jueves, 21 de abril de 2022

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 24,35-48


Evangelio según San Lucas 24,35-48
Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".

Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,

pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?

Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo".

Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.

Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?".

Ellos le presentaron un trozo de pescado asado;

él lo tomó y lo comió delante de todos.

Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos".

Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras,

y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día,

y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.

Ustedes son testigos de todo esto."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas

La novedad de la resurrección no cabe el en lenguaje corriente; no se puede ver con la mirada habitual y con la lógica de lo sensible. La resurrección de Jesús es un acontecimiento inédito, desborda hacia delante y hacia la vida anterior del Mesías. Pero no es un milagro aislado; está dentro de la lógica de la Escritura: “resucitará de entre los muertos al tercer día”.

El resucitado no es un fantasma. Es el mismo Jesús crucificado; lleva las señales de cuerpo; “soy yo en persona”. Desde esa necesidad de afirmar la identidad entre el crucificado y el resucitado se explica la insistencia del evangelio de hoy en el carácter material del resucitado. Tiene manos y pies, se le puede tocar, come pez asado delante de ellos. Teniendo en cuenta el conjunto de los datos del NT, estas expresiones quieren decir simplemente que no es un fantasma, que es el mismo Jesús encarnado. No se pueden interpretar como afirmación directa sobre el carácter material, histórico y mortal del cuerpo resucitado de Jesús.

El discurso de Pedro nos trasmite el primitivo kérigma cristológico. El Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús. Son significativos los nombres que se dan a Jesús: justo, siervo, santo, pionero de la vida…La glorificación por parte de Dios se contrapone a la acción destructora de los judíos al entregar y rechazar a Jesús. La segunda antítesis contrapone a Jesús y a Barrabás: los judíos renegaron de Jesús y pidieron el indulto de un asesino. La tercera antítesis: matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos.

Lucas insiste en la continuidad de la historia de la salvación según la Escritura: somos los hijos de los profetas, los hijos de la alianza.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 20 de abril de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA 200422

“¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32)

¿Cuál es la razón íntima de la fecundidad de la palabra de Dios? Es que Cristo está siempre vivo y él es siempre el Dios que salva y vivifica. (…) Guardando las proporciones, lo verdadero de la persona misma de Jesús, lo es también de su palabra. Lo que era verdad ayer, es verdad hoy todavía.

Cristo vive en el alma del justo, bajo la dirección infalible de este Maestro interior, el alma (…) penetra en la claridad divina. Cristo le da su Espíritu, primer autor de los Sagrados Libros, para que ella penetre “todo, hasta lo más íntimo de Dios” (cf. 1 Cor 2,10). El alma contempla las maravillas de Dios hacia los hombres, mide por la fe las proporciones divinas del misterio de Jesús. Es un espectáculo admirable, con un resplandor que la aclara, ilumina, arrebata, eleva, transporta, transforma. Siente lo que resienten los discípulos de Emaús cuando Cristo Jesús les interpretó los libros santos: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32).

Nada sorprendente que el alma seducida y conquistada por esta palabra viva que penetra hasta la médula (Heb 4,12), haga suya la oración de los discípulos: “¡Quédate con nosotros (cf. Lc 24,29) Maestro incomparable, luz indefectible, infalible verdad, única verdadera vida de nuestros almas!”. Considerando estos piadosos deseos, “el Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8,26). Constituyen la verdadera oración, esos deseos vehementes de poseer Dios, de sólo vivir por la gloria del Padre y de Jesucristo. El amor, grande y ardiente al contacto con Dios, invade todas las potencias del alma, la hace fuerte y generosa para cumplir perfectamente toda la voluntad del Padre, para librarse enteramente a la complacencia divina.



Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
La oración monástica (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 24,13-35


Evangelio según San Lucas 24,13-35
Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.

En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.

Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.

El les dijo: "¿Qué comentaban por el camino?". Ellos se detuvieron, con el semblante triste,

y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: "¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!".

"¿Qué cosa?", les preguntó. Ellos respondieron: "Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,

y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.

Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.

Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro

y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.

Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron".

Jesús les dijo: "¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!

¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?"

Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.

Pero ellos le insistieron: "Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba". El entró y se quedó con ellos.

Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.

Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.

 Y se decían: "¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?".

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,

y estos les dijeron: "Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!".

Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

Camino de la finca, los discípulos de Emaús hicieron la experiencia del paso de la oscuridad a la luz, de la ceguera a la visión, de la distracción al reconocimiento. Vivieron una catequesis y una experiencia de fe en la nueva presencia de Cristo. “A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero el desapareció”. El camino, la conversación, la explicación de la Escritura, el bendecir y compartir el pan, han sido los elementos de la cristolofanía. El final verifica la convicción fundamental: “Era verdad, ha resucitado y se ha aparecido a Simón”. A la inversa, la Eucaristía es un sacramento pascual; los discípulos lo reconocen al partir el pan.

El milagro del “lisiado de nacimiento” muestra la eficacia vitalizadora del Resucitado por medio de sus testigos. Los discípulos son portadores del poder del Resucitado. Hablan en su nombre, curan en su nombre: “en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar”. Y echó a andar dando brincos y alabando a Dios.

El tipo de curación tiene un alto significado simbólico. El Resucitado hace mover al paralítico que somos cada uno de nosotros. Nos cura de nuestras parálisis. Nos pone en movimiento, nos hace saltar y alabar a Dios. La fe en el Resucitado aporta una forma de vida nueva.

Y eso hay que celebrarlo, agradecerlo, contarlo anunciarlo. Es la gran maravilla que Dios ha hecho en nuestra historia. Y que sigue haciendo con nosotros.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 19 de abril de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA 190422

“Mujer, ¿a quién buscas?” 

No te canses, alma mía, en la búsqueda del Maestro.

Como un alma que se ha librado voluntariamente a la muerte,

no vayas a tientas en la búsqueda de tu comodidad, no persigas la gloria

ni el goce del cuerpo ni el afecto de tus cercanos.

No mires a la derecha y a la izquierda,

sino, tal como comenzaste y, aún más, corre.

¡Apresúrate, sin descansar, para alcanzar y tomar al Maestro!

Aunque desaparezca diez mil veces y diez mil veces te aparezca,

que así lo inalcanzable sea para ti alcanzable,

diez mil veces, o más bien tanto como tus respiraciones.

¡Redobla de ardor para seguirlo y corre hacia él!

Él no te abandonará, no te olvidará.

Al contrario, poco a poco, cada vez más se mostrará.

Alma mía, la presencia del Maestro se hará más frecuente

y después de haberte perfectamente purificado por el brillo de su luz,

el autor del mundo vendrá en ti,

habitará en ti, será contigo.

Poseerás la riqueza verdadera que el mundo no posee,

que sólo posee el cielo y los que son inscritos en el cielo. (…)

El Maestro de la tierra, que creó al cielo

y todo lo que está en el Cielo y está en el mundo,

el Creador, el único Juez, el único Rey,

habita en ti, se muestra en ti.

¡Que te ilumine completamente con su luz

y te haga ver la belleza de su rostro, te acorde verlo en persona

claramente y te dé parte en su gloria!

Dime, ¿existe algo más grande?


Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022)
monje griego
Himnos 48 (SC 196, Hymnes III, Cerf, 2003), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 20,11-18


Evangelio según San Juan 20,11-18
María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro

y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús.

Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto".

Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció.

Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo".

Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!".

Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'".

María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Esa es la experiencia de María Magdalena. Llevada de su amor se acerca a visitar el sepulcro. Llora. En la narración resuena el eco del Cantar de los Cantares. Jesús resucitado le ha salido al encuentro mediante  los ángeles intérpretes. El punto de partida es el descubrimiento del sepulcro vacío de Jesús. Jesús se hace presente. Pero ella no lo reconoce; lo confunde con el jardinero. El intercambio de monosílabos es la expresión del reconocimiento; Jesús pronuncia su nombre: “María”; María responde: “Raboni, maestro”. Se reconocen por la forma de pronunciar el nombre del amado. Se trata de un encuentro prototípico. Un reconocimiento y un abrazo de fe. Y como toda cristofanía  incluye la misión: anda y dile a mis hermanos…

El Cristo que se sale al encuentro de María Magdalena es el mismo Jesús  constituido por Dios Señor y Cristo: Ha sido rehabilitado y acreditado por  Dios. Lucas insiste en la contraposición entre la acción condenadora de las autoridades judías y el obrar trasformador y legitimador de Dios. Gracias al constituido Mesías y  Señor estamos en una nueva etapa de la historia de la salvación; gracias a eso es posible la conversión y el bautismo. La promesa se universaliza: es para vosotros y vuestros hijos. El don del Espíritu es la síntesis de esa novedad.

