontramos la exaltación sino la negación de los valores de nuestra vida presente. El pesebre nos lo dice. La humildad de Cristo será nuestra sorpresa. Una humildad que mortifica nuestras expectativas mesiánicas y que nos obliga a modificar e incluso a contraponer la estima de lo que creemos bienes necesarios para nuestra existencia natural. Y esto lo recordamos refiriéndonos a dos virtudes cristianas, es decir, a dos dimensiones negativas características de nuestra presencia en el mundo; queremos decir la humildad y la pobreza.

El que Dios se haya querido manifestar y haya querido convivir con nosotros en humildad absoluta es algo que altera y transforma totalmente nuestros juicios sobre nosotros mismos y sobre nuestra relación con las cosas y con los acontecimientos del mundo. «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón» (Mt11, 29). Y esta postura de humildad afecta profundamente no sólo a las formas exteriores de la vida de Cristo, sino también a las formas esenciales de la vida, de la doctrina y de la misión de Dios hecho hombre. Debemos citar aquí una sentencia conocidísima de San Pablo que contiene la síntesis y nos ofrece la clave para la comprensión de la figura completa de Cristo; es la cita de las palabras relativas a la kénosis de Cristo, es decir, a su anonadamiento para cumplir el designio de nuestra redención, palabras de la Carta de San Pablo a los filipenses (2, 5-11): «Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús, quien, existiendo en forma de Dios, no reputó como botín (codiciable) ser igual a Dios, antes se anonadó, tomando forma de siervo y haciéndose semejante a los hombres; y en la condición de hombre se humilló, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, por lo cual Dios le exaltó y le otorgó un nombre sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús doble la rodilla todo cuanto hay en los cielos, en la tierra y en las regiones subterráneas, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre».

Nuestra meditación se detiene aquí y se hace admiración inmensa. La mortificación de Cristo se convierte en principio y modelo para nuestra exaltación. Esto sobre la humildad del Hombre Dios introducida con su aparición en el mundo; y se pueden hacer observaciones análogas sobre la pobreza de la venida de Cristo entre los hombres. Por todo ello se da un cambio radical en la evaluación de los bienes propios de la esfera natural de la vida presente; este cambio califica al cristianismo en el que la humildad y la pobreza encontrarán expresiones desconocidas en las concepciones naturales del vivir humano, y tendrá como recompensa la conquista sobrenatural del reino de Dios, de la vida nueva prometida a los humildes de corazón y a los pobres de espíritu.

¡Pensémoslo bien! ¡Esto es el Evangelio! (cf. San Agustín, Serm. 30; PL 38, 191-192; p.Giammaria da Spirano, I Fioretti di S. Francesco d’Assisi, Martello, Milán, 1960),

Con nuestra bendición apostólica.
San Pablo VI

Buen día, Espíritu Santo! 03012021

 

COMPRENDIENDO LA PALABRA 030121


“La Palabra era Dios... y la Palabra se hizo carne.” (Jn 1,1ss)

Escuchad, pastores, las trompetas... La Palabra se ha hecho carne, Dios se ha manifestado al mundo! Y vosotras, hijas de reyes, entrad en el gozo de la Madre de Dios (cf. Sal 44) Pueblos todos, decid: Bendito eres tú, nuestro Dios, nacido hoy, gloria ti!

La Virgen que no tenía relación con ningún hombre (Lc 1,34) ha engendrado la alegría, la tristeza ancestral ya no existe. Hoy ha nacido el Increado, aquel que el mundo no puede abarcar. Hoy, la alegría se ha manifestado a los hombres; hoy el error ha sido echado fuera. Pueblos, digamos: “Bendito eres tú, nuestro Dios, recién nacido, gloria ti!”.

Pastores..., cantad al Señor que nace en Belén..., aquel que rescata el mundo. La maldición sobre Eva ha sido revocada, gracias a aquel que ha nacido de la Virgen.... “Batid palmas, aclamad con entusiasmo!” (Sal 46) Hagamos un coro con los ángeles. El Señor ha nacido de la Virgen María para “sostener a los que caen y levantar a los que desfallecen.” (Sal 144,14), los que gritan con gozo: “Bendito eres tú, nuestro Dios, recién nacido, gloria ti!”.

El autor de la Ley se ha encarnado bajo la Ley /Gal 4,4) el Hijo eterno ha nacido de la Virgen, el Creador del universo está recostado en un pesebre. Aquel a quien el Padre engendra sin principio, sin madre en el cielo, ha nacido de la Virgen, sin padre en la tierra. Pueblos, digamos: “Bendito eres tú, nuestro Dios, recién nacido, gloria ti!”.

