sábado, 4 de julio de 2015

El único INSUSTITUIBLE


“Existe queridos hermanos una tentación de los líderes -yo repito, prefiero el término servidores, que sirven- y esta tentación para los servidores viene del demonio, pero la tentación de creerse indispensable, sea cual sea la tarea. El demonio les lleva a querer ser aquellos que mandan, aquellos que están en el centro de todo, y así paso a paso caen en el autoritarismo, en el personalismo y no dejan vivir a las comunidades renovadas en el Espíritu. 
Esta tentación hace que sea eterna la posición a la que ellos se consideran insustituibles, posición que siempre tiene alguna u otra forma de poder o de estar sobre los otros. 
Tengamos esto claro: el único insustituible en la Iglesia es Espíritu Santo, y Jesús es el único Señor. Les pregunto ¿quién es el único insustituible en la Iglesia?, ¡El Espíritu Santo!, ¿Quién es el único Señor? ¡Jesús!. Pero digamos que el Señor Jesús es el Señor, alabemos a Jesús, ¡fuerte! ¡Jesús es el Señor! No hay otros, ¿eh?"
Papa Francisco


El origen de la eficacia

"...humildes pero eficaces porque es el Espíritu que trabaja.No miren tanto en hacer grandes reuniones que muchas veces terminan ahípero sí a las relaciones artesanalesderivadas del testimonio,en familia, en el trabajo, en la vida social, en las parroquias,en los grupos de oración, ¡Con todos!”
Papa Francisco.


Mateo 9, 14-17

“La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra.” Salmo 84, 9
El Evangelio según San Mateo describe “lo nuevo” que Jesús vino a inaugurar. Todo lo “antiguo” adquiría un nuevo significado e importancia en Cristo Jesús, porque el Señor había venido al mundo a promulgar una Nueva Alianza de Dios con su pueblo, a traer la salvación a todas las naciones, no sólo al pueblo de Israel.

Cuando los discípulos de Juan le preguntaron sobre el ayuno, el Señor comparó su presencia entre ellos con la del novio en una fiesta de bodas. Les presentó la figura de una gran celebración, de mucho gozo y contento. Él, el esposo, estaba con ellos. ¿Quién podría ayunar en semejante ocasión? Era hora de compartir el gozo del Novio, tiempo de celebrar la unión de la Novia con un Novio tan magnífico y maravilloso.

Para los judíos, el ayuno significaba un arrepentimiento solemne, un gran anhelo y búsqueda de la acción de Dios. Por eso, ayunar cuando Jesús estaba presente habría sido algo impropio. Él era la respuesta a las oraciones y ayunos del pueblo y en él se limpiaría todo pecado, se curaría toda enfermedad y se resolvería toda injusticia.

Hoy, si después de haber ayunado y orado pidiendo curación, fuéramos sanados de algo, pero en lugar de dar gracias a Dios por su misericordia, continuáramos ayunando y pidiendo la misma sanación, eso sería absurdo. Esto es lo que estaba diciendo Cristo: no se podía seguir ayunando mientras la respuesta a sus oraciones estaba con ellos.

Jesús, el Hijo de Dios, ha venido a nosotros. Su preeminencia se remonta por encima de toda la creación, porque él es el cumplimiento de las antiguas escrituras; él es el “vino nuevo”, el camino, la verdad y la vida. No limitemos su mensaje encajonándolo en los criterios humanos, que empequeñecen nuestro entendimiento de su identidad y, a su vez, limitan su poder en nuestra vida.

En Cristo, todo se ha renovado: la alianza, la ley, y la mente y el corazón de los creyentes. Toda persona que recibe a Cristo experimenta algo nuevo y maravilloso: la restauración de su persona para Dios.

“Jesús amado, tu mensaje supera todo lo que puedo imaginar. Agranda mi corazón, Señor, para recibir lo que quieras revelarme. Forma mi espíritu para seguirte fielmente cuando me lleves por caminos nuevos y diferentes.”

RESONAR de la Palabra - 04 JULIO 2015

Evangelio según San Mateo 9,14-17.
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?".
Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande.
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!".

RESONAR
Fernando Torres Pérez, cmf

Termina la semana con una llamada de Jesús a darnos cuenta de que el Reino es algo totalmente nuevo. No se puede echar vino nuevo en odres viejos. Lo que nos vamos a encontrar en el camino, cuando salimos de lo habitual para seguir a Jesús, es algo radicalmente nuevo. No se parece en nada a lo que hemos vivido o experimentado antes. Es necesario tener los ojos y el corazón bien abiertos para descubrir esa novedad porque corremos el peligro de salir para terminar llegando en una vuelta sin sentido al mismo lugar de donde salimos.

Dicen los entendidos que cuando nos encontramos con algo nuevo, para entenderlo, nuestra mente siempre busca una referencia en las cosas que ya conoce. Por eso, cuando nos encontramos con alguien que ha estado en un sitio diferente y nos empieza a contar cosas, muchas veces le cortamos su relato para decir “eso es como aquí, cuando...”. Lo conocido nos ayuda a conocer, a entender, lo nuevo, lo diferente.