Pedro se dirige a la casa de Israel. Entiende su anuncio de Cristo como un fenómeno dentro del pueblo de Israel. Trata de abrir los ojos de los israelitas, que admitan su culpa, que reconozcan la situación creada por la Pascua. Y se conviertan aceptando la palabra de la predicación.

María Magdalena ha encontrado al resucitado Jesús, a quien había encontrado en la historia. Y ese encuentro la ha  vitalizado: le ha abierto a los ojos. “Resucitó de veras mi amor y esperanza”.

Sólo para los que aman de verdad tiene sentido pleno la resurrección. Sólo se resucita en la medida en que se ama. ¿Tengo experiencia de resurrección? ¿Me siento “amenazado” de resurrección”.


CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 18 de abril de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA 180422

Jesús va a su encuentro y les dice: "Alegraos” 

“¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en lo alto” (Lc 19,38)… Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo. Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma. Este es Jesús. Este es su corazón atento a todos nosotros, que ve nuestras debilidades, nuestros pecados. El amor de Jesús es grande… Jesús es Dios, pero se ha abajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano.

Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, y ¡hay tantos! Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e insidiosamente nos dice su palabra. No le escuchéis. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza, no dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús.



Papa Francisco
Homilía del 24/03/2013 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 28,8-15


Evangelio según San Mateo 28,8-15
Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos.

De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él.

Y Jesús les dijo: "No teman; avisen a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán".

Mientras ellas se alejaban, algunos guardias fueron a la ciudad para contar a los sumos sacerdotes todo lo que había sucedido.

Estos se reunieron con los ancianos y, de común acuerdo, dieron a los soldados una gran cantidad de dinero,

con esta consigna: "Digan así: 'Sus discípulos vinieron durante la noche y robaron su cuerpo, mientras dormíamos'.

Si el asunto llega a oídos del gobernador, nosotros nos encargaremos de apaciguarlo y de evitarles a ustedes cualquier contratiempo".

Ellos recibieron el dinero y cumplieron la consigna. Esta versión se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy.


RESONAR DE LA PALABRA 


Queridos amigos y amigas:

El acontecimiento de la resurrección de Jesús crucificado es inagotable. Constituye la gran buena noticia de nuestra historia. El descubrimiento del sepulcro vacío de Jesús pone en movimiento a los personajes protagonistas. Suscita la búsqueda; hace preguntarse por la presencia de crucificado. Se da a conocer en contra de las dudas y el escepticismo. Y Jesús mismo les sale al encuentro y les saluda: alegraos. Jesús les dice también: no tengáis miedo. El resucitado Mesías se hace encontradizo con las mujeres que han ido a visitar el sepulcro. El resucitado sigue presente y se hace visible; se da a conocer con una invitación a la alegría. Ha vencido a la muerte y está plenamente vivo.

El anuncio de la resurrección se hace mediante la contraposición entre la acción de los líderes judíos por manos de los paganos y la acción de Dios mismo. “Vosotros lo entregasteis, por manos de los paganos, lo matasteis en la cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte, no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio” (Hech 2, 23-24). Este texto constituye el corazón del discurso que resume el kérigma primitivo trasmitido por Lucas. La resurrección de Jesús es obra de Dios mismo. Obra significativa y decisiva; está en continuidad con la historia de la salvación de Dios.

La resurrección de crucificado es la gran noticia. Hay que celebrarla. Hay que hacer fiesta larga. Una octava para paladear y disfrutar la gran noticia: está vivo, resucitó…!Amén! ¡Aleluya! Y una cuarentena pascual para hacerse cargo del significado del acontecimiento.

Y nosotros hoy, ¿tenemos ganas de resurrección? ¿En qué situación personal me llega la gran noticia de la resurrección de Jesús de entre los muertos por obra de Dios? ¿Estoy envuelto en la suspicacia con respecto al después de la muerte.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 17 de abril de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA 170422

Este es el día

“Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo” (Sal. 117,24). (...) Como cristianos nacimos para el Reino de Dios desde nuestra más tierna infancia (...) pero, aun siendo conscientes de esta verdad y creyendo plenamente, tenemos muchas dificultades en acoger este privilegio y pasamos largo tiempo en comprenderlo. Nadie, por supuesto, lo comprende plenamente. (...) Y hasta en este gran día, este día entre los días, donde Cristo resucita de entre los muertos (...) nosotros estamos como recién nacidos (...) a los que les faltan ojos para ver y un corazón para comprender quiénes somos verdaderamente. (...)