En verdad, la alegría viene del nacimiento en el establo. Hoy los coros angélicos se alegran; todas las naciones celebran a la Virgen inmaculada; nuestro padre Adán se regocija porque hoy ha nacido del Salvador. Pueblos, digamos: “Bendito eres tú, nuestro Dios, recién nacido, gloria ti!”.



San Romano el Melódico (?-c. 560)
compositor de himnos
Himno 13, La Natividad del Señor; SC 110, 143ss

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,1-18


Evangelio según San Juan 1,1-18
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.

Al principio estaba junto a Dios.

Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.

En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.

Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

El no era la luz, sino el testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.

Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.

Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.

Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.

Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.

Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".

De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:

porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.


RESONAR DE LA PALABRA


DIOS, SILENCIO Y PALABRA

Al escuchar el Evangelio de hoy, puede presentarse un extraño sentimiento: no coincide demasiado nuestra experiencia con lo que allí leemos. Parece más frecuente entre nosotros la experiencia de que Dios es sobre todo SILENCIO. ¡Y cómo duele ese silencio! ¿Por qué calla Dios? ¿Por qué en medio de estos momentos oscuros no sentimos su presencia? Le dirigimos nuestras plegarias, muy justas, muy meditadas, desde nuestra necesidad más profunda y dolida... y no parece haber respuesta. Llegamos a sospechar si la oración no será «estar hablando con nosotros mismos».

Hay tantos gritos humanos que se lanzan al cielo, que no parecen capaces de atravesar las nubes. ¿Por qué aparentemente no llegan a su destino? ¿Qué dice Dios cuando el ejército de un país, un gobierno, organiza una matanza de persones inocentes, a veces muchísimas? ¿Qué dice Dios cuando hay unos pocos hombres que viven muy bien, y que controlan la mayoría de las riquezas de la tierra, mientras una inmensa mayoría se muere de hambre o de enfermedades controlables por la Medicina desde hace ya mucho tiempo? ¿Qué dice, y qué hace Dios cuando una riada o un mar enfurecido se lleva tantas vidas por delante? ¿Qué dice Dios cuando algunos hombres se toman la libertad de pegar un tiro en la nuca, o poner explosivos a otros hombres para defender supuestos derechos y reivindicaciones? Hay muchos gritos que piden justicia, clemencia o libertad, o simplemente el derecho a vivir. ¿No podría decir algo?

No sé: Podría mandar un portavoz, un ángel, un profeta, un santo... como parece que hacía en otros tiempos. O podría dar un aviso, incluso un susto, a los tiranos, criminales y explotadores, que salvara a los inocentes... Algo que todos entendieran. Que se dejara de supuestos «mensajes marianos» a personas devotas, incultas e irrelevantes, y se hiciera presente en los Centros de Poder, en los Medios de Comunicación...

ESTO ES LO QUE PARECEN SENTIR EN EL CORAZÓN MUCHOS HOMBRES DE HOY, CREYENTES Y MÁS AÚN NO CREYENTES, que quizá perdieron su fe ante el terrible silencio de Dios. No nos llega la Palabra de Dios. Las cosas siguen como siempre, sobre todo para los más débiles. ¡Qué mudo permanece Dios, si es que existe!

LA PALABRA SE HIZO CARNE

Y la Biblia, en cambio, no se cansa de proclamar que Dios es PALABRA. Claro, que su Palabra no es apabullante, terrible, estruendosa, como a veces nos imaginamos o nos gustaría. Pero es viva y eficaz. Así comienza el libro del Génesis: «Y dijo Dios». Un Dios que crea «hablando». Y fue la naturaleza, fue la vida, fue la luz... Cada criatura lleva su huella: si escucháramos a la luz, a la evolución, a los planetas, a las plantas y animales, podríamos descubrir al hermano sol, la hermana agua, el hermano fuego, la hermane noche, y hasta la muerte sería «hermana muerte»... 

Y al mismo tiempo, cada vez que los hombres extinguimos la vida, destruimos o no respetamos la naturaleza, y ésta se revuelve, se agita... ¡Dios nos está hablando! La tierra nos la dio para cuidarla, para mejorarla, protegerla. Y la propia Naturaleza y muchos hombres, en su nombre, la cuidan.... o también protestan y denuncian y se quejan: ÉSTA ES LA VOZ DE DIOS.

