martes, 27 de febrero de 2018

CONDICIONES PARA MINISTRAR LA ORACIÓN DE SANACIÓN

Pasos para la sanación y liberación
CONDICIONES PARA MINISTRAR LA ORACIÓN DE SANACIÓN



¡Cuánto deseo tienen las personas de un encuentro personal con Jesús! Quieren ser tocadas por Dios. Quieren recibir el Espíritu Santo en su corazón. Se acercan a nosotros y preguntan como la multitud a Pedro: “¿Qué debemos hacer, hermanos?” Piden nuestra oración y quieren también que les enseñemos a orar. La mejor manera de hacer eso todavía es la de Jesús: orando con ellas. Si tuviéramos más confianza en llevar nuestros enfermos al Señor, ¡cuántas cosas maravillosas testimoniaremos! ¡Cuántas sanaciones, conversiones y salvación! Ciertamente, agrada al Señor que cuidemos de nuestros enfermos, y más aún, que los llevemos a Él. Cualquiera que sea la situación, existen seis puntos que ayudarán mucho para que eso suceda: asumir una disposición de fe y oración, animar la confianza en el Señor, relatar testimonios de intervención divina, anunciar el Evangelio, limpiar el corazón y hacer la oración de sanación.

1) ASUMIR UNA DISPOSICIÓN DE FE Y ORACIÓN.

En la oración de sanación, necesitamos favorecer que aquel momento sea de profunda intimidad con Dios. Para eso, conviene que se apague la televisión, la radio y las demás fuentes de distracción; se debe dejar de lado otras actividades en esa hora y silenciar los teléfonos. Es importante invitar a la oración a aquellos que aman al enfermo y hacen parte de su vida: parientes, amigos, empleados, et. El clima debe ser de calma y confianza en Jesús.

2) ANIMAR LA CONFIANZA EN EL SEÑOR

Dios quiere lo mejor para nosotros. El jamás nos dará algo malo. Aunque nuestra voluntad sea la sanación, debemos confiar y pedir a Dios lo que Él quiere dar, por la gracia de la sanación; o el descanso definitivo, dejando en todos una gran paz. Muchas personas que no recibieron la sanación física por medio de la oración alcanzaron otra gracia: la de descubrirse amadas y fallecieron con el corazón lleno de paz y perdón.

3) RELATAR TESTIMONIOS DE LA INTERVENCIÓN DIVINA.

Jesús envió a sus apóstoles no para enseñar fantasías que nada transforman, sino para testimoniar lo que habían visto y oído. Los envió a sanar, liberar y comunicar vida. Pues, para vivir una vida nueva, transformada por Dios, es necesario antes haber nacido por el poder del Espíritu Santo. Un evangelizador es, antes que nada, un testimonio que viene de quien tiene experiencia personal con Jesús resucitado y lleva a otros no una idea vacía, y sí una persona viva que da vida y vida en abundancia. Cuando testimoniamos que Jesús continúa obrando en nuestros días, entonces todo cambia. La predica se reviste de las señales y prodigios que el Señor prometió.

Cierta vez, hice una prédica que llego hasta una mujer deprimida. Vivía encerrada en su propio cuarto. Desde que los médicos le dijeron que no había sanación para su cáncer, había desistido de vivir. Su familia me contó que estaba sepultada en vida. Al oír la Palabra de Dios y el relato de algunos testimonios, se sintió tan profundamente tocada por el amor del Señor que abandonó el cuarto oscuro y vino personalmente a decirme: “Ya no tengo miedo de la muerte. Tampoco me preocupa si obtendré o no la sanación. Mi vida está en las manos de Dios -El tiene la última palabra al respecto, y no la enfermedad, ni la muerte. Si El quiere llevarme, estoy lista para ir inmediatamente”. Y, sonriendo continuó: “Pero, hasta que Jesús me lleve, voy a vivir cada día como nunca. Voy a amar y ser feliz”. Más que una sanación, el Señor le devolvió la alegría de vivir.

Nuestra evangelización será otra cuando nos convenzamos del poder que tiene el testimonio.

4) ANUNCIAR EL EVANGELIO

Leer, en la Palabra de Dios, los pasajes en que Jesús curaba a todos de sus males físicos y espirituales hace crecer nuestra fe. El Nuevo Testamento está repleto de trechos que manifiestan que la voluntad de Dios es que estemos bien y sanos.

5) LIMPIAR EL CORAZÓN.

Para rezar bien es necesario limpiar el corazón de toda culpa, falta de perdón y enredos con las fuerzas espirituales de las tinieblas. Tanto el enfermo cuanto aquellos que oran con ellos y por ellos deben pedir perdón a Dios en una oración sincera. Sería todavía mejor si recurriesen al sacramento de la reconciliación. En el caso de que algunos se hayan envuelto con brujerías, espiritismo y supersticiones, deben hacer la oración de renuncia a esas prácticas.

6) HACER LA ORACIÓN DE SANACIÓN

Más importante que hablar de Jesús es dejarlo actuar con todo el poder del Espíritu Santo. Por más consoladoras que sean nuestras palabras, nada se compara al actuar del Señor por medio de nosotros en la oración. El Evangelio no son discursos. El Reino de Dios es poder y fuerza que viene de lo alto y se manifiesta entre nosotros.

Marcio Mendes,
“Pasos para la sanación y liberación completa” – Editorial Canción Nueva
Adaptación del original en portugués

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