jueves, 24 de marzo de 2016

CERCO DE LA MISERICORDIA - VII Noche

CERCO DE LA MISERICORDIA
COMUNIDAD PIEDRAS VIVAS
Parroquia San Miguel Arcángel

¡Paz y Bien, Familia!

El JUEVES SANTO nos encuentra viviendo la SEPTIMA y última noche del Cerco de la Misericordia.
¡Cómo no agradecer al Señor este regalo!

En la día y la noche donde el Señor se dona como alimento y nos muestra el camino del servicio como camino de crecimiento personal y comunitario, nosotros, Familia Piedras Vivas queremos vivir nuestro Cerco de la Misericordia.

Desde el corazón Eucarístico de San Miguel Arcángel, ofrecemos nuestra oración de intercesión por ustedes, queridos miembros de la Gran Familia Piedras Vivas para que, en cada hogar se replique éste camino de crecimiento: AMOR, DONACIÓN Y SERVICIO!

Y como siempre sugerimos preparar un espacio oracional.
Recuerden que somos un todo, una unidad, por eso, para que todo nuestro ser “comprenda desde lo más exterior” que éste momento es “especial” les invitamos a preparar con esmero un “espacio oracional”

¡En el centro del “altar familiar” LA PALABRA, siempre La PALABRA!

¡Que no falte la Luz!, -Jesús es la Luz que todo lo penetra!- y un pequeño cirio encendido nos recordará siempre la presencia silenciosa de Aquel que arde de Amor por cada uno de nosotros.
Sería oportuno disponer de un ícono de Jesús Misericordioso y no olviden tener a mano el Rosario;

¡Dios Bendiga este Cerco!
¡Lluvia de Gracias,
querida Familia Piedras Vivas!

EL CAMINO ES AMOR Y SERVICIO

ORAR POR VIVOS Y DIFUNTOS.
ENTERRAR A LOS MUERTOS


G7

GUÍA Noche 7
BIENVENIDA

Queridos Familia Piedras Vivas,
al atardecer de este JUEVES SANTOS
nos hemos reunido junto al altar del Señor
para celebrar la Eucaristía haciendo memoria,
de manera singular, de aquella última Cena,
en la cual el Señor Jesús,
habiendo amado hasta el extremo a los suyos,
ofrecía a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre
bajo las especies del pan y del vino.
Ahora nos hemos reunimos, en actitud de adoración,
Al Señor presente entre nosotros en todos los sagrarios del mundo.
Que nuestra oración esta noche
nos ayude a comprender más y más
el don que el Señor nos ha hecho
de su Cuerpo y de su Sangre.

CANTO
Ya no eres pan y vino,
ahora que eres cuerpo y sangre, vives en mí
de rodillas yo caigo al contemplar tu bondad,
como no te voy a adorar
Mientras te pierdes en mis labios,
tu gracia va inundando todo mi corazón
por esa paz que me llena de alegría mi ser,
como no te voy a adorar

Señor Jesús, mi salvador,
amor eterno, amor divino
ya no falta nada, lo tengo todo, te tengo a tí (bis)
Dueño y Rey del universo
como puede ser posible que busques mi amor
Tú tan grande y yo pequeño y te fijas en mi,
como no te voy a adorar
De rodillas yo te pido
que el día cuando tu me llames sea como hoy
para mirarte a los ojos y poderte decir,
que como no te voy a adorar



G7
PRESENTACIÓN DEL TEMA
1

Durante esta Cuaresma,
7 noches no han visto transitar caminos de
Perdón e intercesión,
De alabanza y de agradecimiento.
Hoy queremos particularmente a Adorar y Acompañar.
El Cerco de la Misericordia
Ha procurado ser, en este año jubilar,
Un espacio, un tiempo de encuentro con Aquel
Que es la Misericordia misma.
El Cerco de la Misericordia nos ayuda a introducirnos
En ése mar de amor,
En ése Refugio Santo que es el Corazón Vivo de la Iglesia:
El Corazón Eucarístico de Jesús.
Misericordia y Eucaristía están íntimamente unidos
Tan unidos como la Misericordia con el perdón,
La Misericordia con el servicio,
Con la Justicia, con la Verdad…
Hemos visto y comprendido en este tiempo que
TODO ES POSIBLE cuando permitimos que
EL CRISTO NOS ENCUENTRE.
Sólo se trata de eso, DEJARNOS ENCONTRAR.
Todo es posible cuando JESÚS LLEGA
Cuando se cuela en nuestras vidas, en nuestras familias,
En las cosas más simples y sencillas de nuestras vidas,
Queridos, si no permitimos que esto acontezca,
Nuestros pasos hacia el templo,
Nuestras participación en cientos de misas, procesiones y adoraciones serán sólo eso: pasos…
Pero nuestra vida estará lejana de la Gracia que todo transforma.
Comencemos este momento de oración
Confesando nuestra fe, nuestra pertenencia,
Marcando nuestras vidas con la señal de la cruz…

+ ¡Abre, Señor mi mente!
+ ¡Abre, Señor, mis labios!
+ ¡Abre, Señor mi corazón;
Para que pueda recibir y anunciar Tu Palabra!