Este es el dia de Pascua, repitámoslo una y otra vez, con un respeto profundo y una gran alegría. Como los niños cuando dicen: “Ha llegado la primavera” o “mirad el mar”, para expresar la idea (...), digamos: “he aquí el día entre los días, el día real (Ap. 1,10 griego), el día del Señor. He aquí el día en que el Cristo ha resucitado de entre los muertos, el día que nos trae la salvación”. Este es el día que nos trae lo más grande que podemos comprender. Es el día de nuestro descanso, nuestro verdadero sábado; Cristo ha entrado en su descanso (He 4), y nosotros con Él. Este día nos conduce, en prefiguración, a través de la tumba y las puertas de la muerte, hasta el tiempo del descanso en el seno de Abraham (Hech. 3,20; Lc 16,22).

Estamos bastante cansados de la oscuridad, el cansancio, la tristeza y el remordimiento. Estamos bastante cansados de este mundo agotador. Estamos cansados de sus ruidos y su jaleo; su mejor música, es sólo un ruido. Pero ahora reina el silencio, y es un silencio que habla (...): tal es nuestra suerte en lo sucesivo. Hoy es el comienzo de días tranquilos y serenos, en los que podemos escuchar a Cristo, con su “voz dulce y tranquila” (1R 19,12), porque el mundo ya no habla más. Despojémonos de este mundo, y revistámonos de Cristo (Ef. 4,22; Rm 13,14). (...) ¡Esforcémonos en desvestirnos así, para revestirnos de cosas invisibles e imperecederas! Esforcémonos en crecer en gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, día a día, año tras año, hasta que nos lleve con Él (...) en el Reino de su Padre y nuestro Padre, de su Dios y nuestro Dios (Jn 20,17).



San John Henry Newman (1801-1890)
teólogo, fundador del Oratorio en Inglaterra
Sermón “La dificultad en realizar los privilegios sagrados”, PPS, t. 6, n°8

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 20,1-9


Evangelio según San Juan 20,1-9
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada.

Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto".

Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro.

Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes.

Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró.

Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo,

y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte.

Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó.

Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.


RESONAR DE LA PALABRA


PASCUA: CADA COSA EN SU SITIO

• ¿Cómo dejaron las cosas «los hombres» en aquel Triduo, que fue culmen de la vida de un Justo, el Hijo de Dios entregado a la voluntad del Padre?

- Por una parte los poderosos, los políticos, las autoridades religiosas, los manipuladores de masas, los ricos, los que no tienen escrúpulos, los que no quieren buscarse problemas, los que prefieren servirse de Dios y no servir a Dios...llevaron a Jesús hasta la fría tumba. Como han hecho siempre que han podido.

- Por otra parte, no podemos olvidarnos del silencio cómplice de los amigos («el silencio de los buenos», que decía Martin Luther King») y sus dudas, sus miedos y cobardía... O cómo las gentes se dejaron arrastrar tan fácilmente por el espectáculo, la manipulación y la superficialidad.

El resultado fue desolador. Aquel Hombre bueno había terminado mal, ante la satisfacción de unos pocos, el profundo dolor de algunos y la indiferencia de muchos.

• Pero ese Dios al que el Justo Jesús había gritado:«¿por qué me has abandonado?» decidió intervenir, quiso proclamar de parte de quién estaba. Quiso poner CADA COSA EN SU SITIO y dejar claro para el resto de la historia de los hombres:

+ dónde está la verdad y en qué consiste: «Yo soy la Verdad»
+ dónde se encuentra el futuro: «Yo soy la vida»
+ que la justicia (injusticia, mejor) de este mundo no coincide con la suya, ni aquélla tiene la última palabra, no "gana"
+ cuál es el estilo/proyecto de vida que tiene realmente «éxito», a pesar de los traspiés y zancadillas que se ponen tantas veces en nuestra historia
+ qué es lo absoluto y qué lo relativo
+ qué es lo pasajero, y qué es lo que permanece
+ quiénes son los importantes, y quiénes quedarán descalificados y fracasados

• Y en cuanto a nosotros mismos, esto de la Resurrección de Jesús cambia mucho las cosas... hasta las más cotidianas:

+ Quien quiere "ganar" su vida (Marcos 8, 34)
vivir bien,
acumular dinero o bienes,
tener éxito...
está perdiendo su vida, aunque consiga cierto bienestar en esta corta vida.

