sábado, 11 de julio de 2015

RESONAR de la PALABRA - 11 Julio de 2015

Evangelio según San Mateo 10,24-33.
Jesús dijo a sus apóstoles:
"El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.
Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!
No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido. Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas. No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena. ¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo. Ustedes tienen contados todos sus cabellos.No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros. Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo. Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."

RESONAR
Queridos amigos, paz y bien.

No es muy agradable el panorama que se nos presenta hoy tampoco. Ayer se nos enviaba como ovejas en medio de lobos, y hoy se nos promete la palma del martirio. No es algo que esté hecho para todos, lo de ser mártir, digo. Es un don de Dios. En 2010 se estrenó una película, De dioses y hombres, sobre un grupo de monjes que fueron martirizados en Argel por causa de su fe. Toda la película muestra la evolución y la lucha por la que van pasando los monjes, desde el miedo y el rechazo, las ganas de escapar, hasta la serena aceptación de la voluntad de Dios. Eran personas consagradas, que se habían entregado ya una vez a Cristo, y fueron fieles hasta el final. Como nuestros Beatos Mártires Claretianos de Barbastro.

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Toda la semana hemos estado reflexionando sobre la fe, y cómo la fe influye en nuestra vida, nos sana o nos permite seguirle, a pesar de todas nuestras debilidades.

Todo lo que sucede en nuestra vida sirve para los planes de Dios, si lo aceptamos y lo meditamos en el corazón, como María. Lo bueno, se acepta rápidamente. Lo malo, con más dificultad. Y Jesús avisa con claridad: Dios cuida de nosotros, está cerca, incluso cuando sufrimos. Porque Él sufrió lo indecible, para nuestra salvación y la de todos los hombres.

Saber dar gracias en la prosperidad, y saber ser fuertes en la adversidad. Eso es lo que debemos pedir, dar gracias cuando todo va bien. Y pedir, cuando algo va mal. Hoy es un buen día para recordar a todos los fieles que sufren por causa de su fe. Recemos por ellos, para que puedan sentir el consuelo de Cristo en el sufrimiento, y ser fieles, a pesar de todo.

Tu hermano en la fe,
 Alejandro, C.M.F.

Nuestra Identidad - II


viernes, 10 de julio de 2015

¿Cómo enfrentas un nuevo día?


Cuando una persona camina por fe, se levanta por la mañana diciendo: ” Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre “. Salmo 23:6. Pero ya sabes, el vaso se puede ver medio lleno o medio vacío. Supongo que cuando nos enfentamos a un día lleno de problemas y preocupaciones, nos cuesta ver y vivir la realidad de ese versículo. Es verdad que no sabemos como acabará el día; pero a pesar de todo lo que ocurra Dios suplirá todo lo que necesitemos. Cada día lo podemos enfrentar en derrota o en victoria y como dice en Romanos 8:37, ” Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”.

” Cualquiera puede llevar esta carga, a pesar de lo que pesa, hasta la noche. Cualquiera puede hacer este trabajo, a pesar de lo difícil, por un día. Cualquiera puede vivir dulce, paciente,amada y puramente , hasta que caiga el sol. Y esto es lo que la vida realmente significa.” Robert Louis Stevenson. Así que, no os afaneis por el día de mañana… Mateo 6:34.

¿ Porqué escribo estás cosas ? porque últimamente estoy pensando que an la Biblia tenemos preciosas y grandísimas promesas, que solo se pueden hacer realidad en nuestras vidas si ejercemos fe. Es através de la fe que podemos disfrutar de lo que Dios nos ha prometido, aunque nos parezca imposible. Así le ocurrió a Sara, Zacarías, Elisabet y otros muchos personajes de la Biblia. A Marta Jesús le dijo: ” ¿ No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?. Luego se dirigió al cementerio y llamó a Lázaro levantándolo de la tumba. Juan 11:40.

Podemos presentar nuestros problemas ante Dios, como lo haría un niño, con total confianza de que solo El puede componer lo que esté roto. Abre tu Biblia y permite que el Espíritu Santo siembre en tu corazón las semillas de fe que puedan florecer en tu interior al esperar en el Señor. No dejes de pedir, buscar y golpear… por más urgencia que sientas de “hacer lago”.

” ¿ Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿ Se tardará en responderles?. Les digo que si les hará justicia, y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo de Hombre, ¿ encontrará fe en la tierra?”. Lucas 18:7-8 ¿ Creerás?. Se trata de creer que Dios hará lo que solo El puede hacer. Eso honra a Dios. Y El busca un fe que pueda anclarse en su Palabra y esperar en El. Enfrenta cada día en fe, confiando en el Dios de los imposibles.

LAS COSAS A SU TIEMPO


puntualidad-de-dios¡Tantas veces intentamos forzar las cosas para que ocurran y tratamos de imponer nuestro criterio por encima del de otras personas, creyéndonos en posesión de la verdad y de la opinión más sabia! Puede que estén o no equivocados, pero también tienen derecho a equivocarse y tomar las decisiones que crean convenientes.

En nuestra humanidad acabamos desesperándonos muchas veces porque queremos que las cosas ocurran ya. Pero todo tiene su tiempo. Hay tiempos para reír y hay tiempos para pasarlo bien, otros para pasarlo mal y sufrir; porque el sufrimiento también es parte de la vida aunque no nos guste y queramos huir de él apresuradamente. Dios tiene sus propósitos para cada uno de los tiempos que nos toque vivir y debemos dejarle obrar en su voluntad perfecta. Pero confieso que me cuesta descansar en Dios. Sin embargo estoy aprendiendo que las cosas solo ocurren en el tiempo de Dios. El kairos, el tiempo oportuno y diseñado desde el cielo, dónde Dios interviene en la vida de los hombres.

Los seres humanos vivimos en una lucha continua y directa entre lo emocional y lo racional. Queremos saberlo todo y controlarlo todo. No nos gusta la incertidumbre y eso nos lleva a ser impacientes, a hacer y decir cosas que no debiéramos y que no son apropiadas. Porque la realidad es que hay muchas cosas que están fuera de nuestro alcance y de nuestro control y nada podemos hacer. Y las intervenciones divinas no ocurren cuando queremos o esperamos, sino en el kairos, es decir en el tiempo de Dios.

Dios tiene su propio horario, y debemos confiar en la voluntad de Dios, confiar en Su manera de hacer las cosas y confiar en Su horario, en vez de tratar de imponerle el nuestro.

Si realmente creyéramos que Él tiene lo mejor para nosotros ¿no le permitiríamos llevar a cabo sus planes como Él considerara mejor? Dios es Soberano, Él tiene todo en sus manos; Él no se tarda, y tampoco llega antes; Él sabe cómo y cuándo hacer las cosas. Nosotros necesitamos esa dirección que proviene del cielo, confiando en su bondad y poder.

No basta con seguir el camino correcto, sino que debemos hacerlo en el momento adecuado. Para ello necesitamos estar en sintonía con Dios y con sus propósitos eternos. Mantener una perspectiva eterna. La vida terrenal no es más que una pequeña porción de la eternidad.

Debemos aceptar lo que nos venga en la vida, pero no podemos hacerlo en nuestras fuerzas sin caer en la desesperación y el desaliento; Jesucristo dijo: “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” Mateo 11:28. La Biblia nos llama a arrepentirnos de nuestros pecados y creer en Cristo para nuestra salvación y a entregarle el control de nuestras vidas. Solamente la fe y la confianza en Dios nos fortalecen para aceptar y perseverar sin importar lo que suceda en nuestra vida.

Cuando el tiempo de Dios no coincide con nuestras expectativas, tenemos dos opciones: tomar la iniciativa o esperar en Él. Tomar atajos para escapar de las dificultades o del sufrimiento, nunca es la respuesta a nuestros problemas. La única manera de recibir todos los beneficios que Dios tiene para nosotros es confiar en Él y esperar pacientemente a que actúe a nuestro favor.

