lunes, 21 de noviembre de 2016

UNIDAD de la Renovación Carismática - Parte 1


La Renovación carismática existe en España hace más de cuarenta años. Aunque en otros lugares  nació un poco antes, sin embargo, no es algo importado porque es una realidad autóctona allí donde brota. No es un movimiento iniciado por algún fundador ni obedece a ninguna necesidad concreta de la Iglesia o de la sociedad. Los que acceden a ella lo que notan es un reavivamiento de su vida espiritual y un cambio en su fe y sus relaciones con Dios.

La experiencia que engendra conecta directamente con la vida cristiana que nos narran los Hechos de los Apóstoles. De hecho se inicia con oración e imposición de manos para que los interesados reciban el don del Espíritu Santo. Diríamos que es una vuelta a las fuentes y se encuentra salpicada de fenómenos  semejantes a los de los Hechos como el orar y el hablar en lenguas y llenarse del Espíritu Santo.

No se trata, pues, de algún aprendizaje que nos venga de cursos o ilustraciones intelectuales, sino de una experiencia personal. Sucede y forma comunidad, articulándose en grupos que se llaman de oración y que surgen espontáneamente por doquier. Son grupos autónomos que, con el tiempo, se coordinan formando una entidad superior.

A causa de esta coordinación da la impresión de ser un movimiento pero no lleva tal cosa inscrita en sus entrañas sino que se considera a sí misma como una simple corriente de gracia. Así la define el Papa Francisco, cada vez que le dirige la palabra. No quiere ser una cosa más o una estructura nueva dentro de la Iglesia sino una simple corriente ni siquiera destinada a perpetuarse. Quiere ser como un río que pasa alegrando, regando y trasformando el paisaje pero que solo alcanza su plenitud al desembocar en el mar. Dice el Papa Francisco: Si el río se queda quieto se corrompe. Si la Renovación, esta corriente de gracia, no termina en el océano de Dios, en el amor de Dios, trabaja para sí misma. Y esto no es de Jesucristo, esto es del maligno, del padre de la mentira.

Este río, claro está, como todos los ríos lleva agua, es decir, lleva un mensaje que le otorga la experiencia del Espíritu Santo y que expande sus efectos por donde pasa. Pero es corriente, no se estanca ni se para a evaluar sus efectos sino que sigue su marcha guiada por el Espíritu ya que carece de fundador y de normas. No viene a competir con nadie ni sustituir a nadie ni reformar nada sino trasmitir su vida, su novedad, su levadura, su sal y el gozo de su fe. Con este talante no entra en competencia con nadie, evita la doble pertenencia, no pierde espontaneidad y libertad ni necesita inscribirse en algún elenco de entidades. Conviene decir que no es nada fácil vivir de una espiritualidad como ésta sin apoyatura estructural alguna.

Esta fue la causa de que en 2003 se originara, aquí en España, una fuerte tensión acerca del modo de vivir esta forma de ser. Algunas personas pensaron que sería mejor cohesionar los grupos haciéndose asociación y creando unos estatutos que serían aprobados por la Conferencia episcopal. Así ya tendríamos un reconocimiento. Otros, en cambio, pensaron que eso iba contra la identidad más íntima de la Renovación y su conciencia no les permitió aceptar tal estructuración. Con ello se originó una división que fue dura porque hubo mucha lucha y descalificación por parte de unos y otros.

En estos momentos, pasados los años y ya casi desaparecida la generación de la ruptura, el clamor por la unidad surge de todos los rincones de nuestra geografía. En la Asamblea nacional de los que tienen estatutos, celebrada en Julio de este 2015, se vivió una gran reconciliación con el abrazo que se dieron las coordinadoras nacionales de ambos grupos. No sabemos cuáles serán los nuevos pasos a dar pero sí tenemos claro que es el Espíritu Santo el que nos está empujando hacia la unidad.

Nos anima mucho el interés personal que se toma el Papa Francisco por este asunto. Él no es amigo de la uniformidad pero tampoco de la división; quiere, según sus palabras, la unidad en la diversidad y en la verdad. Lo acaba de señalar con firmeza el 3 de julio de este mismo año 2015, en el discurso a la Renovación carismática italiana donde la expresiones carismáticas (palabra del Papa) no son dos como aquí sino varias más. En su forma de hablarnos nos da la impresión de que no sólo nos habla como Pastor universal sino como un miembro más, comprometido con la Renovación. Con esto nos da a entender la gran esperanza que ha puesto en estos grupos y en su espiritualidad en el intento de reevangelización de la Iglesia.

Por eso nos exhorta en el discurso de Roma: Los que están viviendo esta experiencia, compártanla  y este es el servicio más importante que pueden hacer a la Iglesia. Ayudar al pueblo de Dios al encuentro personal con Jesucristo, que nos cambia en hombres y mujeres nuevos. Vuestros grupos, aunque parezcan pequeños y humildes, son muy eficaces, porque es el Espíritu el que opera.

Chus Villarroel O P, Julio 2015

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