+ Quien pretenda entendérselas a solas con Dios
en sus rezos y devociones,
en su proyecto de vida y en sus decisiones,
en sus compromisos personales y apostólicos,
sin contar con los hermanos/comunidad, con los pobres, los desgraciados, los pequeños y sufrientes... No está siguiendo el mismo camino de Jesús, ni es ésa la voluntad del Padre, y corre el riesgo de situarse en el bando equivocado

+ Que la amistad con Jesús, («a vosotros os llamo amigos»), el amor a los hermanos, a ejemplo del suyo («amaos como yo os he amado»), la solidaridad y compromiso con los necesitados, han recibido del Padre un certificado de validez y eternidad, más allá de la muerte, con la resurrección de Jesús.

+ Que cada palabra y cada gesto de Jesús no son simples «ideas», teorías, normas, predicaciones de un Rabino o de un Profeta entre tantos otros, sino experiencias de vida que nos revelan y hacen entender el corazón de Dios; nos muestran «el» (y no «un») Camino de felicidad. Y ya que él «se rebajó» tanto, se puso tan abajo, se hizo tan como nosotros... nadie puede decir que no puede llegar a ser como él, incluso más que él, porque nos ofrece la ayuda de su Espíritu para que hagamos obras como las suyas y aún mayores (Jn 14, 12).

• Por eso PODEMOS Y DEBEMOS SER INSTRUMENTOS DE LA PAZ QUE ÉL NOS DEJA
Y DEVOLVER
bien por mal,
perdón por heridas,
amor por odio,
luz por oscuridad,
sencillez contra retorcimiento,
sinceridad contra oscuridad,
fraternidad en lugar de individualismo,
esperanza por desilusión y vacío,
austeridad y compartir en vez de derroche y egoísmo,
denuncia y compromiso contra conformismo o indiferencia

• Por eso nosotros, los que nos hemos enterado de la Victoria de Jesús en la mañana de Pascua escucharemos, aprenderemos, meditaremos, y haremos vida nuestra, cada Palabra y cada gesto de Jesús

+ Procuraremos orar juntos, discernir juntos, orar unos por otros,
+ seguiremos compartiendo la Mesa para demostrar que «somos de Jesús», y lo haremos en memoria suya.
+ Dejaremos de creer que lo más importante es «lo mío», para aprender a pensar, sentir y hacer cada día «lo nuestro»
+ No estaremos tan pendientes de la imagen,
de la opinión de los demás,
de caer bien, de quedar bien,
de amoldarnos a la mayoría...
Para ocuparnos más del «jardín interior», y de reflejar el rostro de Jesús que habita en nosotros.

+ Compartiremos mucho más nuestro tiempo,
nuestro dinero,
nuestras cualidades y responsabilidades (¡sinodalidad!, cómo no),
nuestros sentimientos,
nuestros proyectos,
nuestras debilidades y necesidades.

+ No nos dará vergüenza pedir perdón, ni celebrarlo juntos, ni pensaremos jamás que no tenemos remedio, o que todo está perdido.

+ Y casi todas las noches -casi-, y siempre en los momentos difíciles, diremos sencillamente: Padre, me pongo en tus manos.

• Por último, ya no nos pasa como a María Magdalena: no es que «Dios no está, se me lo han llevado, no sabemos dónde lo han puesto». Sino: que «no está aquí», donde lo habíamos dejado, donde creíamos que estaba. Sino que va siempre por delante de nosotros, abriendo caminos, llevándonos más lejos... y también más arriba y más hacia dentro.

¡Felicidades hermanos! Tenemos un tesoro y una promesa de Dios: «Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria».
Qué bien. ¡¡¡Aleluya!!!

Quique Martínez de la Lama-Noriega

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 16 de abril de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA 160422

“Tú iluminas esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor”

Hoy la Iglesia, la heredera, está de gozo. Su esposo, Cristo, que ha padecido, acaba de resucitar… ¡Alégrate, Iglesia, Esposa de Cristo! La Resurrección de tu Esposo te ha levantado de la tierra en la que los viandantes te pisoteaban con sus pies… ¡Oh maravilla!... Un solo grano ha sido sembrado, y el mundo entero se ha alimentado de él. Como hombre, ha sido inmolado; como Dios, ha sido devuelto a la vida y da vida a la tierra… Como cordero, ha sido degollado, y como pastor, por el cayado de su cruz, ha dispersado el rebaño de los demonios. Como una bujía sobre el candelabro, se apagó sobre la cruz, y como un sol, se levantó del sepulcro. Se han cumplido dos prodigios: el día ha oscurecido cuando Cristo ha sido crucificado, y en su resurrección, la noche ha brillado como el día. ¿Por qué se oscureció el día? Porque, tal como está escrito, “se envolvió en un manto de oscuridad” (Sl 17,12). ¿Por qué la noche ha brillado como el día? Porque, como dice el profeta: “Ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el día” (Sl 138,12).