G7
INVOCACIÓN
ESPÍRITU SANTO
2


Durante estas noches el Señor ha ido sembrando
En nuestros corazones y mentes semillas de Vida Nueva.
Es tiempo de permitir que esas semillas surjan,
Crezcan, y hoy, en ésta noche,
Puede ser el tiempo y el lugar donde eso acontezca
Donde obtener ésa Agua Viva que haga surgir frutos de santidad. 


Ven, Espíritu Santo,
Penetra en las profundidades de mi alma con Tu amor y Tu poder.
Arranca las raíces más profundas y ocultas del dolor
Y del pecado que están enterradas en mi.
Lávalas en la Sangre preciosa de Jesús y aniquila definitivamente toda la ansiedad, angustia, sufrimiento interior, desgaste emocional, infelicidad, tristeza, ira, desesperación, envidia, odio y venganza, sentimiento de culpa y de autoacusación, deseo de muerte y de fuga de mi mismo, toda opresión del maligno en mi alma, en mi cuerpo y toda insidia que él pone en mi mente.
¡Oh Bendito Espíritu Santo!
Quema con Tu fuego abrasador
toda tiniebla instalada dentro de mi,
que me consume e impide ser feliz.

Destruye en mi todas las consecuencias de mis pecados
Y de los pecados de mis antepasados,
Que se manifiestan en mis actitudes,
Decisiones, temperamento, palabras, vicios.
Libera, Señor,
Toda mi descendencia de la herencia de pecado y rebeldía
Con las cosas de Dios que yo mismo le transmití.
¡Ven, Espíritu Santo! ¡Ven, en nombre de Jesús!
Lávame en la preciosa Sangre de Jesús.
Purifica todo mi ser, quiebra toda dureza de mi corazón,
Destruye todas las barreras de resentimientos,
Dolor, rencor, egoísmo, maldad,
Orgullo, soberbia, falta de tolerancia,
Prejuicios e incredulidad que hay en mi.

En el poder de Jesucristo resucitado,
¡libérame, Señor!
¡Cúrame, Señor!
¡Ten piedad de mi, Señor!
¡Ven Espíritu Santo!
Hazme resucitar ahora para una nueva vida,
Plena de Tu amor, alegría, paz y plenitud.
Creo que estás haciendo esto en mi ahora
Y asumo por la fe mi liberación, cura y salvación
En Jesucristo, mi Salvador
¡Gloria a Ti, mi Dios!
¡Bendito seas para siempre!
Alabado seas, mi Dios!
En Nombre de Jesús y por María,
Nuestra Madre.
Padre o Madre de Familia:

“Amado Dios
gracias por reunirnos en Tu Nombre,
qué privilegio el que Tú nos das
al poder tener un encuentro íntimo contigo.
Te pedimos que siempre haya en nuestros corazones
una correcta actitud de amor y gratitud.
Oh Dios, Tú eres nuestro Dios!
Con diligencia te buscaremos;
nuestra alma tiene sed de Ti.
Porque mejor es Tu misericordia que la vida;
nuestros labios te alabarán.
Por eso te bendeciremos y en Tú nombre
alzaremos nuestras manos.
Tú eres nuestro socorro,
bajo la sombra de tus alas cantaremos de gozo.
Nuestras vidas están apegadas a ti;
tu mano derecha nos sostiene”.
Amén

Hijos u otro miembro de la familia:
Agradecemos el don de Tu Presencia entre nosotros.
Presencia que nos sana y nos vivifica:
Agradecemos Tu Amor eterno,
Tu paciencia infinita.
Queremos contemplarte, adorarte y darte toda honra.
Queremos dejarnos modelar por la Fuerza de Tu Amor.
Fuerza capaz de cambiar nuestros pensamientos
Por los Tuyos.

FAMILIA
Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.
Tú eres fuerte, Tú eres grande, Tú eres altísimo,
Tú eres rey omnipotente, Tú, Padre santo,
Rey del cielo y de la tierra.
Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses,
Tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien,
Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres amor, caridad; Tú eres sabiduría, Tú eres humildad,
Tú eres paciencia, Tú eres belleza,
Tú eres mansedumbre, Tú eres seguridad,
Tú eres quietud, Tú eres gozo,
Tú eres nuestra esperanza y alegría,
Tú eres justicia, Tú eres templanza,
Tú eres toda nuestra riqueza y satisfacción.
Tú eres belleza, Tú eres mansedumbre;
Tú eres protector, Tú eres custodio y defensor nuestro;
Tú eres fortaleza, Tú eres refrigerio.
Tú eres esperanza nuestra, Tú eres fe nuestra,
Tú eres caridad nuestra,
Tú eres toda dulzura nuestra,
Tú eres vida eterna nuestra:
Grande y admirable Señor,
Dios omnipotente, misericordioso Salvador.




