jueves, 25 de diciembre de 2014

MISA DE NAVIDAD


NAVIDAD: La tienda del cielo

Una historia que nos enseña cuanto nos ama Dios

RegaloCon motivo de la Navidad fui de compras buscando cuales serían los regalos que necesitaba adquirir para mis seres queridos. Buscaba algo diferente este año.

Un regalo que al recibirlo les causara alegría, satisfacción y que pudieran utilizar por toda su vida. Finalmente, después de varios días de estar buscando vi un letrero que decía “La tienda del cielo”, me fui acercando y la puerta se fue abriendo. Cuando me di cuenta ya estaba adentro.

Me recibió un Angel dándome una canasta y me dijo “compra con cuidado”, todo lo que un cristiano necesita, estaba en aquella tienda.

Y agregó el Angel: “lo que no puedas llevar ahora, lo podrás llevar después”. Primero compré paciencia, también el amor, estaba en la última estantería, más abajo estaba el gozo, para estar siempre alegre.

Compre dos cajas de paz para mantenerme tranquilo y dos bolsas repletas de fe para los retos de próximo año. Recordé que necesitaba mostrar benignidad, bondad y mansedumbre con mis semejantes; así mismo, no podía olvidarme la templanza necesaria para controlar mi temperamento en todo momento de modo que compre una de cada una.
Llegué por fin a la salida y le pregunté al Angel: “¿Cuánto le debo?”. Él me sonrió y me respondió: “Hijo Mío, ¡JESÚS pagó tu deuda hace mucho tiempo!”

Hijo, tu eres la tienda y puedes abrirla todos los días, el Angel soy Yo, el Espíritu Divino que mora dentro de ti, y los regalos son el fruto del Espíritu. Antes que despiertes de tu sueño quiero compartirte el verdadero sentido de la Navidad.

Escucha con cuidado. Estos regalos son especiales para esta ocasión, pero si los abres durante todo el año, te producirán gran gozo a tí y a los que se los compartas.

Más importante aún. Te has dado cuenta que tu hijo (a) hace más caso de lo que le enseñas con el ejemplo de que lo que le dices que haga. Bueno, si tu empiezas abrir estos regalos durante todo el año, él (ella) te va empezar a imitar y así sus hijos y los hijos de sus hijos. Cuando despiertes, ¡comparte este sueño con todas las personas que puedas!.

Fuente: Aciprensa.com 

¿Cómo mantener encendida la llama de nuestra fe?

“Pero sin la fe es imposible agradar a Dios” Heb 11,6

La Iglesia enseña que la fe es la virtud (teologal), “dada por Dios”, que nos lleva a creer en Dios y en todo lo que nos dijo y revelo, y que la Santa Iglesia nos propone para creer. Por la fe, “el hombre libremente se entrega todo a Dios”. El cristiano busca conocer y hacer la voluntad de Dios, ya que “el justo vivirá de la fe” (Rom 1,17) y “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hb 11,6). La fe en Dios nos lleva a volver solo para Él como nuestra origen y nuestro fin, y nada preferir a Él y tampoco sustituirlo por nada.

Como mantener encendida la llama de nuestra fe 1

La fe es como una llama que necesita de combustible para mantenerse encendida. Es como una pequeña planta que necesita de agua todo día, sol y abono, para crecer cada día.

Para la fe vivir y crecer es necesario una vida de oración diaria, de intimidad con Dios, de amistad con el “divino Amigo”, compartiendo con Él todos los sufrimientos y alegrías.
La fe se convierte fuerte cuando meditamos Su Palabra y obedecemos lo que Él ordena, sin miedo y sin disimulo. “Depongamos, pues, toda carga inútil, y en especial las amarras del pecado, para correr hasta el final la prueba que nos espera, fijos los ojos en Jesús” (Heb 12,1).

Nuestra fe se fortalece cuando recibimos la Eucaristía, donde Él se da para ser “alimento y remedio” para nuestra vida. Él dijo que quien come Su carne y bebe Su sangre “permanece en Él”, “vivirá por Él” y va ser resucitado en el ultimo día.

La fe crece y se fortalece cuando amamos a Dios y al prójimo, porque, la fe viva “actúa por la caridad” (Gl 5,6). “Es muerta la fe sin obras” (Tg 2, 26); sin la esperanza y el amor la fe no une plenamente el cristiano a Cristo y no haz de él un miembro vivo de su Cuerpo.

La fe no es solo algo individual, es de la Iglesia. Muchos tropiezan en la fe porque viven en “Su” fe; pobre y débiles. Tenemos de vivir en la fe “de la Iglesia”, todo lo que ella recibió de Cristo y nos enseña. Jesús dijo la Iglesia: “El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a mí; y el que me rechaza a aquel que me envió” (Lc 10,16). Solo tiene firmeza aquel que cree y vive lo que enseña la Santa Iglesia, Esposa del Señor, porque ella es Su “brazo extendido en nuestra historia”. La Iglesia nunca tuvo crisis de fe.

¿Lo que puede apagar nuestra fe?
Nuestros pecados.
Así, luchar contra los pecados es el mejor medio de mantener encendida la fe. Una vida de tibieza (relajamiento espiritual), mata la fe. De Ahí la importancia de la Confesión, sin tardar, siempre que el pecado robar nuestra alma. Nada de autocompasión y de falso orgullo, corramos deprisa al sacerdote de Aquel que derramo su sangre para nosotros perdonar en cualquier momento. No permita que la hierva del pecado vaya matando la planta de la fe en el jardín de su alma.

Para mantener la fe encendida es necesario renovar cada día nuestra confianza en Dios, abandonar la vida en sus manos como el niño que se abandona en el regazo de la madre y no se preocupa. Vivir en la fe significa conocer la grandeza y la majestad de Dios, y entonces, vivir en acción de gracias por todo lo que somos y que de él recibimos. “¿Que es lo que posees que no lo tengas recibido?” (1Cor 4,7). “¿Como retribuir al Señor todo el bien que me haces? (Sl 116,12).

Vivir en la fe significa confiar en Dios en cualquier circunstancia, aún en la adversidad. Como decía Santa Teresa: “Nada te moleste, nada te asuste, Dios no cambia, la paciencia todo lo alcanza quien a Dios tiene nada falta. ¡Solo Dios basta! “Todo concurre para el bien de los que aman a Dios” (Rom 8,28).

La fe exige también dar testimonio de Cristo. “Al que se ponga de mi parte ante los hombres, yo me pondré de su parte ante mi Padre de los Cielos. Y al que me niegue ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los Cielos” (Mt 10, 32-33).

Cuanto más ejercita la fe, más ella crece en nosotros y se fortalece; cuanto menos ejercitamos, más se convierte raquítico.

