domingo, 21 de marzo de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 210321


“Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32)

Cristo Jesús decía un día: “Cuando yo sea levantado en alto sobre la tierra, en la cruz, tal será mi poder que podré elevar hasta mí a quienes tengan fe en mi” (cf. Jn 12,32).

“Quienes en el desierto miraban hacia la serpiente de bronce, eran sanados. Igualmente, los que me miran con fe y amor, a pesar de sus faltas, heridas e indignidad, serán atraídos hacia mí y yo los elevaré hasta el cielo. Yo, que soy Dios, he consentido por amor a ustedes a ser suspendido de la cruz como un maldito. Por esa humillación, tengo el poder de elevar conmigo hasta los esplendores del cielo a quienes creen en mí. Vengo del cielo y volveré a él, pero llevando conmigo a quienes esperan en mi gracia. Esta gracia es tan poderosa que puede unirlos a mí, unirlos tan indisolublemente que nadie arrancará de mi mano a quienes me ha dado el Padre y que rescaté por pura misericordia con mi preciosa sangre” (cf. Jn 10,29).

¡Qué perspectiva de consuelo para el alma humilde! ¡Gracias a los méritos de Jesús, poder compartir un día su exaltación! San Pablo nos habla con palabras sublimes de esta suprema exaltación de Nuestro Señor, contrapartida de su abajamiento (Flp 2,7-9). Jesús es exaltado porque se humilló. Ya que se abajó hasta sufrir la ignominia de los malditos atado a un patíbulo, Dios ha exaltado su Nombre hasta lo más alto del cielo. No habrá nunca otro nombre por el que los hombres puedan ser salvados. Único es ese Nombre, sublime es la gloria, soberano es el poder que posee el Hombre-Dios, sentado a la derecha del Padre en los esplendores eternos. (…) Ese triunfo incomparable es fruto de una humildad sin medida.



Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
La humildad (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936), trad. sc©evangelizo.org

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