martes, 25 de mayo de 2021

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 10,28-31


Evangelio según San Marcos 10,28-31
Pedro le dijo a Jesús: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".

Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia,

desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos:

Uno puede organizar su vida de dos formas: desde el tener, acumular y poseer bienes materiales y vivir para estas cosas, o desde los valores del Evangelio: el amor total a Dios y al prójimo practicando la solidaridad, el compartir, el poner lo que uno es y tiene al servicio de los demás. Algo claro en el Evangelio de Jesús es que la vida no se nos ha dado para hacer dinero, tener éxito o logar un bienestar personal sino para hacernos hermanos. De ahí que el compartir lo nuestro con los necesitados es la única fuerza de crecimiento, lo único que hace avanzar decisivamente a la humanidad hacia la salvación.

Cuando una persona descubre vivencialmente que el amor total a Dios y al prójimo es lo primero y fundamental en la vida, vive la relación con las cosas de este mundo de otra forma. Percibe que la familia, con lo importante que es, no es tan decisivo como el amor de Dios descubierto. Y es capaz de “abandonarla” (es decir, ponerla en segundo lugar) como dice hoy Marcos, porque ha encontrado una perla de mayor valor que da un nuevo sentido a su vida. Percibe que la persona humana se realiza plenamente cuando vive el amor de Dios compartiendo lo suyo con los demás. Y experimenta que “el que deja casa o hermanos o hermanas, o madre o padre o hijos o tierras por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este mundo cien veces más… y la vida eterna”. No quiere decir que se “centuplique” lo dejado, sino que recibe otra riqueza mayor y más gratificante: la satisfacción humana que da el obedecer a Dios, la paz y la alegría interior, el sentirse libre de ataduras, y las bendiciones divinas “porque Dios bendice al que da con generosidad”.

Ese es el “cien veces más” del Evangelio. Así como el joven rico se entristeció al oír a Jesús que le pedía el desprendimiento de su riqueza, el que pone en práctica esa pobreza siente alegría, paz y liberación interior, porque la verdadera riqueza es cumplir las enseñanzas de Jesús. Se cumple así la palabra del mismo Señor: “hay más alegría en dar que en recibir”.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

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