G7
Tiempo de adoración
3

(Sólo si la celebración la estás viviendo comunitariamente delante del Santísimo Sacramento en una Iglesia o capilla te invitamos a cantar…

PARA ADORAR FUE QUE NACÍ, para exaltarte a Ti, Señor
Para adorar, fue que nací, para exaltar Tu Santo Nombre.
Mi alma, tiene sed, de Ti
Y mi espíritu, necesita de Ti.

Si estás en tu hogar recita el Salmo 23

Padre o Madre de Familia
Dios Rico en Misericordia,
Exaltamos Tu Gloria y Tu poder.
Agradecemos las maravillas que has realizado a favor de Tu Pueblo
Y, postrados nuestros corazones,
Te decimos:

MUJERES
En tu noche de entrega,
En tu noche de soledad,
En tu hora difícil,
En tu lucha y agonía…
VARONES
Nosotros queremos rezar contigo.
MUJERES
Cuando todos te abandonan,
Cuando Judas te traiciona,
Cuando el Sanedrín prepara tu condena…
VARONES
Nosotros queremos estar contigo.
MUJERES
Cuando los discípulos se duermen,
VARONES
Nosotros queremos velar contigo.
MUJERES
Cuando los soldados te prenden
VARONES
Nosotros queremos defenderte.
MUJERES
Cuando Pedro te niega tres veces.
VARONES
Nosotros queremos confesarte.


Padre o madre de Familia
Eterno Dios,
En quien la misericordia es insondable
Y el tesoro de la compasión es inagotable,
Míranos favorablemente y multiplica en nosotros
Tu misericordia,
para que no nos desesperemos en los momentos difíciles,
Ni nos desanimemos,
Pero que nos sometamos con gran confianza
A Tu Santa Voluntad,
Que es amor y la propia misericordia.
Tu perdón nos llega a todos como una bendición,
borra nuestros pecados y rebeldías.

Tú bendices y declaras inocentes,
a los que no actuamos con malicia.
Mientras callamos nuestros pecados,
se envejecieron nuestros huesos
y las fuerzas se nos fueron acabando de tanto llorar.
Pero te los confesamos y no ocultamos nuestra maldad,
nos decidimos a reconocerte que habíamos sido rebeldes contigo,
y Tú, Dios y Señor, nos perdonaste,
por eso los que Te amamos oramos a Ti
en todos los momentos de angustia”.
Amén
(Hacemos un breve silencio)



G7
ORACIÓN A LOS PIES DEL SEÑOR
4
Si la celebración es frente al Santísimo, puestos de rodillas.
Si estamos en nuestros hogares, puestos de rodillas, podemos hacer un momento de silencio, cerrar los ojos y contemplar con el Corazón el Sagrario que acostumbramos visitar. Imaginamos que nuestro corazón está en ése lugar en éste momento y recitamos la oración

Pidamos a Jesús todos juntos
Que la Fuerza y el Poder de la Misericordia
Haga nuevas todas las cosas en nosotros
Recitamos de rodillas

•  ¡Te adoro, Señor y Creador, oculto en el Santísimo Sacramento. Te adoro por todas las obras que salen de tus manos, porque ellas me muestran toda tu sabiduría y tu bondad y tu misericordia!
•  ¡Oh Señor! Sobre la tierra has esparcido tanta belleza, que ella me habla de la tuya, aunque aquella sea un pobre reflejo de tu belleza.

•  Aunque hayas escondido y ocultado tu hermosura, mi ojo, a quien la fe guía, llega hasta ti y mi alma reconoce a su Creador, su bien más alto, mientras el corazón se sumerge enteramente en adoración.

•  ¡Señor y Creador mío!
Tu bondad me da aliento para hablarte. Tu misericordia suprime la sima que separa al Creador de su criatura. Hablar contigo, ¡Oh Señor! es un deleite para mi porque mi corazón encuentra en ti todo lo que desea.

•  Aquí, tu luz ilumina mi mente para que pueda conocerte cada vez mejor y torrentes de gracias fluyen a mi corazón.
Aquí mi alma aspira a la eternidad.

•  ¡Oh, Señor y Creador mío!, Tú solo, más allá de todos estos regalos.
Te ofreces a mi y te unes íntimamente a esta criatura insignificante.