Profesor Felipe Aquino
Master y Doctor en Ingeniería Mecánica. Recibió el título de Caballero de la Orden de San Gregorio Magno por el Papa Benedicto XVI, es autor de varios libros y presentador de programas de televisión y radio de la comunidad Canción Nueva
fuente Canción Nueva en español

Viene a visitarnos

“La alegría del Cielo que viene a visitarnos”

Dios, en su felicidad infinita, viene a llorar el llanto del hombre, para que él, en sus gemidos, pueda vivir la alegría celeste.

La alegría del Cielo que viene visitarnos 1

En la Navidad, es común que las personas  se saluden deseando al otro una “Feliz Navidad”. Pero, ¿cuál el sentido de esta expresión?

En realidad, estos votos hacen referencia a la felicidad del Cielo que viene visitar la humanidad. San Juan de la Cruz, en un poema sobre el misterio de Navidad, escribe:

“Dios, sin embargo, en el pesebre
Allí lloraba y gemía;
(..)
Y la Madre se asombraba
del cambio que allí se veía
El llanto del hombre en Dios,
Y en el hombre la alegría”

Aquí, en las palabras del Doctor Místico, el “admirable commercium” de que hablan los latinos: Dios, en Su felicidad infinita, viene a llorar el llanto del hombre, para que él, en sus gemidos, pueda vivir la alegría celeste. Por eso, los ángeles, desde la primera Navidad, no dejan de anunciar a los hombres “gaudium magnum – una gran alegría”: “Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2,11). En esta gran fiesta de la Iglesia, Dios se inclina de los cielos, como una madre que se inclina sobre una cuna para rescatar a su hijo que, abandonado a si mismo, se perdería. Se inclina, -como una madre-, pone el ser humano bajo su regazo y le da la  salvación.

Que al contemplar el pesebre, al ver a la Santísima Virgen delante del indefenso niño Jesús, podamos ver lo que Dios ha hecho por todos nosotros, cuando, en Su infinita misericordia, vino a arrancarnos de la condenación a la muerte y a  traernos la alegría del Cielo.

En este tiempo de Navidad, no tenemos el derecho de hablar de soledad.
Emmanuel, Dios esta con nosotros, Aquel que nos amó de forma perfecta está con nosotros. “Aunque cruce por oscuras quebradas, no temeré ningún mal, porque tú estás conmigo: tu vara y tu bastón me infunden confianza” (Sal 23, 4). Por eso, solo por eso, la Navidad puede ser feliz. Si nos olvidamos de Jesús, esta fiesta no va ser nada más que un evento social. Pero, si estamos con Él, podemos decir, de corazón y de verdad:

¡Feliz y Santa Navidad!

Padre Paulo Ricardo
(Sacerdote de la Arquidiocese de Cuiabá – MT)
fuente Portal Canción Nueva en español

Se inclina Tu Amor

Se inclina, Tu Amor, se inclina,
ha venido a visitarnos,
Tu alegría se hace mía,
La Esperanza es mi regazo.
Refugio de Amor tan cierto
encuentro en Vos mi descanso,
Se inclina, Tu Amor, se inclina,
ha venido a visitarnos!



miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz Navidad

Querida Familia Piedras Vivas,
cuando las luces que confunden nuestros sentidos se apagan,
la Verdad asoma en medio de nuestras noches.

Así fue a lo largo de éste año.
Cada noche compartida en torno a la Palabra,
para nosotros fue Navidad,
cada vez que les vimos asomar para compartir Eucaristía,
fue Navidad para nosotros;
Cada vez que nos abrazaron con sus palabras de aliento,
fue Navidad para Nosotros;
Cada vez que sus lágrimas nos compartieron sus dolores,
fue Navidad para nosotros,
cada vez que una alegría nos fue entregada,
fue Navidad para nosotros.
Y sabemos que seguirá siéndolo mientras tengamos
la esperanza a flor de piel,
la sonrisa atentando contra nuestras heridas y angustias,
la fortaleza surgiendo en el abatimiento,
la caridad revestida de reconciliación y perdón.
¡Gracias por éste año juntos!
¡Gracias por caminar detrás de una estrella!
Detrás de la Única Estrella!

Rezamos por cada uno de ustedes.
Invocamos sobre sus vidas y los suyos la Bendición del Niño Santo!

Bendecida Navidad!
Comunidad Piedras Vivas


SACRAMENTO DE SANACIÓN

¿Cómo confesarse bien?  

La confesión es un sacramento de sanación

Cada vez más y más personas buscan la sanación de su alma, los fieles se confiesan con más frecuencia, hay reducido el tiempo entre confesión y confesión. Pero es necesario estar atento pues no basta confesarse varias veces, es necesario confesarse bien. ¿Cómo hacer eso?

Bueno, confesarse es decir la verdad, relatar algo que fue hecho, confesar significa asumir ese hecho. En el caso de una confesión sacramental, significa decir los pecados, los errores cometidos contra los mandamientos de Dios.

buenaconfesión

Podemos decir que son necesarios cuatro pasos. En el primero, la persona debe colocarse en oración, pedir a Dios la gracia de una sincera contricción; en el segundo, hacer un buen examen de conciencia al rezar, recordar como fue el camino desde la última confesión hasta el presente; después buscar al sacerdote y confesar. Por fin, después de la confesión, cumplir la penitencia.

.: Necesitamos la confesión y la Eucaristía
.: Profundo examen de conciencia

Entonces, el primer paso es rezar, orar a Dios pidiendo un corazón arrepentido del mal realizado pues no siempre éste se arrepiente; muchas veces, la conciencia está relajada, sabe que se equivocó pero no está arrepentido. La oración será ese pedido a Dios para que se convenza del mal y se arrepienta.

Segundo paso: es importante hacer un buen examen de conciencia, o sea, hacer un balance desde la última confesión, sobre los males cometidos. En este momento, vale decir que pecado confesado es pecado perdonado. Si un pecado confesado no se volvió a cometer, no se confiesa de nuevo. Otro consejo intersante: si tienes dificultad, miedo o vergûenza para confesarte, haz lo siguiente: escribe tus pecados. Eso te ayudará mucho a ti y al sacerdote.

Tercer paso: Busca un sacerdote católico, un padre vinculado a la Iglesia Católica Apostólica Romana, pues él recibió el múnus, el servicio de celebrar este sacramento por la autoridad del obispo que lo ordenó y del obispo local. Es en nombre de Nuestro Señor Jesucristo y de la Iglesia que el padre perdona los pecados.

