domingo, 14 de enero de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,35-42


Evangelio según San Juan 1,35-42
Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos

y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios".

Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.

El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?".

"Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.

Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo.

Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.


RESONAR DE  LA PALABRA


¿Qué buscáis?

Queridos hermanos, paz y bien.

Hemos dejado atrás los tiempos litúrgicos de Adviento y Navidad, y nos recibe el tiempo ordinario, que no aburrido. Todo lo vivido hasta ahora nos puede ayudar a afrontar este periodo que llega hasta el Miércoles de Ceniza, en este año, el 14 de febrero.

Comienza el tiempo ordinario con la historia de un joven que andaba siempre en el templo, cerca de las cosas de Dios. Podemos decir que “se las sabía todas”. Conocería el terreno, sabría dónde estaban todas las cosas, habría ido a cientos de ceremonias, habría visto a muchas personas rezando… Pero no conocía al Señor, todavía. No le había sido revelada su Palabra. No había tenido un encuentro personal con Dios.

Porque ser cristiano es una llamada personal. No es apuntarse a algo. No es ser miembro de un partido, o tener el carnet de un equipo de fútbol. No es una ideología. Tampoco algo para un horario concreto. Es un estilo que abarca toda la vida, sin vacaciones ni descansos. De día y de noche, en trabajo y en el ocio. A tiempo completo.

A Samuel le cuesta reconocer la llamada. A nosotros, hoy en día, también nos resulta difícil saber qué quiere Dios de mí. No era frecuente que el Señor se revelara directamente. Por eso, Samuel no puede encontrar por sí mismo el origen de la voz. Tampoco Andrés y el discípulo amado pueden descubrir Quién es el único y verdadero Maestro. Son necesarios “guías” que hayan tenido esa experiencia. Y no hablamos de charletas, ni de cursillo, ni de técnicas de oración o de libros sobre la esencia de Dios. Se trata de la palabra de personas que han recorrido esos caminos y ayudan a otros a andar por ellos. Maestros de vida, personas con “experiencia de Dios”. Que saben lo que dicen. Porque lo han vivido ya. ¿Tengo algún director espiritual que me ayuda en esta búsqueda, por ejemplo?

La experiencia de Samuel sucede de noche. Cuando “aún ardía la lámpara de Dios”. La lámpara se encendía por la noche (Ex 27, 20-21; Lv 24, 3). De noche, en silencio, se para el ruido de las cosas, descansan los sentidos del cuerpo y se disparan los del alma. Dios se puede revelar. ¿Hace falta recordar que necesitamos silencio para escuchar al Señor? Porque el silencio nos cuesta, lo llenamos con muchas cosas, con mucho ruido.

Y no es baladí la invitación del apóstol Pablo para cuidar el cuerpo. “No os poseéis en propiedad, porque Dios os ha comprado pagando un precio por vosotros”. Un precio muy grande. El de la vida de su propio Hijo. Y las preguntas que hace Pablo a los Corintios son muy actuales. Porque vivimos en un mundo en el que el cuerpo se ha desnaturalizado, se ha convertido en mercancía, y se ha perdido el pudor, por culpa de la “hipersexualización” de la sociedad. ¿Se nos ha olvidado que nuestros cuerpos “son miembros de Cristo”? “¿No habéis oído que sois templos del Espíritu Santo, que habita en vosotros y habéis recibido de Dios?” Él vive en nosotros, le pertenecemos, por eso deberíamos huir de toda inmoralidad. Que se note que somos cristianos.

En el Evangelio vemos a dos discípulos de Juan que tienen ganas de buscar. “¿Qué buscáis?”, les pregunta Jesús. Querían saber dónde vivía Cristo. Están dispuestos a salir de su zona de confort, para encontrar al Mesías. Tenían ya un maestro, a Juan el Bautista, pero buscaban al Maestro, al definitivo. Un buen ejemplo para nosotros, a los que nos cuesta salir de la cama, para ir a Misa, de nuestro grupo de siempre, de nuestras oraciones de siempre… Y nos quejamos de que no encontramos al Señor. A veces hace falta un esfuerzo, para verlo. Y confiar en la palabra de los que saben más de esto.

Dice el Evangelio que se quedaron todo el día. En realidad, me parece que se quedaron más de un día. Ese encuentro con Jesús les cambió la vida para siempre. Anduvieron con él, vieron cómo hablaba, cómo predicaba, cómo se relacionaba con la gente, y los “llamados” se convirtieron en “llamadores”. Esa fue la tarea de Elí, de Juan Bautista, de los primeros discípulos… “Hemos encontrado al Mesías”, y llevaron a Pedro hasta Jesús.

Quizá podamos decir algo más. Si un cristiano no habla de su experiencia del Mesías, si no comparte con otros hermanos su encuentro con Cristo, lo que ha aprendido después de estar un día con Él, si no ha sentido cómo ha recibido una llamada para evangelizar… Pues no somos cristianos del todo. Tenemos que seguir creciendo como creyentes.

Escuchamos de labios de Samuel “Habla que tu siervo escucha”. El salmo ha reforzado esa disposición, con “aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Son buenos mensajes para el que quiere orar de verdad. Debiéramos pensar que cada oración que dirigimos a Dios pidiéndole lo que sea, debería ir acompañada necesariamente de este complemento. Porque orar no es solo esperar que Dios arregle nuestras cosas, sino ponernos en sus manos, para que Él pueda arreglarlas. Es un buen momento para preguntarnos si nos hemos puesto a tiro de Jesús, si hemos escuchado la Palabra y hemos dedicado un tiempo a responderla. Porque, a lo peor, Dios está esperando nuestra respuesta a su interpelación.