¡Oh noche más clara que el mediodía! ¡Noche más luminosa que el sol! ¡Noche más blanca que la nieve, más brillante que las antorchas, más dulce que el paraíso! ¡Oh noche que no conoces ninguna tiniebla, que nos alejas el sueño y nos hacer velar con los ángeles! ¡Noche pascual, espanto de los demonios, esperada durante un año! ¡Noche nupcial de la Iglesia, que haces nacer a los nuevos bautizados y despojas al demonio dormido! ¡Noche en la que el heredero introduce a los coherederos en su herencia!


Asterio de Amasía (¿-c. 410)
obispo
Homilía 19 sobre el salmo 15

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 24,1-12


Evangelio según San Lucas 24,1-12
El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado.

Ellas encontraron removida la piedra del sepulcro

y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.

Mientras estaban desconcertadas a causa de esto, se les aparecieron dos hombres con vestiduras deslumbrantes.

Como las mujeres, llenas de temor, no se atrevían a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?

No está aquí, ha resucitado. Recuerden lo que él les decía cuando aún estaba en Galilea:

'Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores, que sea crucificado y que resucite al tercer día'".

Y las mujeres recordaron sus palabras.

Cuando regresaron del sepulcro, refirieron esto a los Once y a todos los demás.

Eran María Magdalena, Juana y María, la madre de Santiago, y las demás mujeres que las acompañaban. Ellas contaron todo a los Apóstoles,

pero a ellos les pareció que deliraban y no les creyeron.

Pedro, sin embargo, se levantó y corrió hacia el sepulcro, y al asomarse, no vio más que las sábanas. Entonces regresó lleno de admiración por lo que había sucedido.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos

Hoy Sábado Santo es el día de la sepultura de Jesús y el descenso a los infiernos. José de Arimatea introdujo el cuerpo de Jesús en el seno de la roca, rodó la piedra y todo fue silencio. Todo calló, la creación contuvo la respiración. Cristo descendió al vacío total del amor. Cristo ha sobrepasado la puerta de la soledad. La soledad del hombre ha sido superada por Jesús que ha pasado por esta misma soledad. El infierno ha sido vencido desde el momento que el amor ha entrado en la región de los muertos y la tierra de la soledad ha sido habitada por Jesús. “Oh vida, ¿cómo puedes morir? Muero para destruir el poder de la muerte y resucitar a los muertos del infierno”.

Este Sábado todo calla, pero en esperanza. El último Adán tiende la mano al primer Adán. La Madre de Dios enjuga las lágrimas a Eva. Todo duerme y espera, también el cuerpo de Jesús que espera las maravillas de Dios. En torno a la roca muerta va a florecer un jardín. Este Gran Sábado no es como los otros, es un sábado especial. Los creyentes seguimos esperando junto a la tumba que encierra el cuerpo amado. El amor no flaquea, no se desespera. El amor todo lo puede, todo lo espera, sabe ser más fuerte que la muerte. La fe y la esperanza, alimentadas por el amor, no se apagan ante la muerte y la soledad que producen el silencio de este sábado.

Santa María de la esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera. Desde la Anunciación María apoyó todos sus anhelos en su Hijo. Cristo es la roca que no pasa y nunca defrauda. Ella esperó contra toda esperanza incluso cuando su Hijo murió en la Cruz. Para los apóstoles la muerte de Jesús fue como el fin de sus esperanzas e ilusiones. No así para María, que continuó su camino por la oscuridad, pero con el corazón lleno de fe y confianza.

Santa María de la esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera y de nuestra esperanza, que sólo se muestran, se demuestran y se avalan en el amor, en las obras de caridad y en la coherencia cristiana de la vida.

Santa María enciende en nosotros la esperanza y nos precede en el camino hacia el encuentro con Dios. Y así como en Ella la esperanza se trasformó en alegría y vida en la mañana de Resurrección, así también en nosotros la esperanza vivida en la caridad se convertirá en alegría, entusiasmo y confianza total en la bondad del Padre Dios que obra maravillas en sus hijos como las obró en Jesús y María, su Madre.