Celia Casalengua

No más grande... sólo servidor

“El servidor no es más grande que su amo”
Afraates (¿-c. 345), monje, obispo cerca de Mossul
Las Disertaciones, nº 21

Jesús ha sido perseguido como lo fueron los justos [del Antiguo Testamento], para que, los perseguidos hoy, sean también consolados; esos que son perseguidos a causa de Jesús perseguido. Porque él mismo nos ha escrito y metido en el corazón: “Si a mi me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Puesto que os persiguen porque no sois del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Jn 15,19-20; 17,14). Antes, en efecto, nos había escrito: “Vuestros padres os entregarán, vuestros hermanos y vuestros parientes, todo el mundo os odiará a causa de mí”. Y nos enseñó también: “Cuando os harán comparecer ante los jefes, los magistrados y los reyes del mundo, no os preocupéis por lo que diréis, o como debéis responder: soy yo quien os dará un lenguaje y una sabiduría tal que vuestros adversarios no os podrán vencer, porque no soy vosotros quienes hablaréis, sino que el Espíritu de vuestro Padre será quien hablará por vosotros”.

Es este Espíritu el que, por boca de Jacob ha hablado a Esaú, su perseguidor; es el Espíritu de sabiduría que ha hablado al Faraón por boca de José perseguido; es el Espíritu quien, por boca de Moisés, ha hablado en todos los milagros que éste hizo en el país de Egipto…; es este el Espíritu el que cantaba por boca de David perseguido para apaciguar a Saúl, su perseguidor, del mal espíritu ; es de este Espíritu que había sido revestido a Elías, con el que dio una reprimenda a Jezabel y a Acab su perseguidor…; es este Espíritu el que ha reconfortado a Jeremías y le hizo mantenerse audazmente firme, para corregir a Sedecías; es el Espíritu que ha guardado a Daniel y a sus hermanos en el país de Babilonia; este mismo Espíritu es el que ha salvaguardado a Mardoqueo y a Ester en el país donde vivían cautivos.

Escucha, amigo mío, el nombre de los mártires, confesores y perseguidos: Abel, Jacob, José, Moisés, Josué, Jefté, Sansón, Gedeón y Barac, David, Samuel, Ezequías, Elías, Eliseo, Miqueas, Jeremías, Daniel, Ananías y sus hermanos, Judas Macabeo y sus hermanos… Pero el martirio de Jesús ha sido el más grande y el mejor de todos: ha sobrepasado en tribulaciones y en confesión a todos los anteriores y a todos lo que vendrán.

EL DIOS DE NUESTROS DESEOS

Ron Rolheiser
Trad. Benjamín Elcano, cmf
lunes, 6 de julio de 2015

Lo que descansa más profundo dentro de la fe auténtica es la verdad de que Dios es el objeto de todo deseo humano, sin importar qué terreno y pecaminoso pudiera a veces parecer ese deseo. Esto implica que todo lo que deseamos se contiene en Dios. Vemos esto expresado en los salmos, que nos dicen que Dios es el objeto de nuestros deseos, y en Jesús, que nos dice que es en Dios donde nuestras hambres y sedes más profundas serán saciadas. Y así oramos, acaso sin ser siempre en realidad conscientes de lo que decimos: Mi alma te ansía de noche. Tú solo, Señor, puedes llenar mi corazón. Tú, Señor, eres mi todo. Pero, de hecho, es Dios por quien suspiramos de noche y por lo que sufrimos en nuestros deseos.

¿Creemos, en realidad, que Dios es el real objeto de nuestros deseos? Cuando miramos a todo lo que es bello, lleno de vida, atractivo, sexualmente seductor y placentero en la tierra, ¿pensamos, de hecho, y creemos que esto se contiene de una manera infinitamente más rica en Dios y en la vida a la que Dios nos invita a adentrarnos? ¿Pensamos, en realidad, que las alegrías del cielo superarán a las alegrías de la tierra y que, ya en este mundo, los placeres de la virtud aventajan a las sensaciones del pecado? ¿Pensamos, de hecho, que la fe nos dará lo que deseamos?

Parecería que no. Nosotros y la mayoría de todos los demás luchamos por volver nuestra atención hacia Dios. Encontramos la práctica religiosa y la oración más como una ruptura de la vida que una entrada en ella, más un deber que una oferta, más un ascetismo que un gozo, y más como algo que nos tiene pasando por alto en la vida que entrando en sus profundidades. En la mayoría de nosotros, si somos honrados, hay una secreta envidia de aquellos que sondean atolondradamente energía sagrada para su propio placer, esto es, hacemos obstinadamente nuestro deber al comprometernos a algo más alto, pero, como el hermano mayor del Hijo Pródigo, generalmente servimos a Dios por obligación y estamos amargados por el hecho de que otros muchos no lo hagan. A este lado de la eternidad, con frecuencia la virtud envidia al pecado; y, a decir verdad, esto es particularmente verdadero con relación a la sexualidad.

Pero, en parte, esto es natural y un signo de salud, dado que la cruda realidad de nuestra corporalidad y las presiones del momento presente se imponen naturalmente sobre nosotros de un modo que pueden hacer que las cosas de Dios y del espíritu parezcan abstractas e irreales. Eso es simplemente la condición humana, y Dios, sin duda, lo entiende. Tendrías que ser un verdadero místico para estar por encima de esto.

Sin embargo, puede ser útil insistir más explícitamente en algo que profesamos en la fe, a saber, que todo lo que encontramos atractivo, bello, irresistible, erótico y placentero aquí en la tierra se encuentra, incluso más completamente, dentro de su fuente, Dios. Dios tiene mejor aspecto que cualquier estrella de cine. Dios es más inteligente que el científico o filósofo más brillante. Dios es más ingenioso y divertido que el mejor de nuestros cómicos. Dios es más creativo que cualquier artista, escritor o innovador de la historia. Dios es más sofisticado que la persona más docta de la tierra. Dios es más exuberante que cualquier persona joven. Dios es más popular que cualquier estrella de rock. Y -no lo menos- Dios es más erótico y sexualmente atractivo que cualquier mujer, hombre o imagen sexual de la tierra. Normalmente no pensamos eso ni creemos esto acerca de Dios, pero esas declaraciones son dogma tanto como son las más estrictas doctrinas de la iglesia inscritas en los anales de la historia. Todo lo que es seductor en la tierra está dentro de Dios, incluso en forma más rica, porque Dios es su autor.

Con todo, eso no quita -ni debe quitar- que el poder de las cosas terrenas seduzca. Incontables cosas pueden abrumarnos con su maravillosa realidad: una persona bella, una puesta de sol, una pieza de música, una obra de arte, la exuberancia juvenil, la inocencia de un bebé, el ingenio de alguien, los sentimientos de intimidad, los sentimientos de nostalgia, un vaso de vino en la tarde apropiada, una agitación en nuestra sexualidad o, lo más profundamente de todo, un iniciado sentido de la unicidad y el alto precio de nuestras propias vidas. Necesitamos honrar estas cosas y dar gracias a Dios del don, incluso mientras nos hacemos conscientes de que todo esto se encuentra más ricamente en Dios y que no perdemos nada cuando la virtud, la religión y el compromiso nos piden sacrificar estas cosas por algo más alto. Jesús mismo promete que cualquier cosa a la que renunciamos por lo que es superior se nos devolverá al ciento por uno.

Sabiendo esto, deberíamos vivir nuestras vidas gozando plenamente de lo que es terreno y terrenal. Las bellezas y placeres de esta vida son un don de Dios, dispuestos para ser gozados. Pero, al ser conscientes de su fuente, entonces podemos también ser suficientemente libres de aceptar los verdaderos límites que la vida pone a nuestros deseos. Y, mejor incluso, necesitamos no temer la muerte, ya que lo que perdemos será sobrepasado al ciento por uno con lo que ganamos.

RESONAR de la PALABRA - 10 Julio 2015

Evangelio según San Mateo 10,16-23.
Jesús dijo a sus apóstoles:
"Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre."

COMENTARIO
Queridos amigos, paz y bien.

Vaya panorama. Si éste es el futuro que espera a los seguidores de Jesús, la verdad, no apetece mucho seguirle. Aunque, por otro lado, es de agradecer que el Señor sea sincero. Jesús habla como profeta, desde su experiencia. No nos enfrentamos a un camino de rosas, más bien, hay muchas piedras. En el mundo hay mucha violencia, mucho mal, y nosotros tenemos que ser un freno, un cortafuegos ante ese círculo vicioso, de violencia que responde a la violencia.

A la vez, se nos ofrece también una palabra de aliento y esperanza. No todo está perdido. Pero hay que guardar una serie de normas. Por eso, las notas del discípulo han de conjugar la sencillez de la paloma y la astucia de la serpiente.