Pero eso no vale con Jesús. No hay nada de lo que hayamos conocido o vivido que nos sirva para entender el Reino. La viejas categorías de la religión no sirven. Jesús no es un sacerdote que nos invite a ir a su templo para adorar a su dios. El Dios de que nos habla Jesús no tiene nada que ver con el dios de tantas religiones, al que hay que aplacar con sacrificios su eterna ira contra nosotros por nuestros pecados. El Dios de que habla Jesús no exige nuestra alabanza en una eterna salmodia. El Dios de Jesús se nos manifiesta en los caminos, llenos de polvo y sudor, se acerca a los pobres y a los que sufren, va dando esperanza y proclamando que toda persona es hijo/a preferido/a suyo. El Dios de Jesús, y el mismo Jesús, está tan apasionado por el bien de los hombres y de todos los hombres, que entrega su vida por nosotros. Es el mundo al revés. No es el Dios que exige nuestro sacrificio sino el Dios que se entrega totalmente por nosotros.

Ese es el vino nuevo que se puede meter en odres viejos. Se romperían y se perdería el vino. Por eso los discípulos no ayunan. Eso pertenece al viejo mundo. Como decía ya el profeta Isaías, “El ayuno que yo quiero de ti es éste, dice el Señor: Que rompas las cadenas injustas y levantes los yugos opresores; que liberes a los oprimidos y rompas todos los yugos; que compartas tu pan con el hambriento y abras tu casa al pobre sin techo; que vistas al desnudo y no des la espalda a tu propio hermano.” (Is 58,6-7)

Buen día, Espíritu Santo!

Buen día, Espíritu Santo!
Tu eres la Fuente Viva que nunca se agota,
por eso al despertarme agradecido porque me has
sostenido en el descanso,
te digo, te suplico:
¡Quiero una porción mayor de Ti!
De todo lo que experimenté quiero mucho más.
Quiero vivir en intimidad Contigo,
y beber de Tu Gracia.
Quiero bucear en el infinito Mar de Amor
que te une con el Padre y el Hijo.
Quiero tener la alegría del pequeño sumergido
en una piscina.
Tener el rostro sorprendido del que se sabe rodeado,
del que experimenta, sumergido en el agua,
que es posible tener los ojos abiertos, bien abiertos,
y ver con claridad.
Busco en Ti el verdadero poder,
el del amor que transforma, que transfigura,
y sentir en mi, hoy, aquí,
en mi realidad concreta, Tu Gloria.
¡Bienvenido!
Bienvenido a mi mañana,
en Tu Presente Eterno,
dime, ¿qué podemos hacer hoy juntos?


ORACIÓN PARA PEDIR LA SERENIDAD

Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar… 

oracionserenidad

“Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
coraje para cambiar las que puedo y sabiduría para ver la diferencia,
para vivir cada día, y aceptar las dificultades como un camino para la paz.
Señor, dame la capacidad de indignarme como hizo Jesús,
con este mundo pecador y también de aceptar que El volvería todo correcto si yo me sometiese a Su voluntad.
Así, yo sería razonablemente feliz en esta vida y extremadamente feliz con El para siempre en el futuro. Amén”

Tu hermano,
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva 
fuente Portal Canción Nueva en español

EL ESPOSO ESTÁ CON ELLOS

San Paciano (¿-c. 390), obispo de Barcelona 
Homilía sobre el bautismo; PL 13,1092

     El pecado de Adán se comunicó a todo el género humano, a todos sus hijos... Es, pues, necesario que también la justicia de Cristo se comunique a todo el género humano; de la misma manera que Adán, por el pecado, hizo perder la vida a su descendencia, así Cristo, por su justicia, dará la vida a sus hijos (cf Rm 5,19s)...

    En la plenitud de los tiempos, Cristo recibió de María un alma y nuestra carne. Esta carne, él vino a salvarla, y no la abandonó en la región de los muertos (Sl 15,10), la unió a su espíritu y la hizo suya. Estas son las bodas del Señor, su unión a una sola carne, a fin de que, según «este gran misterio» sean «dos en una sola carne: Cristo y la Iglesia» (Ef 5,31). De estas nupcias nació el pueblo cristiano, y sobre ellas descendió el Espíritu del Señor. Esta siembra venida del cielo se expandieron rápidamente en la substancia de nuestras almas y se mezclaron con ella. No desarrollamos en las entrañas de nuestra Madre y, creciendo en su seno, recibimos la vida en Cristo. Eso es lo que hizo decir al apóstol Pablo: «El primer hombre, Adán, se convirtió en ser vivo; el último Adán, en espíritu que da vida» (1C 15,45).

    Es así como Cristo, por sus presbíteros, engendró a hijos en la Iglesia, tal como lo dice el mismo apóstol: «Soy yo quien os ha engendrado para Cristo Jesús» (1C 4,15). Y es así como por el Espíritu de Dios, Cristo, por las manos de su presbítero, y con la fe por testigo, hace nacer al hombre nuevo formado en el seno de su Madre y dado a luz en la fuente bautismal... Es, pues, necesario creer que podemos nacer... y que es Cristo quien nos da la vida. El apóstol Juan lo dice: «A cuantos la recibieron les da poder para ser hijos de Dios» (Jn 1,12).

El tiempo oportuno

Tanto las palabras como los silencios, están relacionados con nuestros pensamientos, pero más profundamente con nuestro corazón. Dice la Biblia en Proverbios 23:7 “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” o dicho en otras palabras: somos lo que pensamos. Jesús enseña en Mateo 15:19: “Porque del corazón salen los malos pensamientos”, y los buenos también ¿no? Por eso debemos examinar nuestros pensamientos y hacerlos pasar por el filtro de Filipenses 4:8, que nos dice que : “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Y renovar constantemente nuestra mente y nuestro corazón con la Palabra de Dios, porque como le dijo Dios a Josué : “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley (La Biblia), sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien” Josue 1:8.