•  ¡Oh, Cristo! Deja que mi mayor felicidad sean que te ame y que seas proclamadas tu honra y tu gloria, especialmente el honor debido a tu misericordia.

•  ¡Oh Cristo!, déjame exaltar tu bondad y misericordia hasta mi último suspiro. Que cada latido de mi corazón renueve a cada instante mi gratitud, que cada gota de mi sangre circule solamente por ti.

•  Que mi ser entero sea un himno a tu gloria.
Que en mi lecho de muerte, el último latido de mi corazón me encuentre ensalzando el himno de tu amor que a tu misericordia insondable se debe. ¡Amén!



G7
LITURGIA DE LA PALABRA
5

Aquel a quien creemos realmente presente
en el sacramento de la Eucaristía,
en todos los Sagrarios del mundo,
será quien nos hablará y a quien nosotros escucharemos.
Jesús se nos mostrará como el camino para llegar al Padre,
nos hablará de la caridad con la que espera
que actúen los que creen en él y, sobretodo,
lo escucharemos orando
para que vivamos en la unidad más plena,
en la comunión más total con él y con el Padre.

Tomamos nuestras Biblias y buscamos en el
Evangelio según san Juan, capítulo 14
Versículos 1-12

«No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí.
En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar. Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde yo esté, estén también ustedes.
Ya conocen el camino del lugar adonde voy».
Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?».
Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí.
Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto».
Felipe le dijo: «Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta».
Jesús le respondió: «Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?. El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como dices: «Muéstranos al Padre»?
¿No crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras.
Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Créanlo, al menos, por las obras.
Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo me voy al Padre..

Palabra de Dios.



G7
SALMO 23
6

Buscamos en nuestras Biblias el Salmo 23 (22)

El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.

El me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.

Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.

Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.

Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

Padre o Madre de Familia
Señor Jesús, Pastor de tu Iglesia,
que preparas una mesa ante nosotros
y te nos das a ti mismo como alimento:
guíanos por los caminos de tu justicia,
para que arrancados de las tinieblas
y sin temer mal alguno
podamos gozar para siempre
del descanso de la casa del Padre.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.




G7
Reconociendo a Jesús
7

Digamos a dos voces,
Varones y mujeres…
Lo más importante no es Que yo te busque,
sino que tú me buscas en todos los caminos.
No es que yo te llame por tu nombre,
sino que tú tienes el mío tatuado en la palma de tus manos.
No es que yo te grite cuando no tengo ni palabra,
sino que tú gimes en mí con tu grito.
Ni que yo tenga proyectos para ti,
sino que tú me invitas a caminar contigo hacia el futuro.
Tampoco es Señor que yo te comprenda,
sino que tú me comprendes en mi último secreto.
Ni que yo hable de ti con sabiduría,
sino que tú vives en mí y te expresas a tu manera.
No es que yo te guarde en mi caja de seguridad,
sino que yo soy una esponja en el fondo de tu océano.
No es que yo te ame con todo mi corazón y todas mis fuerzas, sino que tú me amas con todo tu corazón y todas tus fuerzas.
Ni siquiera que yo trate de animarme, de planificar,
sino que tu fuego arda dentro de mis huesos.
¿cómo podría yo buscarte, llamarte, amarte... Si tú no me buscas, llamas y amas primero?
El silencio agradecido es mi última palabra y mi mejor manera de encontrarte.

Padre de Familia:
Enséñanos a orar, Señor,
para encontrar tu rostro.
Invítanos al silencio, para escuchar tu voz.
Aclara nuestra mirada, para descubrir tus signos.
Danos valor y decisión para aceptar lo que debemos cambiar.

Ayúdanos a discernir lo que realmente  importa: seguir tus pasos.
Enséñanos a comprometernos activos, dispuestos, alegres,
en la construcción del Reino.

Madre de Familia:
Enséñanos a orar, Señor,
nos hace falta.
Queremos buscar tu rostro, encontrar tus
huellas, reconocer tu paso.
Necesitamos volver la mirada,
descubrir tus ojos, llamarte "Padre",
sentir tu aliento.
Descansar en tu mirada,
llenarnos de ella,
palpar tu abrazo cercano,
charlar contigo como niños sencillos,
pocas palabras, bien abiertos los oídos,
para aprender a cambiar.

Padre de Familia:
Invítanos al silencio, ayúdanos a callar.
No estamos acostumbrados, nos gusta hablar mucho,
para no escucharnos, ni escuchar tu voz que surge de adentro.

Vuélvete a nosotros, Padre bueno,
llamamos por nuestro nombre.
Insiste, porque somos duros,
nos cuesta reconocer tu voz.