El evangelio nos recuerda las características de los discípulos: deben tener fe (confianza) en el poder y bondad de Dios. Curiosamente, a veces parecen tener más fe los demás que los propios discípulos (el leproso, los que traen al paralítico, la hemorroísa, el capitán romano, la mujer sirofenicia...) Los discípulos son gente de poca fe. Parece una fe que no llega a la altura de lo que se espera de un discípulo; una fe "quebrantada", dudosa, débil, temerosa en medio del fracaso. Si nosotros nos sentimos así también, podemos mirar a los apóstoles y pensar que es posible cambiar. Necesitamos poner nuestra fe, nuestra confianza en Jesús para enfrentar con éxito los rechazos y persecuciones.

Los cristianos vivimos en el mundo, y tenemos que relacionarnos con todos. Debemos tener cuidado, se trata de no ser ingenuos, sino de ser prudentes. Esto nos remite a la astucia de la serpiente. A la vez, confiar mucho en Dios, en su Espíritu, ser sencillos, sabiendo que Él nos dirá lo que debamos decir. Esto nos refiere a la parte de la sencillez.

El panorama, lo que tendrá lugar antes del triunfo definitivo de Cristo no es una perspectiva halagüeña. Hasta las mismas relaciones en la familia se enturbian. El que soporte ser odiado por causa de Cristo, como lo hicieron multitud de mártires a lo largo de la historia, se salvará.

Se trata, en definitiva, de perseverar en el obrar contra el mal, cercanos a los hombres, intentando huir de los perseguidores, con la certeza de que, en nuestra historia, seguimos esperando la venida del Hijo del hombre, con su victoria definitiva sobre el mal y sobre la muerte.

Tu hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.

Buen día, Espíritu Santo!



jueves, 9 de julio de 2015

RESONAR DE LA PALABRA - 09 Julio 2015

Evangelio según San Mateo 10,7-15.
Jesús dijo a sus apóstoles:
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."
No lleven encima oro ni plata, ni monedas,
ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.
Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.
Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.
Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.
Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.

COMENTARIO
Queridos amigos, paz y bien.

El final del Evangelio de Mateo recuerda a los lectores que deben hacer discípulos de todas las naciones, bautizándolas..., enseñándoles... Usa la expresión hacer discípulos, mientras que otros evangelistas, Marcos y Lucas tienen sólo anunciar.

Ayer se hablaba en general, y hoy se concreta el estilo y la forma de actuar. Es que la misión al estilo de Jesús, en nombre de Jesús, no se puede hacer de cualquier manera. Confiando en Él, poniendo todo lo que hacemos en sus manos, mirándole a Él como origen de todo y acudiendo a Él al final de la tarea.

Se nos indica dónde hay que ir, cómo llegar, se dan posibles respuestas ante diversas situaciones que pueden suceder en el transcurso de esa misión. Porque no siempre tendremos éxito en la tarea. Y sucede que, a veces, ofrecemos la Buena Nueva de Jesús, y la gente, como el cantante español Víctor Manuel, dice: “déjame en paz, que no me quiero salvar. Lo nuestro es ofrecer, no imponer. Como hacía Jesús.

Aunque quizá lo principal, lo fundamental, es la forma de actuar: gratis lo recibisteis, dadlo gratis. Sembrando por todas partes, aunque a veces la semilla caiga en tierra poco fértil, o entre piedras.

Otras veces nos complicamos la vida en nuestra tarea evangelizadora. Nos amarramos a los medios o instrumentos, y nos olvidamos del mensaje, que es lo fundamental. Si en un encuentro o reunión fallan los medios técnicos, parece que se acaba el mundo. Sin desconocer las grandes posibilidades que hoy tenemos para difundir la Palabra, no olvidemos lo principal, que es el anuncio de la Buena nueva de Jesús.

La confianza en Cristo nos lleva a vivir lo que hacemos con paz. Solo así podremos transmitir a los otros la paz. En un mundo que vive muy deprisa, ser capaces de llevar la paz es importante. No todos van a aceptar esa oferta, por eso a veces la paz volverá a nosotros. Pero si cerca de nosotros alguna persona aprende a mirar la vida con tranquilidad, y puede rezar un poquito, con calma, o afrontar sus problemas con otra perspectiva, quizá ya hayamos hecho una grande obra.

Tu hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.


Buen día, Espíritu Santo!

¡Buen día, Espíritu Santo!
El natural despertar de la mañana
tiene su ritmo, tiene sus tiempos...
Nada parece imponerse más amorosamente
que la Luz sobre la oscuridad.
Espíritu Santo,
dame el empezar éste día abriéndote el corazón
para ser lleno de Ti.
Dame el descubrir Tu llegada serena,
armoniosa.
Que tu Luz se imponga sobre mis noches.
Tu eres el viento que impulsa mi existencia,
¡llévame hacia en Ti!
Tú que eres el Fuego que me transforma,
¡lávame con Tu Presencia!
Tú que eres el Bálsamo que cura toda herida abierta.
¡Sálvame y Úngeme!
¡Amén!




martes, 7 de julio de 2015

Recibirán LA FUERZA DE LO ALTO

"Cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes,
recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí"
Hechos 1,8


En julio de 2007, el Papa Benedicto XVI emitió su acostumbrada carta anual a los jóvenes, en la que presenta las bases que tendría la Jornada Mundial de la Juventud de 2008, realizada en Sydney, Australia. Es una carta alentadora, que interpela y genera entusiasmo. ¿Por qué? Porque en ella el Santo Padre expresó su más profundo deseo de que los jóvenes —y en realidad todos nosotros— experimentemos el poder y la presencia del Espíritu Santo.

El “agente principal” de la historia de la salvación. Benedicto comienza su carta escudriñando la Escritura para ver cómo ha actuado siempre el Espíritu Santo hasta llegar al gran día de Pentecostés, cuando el poder de Dios se derramó sobre todos los creyentes. Y ¿qué sucedió aquel día? Dice el Papa: “El Espíritu Santo renovó interiormente a los Apóstoles, revistiéndolos de una fuerza que los hizo audaces para anunciar sin miedo: ‘¡Cristo ha muerto y ha resucitado!’ Libres de todo temor comenzaron a hablar con franqueza.”

Este derramamiento del Espíritu inspiró a los apóstoles y les comunicó valentía para construir la iglesia primitiva. Pero, ¿saben qué? ¡Esta es la misma experiencia que todos debemos tener! Como lo dijo el Santo Padre, “he querido invitaros a profundizar en el conocimiento personal del Espíritu Santo … Pero no basta conocerlo; es necesario acogerlo como guía de nuestras almas, como el ‘Maestro interior’ que nos introduce en el Misterio trinitario, porque sólo Él puede abrirnos a la fe y permitirnos vivirla cada día en plenitud.”

Teología 101. Vale la pena detenerse aquí un poco para aclarar ciertos hechos básicos. Si te bautizaron cuando eras bebé, probablemente en ese momento no hiciste nada más que llorar. Pero mientras llorabas, Dios estaba haciendo algo grande en tu vida: estaba declarando que desde ese momento eras su hijo y estaba abriendo las compuertas del cielo y derramando sobre ti “toda clase de bendiciones espirituales” (Efesios 1,3) y, lo que es más importante aún, te estaba purificando de la mancha del pecado original.

Hace ya muchos siglos, San Pablo enseñó sobre el pecado original diciendo que “por medio de un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado entró la muerte, y así la muerte pasó a todos porque todos pecaron” (Romanos 5,12) y añadió que “por la desobediencia de un solo hombre, muchos fueron hechos pecadores” (5,19). Es decir, el pecado trajo al mundo la muerte espiritual; por eso, para rectificar la situación, el Señor dijo que todos teníamos que nacer de nuevo “de agua y del Espíritu” (Juan 3,3.5).

Nacer del agua y del Espíritu: ¡eso es exactamente lo que sucedió cuando te bautizaron! El agua que el sacerdote derramó sobre ti te lavó la mancha del pecado original y recibiste una vida completamente nueva, es decir, “naciste desde lo alto”. Pero esta vida nueva te llegó como una semilla pequeñita que necesita cuidado y nutrición. Piénsalo: Un bebé recién nacido tiene todo lo que tú tienes, pero no puede hacer nada. Sin embargo, cuando crezca todo aquello que tenía solamente en forma potencial se actualizará y él o ella podrá hacer cada vez más cosas. Esto es lo que Dios quiere hacer también en tu interior: desarrollar todos los dones bautismales que Él te dio mientras vas creciendo en la fe. Y mejor aún, el Señor mismo quiere ayudarte a crecer conforme vas avanzando.