Y un detalle más. A Samuel se le apareció el Señor cuando ya estaba en el templo. Y a los primeros discípulos los llama cuando ya eran discípulos del Bautista. Lo que nos recuerda que debemos actualizar la respuesta al Señor cada día. Dios sigue llamando, y nuestra contestación ha de actualizarse también.

Y, al final, vemos cómo Jesús le da un nuevo nombre a Pedro. Es el nuevo nombre, por el que Cristo lo iba a conocer. En el nombre va implícita la misión. También ante el Señor tenemos nuestro propio nombre. Él nos conoce y nos llama por ese nombre, exclusivo, cuando nos llama a nuestra vocación cristiana. Nos invita, como a Samuel, a seguirle como cristianos. Y, como dice el p. Fernando Armellini, “La vocación no nos ha sido revelada a través de sueños y visiones sino que la descubrimos mirando dentro de nosotros mismos, escuchando la palabra del Señor que se hace oír, no ver, que se manifiesta en los acontecimientos y habla a través de los ángeles que nos pone a nuestro lado: los hermanos encargados de interpretarnos sus pensamientos y su voluntad.”

Por último, subrayemos que Dios Padre y el mismo Jesucristo necesitan siempre de colaboradores a tiempo pleno, para llevar a cabo su tarea. Quieren que tú participes. Cuando hay tantas cosas que hacer en la Iglesia y en el mundo, y cuando hay tantas cosas que no se hacen, ¿no será que nos hemos puesto unas anteojeras y unos tapones, para no ver ni escuchar, para no complicarnos la vida con las cosas del Padre? Es un buen momento para reaccionar. Dios te llama. ¿Qué vas a responder?

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 12 de enero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Unos hombres trajeron a un paralítico.”

A un hombre cuyas fuerzas interiores están debilitadas para todo bien ¿no le podemos levantar como al paralítico del evangelio y abrir el techo de las Escrituras para depositarlo a los pies del Señor?
Lo veis bien, un hombre así es un paralítico espiritual. Y yo veo este techo (las Escrituras) y sé que Cristo está escondido bajo este techo. Haré, pues, dentro de mis posibilidades otro tanto que hicieron los hombres del evangelio y que el Señor aprobaba: abro el techo de la casa y hago descender al paralítico a los pies del Señor. Él mismo dice al enfermo: “Hijo mío, ten ánimo, tus pecados te son perdonados”(cf Lc 5,24). Jesús cura a este hombre de su parálisis interior, le perdona sus pecados y lo confirma en su
Pero había allí gente que no podían ver la curación de la parálisis interior. Acusaron de blasfema al médico que había efectuado la curación. “¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?” (Lc 5,21ss) Pero como este médico era Dios conocía los pensamientos de los hombres. Ellos creían que Dios tenía este poder pero no veían a Dios presente delante de ellos. Entonces, este médico actúa también sobre el cuerpo del paralítico para curar la parálisis interior de aquellos que sólo entendían este lenguaje exterior. Realizaba algo que ellos pudieran ver para creer también ellos.
¡Ánimo, pues, tú también tienes el corazón débil, tú que estás enfermo hasta el punto de ser incapaz de todo bien ante lo que pasa en el mundo! ¡Ánimo, tú que interiormente estás paralizado! Juntos abramos el techo de las Escrituras para bajar y colocarnos a los pies del Señor.



San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Discurso sobre los Salmos, salmo 36

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 2,1-12


Evangelio según San Marcos 2,1-12
Jesús volvió a Cafarnaún y se difundió la noticia de que estaba en la casa.

Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siquiera delante de la puerta, y él les anunciaba la Palabra.

Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres.

Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico.

Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Hijo, tus pecados te son perdonados".

Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior:

"¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?"

Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: "¿Qué están pensando?

¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y camina'?

Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados

-dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".

El se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: "Nunca hemos visto nada igual".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

La Palabra de hoy pone en relación dos cosas que muchos no relacionaríamos: el perdón y la curación de una parálisis. ¿Qué tienen que ver?

En la mentalidad judía, la enfermedad era consecuencia del pecado. Si uno tenía una enfermedad o una parálisis, era porque algo malo había hecho –él o sus antepasados. Por eso Jesús aplica una sanación integral: le perdona y le levanta de su postración.

Eso es lo que viene a hace Jesús: quiere sanar la raíz para que todo el árbol esté sano; quiere reconciliar el corazón, para que toda la persona se levante.

Bien mirado, el perdón y el volver a caminar tienen mucho que ver. Porque vivir dividido, no-reconciliado, implica vivir postrado, empequeñecido, desde lo peor de uno mismo. Y eso se nota. En cambio, cuando uno puede llegar a re-conciliar aquello que estaba roto, quebrado, uno puede volver a levantarse y tomar la vida en sus manos. El rencor paraliza. El perdón levanta. Por eso Jesús hace las dos cosas.

Dos mil años después, Jesús sigue pudiendo sanar a quien se acerca a Él. Él es perdón que levanta de la postración. La cuestión es conseguir ponerse cerca... o lograr que alguien te acerque –como en el evangelio del hoy-.

Señor Jesús,
tú nos das la paz del corazón.
Gracias por tu perdón,
que reconcilia lo que en nosotros está roto.
Con tu perdón podremos levantarnos,
caminar,
y ayudar a caminar a otros.

Nuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 11 de enero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA


Cristo vino para sanarnos de la lepra del pecado

“Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguió una gran multitud. Entonces un leproso fue a postrarse ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes purificarme” (Mt 8,1-2).

Grandes eran la discreción y la fe del que se aproximó. No interrumpe la enseñanza de Jesús, no atraviesa en medio de la multitud que escuchaba, sino que espera el momento oportuno y se aproxima del Señor cuando descendió. No se dirige a él de forma banal, sino con gran fervor, cayendo de rodillas- como lo relata otro evangelista- con profunda fe y una idea exacta concerniendo a Cristo. No dice “Si pides a Dios” o “Si rezas”, sino “si quieres, puedes purificarme”. No dice tampoco “Señor, purifícame”, sino que se entrega enteramente a él, lo hace dueño de su sanación y testimonia de su poder.