En lo que fracasamos, o por lo menos en lo que yo fracaso, es en meditar día y noche en la Palabra de Dios. Porque es esa comunión intima con Dios en oración, y es a través de la sabiduría que nos da su Palabra, que vamos a adquirir la madurez y el entendimiento necesario para saber discernir cual es el momento más apropiado para hablar o para callar.

by Celia Casalengua


viernes, 3 de julio de 2015

CREO


EL PODER DE SANAR

"Llegamos a conocer a Dios como un Dios impotente, que depende de nosotros en y por medio de Jesús. Pero es justamente en esa impotencia donde se nos revela el poder de Dios. No se trata del poder que controla, dicta y ordena. Es el poder que sana, reconcilia y une. Es el poder del Espíritu. Cuando Jesús aparecía en público. la gente quería acercarse a él  'porque salía de él una virtud'  (Lucas 6, 19). 

Es este poder del Espíritu divino el que Jesús quiere darnos. El Espíritu, efectivamente, nos confiere poderes y nos permite ser presencias sanadoras. Cuando estamos llenos del Espíritu no podemos ser sino sanadores."

Henri Nouwen

CON LA FUERZA DEL ESPÍRITU


Testimonio de un sacerdote participante en el Retiro Internacional para obispos y sacerdote


EL PADRE ALFREDO VARGAS DELGADO

Antes de ser sacerdote, hace casi 25 años, viví mi primer retiro con la Renovación Carismática. Mi párroco de aquel entonces apoyaba el movimiento y era la oportunidad para que, a partir de un encuentro con Cristo, los fieles se unieran a la pastoral de la parroquia.

Ese fue mi primer encuentro con el Señor. Desde aquel momento cambió mi vida y comenzó una conversión permanente. Después vino el discernimiento vocacional y hace casi ocho años vivo consagrado al Señor por la ordenación sacerdotal.

Al llegar a mi actual parroquia, me encomendaron al grupo de Renovación. Inmediatamente me invitaron al Retiro Nacional para sacerdotes, que en aquel año se realizó en la ciudad de Guadalajara. Los años que siguieron no pude asistir, pero para este Retiro Internacional me avisaron desde principios del año para que no hubiera pretexto de no asistir.

Y la verdad, no pensaba dejar pasar esta oportunidad. ¿La razón? Es un poco complicado compartirlo, pero creo que es parte de mi sanación, así que trataré de explicarme. Como nos compartieron los obispos Mons. Raúl Berzosa y Mons. José Luis Azcona en el retiro, la edad por la que estoy pasando (los años 40) es algo difícil. Así lo viví en los últimos meses pues vinieron a mi vida algunas crisis: unas de tipo pastoral, en las que me preguntaba de qué han servido estos años de servicio, donde he procurado hacer la voluntad del Señor, pero sin alcanzar a descubrir los frutos de esa entrega.

Otras en relación a logros materiales. Aunque no me considero apegado a los bienes, sí me cuestionaba y me frustraba al enterarme de que algunos compañeros de la universidad donde estudié antes de entrar al Seminario han adquirido cosas o han realizado viajes a diversas partes del mundo y yo… yo bien, gracias.

Y, por último, en la cuestión afectiva. Aunque para ésta me sentía mejor preparado, me llegó esa crisis donde me cuestionaba si había entrado al sacerdocio por no ser capaz de haber formado una familia.

Gracias a una predicación sencilla, pero muy directa, tomando elementos de la Sagrada Escritura o algunas parábolas inspiradas, me fui dando cuenta de mi falta de amor al Señor, a mi ministerio y también a la cruz. Pero también, recordar que el Señor es rico en misericordia y lento para enojarse, que siempre nos da esa oportunidad de arrepentimiento y de comprometernos de lleno a su servicio: para amarlo como él merece ser amado, servirlo en todos mis hermanos, especialmente en los que él ha puesto a mi cuidado, y seguirlo desde la cruz de la soledad, de la incomprensión, de la persecución y de la pobreza (sobre todo la espiritual).

Además de la conversión personal, también se nos habló de la conversión pastoral, para hacer presente a Cristo a todos mis hermanos, anunciando la liberación, no sólo del espíritu sino también del cuerpo, esclavizados desde muchos ámbitos que quieren destruir al hombre y aprovecharse de él. En esto es donde descubro un gran reto. Pero estoy convencido de que el Espíritu del Señor está con nosotros, con todos sus pastores, para trabajar en esta liberación del ser humano.

Sin embargo, para hacer nuestra esta fuerza que viene de Dios, debemos pedirla, no sin antes renunciar a todo lo que nos ata en este mundo. Como nos diría el Cardenal Sandoval, Arzobispo Emérito de Guadalajara: “Debemos entregarle a ‘nuestro hijo’ que tanto amamos” (haciendo referencia al pasaje donde Dios le pide a Abraham a su hijo Isaac). Creo que este fue el proceso en que más me concentré en este retiro: entregarle a Dios a mis ‘hijos’ que tanto amo, para poder amar al Señor en correspondencia al amor que él me tiene.

El jueves hicimos una renovación de nuestras promesas sacerdotales y nos preparamos para una nueva inmersión (bautismo) en el Espíritu Santo, que sería al término de la Misa de ese día. Siento que la mayoría de nosotros, tal vez todos, dejamos que el Espíritu actuara, nos renovara y nos reconquistara, para disponernos con nuevas fuerzas a volvernos a su servicio.