En efecto, cuando la semilla recibe riego y nutrición, crece. Pero hay algo más que también necesita: la luz del sol. Y este “sol” es el Espíritu Santo, que hace brillar la cálida luz del amor de Dios sobre nosotros y proyecta la buena noticia diciéndonos lo grandioso que es Jesús, la razón por la cual murió por nosotros y cómo quiere que vivamos.

Sabemos que hay innumerables jóvenes en todo el mundo que quieren ser buenos, y muchísimos de ustedes también hacen todo lo que pueden para serlo, porque sus intenciones por lo general son muy buenas. Pero las tentaciones del maligno y las inclinaciones naturales al mal que tiene el ser humano (consecuencia del pecado original) hacen muy difícil concretar esas buenas intenciones. La verdad es que sin la ayuda del Espíritu Santo es casi imposible complacer a Dios.

El campo de batalla. ¿Sabías tú que ahora mismo se está librando una batalla en tu propia alma? Es la lucha entre el bien y el mal, y es mucho lo que está en peligro. ¡Pero no tienes que luchar solo! Tienes al Espíritu Santo que te inspira; tienes la Sagrada Eucaristía que te reconforta y tienes a otros jóvenes fieles como tú que pueden solidarizar contigo.

La vida de San Pablo es un gran ejemplo de cómo quiere el Señor que ganemos esta batalla. Uno de los primeros compañeros de misión de Pablo, llamado Juan Marcos, se sintió intimidado por las dificultades que encontraba al predicar el Evangelio y decidió abandonar a Pablo y Bernabé en medio de un viaje misionero. Pero con el tiempo, el Espíritu Santo le ayudó a superar el temor y pidió volver al lado de ellos.

Bernabé quería aceptarlo, porque veía que había crecido en la fe y merecía otra oportunidad; pero Pablo se negó tan rotundamente que la situación provocó una división entre ambos apóstoles. ¡Qué lástima! ¿Por qué no pudieron resolver el desacuerdo? ¿Por qué Pablo se mostró tan inflexible? ¿Por qué Bernabé no trató de llegar a una solución de compromiso? Porque el poder del pecado tiene fuerza para dividirnos e impedir que sigamos edificando el reino de Dios.

Finalmente se vio que Bernabé tenía razón. Juan Marcos terminó escribiendo el primer Evangelio, el que lleva su nombre. También parece que al final Marcos y Pablo resolvieron sus diferencias (2 Timoteo 4,11), y en esto vemos que Pablo finalmente ganó la batalla que se libraba en su propia mente. En esto vemos que ganando las batallas que nos toca enfrentar día a día finalmente llegaremos a ganar la guerra por la conquista de nuestra propia alma. En situaciones como este desacuerdo entre Pablo y Bernabé, el Espíritu Santo —y probablemente los hermanos y hermanas de Pablo en Cristo— tuvo la oportunidad de hacerle ver su error a Pablo y ayudarle a cambiar un poco para asemejarse más a la imagen de Jesucristo, nuestro Señor.

Todos podemos pecar de tercos u orgullosos de vez en cuando y todos podemos cometer muchos otros pecados; de hecho todos tenemos talentos, dones y virtudes, pero también errores, malos hábitos y otras faltas. Por eso lo que el Espíritu Santo quiere hacer en nuestro corazón es ayudarnos a cultivar nuestros dones y virtudes, mientras el diablo sigue tratando de hacernos caer en actitudes de rebeldía y pecado, utilizando todas sus artimañas para separarnos de Dios y de los demás. Somos, pues, nosotros los que debemos reconocer y rechazar las ocasiones de pecado y adoptar en su lugar las actitudes de Jesús, vale decir, el camino de la paz y el amor, la honestidad y el respeto, la bondad y la compasión (Efesios 4,22-24).

Llegar a ser lo que uno come. Si el gran San Pablo necesitaba hacer cambios en su vida, es lógico pensar que todos los fieles también lo necesitemos. A Pablo le hacía falta ser dócil al Espíritu Santo y a nosotros también nos hace falta. ¿Cómo fue que Pablo finalmente se dio cuenta de que había sido demasiado inflexible con Marcos? ¿Cómo pudo hacer todo ese trabajo misionero de predicar en tantas ciudades y fundar todas esas iglesias? ¿Cómo pudo ser capaz de enseñar y escribir todas estas cosas profundas acerca de Dios? Fue capaz porque aprendió a escuchar y obedecer la voz del Espíritu Santo.

¿Cuál era el secreto de Pablo? El secreto era que tenía un gran amor por la Eucaristía y la oración. Lo sabemos porque a los corintios les explicó que ir a recibir la Sagrada Eucaristía con una verdadera actitud de oración es sumamente importante. Incluso les dijo que la razón por la cual muchos de ellos estaban enfermos o débiles era por su falta de reverencia frente al cuerpo y la sangre de Cristo (1 Corintios 11,29-30).

Lo mismo sucede con nosotros. Si uno quiere tener una relación profunda y viva con el Señor, claro que la puede tener. Todo lo que se necesita es poner todo el empeño de tu corazón para dejar que aquello que consumes en la Santa Misa transforme tu persona y te haga semejante a Jesús; es decir, tienes que llegar a la mesa el Señor con hambre y Él hará del resto. Todos pasamos por combates y dificultades en la vida, pero la gracia que emana de la Sagrada Eucaristía nos da las fuerzas necesarias para triunfar.

Una nueva visión de Pentecostés para el pueblo. El Espíritu Santo nos pide a todos, pero especialmente a ustedes, los jóvenes, que vayamos a “hacer discípulos de todas las naciones” (v. Mateo 28,19). La llamada a evangelizar es la esencia misma del trabajo que realiza el Espíritu Santo. Dios quiere que todos sus hijos lleguen a vivir con Él en el cielo y por eso nos llama a propagar la buena noticia de que el cielo está abierto y disponible para todos los que crean, se conviertan de corazón y sean bautizados.

Con esta misma idea en mente, el Papa Benedicto XVI nos ha pedido a cada uno de nosotros que evangelicemos al menos a una persona este año; nos ha pedido que “invoquemos al Espíritu Santo” y le pidamos a Dios con confianza que derrame una vez más el don del Espíritu Santo como un nuevo Pentecostés en la Iglesia. Como ustedes saben, en Pentecostés hubo miles de personas que se convirtieron a Cristo y se llenaron del Espíritu Santo. En efecto, todo lo que San Pedro hizo fue hablar de Jesús y el Espíritu Santo se puso en acción (Hechos 2,40-41).

Oremos, pues, para que los jóvenes de todo el mundo experimenten un nuevo derramamiento del Espíritu Santo. Oremos para que del cielo descienda una unción poderosa que nos convenza de que debemos alimentar la semilla del Bautismo que llevamos en el corazón. Al mismo tiempo, oremos para que el Espíritu Santo venga con fuerza y encienda el fuego en el corazón de todos los que van a participar en la próxima Jornada Mundial de la Juventud. Y finalmente, pidamos por nuestras propias comunidades parroquiales: que todos experimentemos un nuevo Pentecostés en nuestras familias y vecindarios. ¿Quién sabe lo que Dios tiene preparado para nosotros? A lo mejor también vamos a ver que miles de personas se entregan a Cristo.

fuente: Devocionario Católico - La Palabra en nosotros
publicación original 2009

NADA ES COMO LO PINTAN

Nada es como lo pintan” Esa es la sensación que he tenido este verano pintando la casa donde voy a vivir. Al elegir los colores, me guié por una foto que tenían en la tienda, y no me dí cuenta que no se trata solamente de gusto sino que hay que tener en cuenta otros factores.

    He aprendido que el color depende de la luz. Según la luz que tenga la habitación se ve de un tono u otro. Es decir, que en la percepción visual, casi nunca se ve un color como es en realidad; nunca se ve tal cual es. Su apreciación varía según los colores que tiene a su lado, de la luminosidad, el matiz y la saturación. También es importante tener en cuenta si es un espacio reducido y oscuro o amplio y luminoso, para elegir colores que aporten luz y amplitud o atrevernos con colores más intensos. Todo eso va a contribuir a crear un ambiente determinado que va a provocarnos una serie de sensaciones y estados de ánimo que nos ayudarán a relajarnos o por el contrario nos harán estar más tensos.