Jesús no responde: “Sé purificado”, sino “Lo quiero, queda purificado” (Mt 8,3). Deseaba con esas palabras confirmar al pueblo y al leproso en la convicción que tenían de su poder. Por eso dijo “Lo quiero”.

¿Por qué aunque para purificarlo le alcanzaba con quererlo y decir una palabra, Jesús lo toca con su mano? Me parece que desea mostrar que no se sitúa bajo la Ley sino por encima de ella. La mano no deviene impura al contacto de la lepra, sino que el cuerpo del leproso fue purificado por la muy santa mano. Ya que Cristo no vino sólo para sanar los cuerpos, sino para elevar las almas a la santidad y enseñarnos que la única lepra a temer es la del pecado.


San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilía 25 sobre San Mateo (PG 57, Lectures chrétiennes pour notre temps, I85, Abbaye d'Orval, 1973), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 1,40-45


Evangelio según San Marcos 1,40-45
Se acercó a Jesús un leproso para pedirle ayuda y, cayendo de rodillas, le dijo: "Si quieres, puedes purificarme".

Jesús, conmovido, extendió la mano y lo tocó, diciendo: "Lo quiero, queda purificado".

En seguida la lepra desapareció y quedó purificado.

Jesús lo despidió, advirtiéndole severamente:

"No le digas nada a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio".

Sin embargo, apenas se fue, empezó a proclamarlo a todo el mundo, divulgando lo sucedido, de tal manera que Jesús ya no podía entrar públicamente en ninguna ciudad, sino que debía quedarse afuera, en lugares desiertos. Y acudían a él de todas partes.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

Hoy se nos aclaran algunas cosas que aparecían en los evangelios de los días anteriores: Jesús actúa con autoridad y le mueve el Reino de Dios.

La persona que se acerca a Jesús lo hace con confianza: “Si quieres, puedes limpiarme”. Confía en su autoridad y le pone delante lo que hay. Jesús, “sintiendo lástima”, hace lo que está de su mano: le toca. Al que era impuro, le cura ser tocado. Al que era excluido le cura ser aceptado. Jesús trae salud, porque toca, acepta, acoge. Y “quedó limpio”.

A Jesús le mueve el Reino. No busca fama ni gloria. Por eso pide silencio. Las cosas grandes –el origen de la vida, el crecimiento de un ser, la paz del corazón…- acontecen en el silencio.

Pero el que ha sido amado y curado, desde su debilidad, no puede callarse. Por eso, sin mala voluntad, el personaje del evangelio desobedece a Jesús proclamando a los cuatro vientos la misericordia que Dios ha tenido con él. Y no es para menos. El bien se difunde. El agradecimiento es expansivo. El corazón agraciado no puede callar…

A veces creo que si no somos mejores es porque nos falta consciencia de todo lo bueno recibido. De lo que otros y Dios a través de la vida han hecho por nosotros. Sabiendo que ninguna vida es perfecta. “De la abundancia del corazón habla la boca”.

Te invito a que hoy pienses en todo lo que has recibido. Y que, desde ahí, como a la persona del Evangelio, te surja el agradecimiento. A él le llevó a proclamarlo a los demás. A ti, ¿a qué te puede llevar?

Que tengas un buen día.

Nuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 10 de enero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Se marchó al descampado y allí se puso a orar»

El sumo bien está en la oración, en el diálogo con Dios... La oración es luz del alma, verdadero conocimiento de Dios, mediadora entre Dios y los hombres. Hace que el alma se eleve hasta el cielo y abrace a Dios con inefables abrazos, apeteciendo la leche divina, como el niño que, llorando, llama a su madre; por la oración el alma expone sus propios deseos y recibe dones mejores que toda la naturaleza invisible. Pues la oración se presenta ante Dios como venerable intermediaria, alegra nuestro espíritu y pacifica el alma.

Cuando hablo de oración me refiero a la verdadera, no a las simples palabras: la oración que es un deseo de Dios, una inefable piedad, no otorgada por los hombres, sino concedida por la gracia divina, de la que también dice el Apóstol: «Nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables» (Rm 8,26). Una oración así, cuando Dios la otorga a alguien, es una riqueza inagotable y un alimento celestial que satura el alma; quien la saborea se enciende en un deseo eterno del Señor, como un fuego ardiente que inflama su corazón.



Homilía del siglo V sobre la oración
Erróneamente atribuida san Juan Crisóstomo; PG 64, 461

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 1,29-39


Evangelio según San Marcos 1,29-39
Jesús salió de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato.

El se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.

Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados,

y la ciudad entera se reunió delante de la puerta.

Jesús curó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a estos no los dejaba hablar, porque sabían quién era él.

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.

Simón salió a buscarlo con sus compañeros,

y cuando lo encontraron, le dijeron: "Todos te andan buscando".

El les respondió: "Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido".

Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

El Evangelio de hoy narra una especie de “24 horas de Jesús”: a mediodía, en casa de Simón y Andrés. Tras la comida, por la tarde, le vemos rodeado de gente, aportándoles salud. Después de la noche, madruga para orar en un lugar apartado. Y cuando le encuentran sus discípulos para decirle que todos le buscan, se pone de nuevo en camino…

Jesús no para. Lleva un fuego en el corazón y eso le mueve constantemente. “El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”- dirá en una ocasión. La comida y el descanso tienen sentido desde ese fin: cuidar la vida para poder seguir sirviendo. Los éxitos se celebran también desde esa perspectiva, y las dificultades se viven como parte de esa misión.