No te preocupes pensando: “¿Qué es lo que el padre va a pensar de mi?” o “ese padre es tan pecador como yo”. El padre no va a pensar esas cosas. ¡Imagínate! Si así fuese no lograrías vivir solo pensando en los males del ser humano. El recibe la gracia de acoger, oir, dar una dirección. Por la imposición de las manos de los apóstoles, por la gracia de vivir su sucesión apostólica, los sacerdotes son colaboradores de los obispos, de los primeros apóstoles que dieron este poder para los otros apóstoles hasta llegar a los de hoy. ¿Por qué confesarnos? Porque creemos en el perdón y en la autoridad de perdonar los pecados concedida por Jesucristo a los apóstoles Jn 20,22-23. El padre es pecador, pero es un escogido, e independientemente de su santidad, cuando él ministra y perdona los pecados, la persona está perdonada.

El cuarto paso: después de confesarte, el padre te dará alguna orientación. Puede ser que pida rezar el acto de contricción, después dará la penitencia. Sobre el acto de contricción existen fórmulas largas, otras cortas y también se puede rezar espontáneamente. El padre normalmente, da alguna penitencia para que el fiel repare el mal, puede ser una oración, un gesto para retomar la santidad perdida por el pecado. ¿Y si el padre no dió penitencia? ¡Calma! La confesión es válida. Haga una oración y ten actitudes de cristiano, o sea, retoma la vivencia de los mandamientos, vive la vida preguntándote como Jesús actuaría en tu lugar.

La confesión es una bendición, por eso no la banalices, no la trates de cualquier forma. Examina tu conciencia, confiésate y propónte no pecar más. Sé firme contigo mismo y ten atención a las brechas que dejas abiertas para el enemigo. Cuando dejas de rezar y vigilar, cualquiera se vuelve presa fácil. 

Reza tu oración personal, anda a Misa, ten devociones, reza el rosario. Vigila. ¿ese ambiente es bueno? ¿ese programa conviene? en fin, como se dijo arriba, recuerda que no basta confesarse varias veces, es necesario confesarse bien y romper con el pecado. Con la gracia de Dios, sigue adelante y ten como meta la santidad.

Padre Marcio
Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva
fuente CANCIÓN NUEVA EN ESPAÑOL

EXÁMEN DE CONCIENCIA

Prepárate bien para la confesión.

Para que puedas hacer una buena confesión es necesario examinar tu consciencia, con la luz del Espíritu Santo, con coraje, para nada esconder al sacerdote, que en ese momento, representa al propio Jesús.

1: ¿Amo a Dios sobre todas las cosas, más que a las personas, o a mis programas personales? ¿O será que yo he adorado a falsos dioses, como por ejemplo el placer del sexo antes del matrimonio, al placer de la gula, al orgullo de aparentar, a la vanidad de exhibirme, de querer ser el “el bueno”, etc.?


2: ¿Actué contra la ley de Dios, buscando poder, conociendo, riquezas, soluciones para mis problemas en cosas prohibidas, como: horóscopo, lectura de mapas, caracoles, lectura del Tarot, pirámides, cristales, el espiritismo, Macumba, Candomblé, la magia negra, la invocación de los muertos, lectura de las manos etc.? ¿He cultivado supersticiones? ¿Amuletos, duendes y cosas parecidas? ¿Intento escuchar músicas que me influencian provocando alineación, violencia, deseos sexuales, rebeldía y depravación?
3: ¿Rezo, confío en Dios, busco ir a la Iglesia, participo de la Santa Misa los domingos? ¿Yo me confieso? ¿Comulgo?
4: ¿Leo los Evangelios, la Palabra viva de Jesús, o será que Él es un desconocido para mí?
5: ¿Respeto, amo y defiendo a Dios, a la Virgen María, a los Ángeles, los Santos, a las cosas sagradas, o será que soy un blasfemo que actúa como un enemigo de Jesús?
6: ¿Yo amo, honro, ayudo a mis padres, a mis hermanos, a mi familia? ¿O será que soy “un problema más” dentro de mi casa? ¿Hago a mis padres llorar? ¿Yo soy un hijo que solo sabe exigir y exigir? ¿Yo miento y finjo con ellos?
¿Vivo el mandamiento “Horrar padre y madre”?
7: ¿Como esta mi noviazgo? ¿Hago de mi novia un objeto de placer para mí? Como un cigarrillo que fumo y luego suelto el humo ¿Ella (él) es una persona “con la que vivo o es sólo una” cosa “que me da placer?
8: ¿Vivo la vida sexual antes del casamiento, fuera de los planes de Dios? ¿Yo peco con pensamientos, palabras, actos, en cuanto a estos asuntos: Masturbación, revistas pornográficas, películas, desfiles eróticos, ropas provocativas? ¿Vivo el homosexualismo?
9: ¿Respeto mi cuerpo y mi salud que son dones de Dios? ¿O será que destruyo mi cuerpo, que es templo del Espíritu Santo, con la prostitución, con las drogas, las aventuras de alto riesgo, peleas, violencia, provocaciones, etc.?
10: ¿Soy honesto? ¿O será que engaño a los demás, engaño a mis padres? ¿Quito dinero de ellos a escondidas? ¿Será que robé algo de alguien, por más que sea algo de poco valor? ¿Ya lo devolví?
11: ¿Hice mal a alguien? ¿Herí a alguien con palabras, pensamientos, actitudes, con armas? ¿Negué mi perdón a alguien?
12: ¿Hablo mal de los otros? ¿Vivo murmurando, destruyendo el honor y el buen nombre de las personas? ¿Soy malicioso y chismoso? Vivo juzgando y condenando a los otros? ¿Soy compasivo, paciente, manso? ¿Sé perdonar, como Jesús manda?
13: ¿Soy humilde, sencillo, servicial, amigo de verdad?
14: ¿Vivo la caridad, sé sufrir para ayudar a quien necesita de mí? ¿Comparto lo que tengo con mis hermanos o soy egoísta?
15: ¿Estoy separado de las cosas materiales, del dinero?
16: ¿Soy goloso, vivo solo para comer, o como para vivir?
17: ¿Bebo sin control? ¿Dejo que el alcohol destruya mi vida y mi familia?
18: ¿Soy perezoso? ¿No trabajo? ¿Dejo todas mis cosas tiradas y mal arregladas, echándolo todo a perder?
19: ¿Siento rabia de alguien e no perdono el mal que me han hecho? ¿Deseo venganza contra alguien? ¿Soy malo?
20: ¿Soy envidioso? ¿Celoso? ¿Vivo deseando el mal para el otro?
Del libro: “Joven, levántate.”