Santa María de la esperanza, mantén el ritmo de nuestra espera…

José Luis Latorre
Misionero Claretiano.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 15 de abril de 2022

COMPRENDIENDO LA PALABRA 150422

"Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13)

Oh Amor, que retienes a mi Jesús, mi dulce salud, tan fuertemente unido a la cruz, que expira bajo tu mano, se muere de amor. Amor, ¿qué estás haciendo? Tú no te ahorras nada ni te das descanso hasta que hayas rescatado a todos los malhechores. Tú no pones medida al amor... Amor, tu experiencia ha tocado el corazón de mi Jesús con tanta fuerza que, roto por el amor, este corazón se ha estrujado. Amor, hete aquí feliz, de aquí en adelante satisfecho, porque mi Jesús se suspende muerto ante sus ojos: muerto, verdaderamente muerto, a fin de que yo tenga la vida en abundancia; muerto, para que el Padre que me adopte como hijo muy amado, muerto a fin de que yo viva más feliz...

Oh muerte que das tantos frutos, de gracia, que bajo tu protección, mi muerte es tranquila y sin temor. Muerte de Cristo que traes la vida, la gracia, me refugio a la sombra de tus alas (Sal 35,8). Muerte de donde brota la vida, haz que una suave chispa de tu amor vivificante arda en mí para siempre. Muerte gloriosa, muerte fructífera, muerte en suma de mi salvación, amistoso contrato de mi rescate, pacto firme de mi reconciliación, muerte triunfante, dulce y llena de vida, en ti brilla para mí con una caridad tal que ni en el cielo y ni en la tierra hemos encontrado otra comparable.

Oh muerte de Cristo, que amo de todo corazón, tu eres la confianza espiritual de mi corazón. Muerte amante, en ti se contienen para mi todos los bienes. Tómame, por favor, bajo tu benevolente protección, a fin que en mi muerte repose dulcemente bajo tu sombra (Ct 2,3). Muerte misericordiosa tu eres mi vida feliz. Tú eres mi mayor suerte (Sal 15,5). Tú, tu eres mi sobreabundante salvación. Tú eres mi más preciosa heredad.


Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina
Ejercicios, VII – 9

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 18,1-40.19,1-42


Evangelio según San Juan 18,1-40.19,1-42
Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar una huerta y allí entró con ellos.

Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia.

Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas.

Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó: "¿A quién buscan?".

Le respondieron: "A Jesús, el Nazareno". El les dijo: "Soy yo". Judas, el que lo entregaba, estaba con ellos.

Cuando Jesús les dijo: "Soy yo", ellos retrocedieron y cayeron en tierra.

Les preguntó nuevamente: "¿A quién buscan?". Le dijeron: "A Jesús, el Nazareno".

Jesús repitió: "Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejEn que estos se vayan".

Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: "No he perdido a ninguno de los que me confiaste".

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco.

Jesús dijo a Simón Pedro: "Envaina tu espada. ¿ Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?".

El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron.

Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año.

Caifás era el que había aconsejado a los judíos: "Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo".

Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice,

mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro.

La portera dijo entonces a Pedro: "¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?". El le respondió: "No lo soy".

Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego.

El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza.

Jesús le respondió: "He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto.

¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho".

Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: "¿Así respondes al Sumo Sacerdote?".

Jesús le respondió: "Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?".

Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás.

Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: "¿No eres tú también uno de sus discípulos?". El lo negó y dijo: "No lo soy".

Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió: "¿Acaso no te vi con él en la huerta?".

Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.

Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua.

Pilato salió a donde estaban ellos y les preguntó: "¿Qué acusación traen contra este hombre?". Ellos respondieron:

"Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado".

Pilato les dijo: "Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la Ley que tienen". Los judíos le dijeron: "A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie".

Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir.

Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?".

Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?".

Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?".

Jesús respondió: "Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí".

Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?". Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz".

Pilato le preguntó: "¿Qué es la verdad?". Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: "Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo.

Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?".

Ellos comenzaron a gritar, diciendo: "¡A él no, a Barrabás!". Barrabás era un bandido.

Pilato mandó entonces azotar a Jesús.

Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto rojo,

y acercándose, le decían: "¡Salud, rey de los judíos!", y lo abofeteaban.

Pilato volvió a salir y les dijo: "Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena".

Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: "¡Aquí tienen al hombre!".

Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: "¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!". Pilato les dijo: "Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo".

Los judíos respondieron: "Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios".

Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía.

Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús: "¿De dónde eres tú?". Pero Jesús no le respondió nada.

Pilato le dijo: "¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?".

Jesús le respondió: " Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave".

Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: "Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César".

Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado "el Empedrado", en hebreo, "Gábata".

Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: "Aquí tienen a su rey".

Ellos vociferaban: "¡Que muera! ¡Que muera! ¡Crucifícalo!". Pilato les dijo: "¿Voy a crucificar a su rey?". Los sumos sacerdotes respondieron: "No tenemos otro rey que el César".

Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron.

Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado "del Cráneo", en hebreo "Gólgota".

Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio.

Pilato redactó una inscripción que decía: "Jesús el Nazareno, rey de los judíos", y la hizo poner sobre la cruz.

Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego.

Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: "No escribas: 'El rey de los judíos', sino: 'Este ha dicho: Yo soy el rey de los judíos'.

Pilato respondió: "Lo escrito, escrito está".

Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo,

se dijeron entre sí: "No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca". Así se cumplió la Escritura que dice: Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica. Esto fue lo que hicieron los soldados.

Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.

Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo".

Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre". Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa.

Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: Tengo sed.

Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca.

Después de beber el vinagre, dijo Jesús: "Todo se ha cumplido". E inclinando la cabeza, entregó su espíritu.

Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne.

Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús.

Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas,

sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua.

El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean.

Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: No le quebrarán ninguno de sus huesos.

Y otro pasaje de la Escritura, dice: Verán al que ellos mismos traspasaron.

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús -pero secretamente, por temor a los judíos- pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo.

Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos.

Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos.

En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado.

Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos

Hoy escucharemos el relato de la Pasión del Señor según San Juan. Quiero destacar un aspecto: la soledad de Jesús. Le traiciona Judas, le abandonan los apóstoles, Pedro le niega tres veces, desaparece la multitud que días antes lo recibía como rey con cantos y palmas a su entrada en Jerusalén… Solo María, su madre, y Juan permanecen al pie de la cruz con algunas mujeres. En este momento difícil el Señor no pudo contar con la compañía y la amistad de los suyos. Todos sabemos qué mala es la soledad en momentos difíciles y qué mal se pasa. Pues esto es lo que vivió Jesús en su Pasión.

Es difícil entender la muerte de Jesús en la cruz sin la luz de la fe. Por la fe sabemos que nada, por absurdo que parezca, es inútil, pues los caminos de Dios no son nuestros caminos y los planes de Dios son inescrutables para nosotros. Pero en la soledad de la cruz, a la muerte de Jesús se manifestaron su gloria y su comunión total con el Padre. Jesús fue el Hijo obediente hasta la cruz porque esa era la voluntad del Padre y Jesús había venido para cumplir los planes del Padre.

En este día de la Cruz los cristianos de todo el mundo estamos invitados a mirar y escuchar la Pasión de Jesús con los ojos del discípulo/amado. En la cruz Jesús sufre por la violencia que le causan los seres humanos concretos. Jesús en la Cruz es icono del dolor ocasionado por la voluntad del ser humano con su hermano. Una violencia que Jesús toma sobre sí y a la que responde no con más violencia, sino con un amor extremo y total. Su actitud y sus palabras pronunciadas en los momentos de su crucifixión y agonía nos enseñan cómo enfrentar la violencia, el desamor y la soledad de los más cercanos.

Jesús sigue siendo crucificado en los millones de personas que pasan hambre cada día, en los mutilados de todas las guerras y en los que están sujetos a condiciones inhumanas de vida y trabajo. Jesús continúa crucificado en los discriminados por ser negros, indígenas, pobres y de otra opción sexual. Pero ninguno de ellos está solo, Jesús camina, sufre y resucita en todos estos compañeros suyos de tribulación y de esperanza. ¡Oh Cristo, amor crucificado hasta el fin del mundo en los miembros de tu cuerpo, haz que hoy podamos comulgar con tu pasión y muerte para poder gustar tu Gloria de Resucitado!

“Te dejaste clavar en la Cruz para derramar sobre todos la luz de tu perdón, y de tu pecho traspasado fluye hasta nosotros el río de la vida”. Ya dijo Jesús: “si el grano de trigo cae en tierra y muere, da fruto”. Para Dios la muerte de Jesús vivida en soledad no fue estéril e inútil, al contrario fue una fuente de vida que hasta hoy fluye, y fluirá sin parar hasta el fin del mundo. ¡Bendita soledad de Jesús en su pasión y muerte que nos ha traído tales torrentes de vida y bendición!

José Luis Latorre
Misionero Claretiano

fuente del comentario CIUDAD REDODNA