Jesús tiene la vida integrada, porque tiene un “centro unificador”: Dios y su Reino. Las dos cosas son importantes: ni un “Reino sin Dios”, que se convertiría en una ideología más entre las muchas que tiene nuestro mundo; ni un “Dios sin Reino”, que se transformaría en un refugio de la vida alejado de la realidad. El “Dios del Reino” y el “Reino de Dios”. De su amor vive; y existe para su venida. Desde ahí lo vive todo.

En un mundo con tantos anuncios, tantas ofertas, a veces a tan bajo coste, corremos el riesgo de vivir de saldos, “de rebajas”, por debajo de nuestras posibilidades. Y descentrados, perdidos en la selva de la vida. Jesús nos invita hoy a apostar por metas altas. Hemos sido hechos para cosas grandes: vivir, crecer, amar, servir, entregar… No nos conformemos con las migajas del banquete de la vida. Dios nos ha sentado a su mesa y Jesucristo cuenta con nosotros. Vivir por Él, con Él y desde Él puede centrar la vida y las energías, para que no se pierdan desparramadas.

Señor Jesús, aquí me tienes.
Centra mi vida
en el Dios del Reino y en el Reino de Dios
para que, como Tú,
viva unificado,
acogiendo lo recibido y entregándolo a manos llenas.

Nuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 9 de enero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Jesús lo increpó diciendo: Cállate, sal de este hombre!” (Mc 1,25)

“La Palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que una espada de doble filo.” (Hb 4,12) Toda la grandeza, la fuerza y la sabiduría de la Palabra de Dios se muestra aquí por el apóstol a todos los que buscan a Cristo, Palabra, fuerza y sabiduría de Dios... Cuando se predica esta Palabra de Dios, por la predicación la palabra exterior, pronunciada y escuchada se reviste del poder de la Palabra acogida en el interior. Entonces, los muertos resucitan, (Lc 7,22) y este testimonio hace surgir nuevos hijos de Abrahán. (Mt 3,9) Esta Palabra es palabra viva. Viviente en el corazón del Padre, viviente en los labios del predicador y viviente en los corazones llenos de fe y de amor. Y como es Palabra viva no hay duda de su eficacia.

La Palabra actúa con eficacia en la creación del mundo, en su gobierno y en su redención. ¿Qué puede haber de más eficaz o más fuerte que ella? “Cantad las proezas del Señor, su poder!” (cf Sal 105,2) La eficacia de esta Palabra se manifiesta en sus obras, se manifiesta también en la predicación. “No tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me plugo y haya cumplido aquello a que la envié.” (Is 55,11)

La Palabra es, pues, eficaz y más penetrante que una espada de doble filo cuando se la recibe con fe y amor. En efecto ¿qué hay de imposible para quien cree, y qué hay de duro para aquel que ama?



Balduino de Ford (¿-c. 1190)
abad cisterciense, después obispo
Homilía sobre Hb 4,12; PL 204, 451-453

RESONAR DE LA PLABRA - Evangelio según San Marcos 1,21b-28


Evangelio según San Marcos 1,21b-28
Jesús entró a Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar.

Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar:

"¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios".

Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre".

El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.

Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: "¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!".

Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.


RESONAR DE LA PLABRA

Queridos amigos:

El Evangelio de hoy nos muestra otro bonito pasaje de los comienzos de la predicación de Jesús. El episodio sucede en una sinagoga, lugar donde los judíos se reunían para orar, para encontrarse con Dios. Y frente a lo que otros hacían, aparece Jesús hablando y actuando con autoridad. No pertenece a las clases dirigentes del pueblo. Y sin embargo, la gente sencilla percibe que su palabra y sus acciones tienen una fuerza especial… que llama la atención y que –sabemos- le traerá problemas.

La auténtica autoridad es la que tienen aquellas personas que ayudan a los demás a sacar adelante la vida, a organizarse, a caminar. Jesús es un hombre de autoridad. Y la ejerce. A veces despertando lo dormido. Otras, oponiéndose a fuerzas contrarias. Siempre buscando el bien del otro. Hasta dar la vida…

Los seguidores de Jesús también estamos llamados a tener “autoridad”. Una autoridad como la de Jesús: aportar nuestros criterios, nuestras palabras y nuestras acciones para que el mundo se parezca a lo que Dios sueña. En unos tiempos donde a veces parece que todo vale, o donde el único criterio en ocasiones es el criterio económico o del propio beneficio, los cristianos estamos llamados a hacer valer nuestra autoridad… dando la vida.

La cuestión, pues, no es tener autoridad o no tenerla. El Evangelio quiere ser una “autoridad” en nuestro mundo, entre el resto de las voces que buscan orientar la vida de las personas. La cuestión es cómo ejercer esa capacidad. Frente a toda tentación de autoritarismo –autoridad violenta y desconsiderada- o de permisivismo –autoridad nula o endeble-, el justo medio habrá de buscarse mirando a Jesús: la autoridad que mira la vida, escucha todas las voces y, llegado un punto, es capaz de aportar palabras y gestos que apuntan hacia el Reino. A veces incluso en medio del conflicto. Hasta dar la vida…

Y tú, ¿cómo vives esto de la autoridad?

Nuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 8 de enero de 2024

La Fe de Pedro

 "No importa quién plante y riegue,

Dios no da cosecha a menos que lo que plante

sea la fe de Pedro...

Todas las cuestiones importantes

que surgen en el pueblo de Dios

se remiten al juicio de Pedro

en la persona del Romano Pontífice."