Felipe Aquino
Comunidad Canción Nueva
fuente PORTAL CANCIÓN NUEVA EN ESPAÑOL

9 Día NOVENA DE NAVIDAD


9no. día - NOVENA DE NAVIDAD
La Esperanza y el Amor
Oración para comenzar
Benignísimo Dios de infinita caridad que nos haz amado tanto y que nos diste en tu Hijo la mejor prenda de tu amor, para que, encarnado y hecho nuestro hermano en las entrañas de la Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; te damos gracias por tan inmenso beneficio. En retorno te ofrecemos, Señor, el esfuerzo sincero para hacer de este mundo tuyo y nuestro, un mundo más justo, más fiel al gran mandamiento de amarnos como hermanos. Concédenos, Señor, tu ayuda para poderlo realizar. Te pedimos que esta Navidad, fiesta de paz y alegría, sea para nuestra comunidad un estímulo a fin de que, viviendo como hermanos, busquemos más y más los caminos de la verdad, la justicia, el amor y la paz. Amén.
Padre Nuestro…

Oración para la familia
Señor haz de nuestro hogar un sitio de tu amor. Que no haya injuria porque Tú nos das comprensión. Que no haya amargura porque Tú nos bendices. Que no haya egoísmo porque Tú nos alientas. Que no haya rencor porque Tú nos das el perdón. Que no haya abandono porque Tú estas con nosotros. Que sepamos marchar hacia ti en tu diario vivir. Que cada mañana amanezca un día más de entrega y sacrificio. Que cada noche nos encuentre con más amor. Haz Señor con nuestras vidas, que quisiste unir, una página llena de ti. Haz Señor de nuestros hijos lo que anhelas, ayúdanos a educarlos, orientarlos por tu camino. Que nos esforcemos en el apoyo mutuo. Que hagamos del amor un motivo para amarte más. Que cuando amanezca el gran día de ir a tu encuentro nos conceda el hallarnos unidos para siempre en ti.
Amén.

Oración a la Virgen
Soberana María, te pedimos por todas las familias de nuestro país; haz que cada hogar de nuestra patria y del mundo sea fuente de comprensión, de ternura, de verdadera vida familiar. Que estas fiestas de Navidad, que nos reúnen alrededor del pesebre donde nació tu Hijo, nos unan también en el amor, nos hagan olvidar las ofensas y nos den sencillez para reconocer los errores que hayamos cometido.
Madre de Dios y Madre Nuestra, intercede por nosotros. Amén.

Oración a San José
Santísimo San José esposo de María y padre adoptivo del Señor, tú fuiste escogido para hacer las veces de padre en el hogar de Nazaret. Ayuda a los padres de familia; que ellos sean siempre en su hogar imagen del padre celestial, a ejemplo tuyo; que cumplan cabalmente la gran responsabilidad de educar y formar a sus hijos, entregándoles, con un esfuerzo continuo, lo mejor de sí mismos. Ayuda a los hijos a entender y apreciar el abnegado esfuerzo de sus padres. San José modelo de esposos y padres intercede por nosotros. Amén.
Padre Nuestro…

Meditación del día
Noveno día para avivar la ESPERANZA y el AMOR.
El amor y la esperanza siempre van de la mano junto con la fe. Por eso en su himno al amor nos muestra San pablo que el amor cree sin límites y espera sin límites”. 1Cor 13, 7.
Una fe viva, un amor sin límites y una esperanza firme son el incienso, el oro y la mirra que nos dan ánimo para vivir y coraje para no decaer.
Es gracias al amor que soñamos con altos ideales y es gracias a la esperanza que los alcanzamos.
El amor y la esperanza son las alas que nos elevan a la grandeza, a pesar de los obstáculos y los sinsabores.
Si amamos a Dios, nos amamos a nosotros mismos y amamos a los demás, podemos lograr lo que sugiere San Pedro en su primera carta: “estad siempre dispuestos a dar razón de vuestra esperanza. Con dulzura, respeto y con una buena conciencia”. 3, 15 – 16.
Si encendemos la llama de la esperanza y el fuego del amor, su luz radiante brillará en el nuevo año después de que se apaguen las luces de la navidad.

Oración al niño Dios
Señor, Navidad es el recuerdo de tu nacimiento entre nosotros, es la presencia de tu amor en nuestra familia y en nuestra sociedad. Navidad es certeza de que el Dios del cielo y de la tierra es nuestro padre, que tú, Divino Niño, eres nuestro hermano.
Que esta reunión junto a tu pesebre nos aumente la fe en tu bondad, nos comprometa a vivir verdaderamente como hermanos, nos dé valor para matar el odio y sembrar la justicia y la paz. Oh Divino Niño, enséñanos a comprender que donde hay amor y justicia, allí estas tú y allí también es Navidad. Amén.
Gloria al Padre….


FUENTE: www.cancionnueva.com

Buen día Espíritu Santo!


¡Buen día, Espíritu Santo!
Como la luz del sol sale de sí para iluminar la creación,
Como Tu Amor fluye de Ti para derramarse en todo ser viviente,
Así queremos salir hoy de nosotros y ser para el otro:
Consuelo que consuela;
Fuerza que fortalece,
Alegría que a todos alegra.
Por eso te rogamos: ¡alimenta en nuestro ser lo que es bueno!
Y con solicitud cuida los dones que nos diste.
Y gracias!
¡Gracias porque en el Aire ya se siente que cercano estás,
Ya se siente en nuestras mismas entrañas que cerca,
muy cerca estás,
Ya se ánima lo desanimado,
se confía el que estaba desconfiado,
se levanta el que estaba agobiado,
Y mientras aguardamos, no silencies Tu Voz,

¿qué podemos hacer juntos hoy?

martes, 23 de diciembre de 2014

MENSAJEROS DEL SEÑOR QUE VIENE

“Preparad el camino, preparad el camino del Señor”

Esta es también una parte de una canción que dice: “Veo un Rey que viene de las montañas”. Sí, nosotros lo veremos porque el regreso del Señor está cada día más cerca.
Mucha gente piensa que el Adviento es simplemente una preparación para Navidad, pero es mucho más que eso, es la preparación para la segunda venida de Jesús. Mirando hacia la primera venida del Señor, en Belén, somos impulsados a mirar hacia adelante, para el Señor que vendrá una segunda vez. Hoy, el regreso del Señor está más cerca que ayer pero no tan cercana como lo estará mañana. Por lo tanto ¡Ven Señor Jesús!

La principal lectura de hoy es la segunda Carta de San Pedro 2,8-14. Hoy existen muchos que son verdaderos perseguidores de la Iglesia y de la Palabra de Dios y hasta dudan de sus enseñanzas. La primera venida de Nuestro Señor Jesucristo fue linda pero su venida gloriosa será mucho más linda todavía. La primera vez el Señor terminó los días entre nosotros muerto en la cruz y después resucitó, pero cuando venga de nuevo, vendrá sobre nubes con poder y gloria. Todos los ojos Lo verán del Oriente al Occidente. Tanto aquellos que lo amaron y lo aceptaron, como los que no lo aceptaron, todos lo verán, pues El vendrá.

monseñorjonashosana2015

Cuando el Señor venga, los muertos resucitarán y aquellos que estén vivos no necesitarán morir pues serán transformados en cuerpos gloriosos. Así subiremos todos con El hacia los nuevos cielos y la nueva tierra y estaremos con el Señor para siempre. Entonces El secará todas nuestras lágrimas, no habrá más luto ni dolor. Sin embargo el Señor necesitará hacer también una gran limpieza sobre la faz de la tierra. Será terrible, si, pero solo para aquellos que no quisieron aceptar al Señor y que llevaron una vida depravada, lejos de Dios.