    Eso me ha hecho pensar que todos vemos el mundo de una forma distinta, dado que nuestras experiencias son diferentes. Por eso ninguno lo ve como es. Lo que cada uno de nosotros ve, es una interpretación derivada de las historias que hemos vivido. Los mismos sucesos cada persona los enfoca de manera distinta. Como dicen: “Todo depende del cristal con que se mire” osea de la visión particular que cada persona tiene del mundo, de sí mismo y sobre todo de la luz de la que disponga para mirarlo.

    Jesucristo dijo: “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” Juan 8:12. El es luz para su pueblo, pero en este versículo son muy importantes las palabras: “el que me sigue” porque nos comunican la idea de alguien que se entrega por completo a la persona a quien sigue. Recuerdo que cuando me entregué a Cristo mi percepción de la vida y de las circunstancias que me tocaban vivir cambió por completo. Pero también me doy cuenta, que ese “sigue” es un presente continuo, es un seguir diario y de cerca que no debo descuidar nunca.

fuente: Celia Casalengua

EL PODER ESTÁ EN LA CRUZ DE CRISTO

El poder está en la cruz de Cristo, temida por el demonio; y en la fe del cristiano

San Benito fue un hombre sediento de Dios. Según San Gregorio Magno, su biógrafo, en todo quería agradar a Dios. Colocaba el amor al Señor sobre todas las cosas, por eso fue un hombre silencioso, obediente y humilde.

La medalla de San Benito es conocida en todo el mundo. Sin embargo, no fue el santo quien la acuñó. En su época, los sacramentales no eran comunes. Ese santo se volvió muy famoso, en su época, por la santa cruz. Una vez le ofrecieron un caliz envenenado, cuando trazó la señal de la cruz sobre el objeto, el caliz se partió y salió de él una cobra. Otra vez, le dieron un pan envenenado y una vez más, al hacer la señal de la cruz, un cuervo voló en dirección de su mano y se llevó el pan.

diadesanbenito

La medalla de San Benito es la medalla de la santa cruz. En el siglo XI, en Alemania, la esposa de un conde soñó que un hombre le decía que su hijo Bruno, sería un gran hombre. Tiempo después, el jóven quedó muy enfermo y vio la imagen de un hombre que le colocaba la cruz sobre los labios y lo sanaba. El hombre del sueño y de la visión era San Benito. A partir de entonces, se comenzó a acuñar la medalla del santo y a propagar su devoción por el mundo entero.

El sacramental es atribuido al santo, sin embargo el poder está en la cruz de Cristo, temida por el demonio; y en la fe del cristiano. Lo más importante, por lo tanto, no es San Benito, sino la santa cruz, Crux Sacra Sit Mihi Lux - “La Santa Cruz será mi luz ”. La medalla que conocemos hoy, con las iniciales de la oración dedicada a San Benito, tuvo origen en el monasterio del Monte Cassino donde San Benito vivió y su cuerpo fue sepultado.
Históricamente, no hay como afirmar que fue el santo el autor de la oración inscrita en la medalla. Sin embargo, existen en ella palabras que hacen referencia a su vida. La oración tiene como centro y pedido que la cruz de Cristo sea la luz de la persona, y son las iniciales de las palabras latinas que forman los siguientes versos:

C.S.P.B.                                        :    Crux Sancti Patris Benedicti -                          Cruz del Patriarca San Benito
C.S.S.M.L                                    :    Crux Sancta Sit Mihi Lux                                  La Santa Cruz será mi luz
N.D.S.M.D                                   :    Non Draco Sit Mihi Dux                                    no será el demonio mi guía.
V.R.S                                            :    Vade Retro Satana                                               ¡Apártate, Satanás!
N.S.M.V                                       :    Numquam Suade Mihi Vana                             no me sugieras cosas vanas,
S.M.Q.L                                       :    Sunt Mala Quae Libas                                        maldad es lo que me brindas
I.V.B                                            :     Ipse Venena Bibas                                               bebe tu mismo tu veneno.

Amén                                                                             Amén

Los devotos la utilizan de diferentes formas, como defensa contra animales  venenosos;  la colocan sobre la parte del cuerpo enfermo; se coloca en el agua y después se da esta agua para que el enfermo la beba; entre otras formas. Lo que no se puede hacer, es usar la medalla como un amuleto o como un objeto mágico. Más que usarla contra el maligno o cualquier otra devoción, ella se debe usar como testimonio de fe.

Por la intercesión de San Benito, poderoso en la lucha contra el veneno del pecado, ¡Dios bendiga a cada uno de nosotros!

Monseñor Paulo Banza
Rector del Monasterio de San Benito en  Vinhedo (SP).
fuente Portal Canción Nueva en español

ROGAD

San Vicente de Paúl (1581-1660), presbítero, fundador de la Congregación de la Misión y las Hijas de la Caridad 
Conversaciones espirituales a los Misioneros
«Rogad al  Señor de la mies que mande trabajadores a su mies»
     Hay personas que por tener un porte exterior bien compuesto y el interior lleno de grandes sentimientos de Dios, se detienen en eso...; se contentan con las dulces conversaciones que tienen con Dios durante la oración... No nos engañemos: toda nuestra tarea consiste en pasar a los actos. Y esto es de tal manera así que el apóstol san Juan nos dice que tan sólo nuestras obras podrán servirnos para la otra vida (Ap 14,13). Reflexionemos pues sobre ello tanto más cuanto que, en este tiempo hay muchos que parecen virtuosos y, efectivamente, lo son, y sin embargo se inclinan hacia una vida dulce y cómoda más que a una devoción trabajosa y sólida.
    La Iglesia es comparada a una gran mies que precisa obreros, pero obreros que trabajen. No hay nada más conforme al Evangelio que acumular, por un lado, luces y fuerzas para su alma en la oración, en la lectura y en la soledad, e ir seguidamente a hacer participar a los hombres de este alimento espiritual. Es hacer lo que nuestro Señor ha hecho y, después de él lo han hecho los apóstoles; es unir el oficio de Marta al de María; es imitar la paloma que, para alimentar a sus pequeñuelos, digiere la mitad de la comida que ha tomado y después, con su pico, mete el resto en la boca de sus hijos. Esto es lo que debemos hacer nosotros, así es como, con nuestras obras, hemos de dar a Dios, testimonio de que le amamos. Toda nuestra tarea consiste en pasar a las acciones.

RESONAR DE LA PALABRA 07 Julio 2015

Evangelio según San Mateo 9,32-38.
En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado. El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel". Pero los fariseos decían: "El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios". Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha." 

RESONAR
Queridos hermanos, paz y bien.

Muy típico de los hombres, cuando no se puede negar el hecho, se apela a una mala intención. Por algo lo hará o ¿qué querrá?, son pensamientos que a algunos les atacan ante el bien que los demás hacen. A los que no actúan como nos gusta, o los excluimos o los demonizamos.

Nosotros muchas veces también estamos mudos. No hablamos, o decimos cosas que no aprovechan a los demás, o no damos testimonio, cuando en el trabajo o en la universidad o en la calle se habla (generalmente mal) de Dios o de la Iglesia. Hablamos mucho, decimos muchas palabras, pero estamos mudos espiritualmente. Necesitamos llenarnos de Dios. Hablar de lo que Dios nos inspire. Creemos ver muchas cosas, saberlo todo de ciertas realidades, pero no nos damos cuenta de que somos sólo unos pobres ciegos hasta que Jesús no libera nuestros ojos abriéndolos sobre un mundo nuevo, un mundo que antes ni siquiera imaginábamos. 

Cuando estamos en la onda de Dios, vemos lo que Él ve y hablamos de loa que Él habla, entonces comprendemos la petición de Cristo. Muchas fuerzas se enfrentan a la misión de la Iglesia. Hoy hacen falta muchos trabajadores, personas que quieran poner su vida al servicio del evangelio del amor, de la paz y la justicia. Hay que cumplir con el mandato de Cristo, orar mucho y dar testimonio, para que aparezcan todo tipo de vocaciones, no solo sacerdotales, sino también laicales y religiosas, al servicio del Reino de Dios.

Tu hermano en la fe,
Alejandro, C.M.F.
publicación original Ciudad Redonda

¡Buen día, Espíritu Santo!