Santo Tomás de Becket,
obispo y mártir



Buen día Espíritu Santo 08012024

 

domingo, 7 de enero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“El Espíritu descendió del cielo en forma de paloma” (Jn 1,32)

Al ser bautizado Cristo, el Espíritu Santo descendió para que no quedase oculta la dignidad del que se bautizaba, según la afirmación de Juan “El que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo" (Jn 1,33). ¿Qué dice el Evangelio? “Se abrieron los cielos”. Se abrieron por la dignidad del que descendía. “Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él” (Mt 3,16). Es evidente que descendió por su propio movimiento. Era conveniente (…) que las primicias y los dones del Espíritu Santo que se otorgan a los bautizados, se mostrasen primero en la humanidad del Salvador, que es el que confiere esta inmensa gracia.

El Espíritu Santo descendió en forma de paloma y, según se dice, la paloma es modelo de pureza, inocencia y sencillez. El Espíritu descendió intercediendo con sus oraciones, a favor de los nuevos hijos de Dios y por el perdón de sus pecados (cf. Rm 8). (…) Una imagen de esa paloma venía prefigurada por aquella que se menciona en la historia de Noé (Gn 8,8 ss.). En aquellos tiempos, a través de la madera y el agua, llegó a los hombres la salvación y el comienzo de una nueva generación. Igual que la paloma volvió a Noé al atardecer, llevando un ramo de olivo (Gn 8,11), así, en el bautismo el Espíritu Santo descendió hacia el nuevo Noé, autor de la nueva humanidad. Llevaba con él hacia la misma barca, a todas las especies. (…). La paloma espiritual descendió en tiempos del bautismo de Cristo, para mostrar que es él el que salva a los creyentes con el leño de la cruz, y más tarde, con su muerte, da la salvación a la humanidad.



San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 17,9-10 (Les catéchèses, coll. Les Pères dans la foi 53-54, Migne, 1993), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 1,7-11


Evangelio según San Marcos 1,7-11
Juan predicaba, diciendo:

"Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.

Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".

En aquellos días, Jesús llegó desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.

Y al salir del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu Santo descendía sobre él como una paloma;

y una voz desde el cielo dijo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en ti tengo puesta toda mi predilección."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos, paz y bien.

Terminamos el tiempo de Navidad con la solemnidad del Bautismo del Señor. Este año, el calendario no nos ha dado mucho tiempo a asimilar la fiesta que celebramos ayer, de la Epifanía del Señor. Las celebraciones vienen sin solución de continuidad. Lo bueno es que la Palabra es siempre oportuna y eficaz. Y sugerente.

Decir Bautismo es decir muchas cosas. Cuando alguien viene a mi parroquia a decir que se quiere bautizar, le explico que el Bautismo es una meta tras un largo camino de preparación, y el punto de partida de un nuevo camino que dura toda la vida. Como lo fue para Cristo, que, desde el Jordán, inició un itinerario que le llevó hasta el Bautismo definitivo, allá en el Calvario. Decir Bautismo para un cristiano es decir también muchas cosas: ser hijos de Dios, incorporarse al mundo de los sacramentos, ser miembro de la Iglesia… Habría que recuperar la mística de nuestro Bautismo. Este domingo nos puede ayudar a ello de un modo único. Dejemos que el Espíritu nos lleve y nos sorprenda.

La primera lectura nos presenta al siervo de Dios. Este siervo tiene un estilo particularísimo: no gritará, no clamará, no voceará por las calles, la caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará, promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará. Esa caña somos nosotros. Dios está de nuestra parte. No quiere quebrarnos. Se acerca en el ser más entrañable y cercano que podemos imaginar: Jesús, el Hijo de un Dios que se hace uno de nosotros. De ese Dios que es amor.

Podemos preguntarnos por qué la Liturgia no le presta mayor atención a la vida de Jesús en Nazaret. Seguramente, celebró su rito de iniciación en la fe judía a los 12 años. ¿Por qué tantos años de su vida nos son desconocidos, quedan en el anonimato? El Jesús que se hace bautizar es ya muy adulto (en el tiempo de Jesús, los jóvenes se casaban a los 17 o 18 años). Poco sabemos del Jesús niño o adolescente, todo se resume en unas pocas frases muy concisas: "bajó con ellos y les estuvo sometido", "el hijo de José", "el artesano". No conocemos el motivo del anonimato de esos años, pero encontramos a Jesús, ya formado, dispuesto a bautizarse.

Hasta entonces, Jesús había vivido tranquilamente en Nazaret. Pero el anuncio del Reino, hecho por Juan el Bautista, le hace entrar “en crisis”, le animó a cambiar de vida, a buscar algo nuevo. Abandonó los valores tradicionales, y se abrió a los valores del Reino, proclamados en las Bienaventuranzas. Deja su familia humana, para crear en torno a Él una nueva familia, la de los que hacen la voluntad del Padre.

El Bautismo de Jesús no era necesario para Él. Estaba libre de todo pecado. Pero se bautiza para que el agua de Dios se derrame sin discriminación sobre todos. Los primeros cristianos creían que el bautismo era solo para los judíos. Los planes de Dios son otros. En el Jordán se derrama sobre Jesús, pero es solo el comienzo. Y Dios hace que san Pedro se convenza de que no es así. El agua de santificación se puede verter también sobre los paganos. Ya al despedirse, Cristo resucitado lo había dicho a sus discípulos: “id por todo el mundo y bautizad en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19).

Para ser de los de Jesús, hay que pasar por el rito del agua. Juan Bautista, el precursor, ya llamaba a la gente al desierto para que, en el silencio, pudieran purificarse y comenzar una nueva vida. Limpiar los cuerpos con el agua simbolizaba lo mucho que había que purificar para poder entrar en la nueva era que estaba a punto de iniciarse. De este modo comenzó Jesús su ministerio profético, haciéndose bautizar por Juan Bautista. Así comienza la vida de cada hombre que se sabe llamado a convertirse en discípulo de Jesús: dejándose renovar por el baño del agua y del Espíritu. Es que el Bautismo (sobre todo por inmersión) recuerda la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo. Del misterio Pascual brota la nueva vida, la nueva creación. Miles de personas hemos recibido ese bautismo de Jesús. Hemos pasado a formar parte de su comunidad de seguidores. Hemos entrado en la nueva época del Reino de Dios.