Nosotros, que queremos vivir con el Señor hasta el último suspiro de nuestra vida, seremos arrebatados a Su encuentro en los aires. Eso será lo más lindo que nos sucederá. La Palabra de Dios, en la Segunda Carta de San Pedro dice que el Señor no tarda en cumplir su Promesa, como piensan algunos, que creen que está demorando. Él está usando su paciencia con nosotros, pues no desea que nadie se pierda. Al contrario, quiere que todos se conviertan (II Pedro 3,9).

Piensa: Si el Señor hubiese vuelto o si tu hubieses muerto hace veinte, diez, cinco o 1 año atrás,¿te habrías salvado? El Señor no quiere que nos perdamos, al contrario, El quiere que todos se salven. Y San Pedro nos da el tip: “Ya que todas las cosas se desintegrarán de esa manera, ¡qué santa y piadosa debe ser la conducta de ustedes, esperando y acelerando la venida del Día del Señor! Entonces se consumirán los cielos y los elementos quedarán fundidos por el fuego.” (II Pedro 3, 11 -12).

Sobre la base de un hombre luchador, cumplidor de sus obligaciones y trabajador es que se talla la imagen de un hombre cristiano. Según San Pablo, la voluntad de Dios, para cada hombre, para cada mujer, es nuestra santificación. Y por la gracia de Dios debemos ser santos. “¡Qué santidad de vida, que respeto con Dios”, nuestra sociedad actual no respeta a Dios ni a los que son de Dios. Nuestra santidad apurará la venida del Señor, eso está claro en las Sagradas Escrituras (cf. 1 Cor 15).

En su primera venida, Jesús tuvo un mensajero, un profeta para preparar Su camino y en su seguda venida, que será la definitiva, El no quiere tener un profeta, quiere muchos. El te quiere como su mensajero, como mensajero del Señor que viene. Necesitamos creer, apostar en la venida del Señor y anunciar esta gracia por todos los medios que tenemos para que apuremos Su venida. Y esta es justamente la palabra de Juan Bautista y debe ser también nuestra: “Preparad los caminos del Señor y enderezad las calles”. Hay tantas cosas “chuecas” en nuestras vidas, familias, donde trabajamos, en algunas realidades de la Iglesia, en la política, en la educación, en la jurisprudencia y todo eso necesita ser enderezado ahora, mientras tenemos tiempo! No vamos a esperar a que el Señor venga y queme todo con Su fuego. ¡No, eso no puede pasar!

Enderecen las cosas entre ustedes, esposos y con sus hijos. Tú necesitas ser una persona vigorosa para arrastrar a tus padres, a tus hijos y a tus hijas para el Señor. ¡El tiempo es ahora! Pidamos al Señor vigor para salvarlos.
Estamos aquí para que como Juan el Bautista, hagamos nuevas todas las cosas con la ayuda del Señor. El Señor nos confió esta tarea. Al final del Evangelio de hoy, San Juan afirma que él no es digno de amarrar las sandalias del Señor y que El vendría y bautizaría a todos con el espíritu Santo. Juan hizo su parte, bautizó con agua pero nosotros necesitamos ir en búsqueda del derramamiento del Espíritu Santo para que preparemos los caminos del Señor.

Tuve la gracia de conocer a un pastor evangélico que recibió el sobrenombre cariñoso de “Mister Pentecostés” porque a donde él iba, hablaba de los dones del Espíritu Santo e instigaba a las personas a rezar en lenguas. El era tan importante que el Papa Juan XXIII lo invitó a participar del Concilio Vaticano II. Tú también necesitas ser “Mister Pentecostés” y no solo tener, sino cultivar la gracia del Bautizo en el Espíritu Santo. El bautizo es como una flor que necesita ser cultivada, el Señor quiere que lo cultives, principalmente por el uso de los dones del Espíritu.

Sus dones no son para pocos, son para todos. El cristiano que realiza el Evangelio en su vida necesita cultivar los dones, debe utilizarlos. Todos los días yo oro en lenguas por la mañana y en la tarde. No hago más que mi obligación, es una necesidad, necesito regar la plantita para que no muera. La oración en lenguas es como agua que se echa sobre la plantita del Bautizo en el Espíritu Santo. Pide: “Bautízame Señor en tu Espíritu Santo”.

“Caminad en mis caminos y no vos desviéis, el mundo es voraz y está a vuestro acecho. Caminai en mis caminos, vos protejo en mi corazón. Vos amo, no quiero perderlos. Caminad en mis caminos” (Palabra de profecía dada a Monsenhor Jonas al final de esta homilia)

Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva
Prédica durante el Hosana 2014

FUENTE PORTAL CANCIÓN NUEVA EN ESPAÑOL

CHEQUEO CON FRANCISCO

Papa Francisco felicita a la Curia advirtiendo a todos contra 15 enfermedades espirituales e invitando a la confesión en preparación de la Navidad

