domingo, 27 de noviembre de 2016

Meditación: Mateo 24, 37-44


Primer Domingo de Adviento

Hoy comienza el venturoso tiempo del Adviento, cuyo principal propósito es prepararnos para la Navidad, vale decir, para la gloriosa venida al mundo de nuestro Salvador en la humildad del pesebre de Belén.

En el Adviento contemplamos la promesa de su primera venida, cuando recién se anunció el plan de Dios, y luego dirigimos la mirada hacia la segunda venida del Señor, aquella gloriosa época cuando el plan de Dios llegue a su consumación.

Las lecturas de esta primera semana de Adviento presentan el tema de la luz. San Pablo dice: “La noche está avanzada y se acerca el día” y nos insta a salir de la oscuridad del pecado y vivir en la luz. A su vez, el profeta Isaías nos exhorta diciéndonos “caminemos a la luz del Señor.”

Pero, la oscuridad sigue marcando nuestra vida de varias maneras. Cualquier clase de división, violencia, falta de perdón, resentimiento persistente, conducta inmoral o adicción es una manifestación de la oscuridad, de la dominación del pecado.

Lo primero que tenemos que hacer es reconocer la oscuridad que llevamos en el corazón; pero se requiere honestidad y coraje para admitir las consecuencias de la oscuridad y tomar la decisión de cambiar. En realidad, el que practica el pecado vive en la oscuridad sin paz ni alegría, y siempre tiene presentes el remordimiento y el sentido de culpa. En cambio, la gracia de Cristo nos libra de la oscuridad y nos lleva a la paz y la alegría de la luz.

Hermano, ¿no sería maravilloso que al final de este Adviento tú pudieras decir sinceramente que, con la ayuda de Dios, te has despojado de la oscuridad que había en tu vida, y que la luz de Cristo empieza a brillar ahora en tu alma donde antes había oscuridad? ¡Claro! Porque así estarás mejor preparado para encontrarte con el Señor de la Luz, en cuya presencia no puede existir tiniebla alguna.
“Señor mío Jesucristo, ahora que empiezo a prepararme para celebrar tu venida en la Navidad, ayúdame a reconocer la oscuridad en mi vida y en mi familia para que nos libres a mí y a los míos.”
Isaías 2, 1-5
Salmo 122(121), 1-9
Romanos 13, 11-14

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

No hay comentarios:

Publicar un comentario