sábado, 29 de diciembre de 2018

Meditación: 1 Juan 2, 3-11

Quien ama a su hermano permanece en la luz.
1 Juan 2, 8




Hace cuatro días que celebramos la Navidad y los cálidos sentimientos que asociamos con esas fiestas comienzan a perder brillo. Entonces, ¿cuál es el resultado de la venida de Jesús en nuestra vida cotidiana? ¿Cómo vamos a “permanecer en la luz”?

Ahora que Jesús se hizo uno de nosotros sabemos en qué consiste el amor en las situaciones de la vida real. En los evangelios, el Señor nos muestra que amar significa tomar decisiones concretas para poner los intereses de los demás antes que los propios. Así lo demostró él mismo cenando con gente despreciada (Lucas 19, 1-10), alimentando a multitudes que no tenían qué comer (Juan 6, 1-15), esperando a uno que sufría en silencio para que articulara lo que necesitaba (Lucas 18, 35-43) o incluso perdonando a quien había pecado gravemente (Juan 8, 1-11).

Si estas acciones de Jesús te parecen demasiado difíciles para imitarlas, no te preocupes: Jesús conoce tus fortalezas y debilidades, y está dispuesto a ayudarte. No hace falta que sepas exactamente lo que tienes que hacer para demostrar amor, porque el propio amor de Cristo, su iniciativa y su compasión pueden convertirse en el amor, la iniciativa y la compasión que tú vayas a demostrar. ¿Demorará tiempo y requerirá esfuerzo? Sí, claro, pero con el tiempo y la persistencia se hará manifiesto.

¿Deseas tú ser más amable con quienes conviven contigo o con tus amigos? La mejor manera de hacerlo es… haciéndolo. Cada día da un paso más hacia el ideal que nos mostró Cristo, y pídele que te bendiga por darlo. Cada paso que das te acerca más a “la luz” de la que hablaba Juan (1 Juan 2, 8); cada vez que dejas de lado la indiferencia o el resentimiento y realizas un inesperado acto de bondad o generosidad, la oscuridad disminuye un poco más, y la luz y el amor de Cristo te llenarán un poco más.

Piensa hoy en una persona que te resulta difícil aceptar e imagínate que Jesús está sentado junto a esa persona y le pone el brazo alrededor del hombro. Sigue imaginándote la escena hasta que percibas el amor que fluye entre ambos; deja que esa visión te ablande el corazón y te lleve a dar el próximo paso para demostrarle aceptación y amabilidad a la misma persona.
“Señor mío Jesucristo, te doy infinitas gracias por tu gran amor. Concédeme, te lo ruego, la gracia de poder demostrar el mismo amor a mis familiares y amigos.”
Salmo 96(95), 1-3. 5-6
Lucas 2, 22-35
fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

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