¡Buen día, Espíritu Santo!
Algunas veces, al despertar,
aunque la Fe sembrada me sostiene,
me envuelve y me recuerdas que estás conmigo,
¡necesito verte, necesito sentirte...
¡necesito experimentar Tu cercanía!
Espíritu, coloca en esta mañana en mi,
Tu Marca de Amor!
Que en los aparentes silencios no me sienta tan solo.
Que abrazado por Ti, me sienta abrasado.
Despierta en mis sentidos la certeza y la alegría
del encuentro.
Ven a instruirme, a enseñarme, a conducirme.
Que la Abundancia de Tu bondad yo la pueda mostrar,
que los que se acerquen a mi, puedan recibir amor,
te descubran en mi y puedan dar Gloria a Tu Nombre
Tú que eres misericordioso lléname de Ti para poder dar cosas buenas,
Bendíceme en el Nombre del Padre, del Hijo y en Tu Nombre,
Espíritu Santo de Dios!
Amén.


lunes, 6 de julio de 2015

VÁLVULAS DE ESCAPE



Vivo en una ciudad llena de válvulas de escape: válvulas que contaminan, pero otras que también oxigenan. La vida en la ciudad es estresante, con largas distancias, tráfico, humo, ruido, prisas. Corremos y muchas veces no sabemos por qué.

Nos encontramos en un sinfín de actividades laborales, familiares y sociales que nos generan presión, angustia, ansiedad y depresión. Nos bajan las defensas y nos sube la tensión y al final nos pasan factura a nuestra salud. El trabajo excesivo, los problemas, las tensiones diarias, pero también la felicidad, la alegría, la satisfacción,…provocan en nosotros emociones fuertes, difíciles de contener e incluso de expresar, y acabamos llorando  de alegría y riéndo de nervios.

Nuestra capacidad de sentir y expresar emociones es lo que nos diferencia de los animales, yo diría que es lo que nos hace humanos, lo que revela tanto nuestra grandeza como nuestra debilidad, dos caras de la misma moneda y de la misma persona. ¿Cómo conjugar nuestra grandeza, el valor que tenemos como seres humanos únicos e irrepetibles, con nuestras debilidades? Tratamos de superar e incluso de esconder nuestras debilidades  para no parecer vulnerables, para mantener la imagen, el estatus, el puesto de trabajo. Nos encontramos con una dicotomía entre el personaje y la persona, entre lo que somos en nuestro fuero interno y lo que proyectamos. Muchas veces eso hace que nuestras emociones acaben embotellandose; y es entonces, cuando la presión es demasiado grande que necesitamos una válvula de escape para no estallar, no rompernos, para recompornernos y coger así nuevas fuerzas para seguir adelante.

Las lágrimas son una excelente válvula de escape. Cuando rompemos a llorar, las emociones se liberan como si las hubiéramos tenido atrapadas en una olla a presión. El llanto nos sirve para desahogarnos y sentirnos mejor, porque nos permite expresar emociones, nos ayuda a liberar nuestro organismo y nuestra mente de sentimientos y pensamientos negativos, actuando en nosotros como un excelente relajante.

Necesitamos “sacar vapor” ya sea para liberar tensiones o manejar nuestras ansiedades y angustia vital. La vida no es fácil para nadie, pero los cristianos contamos con el excelente recurso de la oración. Jesús nos dijo: “Venid a mi los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” Mateo 11:28. Algunos esperan descansar física y emocionalmente en las vacaciones, pero se llevan los problemas con ellos y vuelven emocionalmente agotados. Dios sabe lo importante que es para nosotros el descanso, por eso estableció seis días para trabajar y el séptimo para descansar Éxodo 20:9,10. Pero si no descansamos en El, si no nos paramos para ordenar nuestros caminos, nuestras agendas, nuestras vidas, como dice en Jeremías 6:16: “Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál es el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” entonces nos daremos cuenta que hay cosas que se escapan de nuestro control como dice en Jeremías 10:23: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es Señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos”. Tenemos que confiar en la soberanía de Dios, en que el tiene lo mejor para nosotros, en que basta a cada día su propio afán.

Hacer ejercicio, cantar, bailar, pintar, viajar, ver nuestro programa favorito, quedar con un buen amig@, tomarse unos minutos para reflexionar, cuidar las plantas, leer una buena novela o cualquier otra actividad que nos guste y relaje nos ayudará a reducir la tensión momentáneamente. Pero solamente cuando vamos a Dios con nuestros problemas, nuestras tensiones y los dejamos en sus manos, es que podemos encontrar esa paz que sobrepasa todo entendimiento y que tanto anhela nuestra alma Filipenses 4:6,7

Celia Casalengua

MATEO 9, 18-26

Jesús, tomó a la niña de la mano y ésta se levantó
Mateo 9, 26

Leyendo los evangelios se ve que una parte importante del ministerio de Jesús fue hacer milagros, tanto de curaciones físicas, como de portentos sobre la naturaleza. ¿Por qué los hacía? Principalmente, para ratificar la autenticidad de sus enseñanzas y por compasión.

San Mateo relata dos milagros extraordinarios que sucedieron en la vida de dos personas que buscaban a Jesús. Primero, el Señor hizo revivir a la hija fallecida de un oficial, y luego, curó a una mujer enferma de hemorragias, que creía que con sólo tocar el manto de Jesús, quedaría sana. Estos creyentes fueron movidos por la fe y la necesidad y experimentaron el poder sanador de Dios de una manera sorprendente.

Al describir la curación de la mujer, San Mateo usó la palabra griega sozo que significa sanar, salvar o liberar. El evangelista escogió este vocablo porque quería que sus lectores elevaran la vista por encima del aspecto físico de este milagro, para ver la obra más profunda que se había producido. Jesús no sólo curó a la mujer de los efectos del pecado, sino que la sanó del pecado mismo, incorporándola a una relación más profunda con Dios.

Jesucristo es el Salvador del mundo, “el mismo ayer, hoy y siempre” (Hebreos 13, 8), y nunca cambia en su deseo de sanarnos, tanto física como espiritualmente. Jesús quiere salvarnos del pecado, para que cada día lleguemos a una unión más firme y profunda con él. Esto quiere decir que si actuamos con fe, como la enferma de hemorragias, Dios nos sumergirá en su gracia y hará crecer nuestra fe. ¡Así podremos ver milagros en el día de hoy!

La gracia de Dios es siempre suficiente. Sólo tenemos que buscar su auxilio. ¿Qué hemos de hacer entonces? Entrar en la presencia del Señor mediante la oración y los sacramentos, y poner oído a lo que él nos diga. Mientras más nos acerquemos al Señor, mejor experimentaremos su toque sanador. Estiremos la mano para tocar el manto de Jesús y experimentar su poder restaurador. Si actuamos por fe, él nos hará revivir, como a la hija del oficial.
“Jesús, Señor, gracias porque deseas actuar en mi vida para llevarme al Padre. Enséñame a ejercitar la fe y experimentar tu sanación. Infunde en mí, Señor, una fe cada vez más firme, para que yo llegue a conocerte mejor cada día.”

Tan solo tocar el manto

San Romano el Melódico (?-c. 560), compositor de himnos 
Himno 23, Sobre la hemorroisa
«Si consigo tocarle tan sólo el manto, me curaré»



    Me postro delante de ti, Señor, igual que la mujer que padecía hemorragias, para que me liberes del sufrimiento y me concedas el perdón de mis faltas, y con el corazón lleno de compunción pueda exclamar: «Salvador, sálvame»...

    Ella iba hacia ti escondida, Salvador, porque pensaba que eras simplemente un hombre, pero su curación le ha enseñado que tu eres Dios y hombre a la vez. Secretamente ha tocado la franja de tu manto, con su alma llena de temor..., diciéndose: «¿Cómo lo haré para ser vista de aquél que lo observa  todo, yo que llevo la vergüenza de mis faltas? Si el Todo-Puro ve el flujo de sangre, se apartará de mí como a impura que soy, y será para mi mucho más terrible que mi herida si me da la espalda a pesar de mi grito: Salvador, sálvame.

    «Viéndome, todo el mundo me empuja: ‘¿Dónde vas? ¡Ten en cuenta tu vergüenza, mujer, tu sabes quien eres, y de quien quieres ahora acercarte!  Tú, la impura ¡acercarte al Todo-Puro!  Ves primero a purificarte, y cuando hayas secado la mancha que llevas encima, entonces podrás ir hacia él gritando: Salvador, sálvame.’

    «¿Queréis causarme aún más pena de la que tengo por mi propio mal? Sé muy bien que él es puro, y es por eso que quiero llegar a él, para ser liberada del oprobio y de la infamia.  No me impidáis, pues, de gritar: Salvador, sálvame.

