martes, 19 de diciembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“...por no haber creído a mis palabras...” (cf Lc 1,20) “Feliz tú que has creído...” (Lc 1,45)

La mujer de Juan Bautista es una mujer vieja y estéril, la de Cristo es una joven doncella en todo el esplendor de su juventud. Juan es fruto de la esterilidad, Cristo, de la virginidad... El uno es anunciado por el mensaje de un ángel, el otro, por el anuncio del ángel es concebido. El padre de Juan no cree la noticia de su nacimiento y se vuelve mudo. La madre de Cristo cree en su Hijo y, por la fe, lo concibe en su seno. El corazón de la Virgen acoge a Cristo antes con la fe, y luego María recibe el fruto en sus entrañas.

Las palabras que María y Zacarías dirigen al ángel son, no obstante, muy parecidas. Cuando el ángel le anuncia el nacimiento de Juan, el sacerdote responde: “¿Cómo sabré que sucederá así? Porque yo soy viejo y mi mujer avanzada en años” (Lc 1,18). Al anuncio del ángel, María responde: “¿Cómo será esto, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?” (Lc 1,34). Sí, son casi las mismas palabras... Sin embargo, el primero es corregido, a la segunda se le explica. A Zacarías se le dice: “Porque no has creído en mis palabras...”, a María: “he aquí la respuesta que tú pides.” Aún así, son casi las mismas palabras de una parte y de la otra...Pero el que escuchaba las palabras veía también los corazones. Nada le queda escondido. El lenguaje de cada uno velaba lo que pensaba, pero si este pensamiento estaba escondido para los hombres, no lo era para el ángel, o más bien, no lo era para quien hablaba a través de la mediación del ángel.



San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 293, 1-2

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,5-25


Evangelio según San Lucas 1,5-25
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón.

Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.

Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.

Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios,

le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.

Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.

Entonces se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.

Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo.

Pero el Angel le dijo: "No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan.

El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento,

porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre,

y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios.

Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto".

Pero Zacarías dijo al Angel: "¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada".

El Angel le respondió: "Yo soy Gabriel , el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia.

Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo".

Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario.

Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. El se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.

Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa.

Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses.

Ella pensaba: "Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres".


RESONAR DE LA PALABRA

Un día más, en este adviento, nos encontramos con otro ángel. En este caso Gabriel que vuelve a llevar buenas noticias a quienes ya habían perdido una gran esperanza. Zacarías el sacerdote, acostumbrado a estar en medio de lo sagrado, por lo menos de lo sagrado externo. Haciendo su turno de culto le sorprende Gabriel que irrumpe, como todos los mensajeros de Dios, sin pedir permiso. Entre el incienso y el miedo el viejo sacerdote logra entrever la buena nueva que se le dirige (a él y a su mujer, aunque no esté presente): van a tener un hijo.

Un hijo especial (como lo son todos los hijos para sus padres). Alguien que convertirá corazones, que preparará a muchos para la llegada del Mesías, que se llenará de Espíritu Santo… Alguien especial, pero también solo el encargado de anunciar.

Zacarías, el que se mueve en lo sagrado, el que vive de lo sagrado, no acierta a creer al mismo Dios. Por ello se va a quedar mudo. Pierde la capacidad de decir, de nombrar. Su mudez será la evidencia de su sordera interior, de su increencia en que lo sagrado se manifiesta por palabras sencillas y por acciones inesperadamente hermosas. El sacerdote del turno de Abías, casado con mujer Isabel, descendiente del mismo Aarón, padre del Bautista, pierde la palabra porque no se espera que Dios rompa sus esquemas totalmente lógicos en su edad avanzada. Y una vez más el Dios de la vida saliéndose por la tangente de lo ordinariamente extraordinario de un niño que va a nacer, aunque ya no sea esperado.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 18 de diciembre de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 1,18-24


Evangelio según San Mateo 1,18-24
Este fue el origen de Jesucristo:

María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.

Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.

Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:

La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros".

Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.


RESONAR DE LA PALABRA

José era un hombre justo. De una justicia extraña que se da la mano con la misericordia y es tan diferente de aquella en la que se busca solo el resarcimiento. Una justicia que no es rigidez, sino capacidad de ver más allá de lo esperado: de la condena, de la acusación pública. Decide repudiar a María en secreto, porque sabe que ese hijo no proviene de él, que no es carne de su carne y que es fruto del engaño. A pesar de todo, no quiere sacarlo a la luz, no quiere hacerlo público. Y con esta determinación amarga, José se duerme.

En ese sueño se le aparece un ángel que le lleva por lugares poco transitados y poco creíbles: Espíritu Santo, Enmanuel, Dios-con-nosotros, profecía…

José, como Jacob, debió de pedir explicaciones al ángel; probablemente, luchó un rato con él entre el aleteo de plumas y el roce de lo onírico. El ángel probablemente se calló y guardó las palabras para más adelante, para ese día maldito de sangre de inocentes y de salvación en tierra extranjera.

José, con los ojos todavía pesados y el corazón estremecido, comenzaría a desperezar su cuerpo y su espíritu, intentando dar crédito a las palabras soñadas, al encuentro con lo diverso que no puede ser uno mismo. Y viendo a María y a su vientre, tuvo que creer al ángel porque pudo saber, como saben los que pueden ver lo diferente, que ese niño era Dios-con-nosotros, que esa mujer, medio niña, era madre del Esperado. Y que él era el justo que renunció a la condena por un sueño de alas y de susurros. Bendito Justo.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Un hombre Justo

José… era un hombre justo.
Mateo 1, 19

En la Escritura, una persona justa es alguien fiel a Dios en todo, alguien devoto al Señor y comprometido con cumplir sus mandamientos. Y así era José: Un hombre que vivió humildemente delante de su Dios y que se esforzó por seguir su camino todos los días. Ciertamente, esta es la razón por la cual Dios lo apartó y lo llamó para que fuera el padre terrenal de su Hijo.