Como Cristo, estamos ungidos, somos otros “Cristos”. El Espíritu de Dios está en cada uno de nosotros. ¿Qué hacemos para que ese Espíritu no se apague e inspire todos nuestros actos? ¿Cómo se nota en nuestra vida que somos bautizados? Quizá deberíamos poner la mira más en las cosas de arriba, no tanto en las de la tierra. Porque hemos muerto al mundo, y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. (cfr. Col 3, 2-3)

El sumergirse en el agua, pues, representaba la muerte y la sepultura. En cambio, el salir del agua es un signo de la resurrección. Por eso, al salir del agua se produce la revelación del Espíritu y del Padre, al rasgarse los cielos. Se presenta así el nuevo mundo del reino, en el que todos somos hijos en el Hijo. La voz del cielo que se escuchó nos recuerda la profunda unión de Cristo con el Padre. El Hijo amado se presenta ante el mundo, y el Padre se manifiesta para que todos escuchemos las Palabras de vida de Cristo. (cfr. Mc 9, 7) En Navidad hemos tenido más tiempo libre, por las vacaciones. Quizá hayamos escuchado más la Palabra, incluso a lo mejor hemos ido más a Misa. Cuando empiece el tiempo ordinario, que no se nos olvide a Quién seguimos, y lo que nos pide cada día. Ya que, compartiendo su Bautismo, compartimos su misión, la de construir el Reino de Dios. Entre todos.

Porque han pasado ya las fiestas de Navidad y Epifanía. Los ángeles se han retirado, se ha ido la estrella de Belén, los Magos han vuelto a su tierra, los pastores han retornado con sus rebaños, empieza para nosotros el programa del tiempo ordinario: buscar al perdido, curar al lastimado, alimentar al hambriento, liberar al prisionero, reconstruir las naciones, conseguir la paz entre los hermanos, llenar de música el corazón. Entre todos, si somos capaces de llevar esto a cabo, lograremos que sea Navidad. Que siempre sea Navidad. Demos gracias a Dios por el don del Bautismo. Y pidámosle que seamos dignos del nombre de cristianos que, por nuestro Bautismo, llevamos.


Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo 07012024

 

sábado, 6 de enero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Entrando en la casa, vieron al Niño”

Adoración de los Reyes…poderosos de la tierra, humillan sus cabezas ante la humilde cuna de un Niño… Oro, incienso y mirra venido de Oriente… Ansiedad en los corazones. Polvo de los caminos recorridos de noche, guiados por una estrella. ¿Dónde está aquél que ha nacido?... Han pasado veinte siglos… Almas que también recorren los caminos de la tierra como los Magos de Oriente, siguen preguntando al pasar: ¿Habéis visto al que ama mi alma? (Can.Cant.3,3) También ahora es una estrella de luz la que iluminando nuestro camino; nos lleva a la humildad de un Portal, y nos muestra aquello que nos ha hecho salir “fuera de los muros de la ciudad” (He 13,13; cf Lc 16,27). Nos enseña a un Dios, que siendo dueño de todo, de todo carece. Al creador de la luz y calor del sol, padeciendo frío…Al que viene al mundo por amor a los hombres, de los hombres olvidado.

También ahora como entonces, hay almas que buscan a Dios… Mas por desgracia, no todos llegan a encontrarlo; no todos miran a la estrella que es la fe, ni se atreven a adentrarse en esos caminos que conducen a Él, que son la humildad, el renunciamiento, el sacrificio y casi siempre la Cruz.

Cuando esta noche en el coro, me acordaba, sin yo quererlo, de mis días infantiles, de mi casa… de los Reyes…, mis hábitos blancos me decían otra cosa… También yo, como los Magos, vine a buscar un Portal… Ya no soy niño, a quien hay que dar juguetes. Las ilusiones ahora son más grandes y no son de esta vida… Las ilusiones del mundo, como juguetes de niño, hacen feliz cuando se esperan…, después, todo es cartón. Ilusiones del cielo… ilusión que dura la vida y que después no defrauda. ¡Qué contentos volverían los Magos después de haber visto a Dios! Yo también le veré..., no hay más que esperar un poco. Pronto llegará la mañana y con ella la luz. ¡Qué feliz será el despertar!



San Rafael Arnáiz Barón (1911-1938)
monje trapense español
Escritos espirituales, 06/01/1937 (Ed. Monte Carmelo; Obras Completas 1988)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 2,1-12


Evangelio según San Mateo 2,1-12
Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén

y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo".

Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.

Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.

"En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:

Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella,

los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje".

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.

Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría,

y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.

Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.


RESONAR DE LA PALABRA

Nos tenemos que poner en situación. Tal y como nos lo cuenta el Evangelio, estamos hablando de unos grandes señores. No dice el texto evangélico que sean reyes pero muy pobres no debían ser aquellos “Magos de Oriente” si tenemos en cuenta los regalos que llevaban: oro, incienso y mirra. Son regalos reales. Aquellos “Magos” se mueven buscando al “Rey de los judíos”. Lo que quieren es adorarlo.

Más allá de lo acostumbrados que estemos a ver la escena en nuestros Belenes, nos tenemos que dejar sorprender por el contraste. Porque ya sabemos que Jesús nace en una familia pobre y sencilla. Lo de ser artesano carpintero de José no era precisamente un oficio para ser rico. Ni siquiera para pertenecer a la clase media, si es que en aquel tiempo había de eso. Por Lucas sabemos que el niño Jesús nació en una cuadra. No había sitio para ellos en la posada. En este Evangelio de Mateo se dice que los Magos entraron en una casa. No podemos pensar en un palacio ni nada parecido, que Belén tampoco era gran cosa en la época. El contraste está ahí. Los Magos van a adorar al Rey de los judíos y lo encuentran en un niño recién nacido de una familia pobre que está acogido en una casa porque sus padres son tan pobres que la noche misma de su nacimiento no pudieron pagar una posada.