Madre de Familia:
Llama, Padre, interpela, sacude, levanta tu voz,
a ver si te hacemos caso y nos decidimos a mirarnos
en el espejo de tu Evangelio para aprender a cambiar.

Danos tu Espíritu,
para guiarnos,
para revisar, desde El,
nuestras convicciones,
nuestros modelos,
nuestros gestos y actitudes,
nuestras metas y proyectos.

Ayúdanos a discernir,
a caminar según el Espíritu,
para aprender a cambiar.

Padre de Familia:
Enséñanos a comprometernos,
Señor, que nuestra vida cristiana sea levadura y fermento
para un mundo que pide a gritos, la irrupción del Reino.

Danos audacia a la hora de las decisiones,
danos generosidad, a la hora de la entrega,
danos constancia, a la hora del trabajo.
Fortalece nuestra fe en camino,
anima nuestra esperanza,
activa nuestro amor en proyectos de vida.

Aclara nuestra mirada, que está confundida,
vemos borroso,
y, veces, equivocado.
Pasas por delante nuestro y no te conocemos.
Está tu Reino cerca y no nos damos cuenta.

Madre de Familia:
La vida brota, nueva,
escondida en las semillas de la justicia, la solidaridad,
la libertad, la paz,
pero no somos capaces de sorprendernos por sus brotes,
o contagiarnos de su vitalidad.

Nos pasa como a los fariseos, Señor,
pedimos signos, sin entender que los tenemos a todos lados,
sólo hay que mirar con tus ojos para aprender a cambiar.

Danos valor y decisión, para afrontar los cambios que nos pedís.
Ser discípulo es vivir como hombre nuevo.

Ayúdanos a dejar las actitudes y prácticas egoístas,
indiferentes, del hombre viejo que todos llevamos dentro.
Ayúdanos a convertirnos y volver los pasos hacia tu camino
para aprender a cambiar.
Ayúdanos a discernir, enséñanos a darnos cuenta, donde y de qué manera        nos llamas a ser testigos de tu Evangelio.

Padre de Familia:
Señor,
escucha nuestra oración,
atiende nuestros llamados.
Necesitamos tu aliento,
nos hace falta tu empuje,
¡que nos anime tu Espíritu!

Queremos caminar fieles a tu Palabra,
cada día, un paso adelante,
para cambiar de vida,
y dar testimonio concreto de tu presencia en medio nuestro.
Ayúdanos a cambiar, Padre bueno,
para que seamos testigos, mensajeros,
y constructores de tu Evangelio.



G7
INTENCIONES
8

A cada intención respondemos:
¡Si Rezo con tus labios María, Jesús me escuchará!

•Por los agonizantes y enfermos terminales, que además de los paliativos, no les falte el ángel del consuelo. OREMOS
•Por los que viven en la miseria y el olvido, que lleguen a todos sus gritos silenciosos. OREMOS
•Por los que son víctimas del terror, de la guerra, de los secuestros y la tortura, que a todos nos interpele su martirio. OREMOS
•Por los ancianos que no son queridos y se sienten solos, que encuentren personas que los acompañen y valoren. OREMOS
•Por las mujeres maltratadas, víctimas de la violencia de género, la prostitución, que puedan recuperar su dignidad y su libertad. OREMOS
•Por los niños esclavizados, vendidos, prostituidos, militarizados, que encuentren los medios para rehacer sus vidas. OREMOS
•Por los que no tienen trabajo, por los fracasados, que no les falten nuevas oportunidades. OREMOS
•Por todos los que están marcados por el desamparo o el vicio y las adicciones, que no pierdan la esperanza de una liberación. OREMOS
•Por los inmigrantes, que tienen que afrontar tantos riesgos y separaciones, que puedan ser integrados socialmente y alcanzar sus proyectos. OREMOS
•Oh Jesús, que luchaste y sufriste la agonía de Getsemaní, acompaña y conforta a cuantos se encuentran en esas noches tristes. OREMOS



G7
ENSEÑANZA
Obras de Misericordia
9

Enseñanza referida a OBRAS DE MISERICORDIA:

Esta semana procuraremos vivir particularmente dos:

ENTERRAR A LOS MUERTOS
         Séptima obra de misericordia en Tob. 1,17. En Israel, ser privado de sepultura era visto como un mal horrible, que formaba parte del castigo con el que se amenazaba a los impíos. Por eso era una obra de piedad, y una práctica piadosa en el judaísmo. De ahí las exhortaciones de Ben Sirá: “A los muertos no les niegues tu generosidad” ( Eclo. 7,33); “Hijo, por un muerto derrama lágrimas, y como quien sufre atrozmente, entona un lamento; amortaja el cadáver como es debido, y no descuides su sepultura” (Eclo. 38,16)
         El testimonio relevante de esta práctica la ofrece el libro de Tobías:
“En tiempos de Salmanasar, yo hacía muchas limosnas a mis compatriotas, daba mi pan a los hambrientos, vestía a los que estaban desnudos y enterraba a mis compatriotas, cuando veía que sus cadáveres eran arrojados por encima de las murallas de Nínive. También enterré a los que mandó matar Senaquerib”. (Tobías 1,16ss)
“Cuando tú y Sara hacían oración, era yo el que presentaba el memorial de sus peticiones delante de la gloria del Señor; y lo mismo cuando tú enterrabas a los muertos. Cuando no dudabas en levantarte de la mesa, dejando la comida para ir a sepultar un cadáver, yo fui enviado para ponerte a prueba.” (Tobías 12,12-13)
Tobías , pues, incluye la obra buena de “enterrar a los muertos” después de las obras de misericordia de “dar de comer al hambriento” y de “vestir al desnudo”. Esta enumeración conjunta es la que posiblemente llegó a influir para que fuera incluida como la última, después de las 6 enumeradas en Mt. 25.
         Una razón más profunda de tal inclusión es dada por Santo Tomás de Aquino. Por un lado, subraya que el silencio sobre la sepultura en las seis primeras obras de misericordia se debe a que estas últimas son de “una importancia más inmediata”. Por otro lado, afirma con respecto a la sepultura que:
“Así no caen en el deshonor  de los que restan sin sepultura, ya que los corazones misericordiosos deben tener afecto al difunto aún después de muerto; y es por esta razón que son loados aquellos que entierran a los muertos, como por ejemplo Tobías y los discípulos que sepultaron a Jesús en la tumba” (Summa Theologiae II-II, q. 32, a. 2, ad 1)
         Esta referencia explícita a la sepultura de Jesús da la clave de la comprensión de esta obra de Misericordia. Según Santo Tomás:
“Por haber resucitado Cristo del sepulcro, se otorga la esperanza de resucitar, por medio de él mismo, a los que están en el sepulcro, conforme a aquel pasaje de Jn. 5, 25-28: “Todos los que están en los sepulcros oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oyeren, vivirán” (Summa Theologiae III, q. 51, a. 1)
         Por esto, en la confesión pascual más antigua que une la muerte a la resurrección de Jesús, se incluye una cita explícita de la sepultura, el Sábado Santo, como constatación de la muerte, la cual, a su vez, y gracias a Cristo resucitado del sepulcro, es vía hacia la resurrección. (cf. 1 Cor. 15,3-5)
         ¿Y la incineración?... Desde el año 1963, una Instrucción de la Congragación para la Doctrina de la Fe, recogida en el Código de Derecho Canónico (1983), can. 1176, indica que la Iglesia Católica, aún manteniendo su preferencia tradicional por la inhumación, acepta “acompañar religiosamente a aquellos que hayan elegido la incineración, mientras no sea hecho con motivaciones expresamente anticristianas”:
 “La Iglesia aconseja vivamente que se conserve la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos; sin embargo, no prohibe la cremación, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la doctrina cristiana.” (CIC. can. 1176 § 3 ) 
        De ahí la importancia de cuidar con particular atención la celebración litúrgica correspondiente. Por lo demás, esta nueva práctica de la incineración nos invita a reflexionar sobre el profundo interrogante que la muerte representa para toda persona humana. Somos conscientes que:
“La Iglesia afirma la supervivencia y la subsistencia, después de la muerte, de un elemento espiritual que está dotado de conciencia y de voluntad, de manera que subsiste el mismo « yo » humano. Para designar este elemento, la Iglesia emplea la palabra « alma », consagrada por el uso de la Sagrada Escritura y de la Tradición. Aunque ella no ignora que este término tiene en la Biblia diversas acepciones, opina, sin embargo, que no se da razón alguna válida para rechazarlo, y considera al mismo tiempo que un término verbal es absolutamente indispensable para sostener la fe de los cristianos”. (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe: Carta sobre algunas cuestiones referentes a la Escatología n° 3)
        En definitiva, se trata de la fe en la inmortalidad de la “persona” o “yo humano” (o alma), que sobrevivirá como tal transformada por la acción salvadora de Dios en Jesucristo, cuando “Dios sea todo en todos” (1 Cor. 15,28), en “un cielo nuevo y una tierra nueva (…), donde no habrá un muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor” (Apoc. 21,1.4).
ENTERRAR A LOS MUERTOS:
De esto ya se encargan las funerarias. Tú, envuelve a los difuntos en la oración esperanzada, en el amor y el agradecimiento. El problema está más no en los que se van, sino en los que se quedan. La muerte de un ser querido deja casi siempre heridas sangrantes. Es una Obra de Misericordia estar cerca de los que sufren por estas muertes. Cuando demos el pésame o “acompañamiento en sentimiento”, que no sea una rutina o una palabra vacía.