Cuando José supo que María, su prometida, estaba embarazada, lo que había sucedido debió ser claro para él: Lo único que podía suponer era que ella había cometido adulterio. Y porque era un hombre justo, José sabía lo que la ley exigía en estos casos: Que él la denunciara públicamente y que ella fuera severamente castigada.

Pero, claramente, porque José amaba a María decidió ir más allá de la ley. También vio más allá de su corazón que se encontraba dolido y de su orgullo herido. Y debido a que era un hombre justo, vio en la mujer que iba a ser su esposa a una joven vulnerable, de manera que escogió el camino de la misericordia. Por eso tomó la decisión de divorciarse de ella en secreto. Aun antes de que el ángel le revelara en un sueño que María realmente no había cometido adulterio, José ya había decidido que la dignidad de ella y su vida misma valían la pena ser protegidas.

Muchos años después, Jesús enseñó que “toda la ley” se basa en el mandamiento de amar a Dios y al prójimo (Mateo 22, 40). Sus enseñanzas habrían hecho que su padre adoptivo —el justo José— ¡se sintiera orgulloso!

Jesús es el hombre justo prefigurado por San José. El Señor ve tus pecados y defectos, pero también ve a la persona que él creó por amor, la persona a quien él todavía ama profundamente. Jesús cumple la ley ofreciéndote perdón en lugar de condenación, misericordia en lugar de castigo. El Señor ha decidido llevarte a su hogar y hacerte parte de su familia. ¡Qué Salvador más bondadoso —y justo— tenemos!

“Señor Jesús, Hijo de Dios y de José, ¡gracias por ver más allá de mis pecados y directo a mi corazón!”

Jeremías 23, 5-8
Salmo 72 (71), 2. 7-8. 12-13. 17
Fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

sábado, 16 de diciembre de 2023

EN MEDIO DEL DESIERTO

Los grandes movimientos religiosos han nacido casi siempre en el desierto. Son los hombres y las mujeres del silencio y la soledad los que, al ver la luz, pueden convertirse en maestros y guías de la humanidad. En el desierto no es posible lo superfluo. En el silencio solo se escuchan las preguntas esenciales. En la soledad solo sobrevive quien se alimenta de lo interior.

En el cuarto evangelio, el Bautista queda reducido a lo esencial. No es el Mesías, ni Elías vuelto a la vida, ni el Profeta esperado. Es «la voz que grita en el desierto». No tiene poder político, no posee título religioso alguno. No habla desde el templo o la sinagoga. Su voz no nace de la estrategia política ni de los intereses religiosos. Viene de lo que escucha el ser humano cuando ahonda en lo esencial.

El presentimiento del Bautista se puede resumir así: «Hay algo más grande, más digno y esperanzador que lo que estamos viviendo. Nuestra vida ha de cambiar de raíz». No basta frecuentar la sinagoga sábado tras sábado, de nada sirve leer rutinariamente los textos sagrados, es inútil ofrecer regularmente los sacrificios prescritos por la Ley. No da vida cualquier religión. Hay que abrirse al Misterio del Dios vivo.

En la sociedad de la abundancia y del progreso se está haciendo cada vez más difícil escuchar una voz que venga del desierto. Lo que se oye es la publicidad de lo superfluo, la divulgación de lo trivial, la palabrería de políticos prisioneros de su estrategia, y hasta discursos religiosos interesados.

Alguien podría pensar que ya no es posible conocer a testigos que nos hablen desde el silencio y la verdad de Dios. No es así. En medio del desierto de la vida moderna podemos encontrarnos con personas que irradian sabiduría y dignidad, pues no viven de lo superfluo. Gente sencilla, entrañablemente humana. No pronuncian muchas palabras. Es su vida la que habla.

Ellos nos invitan, como el Bautista, a dejarnos «bautizar», a sumergirnos en una vida diferente, recibir un nuevo nombre, «renacer» para no sentirnos producto de esta sociedad ni hijos del ambiente, sino hijos e hijas queridos de Dios.

José Antonio Pagola
publicado en Grupos de Jesús

COMPRENDIENDO LA PALABRA


EL NUEVO ELIAS

El bautismo es el punto final del Antiguo Testamento, pero también es el principio del Nuevo. En efecto, Juan Bautista, el «que no ha nacido de mujer uno más grande» (Mt 11,11), fue su promotor. Juan acabó la serie de profetas porque «los profetas y la Ley habían profetizado hasta que vino Juan» (Mt 11,13). Y él abrió la era del Evangelio, tal como está escrito: «Comienza el Evangelio de Jesucristo... Juan bautizaba en el desierto, predicaba que se convirtieran y se bautizaran» (Mc 1,1.4).

¿Osarías oponerlo a Elías, el Tesbita, que fue llevado al cielo? Y sin embargo no es superior a Juan. Enoch fue transportado al cielo, pero no es más grande que Juan. Moisés fue un gran legislador en Israel. Todos los profetas han sido admirables, pero no eran más grandes que Juan. No se trata de comparar unos profetas con otros; pero su Señor, nuestro Maestro, el Señor Jesús, declaró: «No ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista» (Mt 11,11). La comparación se hace entre el gran servidor y sus compañeros de servicio, mas, la superioridad y la gracia del Hijo frente a sus servidores, no admite comparación.

¿Te fijas en la calidad de este hombre que Dios ha escogido como primer beneficiario de esta gracia? Un pobre, un amigo del desierto y, sin embargo, no era enemigo de los hombres. Comiendo saltamontes daba alas a su alma. Alimentándose con miel, pronunciaba palabras más dulces y más útiles que la misma miel. Vistiendo con piel de camello, con su forma de obrar demostraba y daba ejemplo de austeridad. Es que desde el seno de su madre había sido santificado por el Espíritu Santo (Lc 1,15). También Jeremías había sido santificado pero no había profetizado ya desde el seno materno. Tan sólo Juan, saltó de gozo ya en la cárcel del seno de su madre (Lc 1,44); bajo la acción del Espíritu reconoció al Maestro sin haberle visto todavía con sus propios ojos de carne. La grandeza de la gracia del bautismo exigía un gran dirigente.