Terminamos nuestro retiro con un propósito claro: hacer vida lo que habíamos recibido a lo largo de estos días de gracia y santidad, salir renovados para renovar el mundo con la fuerza del Espíritu Santo.

Quiero agradecer por este medio a Mons. Raúl y Mons. José Luis por dejarse mover por el Espíritu de Dios y conducirnos en estos días. Gracias a mi Comunidad de ‘Renovados’ de Actopan. Gracias al Obispo de Monterrey, a los padres que ayudaron en la organización y especialmente a todos los fieles laicos que dieron todo de sí para servir y ayudar a los asistentes a este retiro. También gracias especiales a la Comunidad Jésed, que me dio una familia adoptiva muy linda, pues nos ayudó a vivir estos días de reflexión, gozando de su compañía y cariño.


El padre Alfredo Vargas Delgado es vicario parroquial en la Iglesia de San Nicolás de Tolentino, en Actopan, Hidalgo, Arquidiócesis de Tulancingo (México).
fuente Devocionario Católico La Palabra en nosotros.

Juan 20, 25

Santo Tomás, Apóstol
“Si no veo en sus manos la señal de los clavos… no creeré” (Juan 20, 25)

Tomás, el apóstol cuya fiesta celebramos hoy, dudaba de la resurrección de Jesús. Sin embargo, fue un devoto y fiel discípulo de Cristo. Fue él quien, viendo que Jesús estaba en peligro, les sugirió a los demás apóstoles que fueran a Betania con el Señor “para morir con él” (Juan 11, 16).

Cuando Tomás vio a Jesús en persona creyó en él y dedicó toda su vida a seguirlo y servirle. Pero en ausencia de Cristo, venía la duda. Esta duda sólo podía desaparecer con un encuentro personal con el Señor: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto… mi mano en su costado, no creeré”. Jesús le respondió: “No seas incrédulo; ¡cree!” Con fe humilde, Tomás respondió: “¡Señor mío y Dios mío!” (Juan 20, 25.27.28).

Para nosotros, lo importante es observar su cambio de actitud: Tomás tardó en comprender que su postura ante la palabra de los compañeros no había sido razonable, pues tenía ante sí testimonios muy fidedignos, por ejemplo, el de la Magdalena y los discípulos de Emaús.

Por nuestra parte, si queremos conocer a Jesús y proclamar su señorío, nosotros también hemos de tener un encuentro personal con el Señor. Jesús desea que este singular encuentro se produzca por el poder del Espíritu Santo. Nosotros, como Tomás, tenemos una decisión que tomar.

En nuestro diario caminar de fe, podemos optar por ser fieles o infieles; aprender de Cristo o no hacerle caso; aceptar su obra en nosotros o resistirnos; decir la verdad o engañar; enojarnos o ser conciliadores; perdonar o vengarnos.

Después de recibir el derramamiento del Espíritu Santo, Santo Tomás se fue a proclamar la buena nueva de la muerte y la resurrección de Cristo por el Oriente, llegando incluso a las costas de la India donde, según la tradición cristiana, fue martirizado el 3 de julio del año 72. Hoy, los cristianos de la India, de rito malabar, se dicen discípulos “de Santo Tomás”. Y nosotros, los cristianos del rito latino, debemos mostrarnos muy agradecidos por su fidelidad y su confesión de fe, amor y servicio.

“Padre eterno, concédenos la gracia de pedirle diariamente al Espíritu Santo que nos conceda un mayor deseo de conocer personalmente a Jesús como Señor y Salvador nuestro. Así podremos proclamar también: ¡Señor mío y Dios mío!”

Haz de nuestra casa


RESONAR DE LA PALABRA 03 JUL 2015

Evangelio según San Juan 20,24-29.

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".
Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".
Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".
Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".



COMENTARIOFernando Torres Pérez, cmf
Hoy es la fiesta de santo Tomás, apóstol. Es el apóstol por excelencia de los católicos de la India. Dice la tradición que santo Tomás llegó hasta aquellos extremos del mundo conocido de entonces predicando el Evangelio de Jesús. Las tradiciones son eso, tradiciones. Quizá no estén muy aseguradas con argumentos históricos pero de siglo en siglo se han ido adentrando en la conciencia de la gente. Y no es fácil removerlas. Y ni siquiera hay razón para ello. Posiblemente lo más importante sea lo que subyace a la tradición: que la Iglesia en India nace de la misma fe de los apóstoles de la que han nacido las demás Iglesias. Y eso es ya muy importante.

Podíamos dedicar este comentario a Tomás y sus dudas. La historia de que fue el apóstol que se permitió expresar sus dudas antes lo que le decían los demás de que habían visto a Jesús resucitado, le ha dejado siempre en un mal lugar. No está bien visto expresar esas dudas. El que lo hace, aún expresando a veces solamente lo que muchos otros también piensan pero no se atreven a decir, corre el peligro de ser mal mirado por los demás. Tomás al menos fue sincero. Expresó lo que pensaba. Y cuando se encontró con Jesús no tuvo reparo en reconocer el error y confesar su fe. Casi puedo decir que le prefiero a él a todos los demás que callaron sus dudas y pusieron cara de circunstancias y de pensar como los demás. Jesús no quiere en su comunidad gente mediocre ni ovejas de rebaño. Jesús quiere gente con genio, con dudas, con fuerza. Personas capaces de plantear lo que piensan y sienten y de reconocer sin miedo sus errores y sus meteduras de pata. Personas a las que no se les pueden caer los anillos porque no tienen ninguno. Personas dispuestas a predicar la buena nueva de Jesús no sus propios miedos. Personas como Tomás que, según la tradición, llegó hasta la India predicando la buena nueva.