Pues bien, hoy es la fiesta de la Epifanía. Es la gran fiesta de la manifestación de Dios al mundo. Eso es precisamente lo que significa “Epifanía”. Según indica el Diccionario de la Real Academia epifanía significa manifestación, aparición o revelación. Es Dios mismo que se revela y se manifiesta. Y lo hace precisamente en un niño recién nacido, el ser más desvalido y frágil que nos podemos imaginar. Un recién nacido es totalmente dependiente. No puede hacer nada por sí solo. Ni siquiera puede expresarse. Lo más llora para expresar que se siente incómodo porque está sucio o tiene hambre. Ahí está Dios. Ahí los magos adoraron la presencia de Dios. Ahí y sólo ahí podemos encontrar nosotros la epifanía, la revelación de Dios.

Subrayo el contraste entre lo que quizá esperaban encontrar los magos y lo que de hecho encontraron. Y el contraste entre lo que nosotros pensamos de Dios y lo que de hecho nos encontramos en esta fiesta. Un niño indefenso, frágil, vulnerable, sin palabra… Un niño que no hace nada pero que, ahí está lo maravilloso, nos puede cambiar el corazón. Si nos dejamos, claro está.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo 06012024

 

viernes, 5 de enero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Jesús, ¡nos conoces muy bien!

Jesús, amigo del corazón solitario,

Eres mi refugio,

Eres mi paz,

Eres mi único socorro,

Eres la calma en mis combates y en el océano de mis dudas.

Eres el rayo luminoso que aclara la ruta de mi vida.

Eres todo para el alma solitaria.

Comprendes al alma, mismo cuando ella se calla.

Conoces nuestras debilidades, como un buen médico.

Consuelas y cuidas, alivias los sufrimientos,

Porque nos conoces bien. (…)

Jesús, tengo confianza en Ti, tengo confianza en el océano de Tu misericordia, Tú eres mi madre.



Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Pequeño diario, 247 (Petit journal, la Miséricorde divine dans mon âme, Parole et Dialogue, 2002), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,43-51


Evangelio según San Juan 1,43-51
Jesús resolvió partir hacia Galilea. Encontró a Felipe y le dijo: "Sígueme".

Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

Felipe encontró a Natanael y le dijo: "Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret".

Natanael le preguntó: "¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?". "Ven y verás", le dijo Felipe.

Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: "Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez".

"¿De dónde me conoces?", le preguntó Natanael. Jesús le respondió: "Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera".

Natanael le respondió: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel".

Jesús continuó: "Porque te dije: 'Te vi debajo de la higuera', crees . Verás cosas más grandes todavía".

Y agregó: "Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre."


RESONAR DE LA PALABRA

Podríamos decir que hoy es el día de los prejuicios rotos. Felipe se ha encontrado con Jesús y éste le invita a seguirle. Felipe no tiene problemas. Se va con Jesús y más tarde se encuentra con Natanael y le dice que se ha encontrado con el Mesías y que es Jesús, hijo de José de Nazaret. Y ahí empiezan los problemas. Nazaret es un pequeño pueblo situado en Galilea. Y Galilea era una zona marginal de Judea. Era una zona con mucha mezcla de población. Sus habitantes no eran judíos puros. No eran como los de Jerusalén, habitantes del centro. Es la vieja historia del desprecio del centro hacia los márgenes. Los que se consideran así mismos los buenos y miran a los otros de arriba abajo. Por eso, la respuesta de Natanael: “¿De Nazaret puede salir algo bueno?”. De Nazaret no podía salir nada bueno. Y mucho menos el Mesías.

Natanael vive con sus prejuicios. No le hace falta ni encontrarse con las personas ni visitar y conocer los pueblos, los paisajes, la gente. Él ya sabe todo, ya conoce todo. Por eso, tiene las ideas claras y distintas. El Mesías no puede salir de Nazaret. Es una cuestión de principios. Y menos de una familia pobre. Lo suyo sería que naciese en el seno de una familia prominente de Jerusalén, mejor si fuese una familia sacerdotal o levítica. ¡Menos mal que parece que Felipe no le contó el nacimiento de Jesús en una cuadra! Ya se hubiera cerrado en redondo.

Menos mal que le pudo la curiosidad. Y se acercó a Jesús. Y su vida cambió. No debió ser fácil romper definitivamente con los prejuicios. Seguro que le seguirían asaltando durante mucho tiempo. Pero encontrarse con Jesús le transformó la vida. Valió la pena dejar atrás los prejuicios.

Hoy se nos hace a nosotros una invitación parecida. Oímos la voz que nos dice “ven y verás”. Y, si somos capaces de dejar atrás los prejuicios, lo ya sabido, lo que damos como seguro, seremos capaces de encontrarnos con Jesús, siempre sorprendente, siempre capaz de sacarnos de la zona de confort en que nos movemos habitualmente, para invitarnos a participar en la construcción del Reino, para vivir al servicio de la fraternidad, de la justicia, para situarnos cerca de los pobres. Porque todo eso es seguir a Jesús.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo! 05012024

 

jueves, 4 de enero de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Hemos encontrado al Mesías»

Andrés, tras haber conversado con Jesús y aprendido su doctrina, no la reservó para sí como un tesoro, sino que acudió corriendo a casa de su hermano para hacerle partícipe de los bienes que había recibido...