Entre ellas ha señalado el peligro de “sentirse inmortales, inmunes o incluso indispensables. La enfermedad de la excesiva actividad de trabajar sin detenerse a contemplar a Cristo.La enfermedad de la insensibilidad humana, de poseer un corazón de piedra, de perder los sentimientos de Jesús. La enfermedad del "alzheimer espiritual", del olvido de la historia de la salvación, de la historia personal con el Señor, del primer amor. La enfermedad de la rivalidad y de la vanagloria y la enfermedad de la esquizofrenia existencial, la de vivir una doble vida fruto de la hipocresía y el vacío espiritual”
22 de diciembre de 2014
Tomando la imagen paulina del Cuerpo Místico de Cristo, el Obispo de Roma en su saludo de Navidad a la Curia Romana, después de agradecer a Dios por los bienes y pedir perdón por las faltas, dijo que la Curia Romana es “un pequeño modelo de la Iglesia”, un cuerpo complejo, compuesto de miembros, dinámico. Pero que no puede vivir sin nutrirse de la relación con Cristo. Sin la oración cotidiana y la caridad vivida se convierte en un burócrata, en un gajo que poco a poco se muere y es tirado lejos. Que quede claro que sin Jesús no podemos hacer nada. Y la relación con El alimenta la relación con los otros. El Espíritu de Dios une, el espíritu del mal divide. La curia está llamada a mejorar, pero como cada cuerpo humano está expuesta al mal funcionamiento y a las enfermedades. En el vídeo se visualiza y escucha toda la meditación del Santo Padre.
Seguidamente el Sucesor de Pedro hizo una lista de 15 tentaciones y enfermedades curiales, siguiendo el catálogo de los padres de la Iglesia, invitó a prepararse al sacramento de la reconciliación que –dijo- “será un buen paso” hacia la Navidad. El texto completo de la meditación del Papa es el siguiente:
“Tú estás sobre los querubines, tu que has cambiado la miserable condición del mundo cuando te has hecho como nosotros” (San Atanasio).
Queridos hermanos, Al término del Adviento nos encontramos para los tradicionales saludos. En pocos días tendremos la alegría de celebrar la Navidad del Señor; el evento de Dios que se hace hombre para salvar a los hombres; la manifestación del amor de Dios que no se limita a darnos alguna cosa o a enviarnos algún mensaje o ciertos mensajeros, sino que se nos da a sí mismo; el misterio de Dios que lleva sobre sí mismo nuestra condición humana y nuestros pecados para revelarnos su Vida divina, su gracia inmensa y su perdón gratuito. Es la cita con Dios que nace en la pobreza de la gruta de Belén para enseñarnos el poder de la humildad. De hecho, la Navidad es también la fiesta de la luz que no viene acogida de la gente ‘elegida’ sino de la gente pobre y simple que esperaba la salvación del Señor.
Ante todo, quisiera desear a todos ustedes –colaboradores, hermanos y mujeres, representantes pontificios esparcidos por el mundo- y a todos sus queridos, una santa Navidad y un feliz Año Nuevo. Deseo agradecerles cordialmente por su compromiso cotidiano al servicio de la Santa Sede, de la Iglesia Católica, de las Iglesias particulares y del Sucesor de Pedro.
Puesto que somos personas y no números o denominaciones, recuerdo de manera especial aquellos que, durante este año, han terminado su servicio por razones de edad o por haber asumido otros roles, o porque han sido llamados a la Casa del Padre. También a todos ellos y sus familias van mis pensamientos y gratitud.
Deseo elevar con ustedes al Señor un profundo y sincero agradecimiento por el año que termina, por los acontecimientos vividos y por todo el bien que Él ha querido realizar generosamente a través del servicio de la Santa Sede, pidiéndole humildemente perdón por las faltas cometidas "en pensamientos, palabras, obras y omisiones". 
Y partiendo de este pedido de perdón, desearía que nuestro encuentro y las reflexiones que voy a compartir con ustedes se conviertan, para todos nosotros, en un apoyo y un estímulo para un verdadero examen de conciencia para preparar nuestro corazón para la Navidad.
Pensando en este encuentro he recordado la imagen de la Iglesia como Cuerpo Místico de Jesucristo. Es una expresión que, como explicó el Papa Pío XII, "fluye y casi brota de lo que exponen con frecuencia las Sagradas Escrituras y los Santos Padres." En este sentido, San Pablo escribió: "Porque así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo" (1 Cor 12,12).
En este sentido, el Concilio Vaticano II nos recuerda que "en la estructura del cuerpo místico de Cristo existe una diversidad de miembros y oficios. Uno es el Espíritu, que para la utilidad de la Iglesia distribuye sus diversos dones con generosidad proporcionada a su riqueza y a las necesidades de los ministerios (1 Cor 12,1-11)." Por lo tanto, "Cristo y la Iglesia forman el "Cristo total" - Christus Totus -. La Iglesia es una con Cristo."
Es hermoso pensar en la Curia Romana como un pequeño modelo de la Iglesia, es decir, como un "cuerpo" que intenta  seriamente y cotidianamente ser más vivo, más sano, más armonioso y más unido en sí mismo y con Cristo.
En realidad, la Curia Romana es un cuerpo complejo, compuesto de muchos Dicasterios, Consejos, Oficinas, Tribunales, Comisiones y numerosos elementos que no tienen todos la misma tarea, pero que se coordinan para poder funcionar en modo eficaz, edificante, disciplinado y ejemplar, a pesar de las diferencias culturales, lingüísticas y nacionales de sus miembros.
De todos modos, siendo la Curia un cuerpo dinámico, no puede vivir sin alimentarse y cuidarse. De hecho, la Curia - como la Iglesia - no puede vivir sin tener una relación vital, personal, auténtica y equilibrada con Cristo. Un miembro de la Curia que no se alimenta todos los días con aquel Alimento se convertirá en un burócrata (un formalista, un funcionalista, un simple empleado): una rama que se seca y muere lentamente y se tira lejos. La oración diaria, la participación regular en los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la reconciliación, el contacto diario con la Palabra de Dios y la espiritualidad traducida en caridad vivida son el alimento vital para cada uno de nosotros. Que sea claro a todos nosotros que sin Él no podemos hacer nada (cf. Jn 15, 8).
Como resultado, la relación viva con Dios nutre y refuerza también la comunión con los demás, o sea, cuanto más estrechamente adherimos a Dios, más estamos unidos entre nosotros, porque el Espíritu de Dios nos une y el espíritu maligno divide.
La Curia está llamada a mejorar, siempre mejorar y crecer en comunión, santidad y sabiduría para realizar plenamente su misión. Sin embargo, como cada cuerpo, como todo cuerpo humano, está expuesto a la enfermedad, al mal funcionamiento. Y aquí me gustaría mencionar algunas de estas enfermedades probables, enfermedades de la curia. Las enfermedades más frecuentes en nuestra vida de la Curia son las enfermedades y tentaciones que debilitan nuestro servicio al Señor. Creo que nos va a ayudar el "catálogo" de las enfermedades - como los Padres del Desierto, que hacían catálogos – de las que hablamos hoy: nos ayudará a prepararnos para el Sacramento de la Reconciliación, que será un bello paso para todos nosotros para prepararnos para la Navidad.
1. La enfermedad de sentirse “inmortal”, “inmune”, o incluso indispensable, descuidando los controles necesarios y habituales. Una Curia que no se autocritica, que no se actualiza, que no trata de mejorarse, es un cuerpo enfermo. ¡Una visita a un cementerio nos podría ayudar a ver los nombres de tantas personas, de las que en algunos casos quizá pensábamos que eran inmortales, inmunes e indispensables! Es la enfermedad del rico inconsciente del Evangelio, que pensaba vivir para la eternidad (Cf. Lucas 12, 13-21) y de quienes se convierten en dueños y superiores a todos, en vez de ponerse al servicio de los demás. Esta enfermedad deriva con frecuencia de la patología del poder, del “complejo de los elegidos”, del narcisismo que mira con pasión la propia imagen y no ve la imagen de Dios impresa en el rostro de los demás, especialmente de los más débiles y necesitados (Cf. “Evangelii Gaudium”, 197-201). El antídoto a esta epidemia es la gracia de sentirnos pecadores y de decir con todo el corazón: “Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lucas 17, 10).