Hoy pido para todas las iglesias y de una manera especial para la iglesia que está en India personas con ese coraje, con esa fuerza, con esa sinceridad como la que tuvo Tomás, capaces de anunciar la buena nueva en el mundo de hoy.

Buen día, Espíritu Santo

¡Buen día, Espíritu Santo!
Respirar Tu Presencia es mi dulce despertar;
Descubrirte Vivo, Presente y Operante
es mi más grande alegría.
Brisa suave, brisa leve,
abre el horizonte!
El horizonte de mi vida.
Dame la gracia de abrir todas mis puertas,
cada una de mis ventanas
para que Tu Aliento,
para que Tu Brisa vuelva a fluir;
y La Caricia de Tu mirada se pose sobre mi,
y el Abrazo de Tu Gracia ablande mis durezas,
afirme mis inseguridades,
renueve mi Fe.


jueves, 2 de julio de 2015

No mas


¿Cómo volverme Libre?

Es más simple de lo que piensas!
La libertad es una conquista de quien no sabe pensar en sí mismo y se lanza en llenar la vida de los otros sin mirar a quien.
El mundo y el diablo buscan locamente convencernos que la libertad es una elección,
que nos tiene como centro a nosotros mismos, nuestros planes y felicidad.
¡Qué bueno es saber que no es nada de eso!
Es libre quien vive para los otros,
quien resuelve para de pensar en su propia vida
e invierte tiempo, esfuerzo, afectos y trabajos en hacer felices a los otros.
Es libre quien ama!
Esa es la medida de la verdadera libertad!

Con oraciones
Ricardo Sá
fuente Mensaje del día portal Canção Nova.


Don de Lenguas - III


Mateo 9, 1 - 8

“Trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla.”Mateo 9, 2
El pecado ha causado horribles estragos en la naturaleza humana, esclavizándonos con la doble aflicción de la destrucción del alma y la enfermedad del cuerpo. Jesús vino a deshacer las obras del pecado y a reconciliarnos con el Padre. La enfermedad más grave es el pecado y la desviación de la razón. Esta condición de enfermedad emocional, espiritual y física no es otra cosa que el resultado de la caída de nuestros primeros padres, vale decir, del pecado.

Jesús vino a destruir el pecado y sus consecuencias, y su obra abarca el ámbito espiritual y el físico. El relato de la curación del paralítico demuestra que Jesús hacía ambas cosas: curaba la parálisis y perdonaba los pecados. Para Jesús, lo más importante es el perdón de los pecados, porque el pecado es el mal en su raíz. Probablemente por eso lo primero que le dijo al enfermo fue: “Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados.”

Muchas veces nosotros pecamos de ser un poco ciegos, porque le damos más atención a la curación física que al perdón de los pecados. La aflicción del cuerpo nos parece mucho más inmediata y todo lo que pensamos es: “Señor, quítame este dolor”, pero lo que más debiera dolernos, por las consecuencias eternas que pueden tener, son las condiciones de egoísmo, arrogancia, envidia o adicción que tengamos. Jesús puede curar cualquier enfermedad, sin duda alguna; pero lo más importante es que nos perdone los pecados.

¿Qué fue lo que el Señor hizo con el paralítico? Los escribas acusaban a Jesús de blasfemia por decir que perdonaba los pecados, pero el Señor, siendo Hijo de Dios, tiene poder para deshacer las obras del diablo. Por eso, dijo: “¿Qué es más fácil: decir ‘Se te perdonan tus pecados’, o decir ‘Levántate y anda’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados… Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Jesús realizó la curación física para demostrar que sus afirmaciones espirituales eran ciertas y verdaderas.
“Jesús, Señor mío, líbrame del pecado y sana mis heridas espirituales y físicas, te lo ruego. Sé que quieres darte a conocer a los incrédulos, por eso deseo ser instrumento tuyo, fiel y dócil, para que demuestres tu poder en el mundo, incluso haciendo curaciones físicas.”

RESONAR DE LA PALABRA - 02 JUL 2015

Evangelio según San Mateo 9,1-8. 
Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad. Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados". Algunos escribas pensaron: "Este hombre blasfema". Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate y camina'? Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". El se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres. 

RESONAR
¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? (Mc 2,7)
San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia 
Homilía sobre el evangelio de Mateo, n° 29, 1

Y he aquí, que le presentaron un paralítico...Por lo demás, Mateo cuenta simplemente que le llevaron al Señor el paralítico; los otros evangelistas añaden que abrieron un boquete por el techo y por él lo bajaron y lo pusieron delante de Cristo, sin decir palabra, pues todo lo dejaban en manos del Señor. 

Porque, viendo la fe de ellos —dice el evangelista—, es decir, la fe de los que lo descolgaron por el tejado. No siempre, en efecto, pedía fe exclusivamente a los enfermos, por ejemplo, si estaban locos o de otra manera imposibilitados por la enfermedad. 
Más, a decir verdad, también aquí hubo fe por parte del enfermo; pues, de no haber creído, no se hubiera dejado bajar por el boquete del techo. Como todos, pues, daban tan grandes pruebas de fe, el Señor la dio de su poder perdonando con absoluta autoridad los pecados y demostrando una vez más su igualdad con el Padre.

Pero notadlo bien: antes la había demostrado por el modo como enseñaba, pues lo hacía como quien tiene autoridad; en el caso del leproso, diciendo: Quiero, queda limpio (Mt 8,3)... En el mar, porque lo frenó con una sola palabra; con los demonios, porque éstos le confesaron por su juez y Él los expulsó con autoridad. Aquí, sin embargo, por modo más eminente, obliga a sus propios enemigos a que confiesen su igualdad con el Padre. 
  