    «La fuente hace manar sus oleadas para todos, ¿con qué derecho queréis obstruirla?... Sois testigos de sus curaciones... Todos los días nos anima diciendo: ¿Venid a mí, vosotros a quienes los males os agobian: yo os podré aliviar’ (Mt 11,28) A él le gusta dar la salud a todos. Y vosotros, ¿por qué me tratáis con rudeza impidiéndome de gritar...: Salvador, sálvame? »...

    Aquél que lo sabe todo... se gira y dice a sus discípulos: «¿Quién me ha tocado la franja del manto? (Mc 5,30)... ¿Por qué me dices, Pedro, que una gran multitud me apretuja? Ellos no tocan mi divinidad, pero esta mujer, a través de mi vestido visible, ha captado mi naturaleza divina y ha conseguido la salud gritándome: Señor, sálvame...

    «Sé valiente, mujer... Desde ahora, recobra la salud... Ésta no ha sido obra de mi mano sino obra de tu fe. Porque son muchos los que han tocado mi vestido, sin obtener la fuerza porque no tenían fe. Tú, me has tocado con gran fe, has recibido la salud, y por eso te he llevado ahora delante de todos para que digas: Señor, sálvame.»

RESONAR DE LA PALABRA - Lunes 06 Julio 2015

Evangelio según San Mateo 9,18-26.
Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: "Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá".
Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos.
Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto,
pensando: "Con sólo tocar su manto, quedaré curada".
Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: "Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado". Y desde ese instante la mujer quedó curada.
Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo:
"Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme". Y se reían de él.
Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó.
Y esta noticia se divulgó por aquella región.

COMENTARIO
Queridos hermanos, paz y bien.

El evangelio de Mateo no recoge tantos detalles como otras versiones. Se nos entremezclan dos relatos, Uno de muerte, y otro de enfermedad. Ambos relatos tienen algo en común: la fe. El padre de la niña sale a buscar al Único que puede ayudarle en una situación desesperada. La mujer busca alivio a doce años de sufrimiento. Y los dos coinciden en que Jesús da respuesta a sus necesidades.
A la mujer, el mismo Cristo le dice: “Tu fe te ha salvado”. Al personaje no le dice nada, pero está claro que es la fe la que salva a su hija. La revivificación se divulgó por toda la comarca. No todos los días pasan cosas como ésta.
Al leer sobre la fe de algunos personajes, nos podemos preguntar sobre cómo está nuestra vida de fe. Una mujer sufriente, apartada de la sociedad (por mujer y por enferma), busca a Jesús entre la multitud. Un hombre, en medio de su desesperación, deja a su familia en el duelo y se va a buscar a Jesús. Cuando nosotros tenemos problemas, cuando se nos muere algo dentro, cuando todos alrededor se ríen de nosotros, ¿cómo reaccionamos? ¿A quién buscamos? ¿Dónde vamos a pedir ayuda?
El contacto con Cristo nos resucita de entre los muertos, asegurándonos la vida eterna. Lo había dicho Jesús: «Yo soy el pan vivo, que ha bajado del cielo. Quien coma de este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo» (Jn 6,51).

Y dice el salmo de hoy: Dios mío, confío en ti. Así sea.


Tu hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

Buen día, Espíritu Santo!

¡Buen día, Espíritu Santo!
Encontrarte es mi mayor expectativa!
Por eso no temo abrirTe la ventana de mi corazón,
de mi mente y mis sentimientos,
mis afectos más hondos,
mis silencios y mis palabras,
mis anhelos y esperanzas...
Todas esas ventanas abro y descubro ante Ti.
Mi confianza renuevo,
En el bautismo mis padres proclamaron sobre mi que
Tú eres el Dios de mi Salvación.
Ese día clavaste en mi una certeza:
Eres el Dios de toda esperanza,
en Vos puedo confiar,
en Vos y solo en Vos puedo descansar.
¡Gracias porque vienes a fortalecerme!
¡Gracias porque Te descubro santificando mi vida!
Tú eres el que me capacita cada día, -llenándome de Tu Amor-
para cada batalla.
Tú eres la Rama, yo apenas un sarmiento,
Tu eres la sabia yo apenas de ella me nutro.
¡Ven! Llena mis espacios,
Quiero conquistar el Tesoro de Tu Corazón.


domingo, 5 de julio de 2015

NUESTRA FUERZA NOS DESEQUILIBRA


Durante las Olimpiadas estuve viendo por “casualidad” la competición de Judo. Digo por casualidad porque no suelo ver este tipo de deporte. Me llamó poderosamente la atención cuando el comentarísta dijo que el Judo consiste en aprovechar la fuerza del contrario para debilitarlo.

Precisamente es lo que muchas veces hace Satanás en nuestras vidas, nos insta a hacer las cosas en nuestras fuerzas y eso nos debilita. Porque cuando nos mostramos demasiado fuertes no dejamos obrar a Dios en nosotros. Dios siempre obra a través de nuestra debilidad, nuestra necesidad, nuestro problema.


Todos los seres humanos tenemos debilidades, problemas y necesidades que muchas veces nos hacen sentir frustrados, torpes e impotentes. ¿Pero, tan malas son nuestras debilidades?

“Cuando soy débil, entonces soy fuerte” 2ª Corintios 12:10

Generalmente nos cuesta reconocer nuestras debilidades y acabamos negándolas, las defendemos, las excusamos, las ocultamos y las sufrimos. Pensamos que vamos a ser valorados y vamos a dar gloria a Dios solo cuándo mostramos nuestras fortalezas pero El también quiere usar nuestras debilidades para su gloria. Nuestras debilidades no son un accidente. Dios deliberadamente las permite en nuestra vida con el propósito de demostrar su poder a través de nosotros. “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros” 2ª Corintios 4:7

Cuando perdemos el contacto con nuestra debilidad nuestro corazón se llena de orgullo, pensamos que somos mejores que otros, nos creemos autosuficientes. La Biblia dice que Dios mira al altivo de lejos; así que nuestras debilidades son útiles para reconocer que somos polvo, que sin Dios nos somos nada; sirven para mantenernos humildes y cerca de Dios.

Cuántas veces nos hemos encontrado en situaciones que se escapaban de nuestro control, en las que nos sentíamos impotentes a pesar de nuestras capacidades, nuestros conocimientos,  o de nuestro dinero; incluso teniendo a nuestro lado personas dispuestas a hacer todo lo que fuera necesario por nosotros,  aún así, nada podíamos hacer para remediarlo. Dios nos tiene que llevar a ese punto en que dependamos totalmente de El y nos demos cuenta de que solo El nos puede ayudar. En la debilidad podemos sentirnos más fuertes si dejamos de hacer las cosas en nuestras fuerzas, para que el poder de Cristo actúe por la fe. Es en medio de situaciones imposibles para nosotros que la gloria de Dios se manifiesta.

Eso me ha ayudado a darme cuenta que no tengo que tener todo bajo control y que debo ser honesta conmigo misma, reconociendo y admitiendo mis debilidades, mis miedos, mis luchas, mis pecados y entregándoselos a Dios en oración. Cuando me rindo delante de Dios y dejo que El actúe a través de mi, es cuando obra en medio de mi debilidad y puedo ver Su poder actuar.

Celia Casalengua

Buen día, Espíritu Santo!

¡Buen día Espíritu Santo!
Como se despierta la vida ante la luz
así sea sorprendida mi vida por Tu Gracia.
Tu que me conoces,
que sabes aquello que me preocupa y me distrae,
aquello que me envuelve y me quita del camino,
que me roba lo esencial,
Dame el disfrutar Tu Presencia siempre nueva.
Dame el moverme Contigo, dentro de Ti y por Ti;
dame el alegrarme Contigo, dentro de Ti y por Ti;
Dame apertura a Tu Presencia,
a la mirada que acaricia,
al gesto que reconcilia.
Que Tus signos y Tu silenciosa acción me cuestione,
que Tu Palabra me modele.
y al alimentarme hoy en el Altar de la Vida,
mi carne comprenda y asuma
que en mi debilidad esta Tu Fuerza,
que en mis fracasos están Tus Victorias.
Amén!



Marcos 6, 1-6

¿Por qué es tan difícil aceptar y obedecer la Palabra de Dios?
Los nazarenos no confiaban en la Palabra de Dios, ni en las enseñanzas ni milagros de Jesús. Esto es cierto también para nosotros: Mientras no esperemos recibir algo de Cristo Jesús, él no podrá obrar entre nosotros ni cambiar nuestra vida.