San Cirilo de Jerusalén (313-350)
obispo de Jerusalén, doctor de la Iglesia
Catequesis bautismal 3

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 17,10-13


Evangelio según San Mateo 17,10-13
Al bajar del monte, los discípulos preguntaron a Jesús: "¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?".

El respondió: "Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas;

pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre".

Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista.


RESONAR DE LA PALABRA

Elías ya había venido, era el Bautista. Pero ni él ni Jesús iban a ser comprendidos, mucho menos aceptados, por los escribas que anhelaban esa venida de Elías. Una vez más dos figuras distintas y las dos rechazadas. Hagamos un pequeño recurrido narrativo:

Juan Bautista decide vivir en despoblado, en la soledad poblada de aullidos que dice el Salmo. En una soledad querida por tantos hombres y mujeres buscadores de Dios a lo largo de tantos siglos. Desiertos en la ciudad o en el campo. Desiertos multiformes que tienen en común la búsqueda de “Solo Dios”.

En cambio, Jesús elige vivir entre las personas, entre las preocupaciones y alegrías de los seres humanos. Mezclado y embebido hasta el vino del vértigo final. Busca el roce constante con lo impuro de su tiempo, para revestirlo con el manto del que acoge sin reservas y desde el amor que envuelve, dignifica y devuelve a la vida. Elige una caña cascada y un pabilo vacilante para mimarlo y no dejar que se rompa o se apague. Elige lo débil del entramado humano, porque la ternura de Dios va por el camino de preferencias sin rédito conocido (“Si invitas a alguien que te va a invitar a su vez, ¿qué mérito tienes?”).

Elige un establo y un pesebre por obligación, porque los demás no quieren acoger a una mujer a punto de dar a luz. Elige la confusión lapidaria de la voz inaudible de unas estrellas y de unos pastores que no son nadie para los demás. Elige el llanto, el balbuceo y la risa diáfana de un recién nacido como todos los demás, quebradiza fuerza de lo que se ha de cuidar con esmero y que contiene en sí la fuerza increíble que reblandece y alegra los corazones.

Juan elige el desierto y el grito. Jesús elige el susurro y las poblaciones. Juan anuncia al que “ha de venir” y Jesús cuenta cómo el Reino es de los sencillos y ya está aquí, que no hay que esperar más: a nada ni a nadie.

Es cierto que hemos de preparar los caminos. Pero todavía es más cierto que hemos de dejarnos empapar por este acontecimiento misterioso que celebramos estos días: la gestación en las entrañas de María de todo un Dios, que elige el camino de los seres humanos, en sus esperanzas y sus anhelos, para darle la vuelta y llevarnos a lo esencial. Lo esencial es el amor desproporcionado de quien nos amó primero y que, en la plenitud de los tiempos y para siempre, hizo de la humanidad su carne y su sueño.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Buen día, Espíritu Santo! 16122023

 

viernes, 15 de diciembre de 2023

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,16-19


Evangelio según San Mateo 11,16-19
¿Con quién puedo comparar a esta generación? Se parece a esos muchachos que, sentados en la plaza, gritan a los otros:

'¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!'.

Porque llegó Juan, que no come ni bebe, y ustedes dicen: '¡Ha perdido la cabeza!'.

Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores'. Pero la Sabiduría ha quedado justificada por sus obras".


RESONAR DE LA PALABRA


La duda y el escándalo. El no estar nunca satisfechos o ser crédulos, incluso entre dos personajes que estaban en las antípodas algunas veces: Juan el Bautista y Jesús.

¿Cómo el Mesías puede comer con pecadores? ¿Cómo deja que le toque esa mujer? ¿Cómo cura en sábado y no se lava las manos antes de comer? ¿Cómo puede llamar felices a los parias de la historia? ¿Cómo de Nazaret puede salir algo bueno? ¿No es este el hijo del carpintero y sus hermanos y hermanas viven entre nosotros?

En realidad, todo ello es escandaloso para los que tenemos una imagen de la divinidad “clásica”, ya que el escándalo mayor es que Dios se haga humano. No puede ser como nosotros. No puede vivir nuestras alegrías y nuestras penas, nuestro amor profundo y nuestras inquietudes y dudas. Dios no puede ser así. Y menos con apariencia de “comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”.

“Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras”: sordos que oyen, mudos que hablan, inválidos que andan, leprosos que quedan limpios, muertos que resucitan y pobres a los que se les anuncia la Buena Noticia.

Adviento es prepararnos para la llegada del Mesías. Pero de ese Mesías que escandaliza nada más nacer al ocupar un pesebre como cuna. Dichoso el que no se escandalice de él.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 14 de diciembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Hacerse violencia para llegar a ser morada del Señor”

El que quiera acercarse al Señor, ser digno de la vida eterna, llegar a ser morada de Cristo, ser inundado por el Santo Espíritu, con el fin de tener los frutos de este Espíritu... debe primero creer firmemente en el Señor y luego entregarse sin reserva a sus mandatos... Debe hacerse violencia para ser humilde ante todo hombre, como dice el Señor: "Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso" (Mt 11,29).