Por lo que a Él le tocaba, bien claro mostraba lo poco que le importaba el honor de los hombres—y era así que le rodeaba tan enorme muchedumbre que amurallaban toda entrada y acceso a Él, y ello obligó a bajar al enfermo por el tejado, y, sin embargo, cuando lo tuvo ya delante, no se apresuró a curar su cuerpo. A la curación de éste fueron más bien sus enemigos los que le dieron ocasión. Él, ante todo, curó lo que no se ve, es decir, el alma, perdonándole los pecados.

Lo cual, al enfermo le dio la salvación; pero a Él no le procuró muy grande gloria. Fueron, digo, sus enemigos quienes, molestándole llevados de su envidia y tratando de atacarle, lograron, aun contra su voluntad, que brillara más la gloria del milagro. Y es que, como el Señor era hábil, se valió de la envidia misma de sus émulos para manifestación del milagro.

Buen día, Espíritu Santo!

¡Buen día, Espíritu Santo!
Quebrada la oscuridad ya no hay esfuerzo en el contemplar...
Todo adquiere su tono real,
su preciso color,
su honda verdad.
Tú que eres la verdadera Luz
¡Ven!, Ven y visítanos en éste día y,
llenos de Ti equilibra nuestras percepciones.
Danos cimentar la vida en lo más puro y verdadero,
en aquello que es duradero,
en lo firme, y lo que no pasa.
Danos el don de Tu mirar.
Una mirada alejada de espejismos e ilusiones vanas.
Danos una mirada sencilla, y profunda.
Capacitada para descubrir Tus signos,
una mirada que no esconda ni evada,
que no intimide ni aleje;
Una mirada que acoja, proteja y acompañe,
una mirada fraterna.
Amén.


DESPOJO - RENUNCIA

El camino a la VICTORIA EN CRISTO del Apóstol Pablo viene como resultado de haberse DESPOJADO de todas esas cosas atractivas que eran un impedimento para entrar en el Poder de Cristo Resucitado… 
Lo que amamos, lo que valoramos, lo que nos importa,tenemos que estar dispuestos a DARSELO al Señor para que la GLORIA de Dios pueda manifestarse en nosotros.

miércoles, 1 de julio de 2015

Serie Don de Lenguas - II


ROSARIO DEL PERDÓN

Te proponemos rezar el “Rosario del Perdón” para que alcanzar la gracia de perdonar cuantas veces sea necesario.

En las cuentas pequeñas
“Yo amo y perdono, yo perdono y amo .. (citar los nombres)”.

Al acabar cada decena, rezar el Gloria y añadir:
Señor Jesús, bendice (cita el nombre de la persona a quien estás perdonando) y ayúdame a perdonarlas, amarlas, bendecirlas y aceptarlas como son.


Primer MisterioPrimer Misterio
En el primer misterio, pido perdón a Jesús que oró y sudó sangre en el huerto, porque muchas veces me dejo llevar por el orgullo y egoísmo, por la vanidad y la rabia.


 Segundo MisterioSegundo Misterio
En el segundo misterio, pido perdón a Jesús pues El fue azotado en la casa de Pilatos. Yo, muchas veces, me dejo llevar por los celos y por el pecado de la lengua, por la envidia, autosuficiencia, hipocresía, pereza y mentira.



 Tercero MisterioTercer Misterio
En el tercer misterio pido perdón a Jesús, que fue coronado de espinas. Pido perdón porque me dejo llevar por los malos pensamientos, malas palabras, condenaciones, impurezas e infidelidades.



 Cuarto MisterioCuarto Misterio
En el cuarto misterio pido perdón a Jesús que cargó la cruz, pues muchas veces cometo pecados por falta de aceptación, por reclamar y murmurar, negándome a cargar mi propia cruz.


Cuinto MisterioQuinto Misterio
En el quinto misterio, pido perdón a Jesús que fue crucificado para perdonar mis pecados pero yo, lamentalemente, no perdoné a aquellos que se equivocaron conmigo.


Señor Jesús, de lo alto de la cruz, me enseñaste a perdonar.
Ayúdame también a amar a las personas.
Al final, reza el canto de María:


Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
El hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre.
Gloria al Padre.
(cf. Lc 1,46-55).

Lo que te toca es decidirte por Jesús.
A partir de tu decisión, la gracia de Dios vendrá en tu socorro, dándote la gracia del perdón.
Tenemos aquí una arma preciosa para nosotros, valientes guerreros del Señor. Ningún combatiente puede dispensar de esta arma: El Rosario del Perdón.
Es necesario renovarlo siempre. ¡Vivamos el perdón en todo tiempo!.
Abraza esta decisión.

Dios te bendiga
Retirado del Libro ‘Combatientes en el Perdón”
fuente CANCIÓN NUEVA

Nuestra mente, campo de combate

Meditando Mateo 8, 28-34


El Evangelio de hoy es un poco impresionante. Pocos hemos presenciado manifestaciones demoníacas fuertes, o casos de exorcismo como el de los endemoniados de Gadara, según nos cuenta hoy San Mateo. La Escritura dice claramente que Satanás es un ángel rebelde y enemigo de Dios, decidido a destruir los planes divinos y engañar a los humanos a fin de arrastrarlos a la condenación.

Por ejemplo, San Pedro no se dio cuenta de que su sugerencia de que Jesús evitara la cruz, aunque bien intencionada, era en realidad un pensamiento incitado por Satanás, para impedir que Jesús llevara a cabo la salvación que Dios deseaba para el género humano (Mateo 16, 21-23).

Nuestra mente también es campo de combate, porque mientras el Espíritu Santo trata de inspirarnos y guiarnos al bien, el enemigo trata de confundirnos y desanimarnos. ¡Qué importante es, pues, educar la conciencia según las verdades de la fe! Llenemos nuestro corazón de la gracia de Dios mediante los sacramentos y permanezcamos en la presencia del Señor, pensando siempre en todo lo que es verdadero, noble, recto y puro (v. Filipenses 4, 8).

San Pablo nos exhorta a resistir al demonio poniéndonos toda “la armadura de Dios” (Efesios 6, 11), porque el maligno trata de desviarnos del camino con todos sus engaños y artimañas, desde la tentación de creer que Dios no nos quiere y que el diablo en realidad no existe, hasta tratar de convencernos de que nos destruyamos nosotros mismos usando las drogas, la corrupción y hasta el suicidio. Pero cuando nos damos cuenta de que estas son tentaciones, podemos rechazarlas invocando el poderoso nombre de Jesús.

Querido hermano, si te parece que el demonio te tiene por las cuerdas, con insinuaciones, tentaciones o pensamientos contrarios a la verdad, recuerda que el Señor dijo a sus discípulos: “Les he dado poder para aplastar serpientes y escorpiones y para vencer toda la fuerza del enemigo” (Lucas 10, 19). De modo que, ten ánimo, y no te dejes vencer por el mal. Practica el bien, acércate más al Señor, haz oración y no dejes de tener la mirada fija en Cristo. Si lo haces con fe y persistencia, el demonio no te molestará.
“Señor Jesús, mi Salvador, en ti confío y en ti me refugio. Rechazo decididamente a Satanás y me entrego en tus manos tiernas y amorosas. Espíritu Santo, ilumina mi mente para reconocer y rechazar los ataques del enemigo.”

VENGA TU REINO

Del libro de santa Teresa de Ávila sobre el Camino de perfección.
(Cap. 30, 1-5)

¿Quién hay, por disparatado que sea, que cuando pide a una persona grave no lleva pensado cómo pedirla, para contentarle y no serle desabrido, y qué le ha de pedir, y para qué ha menester lo que le ha de dar, en especial si pide cosa señalada, como nos enseña que pidamos nuestro buen Jesús? Cosa me parece para notar. ¿No pudierais, Señor mío, concluir con una palabra y decir: «Dadnos, Padre, lo que nos conviene»? Pues a quien tan bien lo entiende todo, no parece era menester más.

¡Oh Sabiduría eterna! Para entre vos y vuestro Padre esto bastaba, que así lo pedisteis en el huerto: mostrasteis vuestra voluntad y temor, mas os dejasteis en la suya. Mas a nosotros nos conocéis, Señor mío, que no estamos tan rendidos como lo estabais vos a la voluntad de vuestro Padre, y que era menester pedir cosas señaladas para que nos detuviésemos en mirar si nos está bien lo que pedimos, y si no, que no lo pidamos. Porque, según somos, si no nos dan lo que queremos (con este libre albedrío que tenemos), no admitiremos lo que el Señor nos diere; porque, aunque sea lo mejor, como no vemos luego el dinero en la mano, nunca nos pensamos ver ricos.

Pues dice el buen Jesús que digamos estas palabras en que pedimos que venga en nosotros un tal reino:
Santificado sea tu nombre, venga en nosotros tu reino.
Ahora mirad, qué sabiduría tan grande de nuestro Maestro. Considero yo aquí y es bien que entendamos, qué pedimos en este reino. Mas como vio su majestad que no podíamos santificar, ni alabar, ni engrandecer, ni glorificar este nombre santo del Padre eterno, conforme a lo poquito que podemos nosotros (de manera que se hiciese como es razón), si no nos proveía su majestad con darnos acá su reino, por ello lo puso el buen Jesús lo uno cabe lo otro. Porque entendamos esto que pedimos, y lo que nos importa importunar por ello, y hacer cuanto pudiéremos para contentar a quien nos lo ha de dar, os quiero decir aquí lo que yo entiendo. El gran bien que me parece a mí hay en el reino del cielo, con otros muchos, es ya no tener cuenta con cosa de la tierra, sino un sosiego y gloria en sí mismos, un alegrarse que se alegren todos, una paz perpetua, una satisfacción grande en sí mismos, que les viene de ver que todos santifican y alaban al Señor, y bendicen su nombre y no le ofende nadie. Todos le aman, y la misma alma no entiende en otra cosa sino en amarle, ni puede dejarle de amar, porque le conoce. Y así le amaríamos acá, aunque no en esta perfección, ni en un ser; mas muy de otra manera le amaríamos de lo que le amamos, si le conociésemos.

Serie: Don de Lenguas - I


Discernimiento según San Ignacio

«Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestros corazones»
Col 3,15San Ignacio de Loyola (1491-1556), fundador de la Compañía de Jesús
Ejercicios espirituales: reglas para un mejor discernimiento de espíritus

Es propio de Dios y de sus ángeles, en sus mociones, dar una verdadera alegría y gozo espiritual, alejando toda tristeza y turbación suscitada por el enemigo. Por el contrario, es propio de éste último luchar contra esta alegría y consolación espiritual, proponiendo aparentes razones, sutilezas y continuados sofismas. Tan sólo Dios nuestro Señor da al alma la consolación sin causa precedente. En efecto, es propio del Creador, entrar, salir, producir mociones en el alma, atrayéndola toda entera al amor de su divina Majestad. Digo sin causa, es decir, sin ningún sentimiento anterior ni conocimiento de un objeto gracias al cual vendría esta consolación...

Es propio del ángel malo, que se transforma en «ángel de luz» (2Co 11,14), ir primeramente en el mismo sentido del alma fiel y, para después, llevarla hacia el suyo. Es decir, que propone pensamientos buenos y santos, de acuerdo con el alma justa, y, seguidamente, poco a poco, intenta llevarla hacia sus fines arrastrando al alma a sus secretos engaños e intenciones perversas.

Debemos estar muy atentos al curso que siguen nuestros pensamientos. Si el principio, a la mitad y al final son enteramente buenos, orientados hacia el bien, es signo que son del buen ángel. Pero si el curso que siguen nuestros pensamientos nos lleva finalmente a alguna cosa mala o que nos distrae o menos buena de lo que el alma tenía en proyecto al comenzar, o que lo disminuye, inquieta o turba al alma quitándole la paz, la tranquilidad y el descanso que tenía previamente, esto es un signo claro que viene del mal espíritu, enemigo de nuestro progreso y de nuestra salvación eterna... A los que andan de bien en mejor, el buen ángel les toca el alma de manera dulce, ligera y suave, tal como una gota de agua que entra en una esponja. El maligno la toca de manera punzante, con ruido y agitación.

RESONAR de la PALABRA - 01 JULIO 2015

Evangelio según San Mateo 8,28-34.
Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino.
Y comenzaron a gritar: "¿Que quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?"
A cierta distancia había una gran piara de cerdos paciendo.
Los demonios suplicaron a Jesús: "Si vas a expulsarnos, envíanos a esa piara".
El les dijo: "Vayan". Ellos salieron y entraron en los cerdos: estos se precipitaron al mar desde lo alto del acantilado, y se ahogaron.
Los cuidadores huyeron y fueron a la ciudad para llevar la noticia de todo lo que había sucedido con los endemoniados.
Toda la ciudad salió al encuentro de Jesús y, al verlo, le rogaron que se fuera de su territorio.


COMENTARIOFernando Torres Pérez, cmf

Las lecturas de estos días parece que siguen una misma dirección. Todas de una manera o de otra hablan de salir y de lo que puede pasar en el camino. Salir es siempre arriesgado. El que sale se tiene que enfrentar a lo desconocido y eso siempre nos resulta difícil. Preferimos atenernos a lo conocido, al ámbito en el que nos sentimos seguros y a salvo.

A veces las circunstancias de la vida nos empujan a salir de nuestro ámbito de seguridad, de nuestra casa. Es el caso de Agar y su hijo. Abraham se ve forzado, aunque eso no le exime de culpa, de su casa por los celos de Sara que quiere asegurar el futuro de su hijo: pretende que sea el único heredero. Situados en la perspectiva del Reino, quizá debamos pensar que se perdió en aquel momento una magnífica oportunidad para que los pueblos viviesen unidos. Quizá si Agar se hubiese quedado en la casa de Abraham con su hijo, que convivía normalmente con el hijo de Sara, hoy serían diferentes las relaciones entre los israelitas y los árabes. Quizá. Porque son dos pueblos que son hermanos (¡qué pueblos no son hermanos si partimos de la base que todos somos hijos de Dios!).

Pero eso es hacer política ficción. Lo cierto es que Agar se ve empujada al desierto con el agua justa para sobrevivir. Llega a una situación de desespero. Pero, como dice el refrán: “Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.” En el mismo desierto en el que pensaba morir, se encuentra con un poco que le da la vida. Dios no deja que mueran ni ella ni el niño. En el camino ha encontrado la esperanza. Lo desconocido se torna amigable para ella. Se ha encontrado con el Dios de la vida donde ella esperaba ya sentada la muerte.

Claro que no siempre nos gusta que nos saquen de nuestra seguridad. Los gerasenos vivían muy tranquilos. Sus endemoniados eran un problema pero lo tenían localizado al haberlos encadenado en el cementerio. Los gerasenos vivían tranquilos. No habían pensado que para Jesús, el enviado de Dios, la salud, la vida, de aquellos endemoniados era más importante que todos los cerdos del pueblo. Quizá fuera posible que los gerasenos deseasen verse libres de los endemoniados. Pero no al precio de perder su riqueza, su comodidad, su seguridad. Era preferible que aquellos hombres sufriesen si ése era el precio a pagar por vivir bien. Lo que hace Jesús no les gusta. Por eso, le echan del país. Sin contemplaciones. Sería interesante examinar en qué zonas de nuestra vida no queremos que entre Jesús porque, aunque un poco endemoniados, preferimos no movernos de donde estamos.

¡Buen día, Espíritu Santo!

¡Buen día, Espíritu Santo!
Despertar me hace comprender Tu Amor infinito,
Amor que sustenta y eleva,
Amor que regenera y restaura.
Bendita Tu Capacidad de hacer nuevas todas las cosas!
Bendita Tu Paciente espera,
Tu amorosa dedicación,
Tu confianza infinita.
Dame Tu sentir,
Otórgame Tu Gracia.
Enséñame a transitar Tus senderos,
guiado sólo por Tu Sabiduría,
sostenido sólo por tu Gracia.
y en íntima confianza
estar Contigo en íntimo diálogo de Amor.