REZAR POR VIVOS Y DIFUNTOS
Como conclusión de las siete obras de misericordia espirituales está el rogar a Dios por los vivos y por los difuntos en clave de síntesis, puesto que la oración es un don de Dios en su relación con el hombre: “La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de él” (CEC 2560). En definitiva, “la oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo” (CEC2564) y, por tanto, sostiene todas las obras de misericordia.
        En la tradición cristiana, en el famoso díptico de la Regla de San Benito (s. V), se encuentra un hijo conductor para comprender el sentido de la oración y su relación con la vida. Ese díptico ha marcado toda la espiritualidad, no solamente  la monástica, cuando dice “Ora y trabaja” (Ora et labora). Siguiendo este espíritu, San Ignacio de Loyola explicó el binomio: “Oren como si todo dependiese de Dios y trabajen como si todo dependiese de ustedes” (cf. CEC 2834)
        Esta Obra de Misericordia pone de relieve, además, la “comunión de los santos” en la Iglesia, la cual aparece destacada ya en el Catecismo romano (s. XVI), así:
“Todo cuanto posee la Iglesia, es poseído comúnmente por cuantos la integran; todos [los bautizados] están constituidos para el bien de los demás” (Catecismo Romano I, 9.a.c.)
        En definitiva se trata de la comunión de los miembros de la Iglesia, tanto de los que peregrinan aún en la tierra, como los bienaventurados del cielo, clasificados ambos como “santos”, gracias a su bautismo.
        El Concilio Vaticano II describe esta “comunión de los santos” de esta forma:
“…todos, en forma y grado diverso, vivimos unidos en una misma caridad para con Dios y para con el prójimo y cantamos idéntico himno de gloria a nuestro Dios. Pues todos los que son de Cristo por poseer su Espíritu, constituyen una misma Iglesia y mutuamente se unen en El (cf. Ef 4, 16). La unión de los viadores con los hermanos que se durmieron en la paz de Cristo, de ninguna manera se interrumpe, antes bien, según la constante fe de la Iglesia, se robustece con la comunicación de bienes espirituales”. (Lumen Gentium 49)
        En ese contexto se comprende que cuando se ora por alguien viviente, se sitúa bajo la mirada amorosa, providente de Dios y se invoca para él el don de Dios y su bendición, para que lo sostengan en el camino de la vida (Ef. 1,3-14). Esto no significa que se deba esperar necesariamente el cumplimiento concreto de todo aquello por lo cual se ha podido pedir, sino que con motivo de una demanda “concreta”, la oración cristiana de intercesión sitúa toda la petición en el contexto más amplio de la invocación central de Cristo en el Padrenuestro cuando pide: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mt. 6,10).
        En este sentido, la plegaria de intercesión nos prepara y dispone a “aceptar” y “vivir” la voluntad de Dios, sea cual sea, ya que “en esto consiste la confianza que tenemos en él: en que si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha” (1Jn. 5,14) Es así como la clásica expresión popular de “Si Dios quiere” (Hehc. 18,21; 1Cor. 4,19; Sant. 4,15) comporta una referencia al profundo y, a veces, inescrutable “misterio de la voluntad de Dios” (Ef. 1,3-14. 9).
        Por otro lado, la Escritura habla también de la oración por los muertos con base en la fe en la resurrección: “Si no hubiéramos esperado la resurrección de los caídos, habría sido inútil y ridículo rezar por los muertos” (2 Mac. 12, 41-45.44) Esta plegaria está presente en la Iglesia como “comunión de los santos”, también con los que han muerto. Con ello exoresa la fe en que la vida va más allá de la muerte, de modo que se llega a hacer realidad la bella cita bíblica que dice: “El amor en más fuerte que la muerte” (Deut. 8,6).
ROGAR A DIOS POR VIVOS Y DIFUNTOS:
Rezar no es una rutina. Rezar es amor. Cuando rezas por alguien, cuando intercedes por las necesidades de tu hermano, te solidarizas con él, lo quieres como a ti mismo. No rezas para ablandar el corazón de Dios, sino para agrandar el tuyo. Rezar es llenar tu corazón de nombres. Rezar por los demás te hace bien a ti mismo, porque te ayuda a amar y te compromete para hacer realidad, en la medida de tus fuerzas, aquello que pides. Ruega a Dios por los vivos y difuntos y sentirás como crece la comunión de los santos.