De igual manera, debe ejercitarse con todas sus fuerzas en ser siempre misericordioso, dulce, compasivo y bueno, como dice el Señor: "Sed buenos y comprensivos como vuestro Padre celeste es compasivo" (Lc 6,36; Mt 5,48). Y también: "Si me amáis, guardareis mis mandos" (Jn 14,15). Y "Haceos violencia, porque de los que se hacen violencia es el Reino de los cielos". Y "Esforzaos en entrar por la puerta estrecha" (Lc 13,24). En todo, debe seguir el modelo de humildad, conducta, dulzura, y manera de vivir del Señor... Que persevere en la oración, que pida sin cansarse que el Señor venga y permanezca en él, lo restaure y le dé la fuerza para observar todos sus mandatos, y que el Salvador haga morada en su alma. Y entonces, lo que cumple haciéndose violencia, sin inclinación de la naturaleza, lo cumplirá de buen grado, porque se acostumbrará completamente al bien, se acordará sin cesar del Señor y lo esperará con gran amor.

Cuando el Señor vea tal resolución, tendrá lastima de él, le librará de sus enemigos y del pecado que vive en él, y lo llenará del Santo Espíritu. Y así, en lo sucesivo, observará todos los mandatos del Señor con verdad, sin violencia ni cansancio - o más bien, será el Señor mismo quien cumplirá en él sus propios preceptos y producirá con toda pureza los frutos del Espíritu (cf Ga 5,22).



Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390)
monje
Homilías espirituales, n° 19

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,11-15


Evangelio según San Mateo 11,11-15
Jesús dijo a la multitud:

"Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.

Desde la época de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los Cielos es combatido violentamente, y los violentos intentan arrebatarlo.

Porque todos los Profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan.

Y si ustedes quieren creerme, él es aquel Elías que debe volver.

¡El que tenga oídos, que oiga!"


RESONAR DE LA PALABRA

Jesús nos alegra en el evangelio de hoy con una de sus desproporciones hermosas y desconcertantes: “Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él”.

Nosotros nos quedamos boquiabiertos y con un cosquilleo extraño en el alma, saboreando la amargura dulce de esta afirmación fuera de lugar, literalmente “utópica”. La hermosura de la utopía de unos pequeños enormes, en la que nos contemplamos a nosotros mismos y a nuestras fachadas de pretendida grandeza, habitualmente disimulada por una mal aprendida “pseudohumildad”.

En esta contemplación nos encontramos con lo más pequeño de lo que somos y solemos apartar los ojos de los demás por la vergüenza original (pecado) de sabernos desnudos y vulnerables. Esta pequeñez tan grande se revela y pide que la dejemos ser ella misma, porque la desnudez es fragilidad, pero también verdad y milagro de oír, ver, sanarse, resucitar y anuncio de una alegría también desproporcionada.

La desnudez pequeña, de los pequeños, nos lleva de la mano a un Belén en el que todo es diminuto y débil, en el que los signos son silencio de estrellas y susurros de ángeles. Un Dios nacido y volviendo sus ojos sorprendidos, casi cerrados, hacia este tiempo y hacia este espacio, hacia las limitaciones desconcertantes, pero bellas, de la vida aquí. Y el aquí ya es allá y la boquita se le llena de una sonrisa pequeña pero inmensa, eterna, que para siempre ya forma parte de nuestras vidas, desproporcionadamente.

Bendita desproporción…

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 13 de diciembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Imiten la humildad de Cristo

¿Alguien quiere actuar bien? ¡Qué se tenga a distancia del orgullo y se revista con una obediencia sin reserva de la más alta humildad! Entonces, alegría y júbilo cubrirán su cabeza (cf. Is 35,10). De esta buena raíz todo puede sacarse: alegría, paz, bondad y piedad, docilidad y equilibrio, ternura y humildad (cf. Gal 5,22), todo lo que es hermoso, agradable y deseable. O sea, todo lo que caracteriza al que es realmente hombre de Dios. (…)

Levanten sus miradas hacia Cristo, nuestro Señor y Dios, amo de todas las cosas. Él es el verdadero rico, el Hijo Único del Padre. Siéntanse atraídos por lo que es humilde (cf. Rom 12,6) e imiten lo que él hizo. Era sencillo en apariencia, sumiso a sus padres hasta que llegó el tiempo. Frecuentemente caminaba sobre las rutas y se sentaba cuando estaba fatigado (cf. Jn 4,6). Insultado, no devolvía el insulto; maltratado, no amenazaba (cf. 1 Pe 2,22); tendía la mejilla al que le pegaba. No tenía mucha vestimenta y se contentaba con una pequeña túnica y un manto. No llevaba con él suaves coberturas, no iba a caballo ni montaba sobre mulas, se alimentaba con pan y bebía el agua de los arroyos.

Si nosotros, que poseemos mucho más, nos sentimos molestos y atormentados por eso, ¿cómo imitaremos al Señor? ¡Soportemos todo con paciencia y plasmemos nuestra vida sobre el divino modelo!



San Teodoro el Estudita (759-826)
monje en Constantinopla
Catequesis 80 (Les Grandes Catéchèses, coll. Spiritualité Orientale 79, Bellefontaine, 2002), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,28-30


Evangelio según San Mateo 11,28-30
Jesús tomó la palabra y dijo:

"Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.

Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


RESONAR DE LA PALABRA

Cerca de la mitad de esta segunda semana de adviento, como preparando el nacimiento del niño Dios, nos encontramos con unas palabras de Jesús que son bálsamo para cada uno de nosotros, para nuestras comunidades.

En unas pocas frases se despliega el milagro de percibir la paz en medio de muchas luchas, o la tranquilidad esencial que se posa en los recovecos del corazón agitado por tantas razones y sin razones.

Es Jesús el que nos llama: “Venid a mí”. Y la invitación es para todos, no solo para unos pocos privilegiados que se lo pueden permitir (a veces a costa de otros). Cansancios y agobios cotidianos o aquellos otros exacerbados y agudizados por mil situaciones distintas: enfermedad, rupturas sentimentales, muertes, soledades, limitaciones… Pero no es nada mágico, Jesús no nos oculta que hay yugos y cargas, que no nos evita todo como la adormidera u otras drogas de síntesis. Hay yugos y cargas, pero llevaderos y ligeras, en esa dulce contradicción tan jesuana.