2. Hay otra: la enfermedad del “martismo”, que viene de Marta, la excesiva laboriosidad: es decir, quienes se sumergen en el trabajo, descuidando inevitablemente “la mejor parte”: sentarse a los pies de Jesús (cf. Lucas 10, 38-42). Por este motivo Jesús propuso a los discípulos “descansar algo” (cf. Marcos 6, 31), pues descuidar el necesario descanso lleva al estrés y a la agitación interior. El tiempo de descanso de quien ha cumplido con su misión es necesario, un deber y debe ser vivido seriamente: al transcurrir algo de tiempo con los familiares y al respetar las vacaciones como momentos de  regeneración espiritual y física; es necesario aprender lo que enseña el Qohélet, que “hay un tiempo para cada cosa” (3, 1-15).

3. Se da también la enfermedad de la “fosilización” mental y espiritual: es decir, de quienes tienen un corazón de piedra y son “duros de cerviz” (Hechos de los Apóstoles 7, 51-60); de quienes, con el tiempo, pierden la serenidad interior, la vivacidad y la audacia, y se esconden bajo documentos de papel, convirtiéndose en en “máquinas de burocracia” y no en “hombres de Dios” (cfr. Hebreos 3, 12). ¡Es peligroso perder la sensibilidad humana necesaria que nos permite llorar con quienes lloran y alegrarnos con quienes se alegran! Es la enfermedad de quienes pierden “los sentimientos de Jesús" (Cf. Filipenses 2, 5-11), pues su corazón, con el paso del tiempo, se endurece y se hace incapaz de amar incondicionalmente al Padre y al prójimo (cf. Mateo 22, 34-40). Ser cristiano significa “tener los mismos sentimientos de Jesucristo, sentimientos de humildad y de entrega, de desapego y generosidad”.
4. La enfermedad de una planificación excesiva y del funcionalismo: cuando el apóstol planifica todo minuciosamente y cree que con una perfecta planificación todo avanza se convierte en un contable o asesor fiscal. Prepararlo todo bien es necesario, pero sin caer nunca en la tentación de querer encerrar y pilotar la libertad del Espíritu Santo, que siempre es más grande, más generosa que toda planificación humana (cf. Juan 3,8). Se ca en esta enfermedad porque “siempre es más fácil y cómodo sentarse en las propias posiciones estáticas e inmutables. En realidad, la Iglesia es fiel al Espíritu Santo en la medida en que no busca regularlo ni amaestrarlo… Amaestrar al Espíritu Santo… Él es frescura, fantasía, novedad” (Benedicto XVI, audiencia general del 1 de junio de 2005).
5. La enfermedad de la mala coordinación: cuando los miembros pierden la comunión entre ellos mismos y el cuerpo pierde su funcionalidad armoniosa y su temperanza, convirtiéndose en una orquesta que hace ruido, pues sus miembros no colaboran, no viven el espíritu de comunión y de equipo. Cuando el pie le dice al brazo: “no te necesito”, o la mano a la cabeza: “aquí mando yo”, causando de este modo malestar y escándalo.
6. Se da también la enfermedad del Alzheimer espiritual: es decir, la del olvido de “la historia de la Salvación”, de la historia personal con el Señor, del “primer amor” (Apocalipsis 2, 4). Se trata de una pérdida progresiva de las facultades espirituales, que en un periodo de tiempo más o menos largo provoca graves discapacidades en la personas, haciendo que sea incapaz de hacer nada autónomamente, viviendo en un estado de absoluta dependencia de sus visiones, con frecuencia imaginarias. Lo vemos en aquellos que han perdido la memoria del su encuentro con el Señor; en quienes no tienen el sentido deuteronómico de la vida; en quienes dependen completamente de su “presente”, de sus pasiones, caprichos, y manías; en quienes edifican a su alrededor muros y costumbres, convirtiéndose cada vez mas en esclavos de los ídolos que han esculpido con sus propias manos.
7. La enfermedad de la rivalidad y de la vanagloria: cuando la apariencia, el color del vestido y las insignias honoríficas se convierten en el objetivo primario de la vida, olvidando las palabras de San Pablo: “Nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás” (Filipenses 2, 1-4). Es la enfermedad que nos lleva a ser hombres y mujeres falsos y a vivir en un falso “misticismo”. El mismo san Pablo los define “enemigos de la Cruz de Cristo”, “cuya gloria está en su vergüenza, pues no piensan más que en las cosas de la tierra”  (Filipenses 3, 19).
8. La enfermedad de la esquizofrenia existencial: es la enfermedad de quienes viven una doble vida, fruto de la hipocresía típica del mediocre y progresivo vacío espiritual que doctorados y títulos académicos pueden llenar. Una enfermedad que afecta con frecuencia a quienes, tras abandonar el servicio pastoral, se limitan a los asuntos burocráticos, perdiendo el contacto con la realidad, con las personas concretas. Crean así su propio mundo paralelo, en el que dejan de lado todo lo que enseñan severamente a los demás y comienzan a vivir una vida escondida y con frecuencia disoluta. La conversión es sumamente urgente e indispensable para esta grave enfermedad (cfr. Lucas 15,11-32).
9. La enfermedad de los chismes y de la murmuración: de esta enfermedad ya he hablado muchas veces, pero nunca suficientemente: es una enfermedad grave, que comienza simplemente con una conversación y se adueña de la persona, haciendo que se convierta en “sembradora de cizaña” (como Satanás), y en muchas ocasiones en “asesina a sangre fría” de la fama de los propios colegas y hermanos Es la enfermedad de las personas cobardes que al no tener el valor de hablar directamente chismorrean por detrás. San Pablo advierte: “Hacedlo todo sin murmuraciones ni discusiones para que seáis irreprochables e inocentes" (Filipenses 2, 14-18). Hermanos, ¡evitemos el terrorismo de los chismes!
10. La enfermedad de divinizar a los jefes: es la enfermedad de quienes cortejan a los superiores, esperando obtener su benevolencia. Son víctimas del afán de hacer carrera y del oportunismo, honran a las personas y no a Dios (cf. Mateo 23, 8-12). Son personas que viven el servicio pensando únicamente en lo que tiene que alcanzar y no en lo que tienen que dar. Personas mezquinas,  infelices e inspiradas únicamente por el propio egoísmo fatal (cf. Gálatas 5, 16-25). Esta enfermedad podría golpear también a los superiores, cuando cortejan a algunos de sus colaboradores para obtener su sumisión, lealtad y dependencia psicológica, pero el resultado final es una auténtica complicidad.
11. La enfermedad de la indiferencia hacia los demás: cuando cada quien piensa sólo en sí mismo y pierde la sinceridad y el calor de las relaciones humanas. Cuando el más experto no pone su conocimiento al servicio de los colegas menos expertos.  Cuando se recibe una información y se guarda en vez de compartirla con los demás. Cuando, por celos o por falsa astucia se regodea al ver cómo cae el otro, en vez de ayudarle a levantarse y alentarle.