Observad que Pedro tiene un espíritu dócil y obediente... sin ninguna vacilación echó a correr: «Y dice el evangelista, le llevó hasta Jesús». Que nadie le reproche una excesiva credulidad porque prestó fe a lo que le fue dicho sin informarse de más detalles. Es verosímil que su hermano le hubiera hablado ya extensamente e, informándole de los particulares del caso. Pero los evangelistas acostumbran a resumir hechos y palabras, movidos por el deseo de ser breces y concisos. Sea de ello lo que fuere, San Juan no dice que Pedro creyera sin más, sino que su hermano «lo condujo a Jesús», para confiárselo, para que de El aprendiera toda la doctrina.



San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre el Evangelio de Juan, nº 19

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,35-42


Evangelio según San Juan 1,35-42
Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos

y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios".

Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.

El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?".

"Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.

Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.

Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo.

Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.


RESONAR DE LA PALABRA

El Evangelio de hoy me ha hecho recordar el cuento aquel del tonto, el dedo y la luna. Al tonto le señalaron la luna pero él se quedo mirando el dedo. Gracias a Dios, eso no les pasó a los discípulos de Juan. A las palabras de éste –“Este es el Cordero de Dios”– no tuvieron duda en abandonar a Juan e irse tras Jesús. Querían conocerle, saber quien era ése del que Juan decía que era el “Cordero de Dios”. Querían ir más allá del dedo, querían de verdad llegar a la luna, al mismo Jesús. Primera conclusión: es necesario un poco de curiosidad en la vida, de apertura, para no quedarnos en lo que nos dicen sino acercarnos nosotros mismos e intentar conocer directamente cómo son las cosas, las personas. Es una curiosidad que nos tiene que abrir camino más allá de los prejuicios.

Lo segundo que me gustaría señalar es la respuesta de Jesús a los dos discípulos: “Venid y lo veréis”. Es otra invitación al conocimiento directo, al encuentro tranquilo. Dice el Evangelio que los dos discípulos se fueron con Jesús y se quedaron con él aquel día. No es verdad porque en realidad se quedaron con él aquel día y muchos más días. Pasaron de ser discípulos de Juan a ser discípulos de Jesús. Le oyeron hablar con la gente, contar las parábolas, hablar del Reino, atender a los enfermos, acercarse a los pobres y marginados. Le vieron también enfrentarse a los sacerdotes, a los escribas y fariseos. No pasaron un día y una noche con él sino muchos días y muchas noches. Aprendieron de él, escucharon su palabra, le vieron actuar. Algunas cosas no las entendieron buen. Hasta cuando llegó el momento de la cruz salieron corriendo sin entender lo que estaba pasando. Hasta que le vieron resucitado y la luz se hizo presente en su corazón.

Así es como tenemos que conocer a Jesús. Porque el niño que hemos visto nacer en Belén, en aquella cuadra maloliente, va a crecer. Tenemos todo el año y todos los años para acercarnos a él, para ir entendiendo y abriendo el corazón a una presencia siempre sorprendente. Poco a poco iremos descubriendo lo que significa en Jesús ser el “Cordero de Dios”. No nos tenemos que desanimar. No se trata de entenderlo ni vivirlo todo el primer día. Tenemos tiempo. Se trata de seguir a Jesús y dejarnos fascinar por él, aunque a veces no le entendamos del todo.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 2 de enero de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,19-28


Evangelio según San Juan 1,19-28
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?".

El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".

"¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió.

Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?".

Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías".

Algunos de los enviados eran fariseos,

y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?".

Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:

él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia".

Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.


RESONAR DE LA PALABRA

Toda la semana vamos a estar escuchando testimonios sobre Jesús. La liturgia nos invita a fijarnos en el recién nacido y escuchar lo que otros dicen de él. En el Evangelio de hoy son los judíos los que mandan mensajeros a Juan el Bautista. Quieren saber si es él el que están esperando, el que tiene que venir, el Mesías. Juan, tal como se nos presenta en el Evangelio, niega ser el esperado mesías. Él sólo es “la voz que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor”. Pero tiene algo más que decir a los enviados de los judíos. El que tiene que venir es uno que está “en medio de vosotros”, uno al que “no conocéis”.

Hay dos mensajes muy claro en estas pocas palabras de Juan. En primer lugar, para ver al esperado, al Mesías, al enviado de Dios, no hay que salir al desierto. No hay que ir a lugares especiales ni siquiera a lugares sagrados. El que va a venir está en medio de los judíos, en su ciudad, en su barrio, entre las calles por las que se mueven. Lo que dice Juan lo podemos aplicar a nosotros sin problema: Jesús, el salvador, el Hijo de Dios, está en medio de nosotros. No hay que buscar apariciones ni milagros, ni profetas, ni místicos. No hay que ir a esos santuarios famosos. Él está en medio de nosotros. Camina por nuestras calles, vive en nuestras casas…

La segunda idea es también importante que la tengamos en cuenta. Sucede, según dice Juan, que los judíos “no le conocéis”. Ni siquiera esos que se han pasado los días y las horas de su vida escudriñando las escrituras, estudiando su sentido palabra a palabra, escribas y fariseos, conocen a ese que tiene que venir, que ya está en medio de ellos. No saben cómo es. Quizá se pueda aplicar esto también a nosotros. Después de tantas misas, de tanto catecismo, de haber estudiado quizá algo de teología y de haber leído unos cuantos libros, no conocemos cómo es Jesús.

Los pastores y la gente sencilla sí lo reconocieron, como hemos leído en los días pasados. Y alabaron a Dios. Ellos supieron ver en ese niño recién nacido en una cuadra maloliente, hijo de unos padres tan pobres que no hubo lugar para ellos en la posada, al Salvador, al Esperado, al Mesías, al Hijo de Dios. ¿No deberíamos dedicar un minuto a pensar en esta paradoja?

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA