miércoles, 12 de mayo de 2021

COMPRENDIENDO LA PALABRA 120521


«El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena»

«Las cosas de Dios nadie las conoce si no es el Espíritu de Dios» (1Co 2,11). Ahora bien, su Espíritu lo revela y nos hace conocer a Cristo, su Verbo, su Palabra viviente, pero no él se dice a sí mismo. Aquel que ha hablado «por boca de los profetas» (Credo) nos hace escuchar la Palabra del Padre, pero a él no le oímos. Tan sólo le conocemos en el movimiento en que nos revela al Verbo y nos dispone para que lo acojamos en la fe. El Espíritu de la verdad que nos «desvela» a Cristo «no habla de sí mismo» (Jn 16,13). Un ocultamiento tal, propiamente divino, explica porqué «el mundo no lo puede recibir porque no le ve ni le conoce», mientras que aquellos que creen en Cristo le conocen porque mora en ellos (Jn 14,17).

La Iglesia, comunión viva en la fe de los apóstoles que ella transmite, es el lugar propio de nuestro conocimiento del Espíritu Santo:
en las Escrituras que él ha inspirado;
en la Tradición, de la cual los Padres de la Iglesia son los testimonios siempre actuales;
en el Magisterio de la Iglesia que él asiste;
en la liturgia sacramental, a través de las palabras y los símbolos, en los que el Espíritu Santo nos pone en comunión con Cristo;
en la plegaria en la cual intercede por nosotros;
en los carismas y ministerios a través de los cuales la Iglesia se edifica;
en los signos de la vida apostólica y misionera;
en el testimonio de los santos en los que manifiesta su santidad y continúa la obra de salvación.

Catecismo de la Iglesia Católica
§ 687-688

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