miércoles, 31 de enero de 2018

PODER QUE ACTÚA EN QUIEN TIENE FE

PODER QUE ACTÚA EN QUIEN TIENE FE

Se engaña quien piensa que la misericordia de Dios es solo un nombre bonito, una idea o una teoría. Quien cree en una evangelización desprovista de señales no comprendió que ella “es la fuerza salvadora de Dios para todo aquel que cree” (Rom 1,16) San Pablo atestigua esto claramente: “Pues el reino de Dios no consiste en palabras, sino en fuerza activa” (1Cor 4,20). La presencia de Dios en la evangelización es poder que salva de la muerte, es fuerza activa que transforma, de verdad, la realidad. Cuando Jesús sana a los enfermos, los corazones se abren, la vida se renueva y las personas se congregan sedientas de escuchar lo que El tiene que decirles. No es la curiosidad, ni aún una falsa esperanza, es sí, la experiencia de la misericordia de Dios que reúne personas de decenas y centenas de miles para orar.
El siguiente testimonio muestra muy bien esto. Una joven mujer me contó lo que le había sucedido y después testimonió la propia sanación a través de la TV Canción Nueva el día 23 de julio de 2017:
“Hoy estoy aquí para agradecer. Pero, dos años atrás, en este mismo encuentro de oración, llegué a este lugar completamente ciega por causa de una dolencia degenerativa en mis ojos. Era un caso sin solución. Yo ya estaba ciega, pero la dolencia continuaba evolucionando. Durante la oración de perdón, recordé a alguien que me había hecho mucho daño y que también había perjudicado a personas inocentes. Hasta aquel día yo no había conseguido perdonar esa persona, no me sentía con fuerzas para eso. Entonces, me arrodillé y con mis ojos cerrados y las manos sobre el rostro recé desde el fondo de mi corazón, pidiendo a Dios la gracia de liberarme de aquel resentimiento y dar el perdón. Cuando terminé la oración y abrí los ojos, mal podía creer que había vuelto a percibir perfectamente. Aquí esta mi mamá, que es testigo de todo lo que viví. Volví a los médicos que me trataban y ellos constataron mi sanación, pero continúan sin conseguir explicarla. No saben como eso fue posible. Pero yo lo sé. Jesús puso su mano sobre mi y me curó.”
Al abrir su corazón y perdonar, ella tuvo los ojos abiertos por Jesús para que pudiese volver a ver. Testimonios como este muestran cuán cerca está Dios y nos cuida personalmente. Aún cuando no sane a todos de la misma forma, a nadie Él desprecia, porque nos ama a todos como nadie jamás amó.
Hoy, Jesús, personalmente nos pregunta a cada uno de nosotros ¿Crees en mi amor por ti? ¿Crees que te puedo curar? ¿Confías que mi Santo Espíritu puede actuar en ti para curar también a otros?
Existen cosas maravillosas que dejan de suceder en nosotros y por medio de nosotros, no porque somos pecados, sino porque insistimos en no creer. Cuando oramos por nuestra propia sanación o por la sanación de alguien, no debemos quedarnos preocupados con los resultados. Dios sabe como bendecirnos mucho mas allá de lo que pedimos o pensamos. Por lo tanto, nuestra actitud debe ser de absoluta confianza en el amor del Padre. El hará lo mejor por nosotros.


SÚPLICA A JESÚS POR LA GRACIA DE LA SANACIÓN.

Realiza con fe esta oración, entregándote con entera confianza a los cuidados de Jesús. 

Jesús, hijo de David, ¡misericordia! ¡Ten compasión de nosotros! Creemos que Tú, Señor, oyes el pedido que hacemos ahora. Creemos que estas aquí con nosotros en este momento, vivo, resucitado, presente en Tu Palabra y en el corazón de cada uno de nosotros. Reconocemos eso y te adoramos. ¡Alabado seas, Jesús! ¡A Ti toda honra y toda gloria! Tú eres el médico y el remedio para todas nuestras enfermedades. Tú eres el Señor de nuestra vida y nuestra salud está en tus manos. 

Señor Jesús, envía Tu Espíritu Santo sobre todos los enfermos que están haciendo está oración ahora y toca las áreas de su ser que necesitan ser curadas. Aún distante y en tiempos diferentes, Tú Señor nos unes a todos en una misma súplica. Estamos de acuerdo que necesitamos de tu ayuda. Y juntos pedimos la gracia de la sanación.