12. La enfermedad de la cara de funeral: es decir, de personas hurañas y ceñudas, que consideran que para ser serios es necesario llenar el rostro de melancolía, de severidad y tratar a los demás -sobre todo a los que consideran inferiores- con rigidez, dureza y arrogancia. En realidad, la severidad teatral y el pesimismo estéril son a menudo síntomas de miedo y de inseguridad en sí mismo. El apóstol debe esforzarse para ser una persona cortés, serena, entusiasta y alegre que transmita felicidad allí donde se encuentra. Un corazón lleno de Dios es un corazón feliz, que irradia y contagia con la alegría a todos los que se encuentran a su alrededor. ¡Se ve inmediatamente! No perdamos por tanto el espíritu gozoso, lleno de humor, incluso autoirónico, que nos hace personas amables, incluso en las situaciones difíciles. ¡Qué bien nos sienta una buena dosis de sano humorismo! Nos ayudará mucho rezar con frecuencia la oración de santo Tomás Moro: yo la rezo todos los días, me ayuda.
13. La enfermedad de la acumulación: Cuando el apóstol trata de llenar un vacío existencial en su corazón acumulando bienes materiales, no por necesidad, sino solo para sentirse al seguro. En realidad, no nos podremos llevar ningún bien material, pues todos nuestros tesoros terrenos, aunque sean regalos, no podrán llenar nunca el vacío, es más, lo harán cada vez más exigente y profundo. A estas personas el Señor les repite: “Tú dices:  ‘Soy rico; me he enriquecido; nada me falta’. Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo… Sé, pues, ferviente y arrepiéntete" (Apocalipsis 3, 17-19). La acumulación sólo da peso y hace más lento el camino de manera inexorable. Me estoy acordando de una anécdota: en una época, los jesuitas españoles describían a la Compañía de Jesús como “la caballería ligera de la Iglesia”. Recuerdo la mudanza de un joven jesuita que, mientras cargaba en un camión sus numerosos bienes (maletas, libros, objetos y regalos), alguien le dijo, con la sonrisa sabia de un viejo jesuita que le estaba mirando: “¿esta es la ‘caballería ligera de la Iglesia?”. Nuestras mudanzas son un signo de esta enfermedad.
14. La enfermedad de los círculos cerrados: Cuando la pertenencia al grupito se vuelve más fuerte de la pertenencia al Cuerpo y, en algunas situaciones, a Cristo mismo. Esta enfermedad también nace siempre de buenas intenciones, pero, con el paso del tiempo, esclaviza a los miembros convirtiéndose en un “cáncer”, que pone en peligro la armonía del Cuerpo y causa tanto mal —escándalos— especialmente entre nuestros hermanos más pequeños. La autodestrucción o “el fuego amigo” de los conmilitones es el peligro más subrepticio. Es el mal que golpea desde dentro y, como dice Cristo, “todo reino dividido contra sí mismo queda asolado” (Lucas 11,17).
15. Y la última: La enfermedad del beneficio mundano, del exhibicionismo: cuando el apóstol transforma su servicio en poder, y su poder en mercancía para obtener provechos mundanos o más poderes. Es la enfermedad de las personas que tratan incansablemente de multiplicar poderes y por este objetivo son capaces de calumniar, de difamar y de desacreditar a los demás, incluso en periódicos y en revistas, obviamente para exhibirse y demostrar que son más capaces que los demás. Esta enfermedad también hace mucho daño al cuerpo, porque lleva a las personas a justificar el uso de cualquier medio con tal de alcanzar tal objetivo, a menudo en nombre de la justicia y de la transparencia. Aquí me viene a la mente el recuerdo de un sacerdote que llamaba a los periodistas para contarles (e invitar) cosas privadas de los propios hermanos y parroquianos. Para él lo que contaba era sólo verse en las primeras páginas, pues así se sentía “poderoso e importante” causando tanto mal a los demás y a la Iglesia. ¡Pobrecito!
Hermanos, estas enfermedades y tentaciones son naturalmente un peligro para cada cristiano y para cada curia, comunidad, congregación, parroquia, movimiento eclesial, y pueden golpear sea a nivel individual que comunitario.
Es necesario aclarar que es sólo el Espíritu Santo –el alma del Cuerpo Místico de Cristo, como afirma el Credo: ‘Creo… en el Espíritu Santo, Señor y vivificador’- quien cura cada enfermedad. Es el Espíritu Santo quien sostiene cada sincero esfuerzo de purificación y de cada buena voluntad de conversión. Es Él quien nos da a entender que cada miembro participa en la santificación del cuerpo y a su debilitamiento. Es Él el promotor de la armonía: ‘Ipse harmonia est’, dice San Basilio. San Agustín nos dice: ‘Hasta que una parte se adhiere al cuerpo, su curación no es desesperada; aquello que fue cortado, no puede curarse ni sanar’.
La curación es también fruto de la conciencia de la enfermedad y de la decisión personal y comunitaria de curarse soportando pacientemente y con perseverancia la curación. Por lo tanto, estamos llamados –en este tiempo de Navidad y para todo el tiempo de nuestro servicio y de nuestra existencia- a vivir ‘según la verdad en la caridad, tratando de crecer en cada cosa hacia Él, que es el jefe, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien compaginado y conectado, mediante la colaboración de cada empalme, según la energía propia de cada miembro, recibe fuerza para crecer en manera de edificar a sí mismo en la caridad (Ef 4, 15-16).
Queridos hermanos, Una vez he leído que los sacerdotes son como los aviones: sólo hacen noticia cuando caen, pero hay muchos que vuelan. Muchos critican y pocos rezan por ellos. Es una frase muy simpática y muy cierta, porque indica la importancia y la delicadeza de nuestro servicio sacerdotal, y cuánto mal podría causar un solo sacerdote que ‘cae’ a todo el cuerpo de la Iglesia. Por lo tanto, para no caer en estos días en los que estamos preparándonos a la Confesión, pidamos a la Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, curar las heridas del pecado que cada uno de nosotros lleva en su corazón y de sostener a la Iglesia y a la Curia de modo que sean sanos y re sanadores, santos y santificantes, a gloria de su Hijo y para nuestra salvación y del mundo entero. Pidamos a Él hacernos amar a la Iglesia como la ha amado Cristo, su hijo y nuestro Señor, y de tener la valentía de reconocernos pecadores y necesitados de su Misericordia y de no tener miedo a abandonar nuestra mano entre sus manos maternas.
Muchas felicidades por una santa Navidad a todos ustedes, a sus familias y a sus colaboradores. Y, por favor, no se olviden de rezar por mí. Gracias de corazón. 
Francisco