¡Pero nos es difícil escucharla! Porque la palabra y la Palabra sólo se perciben bien en la escucha silenciosa y atenta. Y resulta que se nos ha olvidado el silencio y la contemplación. Tenemos demasiados ruidos en el corazón y en la cabeza, y alrededor. ¿Por qué prestamos atención a tantos charlatanes (periodistas, actores, políticos, presentadores, famosillos, y cantantes... cuando opinan sobre lo que desconocen absolutamente, la pandemia, por ejemplo....?). ¿Quién tiene interés en ponerles delante un micrófono o una cámara para multiplicar y difundir sua ruido?... ¿Como podremos distinguir entonces las Palabras de Vida que necesitamos?

Leyendo el Evangelio de hoy, nos enteramos que desde que la Palabra se hizo carne, hombre... el HOMBRE ES LA VOZ DE DIOS. Que podemos y debemos buscar a Dios en la carne, en la fragilidad, en el ser humano.

- Cuando algo se nos revuelve dentro al tener noticia de que un recién nacido o un niño, o un mujer han sido maltratados o abandonados: ÉSA ES LA VOZ DE DIOS. 

- Cuando nos aterrorizamos ante las matanzas de campesinos, de indígenas, de periodistas, de científicos, o los cientos de asesinatos en Argelia, Palestina o Bagdad, o Egipto, o Siria: ÉSA ES LA VOZ DE DIOS, QUE PROTESTA en nosotros.

- Cuando nos enteramos de la violencia que ocurre dentro de algunas familias, las mujeres maltratadas, los abuelos no atendidos o descartados por los triajes de los políticos, los niños que son manipulados, explotados, prostituidos, ignorados... y algo se nos rebela por dentro... ESTAMOS OYENDO LA VOZ DE DIOS

- Cuando vemos los carteles de Manos Unidas, cuando la prensa nos trae noticies de lo que están haciendo muchos voluntarios de ONGs en tantos rincones del mundo... ÉSTA ES LA VOZ DE DIOS que nos llama a la acción y al compromiso

- Cuando notamos dentro un impulso fuerte para que prestemos atención a los pobres, a los oprimidos, a los que no tienen ciertos derechos, pedimos justicia e igualdad en la distribución de vacunas, de recursos... TODOS ELLOS SON LA VOZ DE DIOS esperando de nosotros una respuesta. 

¡Pero tal vez no las oigamos, o no queramos oírlas, o pensamos que no va con nosotros, que no podemos hacer nada...! 

+ Si el hombre siente dentro que su vida es muy superficial, que necesita otras cosas, que hay un vacío dentro, que a base de tener, poder, ser admirado y reconocido... no se siente feliz... Es Dios que le advierte.

+ Si tú mismo escuchas dentro una voz que te dice que tienes que crecer, que tienes que perdonar, compartir, servir, ser generoso, ayudar a alguien... TU CONCIENCIA QUE TE INVITA A SER MEJOR, A CRECER, A MADURAR... ES LA VOZ DE DIOS, que quiere la felicidad del hombre, de todo hombre, de cada hombre. Ya lo han dicho muchos santos y teólogos: Dios habla desde lo más profundo de mi ser (conciencia).

PARA QUE QUEDE MÁS CLARO: Si la Palabra de Dios se hizo hombre en un establo,... Cada pobre que nace en las afueras de la sociedad, en la marginación: ahí está Dios reclamando nuestra atención. Si Jesús de Nazareth tuvo que huir de su tierra e Egipto para salvar su vida.. LA VOZ DE CADA EMIGRANTE necesitado es la voz de Dios. Si al poco de nacer Jesús, un Herodes organiza una matanza de niños inocentes: SON LAS VOCES QUE QUIEREN AHOGAR LA VOZ DE DIOS, y consecuencia de las cuales el propio HIJO DE DIOS caerá víctima en una cruz. 

• Dios habla desde la profundidad del alma: Él es la Vida que quiere que crezca

• Habla desde el hambre de justicia: quiere que todos sus hijos sean tratados con equidad

• Habla desde la Libertad : nos quiere libres de toda cadena

• Habla en los momentos duros y difíciles, sosteniendo: es el Dios de la Esperanza y la fortaleza 

• Habla desde el mal superado: es santidad

• Habla desde la belleza que estremece y enamora: es Creador 

• Habla desde el equilibrio y la serenidad: es Paz y busca nuestra paz.

• Habla desde el corazón que se entrega porque Dios es Amor.

No, no es que Dios no responda a nuestras oraciones, no es que sea un Dios mudo: es que Dios mismo clama (¡a veces a gritos!) con nosotros y dentro de nosotros. Dios suplicante en nuestra carne herida. Y Él mismo espera y necesita que le escuchemos. Desde aquella noche de Navidad, somos hermanos del Dios Palabra que se encarnó entre nosotros. Aprendamos a escucharle y seamos su Voz y la de los que no tienen voz HOY.