Por otro lado, todo nace de la humildad y mansedumbre de Jesús, que no es un barniz o una pose, sino una manera de afrontar la vida que no evita los conflictos o la defensa de los frágiles que también crea enfrentamiento con los poderosos. En lo profundo de Jesús, en lo profundo del mismo Dios la mansedumbre y la humildad generan alivio y descanso para tantos hombres y mujeres, para tantas comunidades heridas y rotas. Vayamos a él.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 11 de diciembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

LLamados a la gloria

“Tú llamarías, y yo te respondería” [dice Job al Señor], agregando “ansiarías ver la obra de tus manos” (Jb 14,15). La criatura humana, por el hecho de ser una criatura, lleva en ella la posibilidad de permanecer hundida por debajo de su mismo ser. Pero, de Aquel que ha formado al hombre, ha recibido el favor de ser elevado con la contemplación por encima de sí mismo, y de ser mantenido en sí mismo en la incorrupción. Para no bajar hundiéndose, y para poder permanecer en la incorrupción, le es necesaria la mano derecha de Aquel que da la vida y eleva a la criatura hasta la inmutabilidad.

La mano derecha de Dios designa también al Hijo, porque “todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra” (Jn 1,3). Dios Todopoderoso ha extendido su mano derecha hacia la obra de sus manos, por eso envió a su Hijo Único encarnado, para elevar hacia el mundo de lo Alto al género humano, derrotado y yaciente en el abismo. Su encarnación nos ha permitido, después de caer en la corrupción por nuestra voluntad, poder responder a Dios que nos llama a la gloria de la incorruptibilidad.

¿Quién podrá medir la grandeza de la misericordia divina cuando ella conduce al hombre, después de su falta, a esta maravillosa gloria? Dios mide el mal que hacemos y sin embargo, por la gracia de su bondad, nos perdona misericordiosamente.



San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Libro XII (SC 212, Morales sur Job, Cerf, 1974), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 5,17-26


Evangelio según San Lucas 5,17-26
Un día, mientras Jesús enseñaba, había entre los presentes algunos fariseos y doctores de la Ley, llegados de todas las regiones de Galilea, de Judea y de Jerusalén. La fuerza del Señor le daba poder para curar.

Llegaron entonces unas personas transportando a un paralítico sobre una camilla y buscaban el modo de entrar, para llevarlo ante Jesús.

Como no sabían por dónde introducirlo a causa de la multitud, subieron a la terraza y, desde el techo, lo bajaron con su camilla en medio de la concurrencia y lo pusieron delante de Jesús.

Al ver su fe, Jesús le dijo: "Hombre, tus pecados te son perdonados".

Los escribas y los fariseos comenzaron a preguntarse: "¿Quién es este que blasfema? ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios?".

Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: "¿Qué es lo que están pensando?

¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados están perdonados', o 'Levántate y camina'?.

Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vuelve a tu casa".

Inmediatamente se levantó a la vista de todos, tomó su camilla y se fue a su casa alabando a Dios.

Todos quedaron llenos de asombro y glorificaban a Dios, diciendo con gran temor: "Hoy hemos visto cosas maravillosas".


RESONAR DE LA PALABRA

Dice el evangelio de hoy que “el poder del Señor lo impulsaba a curar”. Sigue apareciendo el cuidado como una constante de la misión de Jesús y como una característica central del Reino. Las personas se agolpan para escucharlo, pero también para ser sanadas, para ser reintegradas como ciudadanos del Reino. Existe una relación profunda entre el cuidado y perdón y en este relato, que está lleno de detalles, lo podemos percibir.

El gran milagro es el perdón, pero los publicanos y los fariseos se niegan a creer que Jesús pueda hacerlo. Es un blasfemo, alguien que se atribuye acciones de Dios. Pero en su cobardía solo lo piensan, no son capaces de verbalizarlo porque los demás sí que lo creen. Y el Nazareno, que conoce los corazones, les hace la pregunta que no tienen que contestar porque él mismo la responde con la acción de curar. Perdona curando o cura perdonando. Ambos unidos indisolublemente y ambos igual de creíbles o increíbles para aquellos que confían o no en un Hijo del hombre que siempre apuesta por regalar vida en abundancia.

Y el paralítico, curado y perdonado o perdonado o curado (tanto da), se marcha con su camilla bajo el brazo y no ya sobre ella ajeno a toda confrontación porque el ha tenido el regalo de creer.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 10 de diciembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA


Juan Bautista, ¡trazaste una nueva senda!

Antes de la aurora vengo hacia ti, que en tu compasión te has anonadado sin cambiar, a favor del hombre caído. Permaneciendo impasible, te inclinaste hasta la Pasión, Verbo de Dios. Otórgame la paz, Amigo del hombre.

Precursor, oh Bienaventurado, devenido templo de la Trinidad. He aquí que reunidos en tu santo templo con ferviente fe, te suplicamos: “Delíbranos de tentaciones y aflicciones, tú que eres digno de alabanza”.

Yo he rendido mi espíritu extranjero a la virtud. Te suplico ahora, Bienaventurado, que has trazado en nuestra existencia una senda nueva: “Otórgame familiaridad con el Dios del universo y pueda crecer en virtud, con admirable progreso”.

Tú que has sumergido al Abismo de la misericordia en la corriente del Jordán, Profeta, con tu intercesión, deseca las fuentes múltiples de mis vicios, otorgándome una cascada de lágrimas.

Virgen resplandeciente en tus atavíos divinos, has dado a luz al Hombre de la belleza: que él ceda siempre ante tus oraciones y nos salve de la corrupción, a nosotros que te glorificamos con fe y amor.