Clamamos ahora, Señor, que tengas misericordia de esta hermana, de este hermano, envuélvelo en tu amor, llena su corazón con una fe viva generada por Tu Palabra y así el reconozca aún más que Tú amas a tu pueblo y continúas actuando poderosamente en su favor -que su confianza crezca y una fe inquebrantable en tu bondad llene todo su ser. ¡Atiéndenos, Jesús!

¡Piedad, Señor! Tu compasión alivie y cure a este hermano que está enfermo, frágil y sufriendo en su cuerpo. ¡Pedimos tu misericordia! ¡Pedimos que lo cures de todo sufrimiento emocional que lo atormenta! Con tu Preciosa Sangre, ¡cúralo de los malos espíritus que lo abaten!

Pedimos que todos queden animados y llenos de esperanza al leer los testimonios de lo que haces cuando existe fe y oración. Manifiesta tu fuerza divina a cada uno de nosotros. ¡Te suplicamos esa gracia! Toca a cada uno como tocaste aquel leproso y él quedó libre de lepra (cfr. Mt 8,1-4), como tocaste al sordomudo que pasó a oír y a hablar correctamente (cfr. Mc 7,33), como tomaste de la mano a la suegra de Pedro y ella se levantó de la postración (cfr. Mc 9,31) y, haciendo lo mismo por la hija de Jairo que estaba muerte, Tú Señor, la trajiste nuevamente a la vida. 

Atiende a cada uno, Señor y haz que muchos alcancen tu gracia y reciban la sanación, recuperen la salud, confíen en ti, se abran al amor que tu tienes para su vida y testifiquen ante muchos otros sobre el gran amor y compasión que les espera. 

¡Atiéndenos, Cristo Jesús! En Tu Santo Nombre lo pedimos: ¡atiéndenos! Por tu Santa cruz, por Tu Sangre derramada y por Tus Llagas, toca estos hermanos. Bendícelos en su cuerpo. ¡Bendícelos en su vida afectiva! ¡Dales la sanación espiritual! Donde antes actuaba muerte, inunda ahora con la vida de Tu Espíritu Santo. 

Virgen María, ¡ruega por nosotros!

Señor, fuimos curados gracias a tus llagas. Nuestros dolores y sufrimientos fueron tomados por ti y clavados en la cruz. El castigo que nos destrozaría fue, por ti, destrozado. Con esa confianza, te presentamos este hermano que necesita de ayuda y ora con nosotros ahora a través de estas líneas. Señor, alivia el peso de sus dolores, fortalécelo en su enfermedad, y dale el restablecimiento completo. 

Te pedimos, por el amor que tienes al Padre que atiendas nuestras oraciones y salves a este nuestro hermano. Sana este hijo enfermo. Que él reencuentre la salud para gloria de Tu Nombre. ¡Reina, Señor, en medio de nosotros! Tú, que caminaste sobre las aguas, haznos caminar contigo encima de toda enfermedad y de todo mal. “Ahora, Señor, extiende la mano para que se realicen sanaciones, señales y prodigios por medio del nombre Santo del siervo Jesús!” (cfr. Hech 4,29-30)

“Nadie tiene amor mayor que aquel que da la vida por sus amigos” (Jn 15,13) Tu diste la vida por nosotros. Tenemos tanta confianza en tu amor, Señor, que aún antes de ver el resultado aparente queremos agradecerte.

¡Alabado seas, Señor por lo que estás haciendo y todavía vas a hacer en este hermano!

Bendito seas por los enfermos que estás visitando con tu Bendición de sanación! Gracias porque estas visitando, Señor, a todos con tu amor misericordioso! Nadie saldrá con las manos vacías, a no ser aquellos que creen no necesitar de ti! Gracias, Señor, por tantas gracias que estás derramando por medio de esta oración.

Que estas líneas sean un mensajero de Tu salvación!

Que estas líneas lleven buena noticia de que Dios quiere habitar entre nosotros para hacer el bien. Que Tu Espíritu Santo responde a las oraciones de tantas hijas e hijos queridos que leerán este escrito.

Jesús, cubre este libro con tu Sangre, séllalo con la señal de Tu Santa Cruz, para que, donde el entre, liberaciones y sanaciones ocurran y aquellos que te aman se liberen de cualquier opresión y puedan vivir en paz!

Amén!

Marcio Mendes,
“Pasos para la sanación y liberación completa” – Editorial Canción Nueva

Adaptación del original en portugués

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