sábado, 26 de noviembre de 2016

Meditación: Lucas 21, 34-36


“Estén alerta, para que los vicios… no entorpezcan su mente.” (Lucas 21, 34)

Es difícil escuchar un buen concierto si estamos preocupados por algo, o admirar jardines en flor si al día siguiente tenemos que rendir un examen difícil. Tenemos tiempo libre, pero el corazón no está libre, está ofuscado por las preocupaciones y no nos deja disfrutar de la música ni admirar el jardín. Entonces, ¿cómo vamos a percibir la realidad espiritual y escuchar la sinfonía misteriosa de las voces divinas?

La liturgia nos exhorta: “Levantemos el corazón” pero tenemos el corazón atado a la tierra ¿Cómo liberarlo? Nos dice San Pablo “No se embriaguen…” El borracho se tambalea y cae, aunque ha bebido para sentirse más ligero. Va a un bar a beber para olvidar la infelicidad o la extrema frustración, pero, ¿por cuánto tiempo lo logra? El alcohólico ni siquiera se plantea el problema, ya no puede vivir sin beber. Pero, en el fondo, todos somos un poco como él. También tenemos frustraciones y vamos al bar del mundo a beber lo que éste nos ofrece para olvidarnos de la vida o la muerte.

La embriaguez hace perder el equilibrio, es decir, pasar de un interés a otro, no tener estabilidad. Se empieza a buscar solo la diversión y el pasatiempo. Triste es la vida de quien termina por olvidar que lo importante es lo que nos espera.

El que se envicia o se droga intenta olvidar su situación; sin embargo, se acuerda de todo: toda pequeñez lo agita, pierde la proporción de las cosas, termina por transformar las pequeñeces en montañas y olvidar las cosas importantes.

Si hemos cumplido bien con nuestros deberes podremos entrar en la vida eterna, pero el que se atormenta cuando trata de cumplir con sus deberes actuales termina olvidando por qué lo hace.

El descanso dominical es una tradición heredada del sábado judío por inspiración divina. Después de seis días de trabajo, debemos tener la posibilidad de descansar, reposar y pensar en la vida futura. El séptimo día de la semana, dicen los autores orientales, debe hacernos recordar el octavo día, el de la vida después de la resurrección de los muertos, la eternidad. ¿Cómo llegaremos a ella y dónde la pasaremos?
“Cristo mío, concédeme claridad de mente para mantenerme siempre atento a las cosas importantes de la vida, como la fe en ti, y no dejar de cumplir mis obligaciones inmediatas.”
Apocalipsis 22, 1-7
Salmo 95(94), 1-7

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

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