Monasterio Santa Catalina del Monte Sinaí
Liturgia de las Horas, s. IX
Canon al Precursor (SC 486. Sinaiticus graecus 864, Cerf, 2004), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 1,1-8


Evangelio según San Marcos 1,1-8
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.

Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino.

Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos,

así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados.

Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados.

Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:

"Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias.

Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo".


RESONAR DE LA PALABRA

Preparad el camino del Señor

Queridos hermanos, paz y bien.

En el camino del Adviento, cada año, nos acompañan varias figuras importantes en la Historia de la Salvación. Hoy aparece la primera, Juan el Bautista. El mayor de entre los nacidos de mujer (Lc 7, 28), según dijo el mismo Jesús. Le llegará su turno a la Virgen María, a san José, pero hoy hablamos del Bautista.

Hay un dicho en español, “el que avisa no es traidor”. Me parece que viene bien para empezar el comentario de esta semana. El Señor, nuestro Dios, no juega a «policías y ladrones», ni pretende sorprender a nadie para pillarlo por sorpresa. Por eso no ha dejado nunca de enviar avisos, señales o personas, para que el último día no nos sorprenda desprevenidos. Hasta a su Hijo único nos envió, cuando se cumplió el tiempo. Para “consolar a su pueblo”, que sufría mucho, y sigue sufriendo hoy en día.

De pequeños siempre nos preguntan qué queremos ser de mayores. Si uno quiere ser algo, hay que esforzarse, prepararse, elegir el camino, los estudios… Cuando hay un objetivo, una meta clara, es más fácil entregarse en cuerpo y alma, al cien por cien. Sé lo que quiero y sé lo que debo hacer para conseguirlo. En el estudio, en el trabajo, incluso en el amor… En todos los ámbitos de la vida.

Nosotros, los cristianos, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva en que habite la justicia, como nos recuerda hoy san Pedro. Esta es nuestra meta. En nuestro mundo, no hace falta ser un genio para verlo, falta mucha justicia. Esta “tierra vieja” necesita muchos retoques. Es necesario cambiar muchas cosas. Y, para eso, necesitamos gente que sea capaz de hacer algo. Cambiar el mundo, no sé, pero sí cambiar un poco cada uno. A mejor, se supone. Si queremos ese mundo mejor, tenemos que hacer algo para arrimar el hombro. Y ayudar a otros a que cambien también.

El Señor es fiel y cumple siempre sus promesas. Lo que pasa es que si ritmo no es nuestro ritmo. Es un ritmo de amor. Quien ama es paciente y sabe esperar. El tiempo avanza de otra manera. También el Señor espera a que el hombre le abra las puertas de su corazón, nos da tiempo para aceptarle y, sabemos, para el Señor, “un día es como mil años y mil años como un día” (2 Pe 3,8).

Además, la venida del Señor no será un regreso glorioso para eliminar a sus enemigos – como anuncian algunas sectas – porque implicaría reconocer que la primera venida, humilde, en el pesebre de Belén, y su sacrificio del Calvario, fueron un fracaso y que, por eso debe volver para, por la fuerza, terminar lo que con dulzura y amor no pudo realizar. No. Todas sus venidas nos hablan de su bondad, de su justicia, de su deseo de no perder a ninguna de sus criaturas. Por eso, “procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables” (2 Pe 3,14).

Hablar del cambio era la misión de los profetas. Como hizo Juan el Bautista. Su lengua era como espada de dos filos, hiriente y provocativa: "raza de víboras" que matan con veneno mortal y a traición, decía a los componentes de una sociedad de clases enfrentadas; "que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen"; su mensaje, como el de Isaías en la primera lectura, era de igualdad. Todos iguales ante Dios. Porque Dios es el único pastor de todo el rebaño. Del único rebaño.

El Bautista testimoniaba con su vida, con su dieta, incluso con su vestimenta. Recordaba a la del gran profeta Elías, no es extraño que le confundieran con él. Llamaba la atención, la gente se interesaba, se acercaba a él para saber cuál era su mensaje. Y cuando le preguntaban al Bautista: "¿qué tenemos que hacer?, aconsejaba realizar obras como ésta: "El que tenga dos túnicas – símbolo de riqueza entonces – que dé una a quien no tiene, y el que tenga de comer, que haga lo mismo". ¡Qué mensaje! ¡Ay si practicáramos hoy esto...! Nos iría a todos mucho mejor. A nosotros, y también a todos los que tiene menos que nosotros. Que son muchos. A unos recaudadores que fueron a bautizarse les dijo: "No exijáis más de lo que tenéis establecido", y a unos soldados que se le acercaron les recomendó: "No hagáis violencia a nadie ni saquéis dinero; conformaos con vuestra paga". Consejos dignos de ser tenidos en cuenta también veinte siglos después. Por todos. Cada uno en lo que pueda.

Compartir, hacer justicia y la no violencia, fue el resumen de su mensaje. Casi nada. En todo caso, una clara invitación a cambiar. Juan fue para su tiempo un rayo de luz, una lluvia de justicia, una llamada a la conversión. Si su doctrina se pusiera en práctica hoy, «otro gallo cantaría» a nuestra sociedad que ha tomado la injusticia y el desorden como ley y norma de vida. Nos hemos acostumbrado. A muchos les parece adecuado, incluso. Porque les va bien en este mundo injusto.

Surge entonces la pregunta: ¿quién será el Elías, o el Juan Bautista, que hoy clame y grite a los grandes que este mundo ha de cambiar, que ya basta de dividir la sociedad mundial entre los pocos que tienen cada vez más y los muchos que tienen cada vez menos? Quizá hoy también podemos decir que «tiene que volver Elías», como esperaban los judíos, o que hace falta un nuevo «precursor» que prepare el camino al Evangelio. Tú puedes ser ese mensajero.

