jueves, 16 de julio de 2020

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,28-30


Evangelio según San Mateo 11,28-30
Jesús tomó la palabra y dijo:
"Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

La oración de Isaías 26, 7-19, de donde está tomada el texto litúrgico de hoy, forma parte del llamado «Apocalipsis de Isaías». Se trata de una serie de imágenes en los que emerge la actitud orante del profeta que expresa su total esperanza en Dios, en su intervención salvadora en el peligro y frente a la tentación de los vanos esfuerzos humanos. En medio del trastorno cósmico y las expectativas de paz definitiva, el pueblo es invitado a poner su confianza en el Señor, que mantiene su promesa. Él nos dará la paz y realizará nuestras empresas cuidando del pobre y del indigente. 

La esperanza que el orante pone en Yahvé alimenta su deseo de estar en comunión con él, esto le da la convicción de que todo será llevado a buen termino y a la plenitud de todos los bienes. A pesar de la fragilidad fe del pueblo, la acción de Dios le devolverá esa energía vivificante a un «pueblo de muertos» para una nueva existencia (v. 19). Sería un bonito ejercicio repetir más de una vez esta lectura de Isaías el día de hoy, en medio de está situación de incertidumbre y desconcierto que estamos viviendo, para dejar que el espíritu de esta oración nos anime, nos reconforte, nos de consuelo y reavive nuestra esperanza.

En esa misma línea el Evangelio de Mateo es una invitación a saber descansar en Jesús. Acercarnos a Él cuando experimentamos nuestra pequeñez y fragilidad. A menudo vamos por la vida cansados y agobiados por las situaciones que nos toca vivir, y por las cargas innecesarias que nuestro amor propio e interés añaden a nuestro yugo. La llamada a cargar con el yugo de Jesús supone quitarnos el yugo que nosotros llevamos, que de suyo es nuestro propio ego. Vaciarnos de nosotros, para asumir el estilo de vida de Jesús que es manso y humilde de corazón, donde hallaremos nuestro descanso. En definitiva, no se trata tanto de aligerar una carga, se trata de entrar en comunión de vida con Él acogiendo su amor y el del Padre fuente de reposo donde encuentran sentido nuestros anhelos más profundos. Pidamos esta gracia por intercesión de María en su advocación del Carmen, ella «Estrella de los mares» sabrá llevarnos a un puerto seguro en su Hijo.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

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