Pero ¿qué sucede si esperamos algo de él? Recordemos un incidente decisivo ocurrido en la vida de San Francisco de Asís. Un día, estaba orando en la Iglesia de San Damián, cuyos muros estaban en precarias condiciones. Cuando reflexionaba contemplando el crucifijo, escuchó que el Señor le decía tres veces: “Francisco, reconstruye mi Iglesia. Ya ves que se está desmoronando.”

Al terminar su oración, Francisco comenzó a juntar piedras y se dispuso a reparar la iglesia de San Damián, porque estaba deseoso de escuchar y obedecer al Señor. Pero más tarde se dio cuenta de que había interpretado literalmente el mensaje, y entendió que el Señor se refería realmente a la Iglesia espiritual, el Cuerpo Místico de Cristo, que necesitaba renovación. Francisco solía contar esta anécdota a sus frailes, haciendo resaltar la acción del Espíritu Santo y demostrando que Dios puede actuar a través de cualquier persona dócil y humilde de corazón.

San Francisco es un ejemplo de los muchos creyentes que a través de los siglos se han esforzado para escuchar y obedecer la Palabra de Dios. Este relato también puede tener un significado especial para nosotros. Aunque no hayamos avanzado mucho en entendimiento, el Espíritu Santo puede moldear un corazón dócil y demostrar lo que Dios realmente quiere hacer.

Cuando Jesús vive en el centro mismo de nuestro ser y dejamos que nos enseñe, él lo hace. Oremos para que no seamos rebeldes y tercos con el Señor, sino que estemos dispuestos a hacer su voluntad.
“Amado Señor Jesucristo, haz de mí también un instrumento de tu paz y de tu amor. No quiero ser rebelde, Señor; quiero amarte, obedecerte y hacer tu voluntad, ¡con tu gracia!”

CREER HOY EN JESUS

Simeón el Nuevo Teólogo (c. 949-1022),
monje griego 
Catequesis 29

     Son muchos los que no cesan de decir: «Si hubiéramos vivido en tiempo de los Apóstoles, y si hubiéramos sido juzgados dignos de ver a Cristo como ellos, también como ellos seríamos santos». Con eso ignoran que entonces como ahora que es él el mismo que habla, tanto ahora como entonces, en todo el universo... La situación actual no es seguramente la misma que la de entonces, pero es la situación de hoy, de ahora, que es mucho más dichosa. Con más facilidad nos conduce a una fe y una convicción más profundas que el hecho de haberlo visto y escuchado entonces corporalmente.

     En efecto, entonces era un hombre que aparecía como un hombre de humilde condición; pero ahora se nos predica que es Dios verdadero. Entonces trataba frecuentemente con publicanos y pecadores y comía con ellos; pero ahora está sentado a la derecha del Padre, sin haberse separado nunca de él... Entonces, incluso la gente más simple le menospreciaban diciendo: «¿No es éste el hijo de María (Mc 13,15) y de José (Lc 4,22), el carpintero? (Mt 13,55). Pero ahora  los reyes y príncipes lo adoran como a Hijo del verdadero Dios, y Dios verdadero él mismo... Entonces era tenido por un hombre corruptible y mortal entre todos los demás. Dios sin forma e invisible, recibe, sin experimentar cambio ni alteración alguna, una forma en un cuerpo humano y se mostró totalmente hombre, no ofreciendo a las miradas nada que no fuera como los demás hombres. Comió, bebió, durmió, sudó y se cansó; hizo todo lo que hacen los demás hombres, excepto pecar.

     Era una gran cosa reconocer y creer que un hombre como él era Dios, el mismo que hizo el cielo, la tierra y todo lo que hay en ellos... Así pues, el que actualmente escucha cada día, a través de los santos evangelios, a Jesús que proclama y anuncia la voluntad del Padre bendito, sin obedecerle con temor y temblor y sin guardar sus mandamientos, tampoco hubiera entonces aceptado creer en él.

RESONAR de la PALABRA - 05 Julio 2015


Evangelio según san Marcos (6,1-6), del domingo, 5 de julio de 2015Evangelio según San Marcos 6,1-6.

Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.
Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?
¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.
Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".
Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.
Y él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.



RESONAR DE LA PALABRA
Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:
Vivimos de la imagen. En una cultura basada en las nuevas tecnologías, en la que si no estás en las redes no existes, la realidad queda suplantada por la apariencia y el ser por el parecer. Lo importante es la superficie de las cosas, lo que en ocasiones no permite el acceso al interior, a la transcendencia o al misterio, quedamos atados a lo inmediato, a lo último, a conseguir la mayor audiencia, sea como sea. Jesús vuelve a su pueblo, la multitud se agolpa a escucharle, han oído de sus éxitos, milagros y palabras, pero no da la imagen: “a éste lo conocemos”.

Empieza la resistencia y se hace realidad el viejo refrán: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”. Su Palabra va a la raíz, no a la apariencia, molesta, apunta al interior del hombre, invita a la renuncia. No nos gusta cambiar de vida, estar inseguros o encontrarnos con nosotros mismos. Esto no vende, (aunque hoy lo pongamos en Power Point, Twitter, o en Facebook) y por eso, buscamos como los habitantes de Nazaret nuestras excusas, eso sí, llenas de racionalidad, de lógica y los más espabilados, hasta de razones teológicas.

“¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos?”. No estamos dispuestos a aceptar, que la palabra de un hombre como nosotros, sea la de Dios. Dios se nos presenta demasiado humanamente y ésta es para algunos la primera dificultad para la fe. “Y esto les resultaba escandaloso” nos dice el Evangelio más adelante, y aún resuenan esos ecos, cuando desconocemos o no sacamos las conclusiones del misterio de la Encarnación. La incredulidad, es precisamente la incapacidad de acoger, la manifestación de la gloria de Dios, en la sabiduría misteriosa de un carpintero de Nazaret.

“¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros aquí?”. Todo lo que viene de Dios tiene que venir de lo alto: ¿Qué se cree éste, parecen preguntar burlonamente? ¿Pero si no es ni escriba, levita o sacerdote, es un simple laico?, y en la Iglesia, como entonces, lo lógico es que Dios hable de arriba hacia abajo. La segunda dificultad para la fe, es buscar a Dios en lo sorprendente y extraordinario. Nos parece poco digno encontrarlo en lo sencillo y habitual, como miembro de una familia insignificante. No acabamos de creer que a Dios se le descubre en lo cotidiano: en las tristezas y alegrías, en la debilidad, (como nos dice en la segunda lectura San Pablo), en las preguntas más hondas, en la búsqueda sincera. Se le encuentra: en un amigo, un familiar, un vecino y sobre todo en los pobres, los enfermos, los necesitados.

Y por eso todo sigue igual: “Jesús no pudo hacer allí ningún milagro, sólo curo algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extraño de su falta de fe”. Le conocían tanto que no podían creer: ¿qué me va a decir a mí este que yo no sepa? ¿Qué me van a decir mis hermanos de comunidad, los pobres, los que no saben, ni pueden, ni tienen, esos no pueden enseñarme nada? No hay fe en las personas, en la presencia de Dios en el misterio de la vida. Los hombres que nos decimos creyentes, (como el pueblo de Israel en la primera lectura), también hoy, nos rebelamos contra la palabra de Dios y el mismo Jesús. Quisiéramos una palabra inofensiva, llena de elocuencia, de slogans religiosos, que diera imagen, pero que no comprometiera. ¿Cuáles son las excusas que doy para no sacar las consecuencias?

En todo el relato hay mucha ironía: nosotros valorando la imagen incluso en la pastoral, adornando el producto, hablando de la estética del seguimiento… Pero se trata de comprender a este Dios-Jesús que nace en un pesebre y muere en una cruz, poco estético para los cánones que rigen actualmente. Se trata de seguir al carpintero, un hombre que no vive para sí, sino para los demás y no resistirse. Estoy seguro que en el mundo de hoy, nosotros tampoco deberíamos dar una buena imagen, ante los que se creen que la realidad y la verdad pueden ser suplantadas por la apariencia.

sábado, 4 de julio de 2015

La UNIDAD

Ustedes carismáticos
tienen una gracia especial para rezar y trabajar por la unidad de los cristianos,
porque la corriente de gracia atraviesa todas las iglesias cristianas,
la unidad e los cristianos es obra del Espíritu Santo
y tenemos que rezar juntos.
Papa Francisco.