Quique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 2 de enero de 2021

PENSAMIENTOS

 


Buen día, Espíritu Santo! 02012021

 

COMPRENDIENDO LA PALABRA 020121


«Allanad los caminos del Señor.» (Mt 3,3)

«Preparad los caminos del Señor». Hermanos, aunque estéis muy avanzados en el camino os queda todavía por preparar el camino, para que avancéis más y más, siempre tendiendo hacia lo que está por delante. Así, a cada paso que andáis por el camino del Señor, él irá delante de vosotros, siempre de nuevo, siempre más grande. Por esto, con razón, el justo ora de este modo: «Enséñanos el camino de tu voluntad para que te busquemos siempre». (cf Sal 118,33) Esta vía se llama, «camino eterno» (cf Sal 138,24)...porque la bondad de aquel hacia el cual avanzamos no tiene límite.

Por esto, el viajero sabio y decidido, aunque haya llegado al término, seguirá pensando en comenzar de nuevo; «olvidando lo que queda atrás» (cf Flp 3,13) se dirá cada día: «Ahora comienzo» (cf Sal 76,11)...Nosotros que hablamos de este avanzar en el camino, quiera Dios que nos hayamos siquiera puesto en camino. Según mi parecer, cualquiera que se haya metido en camino está ya en el buen camino. Pero hay que comenzar de veras, encontrar «el camino de ciudad habitada» (Sal 106,4) Porque «no son muchos lo que andan por él», dice la Verdad (cf Mt 7,14); son numerosos «los que yerran por el desierto deshabitado» (cf Sal 106,4)

Y tú, Señor, tú nos has preparado un camino, sólo hace falta que consintamos y nos comprometamos en seguirlo... Por tu Ley, tú nos has enseñado el camino de tu voluntad diciendo: «Este es el camino, caminad por él.» (cf Is 30,21) Es el camino que el profeta había prometido: «Habrá una ruta recta y los insensatos no se perderán en ella.» (cf Is 35,8)... Nunca he visto a un insensato perder tu camino, Señor...; pero, ay de vosotros, sabios a vuestros propios ojos. (cf Is 5,21) Vuestra sabiduría os ha descarriado del camino de la salvación y no habéis seguido la locura del Señor... Locura deseable que se llamará sabiduría según Dios y que nos preserva de perder su camino.


Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157)
abad cisterciense
Sermón 5 para el Adviento

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,19-28


Evangelio según San Juan 1,19-28
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?".

El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".

"¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió.

Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?".

Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías".

Algunos de los enviados eran fariseos,

y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?".

Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:

él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia".

Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

El Evangelio de hoy nos presenta una pregunta clave: “¿Tú quién eres?”. Es la pregunta que le hacen los sacerdotes y los levitas enviados desde Jerusalén, seguramente alarmados por su predicación y por su acción de bautizar a orillas del río Jordán.

Ante esa pregunta, las primeras respuestas de Juan son negativas: comienza diciendo lo que “no es” (el Mesías, Elías, el Profeta). Solo cuando le reformulan la pregunta –“¿qué dices de ti mismo?”- llega a responder en afirmativo: “la voz que grita en el desierto… el que no soy digno de desatar(le) la correa de la sandalia…”. En este relato, Juan aparece como un hombre auténtico. No quiere suplantar al Mesías. Simplemente se considera su mensajero. Ocupa su papel, favoreciendo el papel del que le sucede.

El comienzo de un nuevo año puede ser un buen momento para preguntarse: “¿Tú quién eres?”. No es una pregunta que nos hagamos todos los días, pero la respuesta que demos puede tener sus consecuencias para la vida de cada día.

Quizá como Juan sea más fácil comenzar diciendo lo que no somos. No somos dioses. Tampoco somos demonios. No somos animales irracionales. Tampoco somos ángeles. En unas coordenadas intermedias entre la fuerza y la debilidad, el orden y el caos, se mueve nuestra humanidad.

Entonces, “¿qué dices de ti mismo?”. Nos definen nuestra relación con otras personas (ser hijo / hermano / esposo o esposa / padre o madre). Nos define nuestro rol (profesión o tarea en la vida). Nos define nuestra historia (“soy el que ha vivido esto y lo otro”, tanto momentos cumbre como dificultades profundas). Y nos define, en lo profundo, nuestra fe y el lugar que ella nos da en el mundo, como hijos de un mismo Padre y hermanos de todos.

