lunes, 19 de febrero de 2018

SEÑOR, ¡TEN MISERICORDIA DE MI!

SEÑOR, ¡TEN MISERICORDIA DE MI!


“Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad,
y se arrepiente de tus amenazas.
¡Quién sabe si él no se volverá atrás y se arrepentirá, y dejará detrás de sí
una bendición: la ofrenda y la libación para el Señor, su Dios!”.
Joel 2, 13-14a

Existe una promesa en esta palabra: “El Señor apartará la amenaza, apartará la maldición; él tendrá compasión y dará la bendición si rasgamos delante de Él nuestro corazón”. Desgarren su corazón significa confesar y asumir nuestros vicios y nuestras fragilidades para que Dios tenga piedad y nos cure. Arrepentirme es asumir las responsabilidades por todas las cosas malas que hice, y purificar mi alma y prepararme para recibir la bendición. Solamente quien se abre puede hacer la experiencia de la bondad de Dios.

Dios es bueno y va a perdonarte si tú lo quieres. ¿Cómo es eso de “si tú lo quieres”? Cuando una persona no admite los propios errores y queda siempre justificándose, ella se endurece, su corazón se vuelve de piedra, y eso es malo.

Cuando noto que algo semejante está sucediendo conmigo acostumbro hacerme dos preguntas:

• ¿Cuál de mis comportamientos merece ser reprobado?

• ¿Acepto ser corregido?

No tengas miedo de descubrir si eso también sucede contigo. Pide a Dios que te revele en qué necesitas cambiar, pues nada puede volver el corazón de una persona mas liviano, lleno de perdón y de bondad, que el asumir que también se equivoca, peca y tiene culpa. Por otro lado, nada puede volverme un individuo más duro y cruel que el deseo de estar siempre en lo cierto.

Hacer el bien no basta para compensar los pecados del pasado. Antes, es necesario reconocerlos y confesarlos.

Una comparación: por más que la luna brille no podrá iluminar la tierra si el cielo estuviese cubierto de pesadas nubes. De manera que es necesario primero que se disipen las nubes del pecado y lavar sus manchas con las lágrimas del arrepentimiento. Es necesario volver a Dios de todo corazón, sin máscaras, sin nubes de pecado. Mas que rasgar las nubes del cielo es preciso rasgar las nubes del alma para dejas pasar la luz de Dios. Rasgar el corazón significa poner todo delante de Dios.

¡El Señor es bueno! Él tendrá misericordia. Él va a ayudarte.

Dios es manso, aún en la ira, lleno de cariño; El va a apartar la maldición que nos amenazaba. El viene trayendo la bendición, la gracia y la fuerza. El viene trayendo la salvación a quien reconoce que la precisa, a quien está dispuesto a recomenzar, dejando el pecado atrás, a quien abandona la falsa perfección llamada hipocresía (hipocresía es exigir del otro aquello que la gente no hace) Dios nunca deja de perdonar y bendecir a quien se aproxima a Él de todo corazón.


ORACIÓN DE ARREPENTIMIENTO Y CONVERSIÓN A DIOS.


Mi Señor y mi Dios, en la medida infinita de tu bondad, ten compasión de mi.

Por misericordia cancela mi pecado. En tu amor de Padre, perdona mi culpa y libérame del mal que practiqué. Reconozco que pequé con mis palabras, mis actos y también por omisión. Postrado en tu presencia, te suplico con toda mi alma: dame la gracia de un corazón profundamente arrepentido. Tú, Señor, lo sabes todo. Nada te es oculto.

Entra en mi interior, mi Dios, y revela donde fue que dejé de contar contigo y me volví resistente a tu amor. Señor, yo fui negligente, pequé y fracasé. Perdón por haberte abandonado y haberme apartado de ti. Perdóname, mi Dios, por todas las veces que actué sin ninguna confianza en ti, apenas movido por mis intereses egoístas. Perdón por vivir atormentado por el miedo en vez de confiar que tu amor cuida de mi.

Pongo a tus pies mis pecados, Señor Jesús (procura recordar y relatar tus faltas al Señor). 

Confieso mis fallas. Confieso que cedí y permití que esos pecados me dominasen. Me arrepiento desde el fondo de mi alma por eso. Pero ahora te imploro, pues no aguanto mas esa carga sobre mi: libérame, por el poder de Tu Santa Sangre Redentora.

Te pido que me perdones por todos los pecados que cometí contra mi mismo; por el desamor, por la baja estima de mi mismo, por la falta de cuidado con mi salud y mi descanso, por la falta de respeto, desequilibrios y abusos sexuales contra mi mismo, por el exceso en el comer y en el beber. Señor, rompo ahora con todas esas actitudes y hábitos. ¡Perdón y misericordia, Señor!

Mi Dios, perdóname por los pecados que cometí dentro de mi propia casa, odios, resentimientos, torturas emocionales, tristezas, decepciones, intrigas, aborto. Perdón por todas las veces en que fui motivo de aflicción y desánimo para quien estaba más cerca de mi. Por las veces en que fui injusto y me volví culpable. Quiero convertirme de mis actos pecaminosos. Quiero apartarme de toda y cualquier ocasión que pueda llevarme a caer en pecado.

Me arrepiento de las veces en que herí a aquellos que convivían conmigo. Te pido perdón por los chismes, calumnias, difamaciones, mentiras, críticas destructivas, bromas crueles, chantajes, por los modos diversos a través de los cuales perjudiqué a un semejante. (Aprovecha este momento y reza espontáneamente, pidiendo a Dios que revele aquello por lo que debes pedir perdón)

Deposito también en tus manos no solo mis pecados, sino todo aquello que todavía no está bien y necesita de tu intervención. Entra con tu Luz en las áreas oscuras de mi vida, aquellas más destruidas y avergonzadas, aquellas que no tengo coraje de mostrar a nadie más. Toca con tu misericordia mis miserias emocionales, mis disturbios, mis vicios de comportamiento y traumas (Reza espontáneamente pidiendo que Dios te muestre las áreas carentes de sanación y salvación)

Retiro todo eso de las sombras donde lo escondí para depositar bajo la luz de tu amor. Sé que puedes curarme. Sé que puedes lavarme. Sé que ya estás haciendo eso por mi.

Señor Jesús, renuncio a todo lo que me impide estar unido a ti; renuncio a estos pecados y renuncio a Satanás que me atrajo e instigó a cometerlos. Quiero detestar todo lo que te desagrada y no dejarme engañar más por las insinuaciones diabólicas.

Mi confianza está en la Sangre de Jesús que me redimió de todo mal y me liberó de fuerzas opresoras del infierno. Me cubro con esta Santa Sangre para blindarme contra las investidas del demonio que quiere apartarme de Dios y arruinarme.

Señor Jesús, te entrego mi corazón y con él mi deseo de no pecar más. Contigo conseguiré mantenerme fiel a este propósito.
Ayúdame, Señor, porque sé que me perdonas, acepto tu perdón. ¡Glorias y alabanzas a ti, Señor!
¡Amén!


Marcio Mendes
30 minutos para cambiar tu día a día.
Adaptación de original en portugués.
Editorial Canción Nueva.

No hay comentarios:

Publicar un comentario