sábado, 20 de junio de 2015

Con Jesús en la oración

Eres tú quien marca la hora y el lugar para hablar con Jesús
Encuéntrate con Jesús en lo íntimo de tu alma, en oración, en cualquier tiempo y lugar, eres tú quien marca la hora y el lugar para hablar con Jesús. Puede ser en tu cuarto, en tu auto, en la sala de trabajo, puede ser en la Iglesia, El mejor lugar es frente al Sagrario porque ahí está El en cuerpo, alma y divinidad, como víctima ofrecida en sacrificio permanente por amor a cada uno de nosotros. Ahí El es todo tuyo, está a tu disposición para oirte, abrazarte, enjuagar tus lágrimas y fortalecer tu corazón. Ahí El te espera, vivo y resucitado.

Habla con Jesús con tus palabras, con tus lágrimas, o si es el caso con tu silencio, pero no dejes de encontrarte con El por la oración. Sin oración es imposible caminar en la fe y hacer la voluntad de Dios. Ella es nuestra fuerza. Jesús nos manda “orar siempre sin jamás dejar de hacerlo” (Lc 18,1), y San Pablo nos recomienda: “Orar sin cesar”. Esto quiere decir vivir en estado de oración, con el alma siempre sintonizada en Dios, quiera que estés manejando, lavando ropa, limpiando la casa, descansando. El está contigo y en tí, recuérdalo siempre.

jesusoracion

La oración es para el alma lo que el aire es para el cuerpo. Un alma que no reza es un alma que no respira ni tiene vida. Jesús fue muy claro con los Apóstoles y también contigo: “sin mi, nada pueden” (Jn 15,5). La oración puede cambiar todas las cosas, el Angel Gabriel le dijo a María: “Para Dios nada es imposible” (Lc 1,37). “Todo es posible al que cree” (Mc 9,23), nos garantizó el Señor. Y más: “Pidan y se les dará” (Lc 11,9), “Todo lo que pidan en oración, crean que lo han recibido y se les dará” (Mc 11,24).

San Pablo recomienda con insistencia: “oren en todo tiempo” (Ef 6,18), “perseveren en la oración” (Col 4,2), “oren siempre y en todo lugar” (1 Tim 2,8). “Antes que nada recomiendo que se hagan súplicas, oraciones, peticiones, acciones de gracias por todos los hombres ” (1 Tim 2,1)

San Pedro nos pide: “Depositen en Dios todas vuestras preocupaciones porque El cuida de ustedes” (1 Pe 5,7). Es por la oración que depositamos en Dios nuestras preocupaciones pero con fe y confianza. Jesús oraba constantemente, “él acostumbraba retirarse a lugares solitarios para orar” (Lc 5,15-16), relata San Lucas.

“Todo puede ser cambiado por la oración”. Todas las deficiencias espirituales, las miserias y todas las fallas, todas nuestras caídas y pasos fuera del camino correcto, todo esto tiene solo un motivo: falta de constancia en la oración.

Vive en oración, transforma todo en oración, sean sufrimientos, dolores, alegrías, los éxitos y los fracasos y cualquier tipo de tentación. Conversa con Jesús sobre todo, y entregale todas tus preocupaciones. Reza en la calma y en la tempestad, reza por las noches y a lo largo del día, reza yendo y voltando, reza a pesar de que te sientas cansado y distraido. ¡Reza! ¡Encuéntrate con Jesús!

Profesor Felipe Aquino
Master y Doctor en Ingeniería Mecánica. Recibió el título de Caballero de la Orden de San Gregorio Magno por el Papa Benedicto XVI, es autor de varios libros y presentador de programas de televisión y radio de la comunidad Canción Nueva
fuente: Portal Canción Nueva en español

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