Que al responder hoy a estas preguntas puedas tener la lucidez de Juan, que no se ponía por encima de lo que era, ni tampoco por debajo. Y que podamos dejar que sea el Señor quien responda a esa pregunta, porque tal respuesta será la más real y auténtica que podamos dar. Para que ese “ser” anime nuestro “actuar”. ¿Tú quién eres?, ¿qué dices de ti mismo?

Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 1 de enero de 2021

PENSAMIENTOS

 


Llamados hijos de María

¿María no es la Madre de Dios? Es también nuestra madre. Un principio a establecer es que Jesús, Verbo hecho carne, es al mismo tiempo el Salvador del género humano. Tiene un cuerpo como los otros hombres en tanto que Dios-Hombre. En tanto que Redentor de nuestra raza, tiene un cuerpo espiritual, místico, que es la sociedad de cristianos ligados a él por la fe. “Todos nosotros formamos un solo cuerpo en Cristo” (Rom 12,5). La Virgen concibió al Hijo de Dios no sólo para que recibiendo de ella la naturaleza humana se hiciera hombre. También, para que por medio de la naturaleza recibida de ella, fuera el Salvador de los hombres. Esto explica la palabra de los ángeles a los pastores: “Les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,11).

En el casto seno de la Virgen, dónde Jesús ha tomado una carne mortal, ahí mismo se ha unido un cuerpo espiritual de todos los que debían creer en él. Podemos decir que, teniendo a Jesús en su seno, María tenía también a aquellos para quienes la vida del Salvador contenía la vida. Nosotros, que unidos a Cristo somos “los miembros de su cuerpo” (Ef 5,30), conformados de su carne y sus huesos, tenemos origen en el seno de la Virgen, del que salimos un día, como cuerpo unido a su cabeza.

Por eso, en sentido espiritual y místico, somos llamados hijos de María y ella es Madre nuestra. (…) Si la bienaventurada Virgen es a la vez Madre de Dios y de los hombres, sin dudas ella se ocupa con todas sus fuerzas, junto a su Hijo, “cabeza del cuerpo que es la Iglesia” (Col 1,18), para que sobre nosotros, sus miembros, derrame los dones de su gracia. Particularmente, aquellos para conocerla y para que “tengamos Vida por medio de él”, su Hijo. (1 Jn 4,9).

San Pío X (1835-1914)
papa 1903-1914
Encíclica “Ad diem illum laetissimum” (Libreria Editrice Vaticana)

Buen día, Espíritu Santo! 01012021

 

Buen día, Espíritu Santo! 01012021

 

Resonar de la Palabra - San Lucas 2,16-21

Evangelio según San Lucas 2,16-21.
Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño,
y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

A los ocho días de la Navidad, celebramos a Santa María, Madre de Dios. El Hijo y la Madre. El Niño y la Mujer. La Presencia y la Esperanza.

En el relato de Lucas, los pastores se acercan al portal y descubren “a María, a José y al niño”. Cuando nos acercamos a Dios, siempre nos encontramos a la vez con sus testigos, y eso nos convierte, a la vez, en testigos: “todos los que oían se admiraban de lo que decían los pastores”. María es la mujer testigo de la fuerza de Dios en la debilidad y de la respuesta humana en generosidad. Encontrarnos con ella también nos hace testigos valientes, desde nuestra debilidad, en medio de nuestro mundo. Y José es testigo de la ternura, de la obediencia y de la acogida. Para recordar esto, el Papa Francisco ha dedicado este año 2021 a su figura. Estamos en “el año de San José”.

En el Evangelio de hoy se nos dice algo más: “María guardaba todo esto en su corazón”. El Corazón de María es el cofre donde se conserva todo lo valioso, como regalo de la vida para desplegar la existencia en gratuidad y en generosidad. Así fue la vida de María: recibiendo lo que Dios le fue dando, acogiendo lo que le fue pidiendo y desplegándose de dentro a fuera, desde el corazón al mundo.

El año nuevo es abierto por Santa María y San José como un signo de lo que fue su vida y de lo que puede ser la nuestra: apertura, confianza, entrega. ¡Feliz año nuevo! ¡Feliz día de María, en el recuerdo también de su esposo!

En el comienzo de este nuevo año,
junto a María, madre de Dios y madre de la Iglesia,
te ofrezco lo que soy para que, como en ella,
mi vida sirva a esta historia de amor con la humanidad
que quieres tejer con nosotros, desde siempre y para siempre.
Que así sea.

Tu hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF