sábado, 1 de febrero de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 010220


“Golpeados por el viento y la marea.”

Con la gracia de Dios os voy a explicar el evangelio de hoy. También quiero, con la ayuda de Dios, animaros a no dejar dormir la fe en vuestros corazones en medio de las tempestades y las borrascas de este mundo. El Señor Jesucristo ejercía sin duda alguna su poder sobre el sueño como sobre la muerte misma, y, cuando navegaba por el lago, el Todopoderoso no sucumbió al sueño al margen de su voluntad. Si pensáis que él no era dueño de si es que Cristo duerme dentro de vosotros. Al contrario, si Cristo está despierto dentro de vosotros, vuestra fe también está despierta. El apóstol Pablo dice: “Que Cristo habite en vosotros por la fe” (cf Ef 3,17).

Así pues, el sueño de Cristo es el signo de un misterio. Los ocupantes del barco representan a los humanos que atraviesan el mar de esta vida sobre la madera de la cruz. Además, la barca es figura de la Iglesia. Sí, realmente, todos los fieles son el templo donde habita Dios y el corazón de cada uno es una barca que navega en el mar. No puede perderse si el espíritu mantiene buenos pensamientos. Si te han injuriado: es el viento que golpea. Te has encolerizado: las corrientes crecen. Así, cuando el viento sopla y las corrientes crecen, la barca peligra. Tu corazón está en peligro, tu corazón se ve sacudido por las corrientes. El ultraje ha suscitado en ti el deseo de venganza. Te has vengado, cediendo así bajo el influjo de una falta de otro y has naufragado. ¿Por qué? Porque Cristo se durmió dentro de ti, es decir: te has olvidado de Cristo. ¡Despierta a Cristo dentro de ti, acuérdate de él, que Cristo se despierte en ti, piensa en él.

San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 63, 1-3; PL 38, 424-425

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