G7
CORONILLA a Jesús Misericordioso
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Escribía Santa Faustina:


“Los dos rayos significan la Sangre y el Agua.
El rayo pálido significa el Agua que justifica a las almas.
El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas…
Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de Mi misericordia cuando Mi Corazón agonizante
Fue abierto en la cruz por la lanza.
Estos rayos protegen a las almas de la indignación de Mi Padre.
Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos,
Porque no le alcanzará la justa mano de Dios”
Diario ·229 p.153


Presenta en el silencio de tu corazón tus intenciones


CORONILLA DE LA MISERICORDIA

Al comenzar:

PADRE NUESTRO…
AVEMARIA…
CREDO…
CUENTAS GRANDES
Padre eterno, te ofrezco el cuerpo
La sangre, el alma y la divinidad
De tu amadísimo Hijo
Nuestro Señor Jesucristo,
Para el perdón de nuestros pecados
Y los del mundo entero.
CUENTAS PEQUEÑAS
POR SU DOLOROSA PASIÓN,
Ten misericordia de nosotros y del mundo entero
Al finalizar las CINCO DECENAS
Santo Dios, Santo Fuerte,
Santo Inmortal, ten piedad de nosotros
Y del mundo entero

ORACIÓN FINAL (Celebrante)
“Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús
Como fuente de misericordia para nosotros, en ti confío”




G7
Oración de Protección
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Habiendo implorado la Misericordia Divina,
Pidamos ahora que la Preciosa Sangre de Jesús
Nos cubra, nos guarde y nos libere de todo mal.
Rezamos  TODOS la ORACIÓN DE SELLAMIENTO.
Permitiendo que se vuelva un eco en nuestro corazón.
Les Invitamos a PONERSE DE RODILLAS.

•        Señor Jesús, en tu nombre y con el poder de tu sangre preciosa sellamos toda persona, hechos o acontecimientos a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.
•        Con el poder de la sangre de Jesús sellamos toda potestad destructora en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego, debajo de la tierra, en las fuerzas satánicas de la naturaleza, en los abismos del infierno, y en el mundo en el cual nos movemos hoy.
•        Con el poder de la sangre de Jesús rompemos toda interferencia y acción del maligno. Te pedimos Jesús que envíes a nuestros Hogares y lugares de trabajo a la Santísima Virgen acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael y toda su corte de Santos Ángeles.
•        Con el poder de la sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan, las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos y los bienes que él generosamente nos envía para nuestro sustento.
•        Con el poder de la sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes, pisos y el aire que respiramos, y en fe colocamos un círculo de su sangre alrededor de toda nuestra familia.
•        Con el poder de la sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar.
•        Con el poder de la sangre de Jesús  sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar.
•        Con tu sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra patria a fin de que tu paz y tu corazón al fin reinen en ella. Amén       



G7
Acción de gracias
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Es conveniente y necesario que siempre y en todo lugar
demos gracias a Dios por Jesucristo:
Respondemos:  TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR


·        Por el misterio pascual de tu muerte y resurrección.
·        Por el pan y el vino de la Eucaristía.
·        Por haberte quedado con nosotros.
·        Por haber bajado hasta nuestros infiernos.

·        Por tu amor hasta la muerte.
·        Por tu presencia permanente.
·        Por la fuerza de tu resurrección.
·        Por el aliento de tu Espíritu.

·        Por esta hora de oración.
·        Por tu amor sin límites.
·        Porque siendo Dios, te arrodillas y a servir nos enseñas.
·        Por tus palabras que reconfortan y sanan.

·        Por todos los dones que nos concedes.
·        Por olvidar nuestras traiciones e incoherencias.
·        Por tu amor sin tregua y sin fronteras.
·        Por la Madre que al pie del madero nos dejas.




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Oración Año Jubilar
13


Recemos en dos coros, mujeres y varones,
La oración que el Santo Padre Francisco nos ha propuesto
Para éste año de la misericordia.

·        Señor Jesucristo, tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo, y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él. Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.
·        Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero; a la adúltera y a la Magdalena de buscar la felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a Pedro luego de la traición, y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido. Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana: ¡Si conocieras el don de Dios!
·        Tú eres el rostro visible del Padre invisible, del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia: haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.
·        Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.
·        Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos y restituir la vista a los ciegos.
·        Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia, a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.




G7
ORACION FINAL
14


Señor te quedas solo; será un rato.
Nosotros siempre estamos aquí contigo,
esperando tu amor definitivo Tú eres realmente,
el Cristo, el que ha de venir.
Tú eres el amor de Dios.
Un amor que ayuda, acoge, alienta, abraza;
un amor de amigo, de padre,
de alguien que no nos abandona.
Haznos ser más seguidores tuyos,
que podamos parecernos a ti
que acojamos a todos con un corazón grande como el tuyo. En el triduo Pascual que celebramos
queremos ser como Tú,
y estar más cerca de ti
y de nuestros hermanos necesitados.




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Despedida
15

+Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
Como era en un principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos.
Amén.

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