El Adviento va avanzando. Como siempre, cuatro semanas parecen mucho, pero pasan rápido. Esperamos la venida del Salvador. Sabemos que la próxima venida será permanente. Pero Él está viniendo, y llegando sin cesar. Y no es ya el Señor solo, sino el Señor en su Reino. El Reino es el que viene, y viene cada día, ayudado por cada uno de nuestros pequeños gestos, por los latidos de nuestra esperanza comprometida con el Reino.

Nuestro hermano en la fe, Alejandro, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 9 de diciembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La mies es abundante

Cristo deseaba ardientemente que se cumpliera su obra y se disponía a enviar a sus operarios... Va, pues, a enviar trabajadores. «'Uno siembra y otro siega' Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron y vosotros recogéis el fruto de sus sudores» (Jn 4,37-38). ¿Cómo es que ha enviado trabajadores allí donde no ha enviado sembradores? ¿Adónde ha enviado los trabajadores? Allí donde ya otros habían trabajado... Allí donde los profetas ya habían predicado, porque ellos mismos eran los sembradores...

¿Quiénes son estos que han trabajado antes? Abrahán, Isaac, Jacob. Leed el relato de sus trabajos: en todos sus ellos se encuentra una profecía de Cristo; ellos, pues, han sido sembradores. En cuanto a Moisés y a los demás patriarcas, a todos los profetas, ¿qué frío no han soportado en el tiempo en que sembraban? Por consiguiente, en Judea la mies estaba a punto. Y se comprende que la mies estaba madura en el momento en que tantos millares de hombres aportaban el precio de sus bienes, depositándolos a los pies de los apóstoles, y descargando de sus espaldas el peso de este mundo, seguían a Cristo (Hch 4,35; Sl 81,7).Verdaderamente, la cosecha había llegado a su madurez.

¿Cuál es el resultado? De esta mies algunos granos fueron retirados, sembraron el universo, y he aquí que se levanta otra cosecha destinada a ser recogida al final de los siglos... Para la cosecha de esta mies ya no serán los apóstoles sino los ángeles los que serán enviados.



San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón sobre el evangelio de san Juan, nº 15

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 9,35-38.10,1.6-8


Evangelio según San Mateo 9,35-38.10,1.6-8
Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.

Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.

Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."

Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.

"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.

Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."


RESONAR DE LA PALABRA

Jesús itinerante, el que no tiene dónde reposar la cabeza, ni madriguera a la que volver. Jesús en su esencia de camino y de movimiento que busca, que no se conforma con lo dado. Una vida que sale al encuentro de la de muchos y muchas que nunca irían a otros lugares considerados sagrados porque ni siquiera podrían acercarse.

En su deambular Jesús se cruzaba con “muchedumbres extenuadas y abandonadas”, como “ovejas sin pastor”. Personas y grupos cansadas de tanta injusticia o de tanto dolor. Abandono relacionado con su invisibilidad, con su irrelevancia social, con su pecado público, por su condición sexual… Abandonos y agotamientos que también se dan en la actualidad en todas las sociedades y en nuestro mismo Planeta.

Y Jesús descubre que sólo no puede. Una vez más busca a la comunidad, a los hombres y mujeres con los que comparte vida itinerante y que también son enviados a los caminos, a los cruces, a “extramuros”. Jesús con su misión de cuidar a los demás, a los que no cuentan o a los que se han agotado cuidando a otros. Curar, cuidar, acompañar… Comunitariamente y sin olvidarnos de seguir pidiendo porque solos no podemos, porque la mies se sique perdiendo más allá de nuestros horizontes y porque seguimos siendo pocos en esta misión hermosa.

Y lo más importante viene al final: “Gratis lo habéis recibido, dadlo gratis”. Ni faja, ni alforja, sin cobrar favores, sin controlar conciencias, sin buscar primeros puestos y reverencias… Gratis, como Dios.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 7 de diciembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡Apoyémonos sobre la roca!

Fijémonos sólidamente a la muralla, apoyándonos con toda nuestra fuerza sobre la roca inquebrantable que es Cristo. La palabra de la Escritura lo reitera: “Me sacó de la fosa infernal, del barro cenagoso; afianzó mis pies sobre la roca y afirmó mis pasos” (Sal 40,3). Así establecidos y confortados, al contemplarlo vemos lo que nos dice y también lo que respondemos a los que nos formulan un reproche. (…)

Cuando hayamos progresado un poco en la ascesis espiritual, teniendo como guía al Espíritu Santo que escruta las profundidades de Dios, representémonos cuánto el Señor es bondadoso y es bueno en sí mismo. Pidamos con el profeta ver la voluntad del Señor. Pidámosle poder visitar nuestro corazón y que este sea su templo (cf. Sal 27(26),4). Con él decimos también “Mi alma está deprimida: por eso me acuerdo de ti, desde la tierra del Jordán y el Hermón, desde el monte Misar” (Sal 42,7).

Estas dos cosas resumen el contenido de la vida espiritual. Viéndonos a nosotros mismos, nos sentimos turbados y contritos por nuestra salvación. En la contemplación de Dios, respiramos, y la alegría del Espíritu Santo nos procura consolación. De una parte, temor y humildad. De la otra, esperanza y caridad.



San Bernardo (1091-1153)
monje cisterciense y doctor de la Iglesia
Sermón 5 (PL 183, in “Lectures chrétiennes pour notre temps”, Orval, 1970), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 7,21.24-27


Evangelio según San Mateo 7,21.24-27
Jesús dijo a sus discípulos:

"No son los que me dicen: 'Señor, Señor', los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo.

Así, todo el que escucha las palabras que acabo de decir y las pone en práctica, puede compararse a un hombre sensato que edificó su casa sobre roca.

Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa; pero esta no se derrumbó porque estaba construida sobre roca.

Al contrario, el que escucha mis palabras y no las practica, puede compararse a un hombre insensato, que edificó su casa sobre arena.

Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: esta se derrumbó, y su ruina fue grande".


RESONAR DE LA PALABRA

“No todo el que me dice Señor, Señor”, es el aviso a navegantes que hoy nos lanza el Nazareno. No solo lo dice en esta ocasión, el evangelio está salpicado de este tipo de advertencias. Como si las palabras no fuesen suficientemente claras, Jesús pone ejemplos de la vida real que aun los hace más sencillos y accesibles.

Incluso pone dos ejemplos opuestos para hacerlo más evidente. Dos hombres, uno prudente y otro necio, que construyen cada uno su casa, los dos sufren las mismas inclemencias climáticas, pero con distintos resultados. La diferencia es la cimentación de la casa: uno elije la roca y el otro la arena.

Roca o arena en nuestras vidas; apoyarnos en lo que perdura o en lo que nos va llevando de un lado a otro centrándonos en nosotros mismos. Roca no quiere decir rigidez moral, sino buscar cada día afianzarse en el amor que nos asegura la vida que se hace plena entregándose. No se trata de buscar seguridades inmovilistas sino salir de uno mismo, de nuestros intereses diminutos para llevarnos hacia el Evangelio de entrega y de servicio. La arena es más bien arena movediza, nos hunde en ese yo (aunque sea disfrazado de nosotros pequeño) de intereses cortoplacistas y de las antípodas del servicio que se acaban convirtiendo en abusos de distinto tipo. Lo prudente es optar por la imprudencia del amor de jofaina y de toalla, aunque muchas veces no nos resulte beneficioso y, mucho menos, cómodo.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 6 de diciembre de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Que así también la Iglesia desde los extremos de la tierra se reúna en tu Reino»

Sobre la Eucaristía, dad gracias con estas palabras. Primero sobre el cáliz: «Te damos gracias, oh Padre nuestro, por la santa viña de David, tu siervo. Tú nos la has revelado por Jesús, tu siervo. ¡Gloria a ti por los siglos. Amén». Después sobre el pan partido: «Te damos gracias, oh Padre nuestro, por la vida y el conocimiento que nos has revelado por Jesús, tu siervo. ¡Gloria a ti por los siglos! De la misma manera que este pan que partimos, anteriormente diseminado por las colinas, ha sido recogido para no hacer más que uno solo, que así también tu Iglesia sea reunida de los extremos de la tierra en tu Reino. ¡A ti la gloria y el poder por los siglos. Amén! Que nadie coma ni beba de vuestra eucaristía si no está bautizado en el nombre del Señor. (...)

Después de haberos saciado, dad gracias así: «Te damos gracias, oh Padre santo, por tu santo nombre que has hecho habitar en nuestros corazones, por el conocimiento, la fe y la inmortalidad que nos has revelado por Jesús, tu Hijo. ¡Gloria a ti por los siglos. Amén! Eres tú, Señor todopoderoso, que has creado el universo, para alabanza de tu nombre; has dado a los hombres las delicias del alimento y bebida para que te den gracias. Pero a nosotros, nos has hecho la gracia de un alimento celestial y de una bebida espiritual, y la vida eterna, por Jesús, tu siervo».



La Didajé (c. 60-120)
catequesis judeo-cristiana
§ 9,10

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 15,29-37


Evangelio según San Mateo 15,29-37
Jesús llegó a orillas del mar de Galilea y, subiendo a la montaña, se sentó.

Una gran multitud acudió a él, llevando paralíticos, lisiados, ciegos, mudos y muchos otros enfermos. Los pusieron a sus pies y él los curó.

La multitud se admiraba al ver que los mudos hablaban, los inválidos quedaban curados, los paralíticos caminaban y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.

Entonces Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: "Me da pena esta multitud, porque hace tres días que están conmigo y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, porque podrían desfallecer en el camino".

Los discípulos le dijeron: "¿Y dónde podríamos conseguir en este lugar despoblado bastante cantidad de pan para saciar a tanta gente?".

Jesús les dijo: "¿Cuántos panes tienen?". Ellos respondieron: "Siete y unos pocos pescados".

El ordenó a la multitud que se sentara en el suelo;

después, tomó los panes y los pescados, dio gracias, los partió y los dio a los discípulos. Y ellos los distribuyeron entre la multitud.

Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que sobraron se llenaron siete canastas.


RESONAR DE LA PALABRA

Jesús una vez más dónde se siente a gusto, en su Galilea de mar abierto, de aires de libertad y fraternidad. Galilea de bienaventuranzas, de curaciones… Allí se encuentra con los últimos que pasan a los primeros puestos, a los del Reino: “tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros”. Todos excluidos por una sociedad que descubría el pecado en muchas de las fragilidades de esa lista de personas y de otras muchas personas que no están en ella. Pureza-impureza, sagrado-profano son los opuestos que limitan la vida de muchos seres humanos y que identifican enfermedad con pecado y pecado con exclusión. Una dinámica perversa que hoy sigue estando algo presente en la actualidad. Jesús cura y reintegra en una nueva realidad que es el Reino y, por eso, la “gente se admiraba”.

Pero por si toda esta actividad fuese poca Jesús aun da un paso más y siente más compasión. Se preocupa por algo que parece que a todo el mundo le pasa desapercibido: esas personas tienen hambre. Y la solución no quiere que sea solo de él, por eso involucra a los discípulos para que dejen de ser meros espectadores. Ellos aportan panes y peces, solo unos pocos, pero todo lo que tienen (como la viuda de Sarepta, como S. Francisco, como tantos otros). Con poco se hace mucho, pero ese poco hay que ponerlo y muchas veces nos cuesta.

Con los panes y los peces se hace eucaristía, alimento que se parte, se reparte y que sacia. Aún más, se desborda hasta tener que recoger las sobras, porque nada se desperdicia en la dinámica del Reino.

Miguel Tombilla, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA