miércoles, 22 de agosto de 2018

Meditación: Mateo 20, 1-16

Adoremos a Cristo, nuestro rey, que ha coronado como reina a María, su Madre (Antífona de entrada)

Hoy celebramos la fiesta de Nuestra Señora María Reina. Dice San Pío XII: “La Beatísima Virgen María debe ser llamada Reina, no sólo por razón de su maternidad divina, sino también porque cooperó íntimamente para nuestra salvación. Así como Cristo, nuevo Adán, es Rey nuestro no sólo por ser Hijo de Dios sino también nuestro Redentor, con cierta analogía, se puede afirmar que María es Reina, no sólo por ser Madre de Dios sino también, como nueva Eva, porque fue asociada al nuevo Adán” (Encíclica Ad coeli Reginam).




















La realeza de Santa María, a semejanza y en perfecta coincidencia con el Reino de Jesucristo, no es de índole temporal y terreno, sino más bien eterna y universal: “Reino de verdad y de vida, de santidad, de gracia, de amor y de paz” (Prefacio de la Misa de Cristo Rey).

Es un reinado eterno porque existirá siempre y no tendrá fin. Es un reinado de verdad y de vida. Para esto vino Jesús al mundo, para dar testimonio de la verdad (Juan 18, 37) y para dar la vida sobrenatural a los hombres. Es un reinado de santidad y justicia porque María, la llena de gracia, nos alcanza las gracias de su Hijo para que seamos santos; y de justicia porque premia las buenas obras de todos.

Es un reinado de amor porque, de su eminente caridad, nos ama con corazón maternal como hijos suyos y hermanos de su Hijo, y es un reinado de paz, nunca de odios y rencores; de la paz con que se llenan los corazones que reciben las gracias de Dios.

Dice San Maximiliano Kolbe: “La Inmaculada debe conquistar el mundo entero y cada individuo, así podrá llevar todo de nuevo a Dios. Es por esto que es tan importante reconocerla por quien ella es y someternos por completo a ella y a su reinado, el cual es todo bondad. Tenemos que ganar el universo y cada individuo ahora y en el futuro, hasta el fin de los tiempos, para la Inmaculada y a través de ella para el Sagrado Corazón de Jesús. Por eso nuestro ideal debe ser: influenciar todo nuestro alrededor para ganar almas para la Inmaculada, para que ella reine en todos los corazones que viven y los que vivirán en el futuro.”
“Oh Dios, que nos ha dado como Madre y Reina a la Madre de tu Hijo Unigénito; concédenos, por su intercesión, el poder llegar a participar en el Reino celestial de la gloria que tienes reservada para tus hijos.”
Ezequiel 34, 1-11
Salmo 22, 1-6
fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

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