lunes, 30 de junio de 2014

Estemos vigilantes y tengamos una vida de oración

Trecho de una prédica del p. Marlon Múcio

El tema de éste encuentro de "Sanación y Liberación es: "Levanten sus cabezas, pues su salvación se aproxima". Sí, necesitamos levantar, erguir, nuestras cabezas para que ésta promesa se cumpla!
Para vos que estás triste y abatido por la heridas del cotidiano vivir, pide al Espíritu Santo poder salir de la ceguera espiritual y contemplar la salvación que se aproxima.

La Palabra que Dios nos concede en este momento, extraída del Evangelio de San Lucas 21,25 nos aproxima al fin y nos alerta sobre la necesidad de vivir en función de la segunda venida gloriosa de Cristo. Tenemos que llevar una vida de conversión.

El Buen Dios quiere que, al erguir nuestras cabezas, tengamos dos actitudes de fe.
Tal vez ya las conozcas, pero, aún no has intentado vivirlas: VIGILAR y ORAR.
Eso es lo que Dios quiere de nosotros y nada más.

La primera actitud de vigilancia se da al levantar nuestra cabeza, en un sentido de prontitud. Quien anda por las calles de la vida mirando hacia el suelo o para sus problemas puede no encontrar el auxilio que está a su lado. Mis hermanos, ¿qué es vigilar?
La función de un vigía es de guardar y proteger. El tiene que quedarse en su puesto; eso es para nosotros una orden: "¡Retorna a tu puesto!
Muchos dejaron atrás su puesto, lo cambiaron, cambiaron el verdadero amor por uno cualquiera.

Imagina un vigilante que, en vez de estar de centinela, está perdido o desatento a su función.
Es eso lo que el enemigo de Dios quiere de ti, que estes completamente desatento, distraido. Amado, tu has sido constituido vigía de tu casa, de tu familia! Cuando Jesús vuelva, quiere encontrar a las personas haciendo aquello para lo cual fueron constituidas, o sea, un padre debe estar entretenido con las cosas de un padre. Un padre de familia debe vivir como un verdadero padre de familia y no dejar que las cosas del mundo lo distraigan; lo mismo vale para las madres y para todos los miembros de una casa. Dios nos bendice con el don de la vigilancia.

El centinela es aquel que vigila con sin temor las páginas del evangelio. Un vigía tiene que tener un mirar atento para ver las gracias que vienen de Dios como para ver las tentaciones que vienen de la acción del enemigo. Es necesario estar despiertos, mis hermanos!

La vigilancia no es todo, es preciso además mantener una vida de oración.
Esta es nuestra segunda actitud, la oración.
Cuando el mal se aproxime, necesitamos rápidamente movernos para una vida de oración. Hermanos, un vigía es un precavido, o sea, es aquel que está listo para enfrentar toda y cualquier situación. Nosotros como centinelas de Cristo debemos estar precavidos con la oración.

Es necesario tener una actitud de fe delante de todas las situaciones. Tú, que eres un centinela, busca rezar para estar siempre listo en tu propia vida y en la vida de aquellos que están a tu lado.

"Dios quiere que tengamos una vida de vigilancia y de oración",
enfatiza el padre Márlon
Foto: Natalino Ueda/cancaonova.com

Hermanos, es necesario orar.
Quien piensa que reza mucho debe saber que solo pensando eso ya está rezando poco. Nuestra Señor, en muchas de sus apariciones pidió que tuviésemos siempre una vida de oración.

Como centinela, necesitas cuidar de aquellos que están bajo tus responsabilidades y, aunque ellos no gusten de ti o de tu modo de actuar, no puede volverte enemigos de ellos. El propio Señor nos enseña a ser amigos unos de otros.

Santa Teresa de Avila decía que la oración es entrar nosotros en el corazón de Dios. La sed que tenemos de Dios es una atracción primero de Él hacia nosotros. El toma nuestro ser y habita en nuestra alma.
Cuando más nos aproximamos al Señor, tanto más somos atraídos por El.

"Cada momento y lugar son un momento y lugar de una vida de oración" enseña Santa Catalina de Siena.

San Juan Pablo II nos enseñó, durante su vida, a conciliar la vida de oración con la vida de vigilancia. El buscaba, por intermedio de la prácticas de piedad, la intimidad con Dios durante la celebración de la Santa Misa, el rezo del Santo Rosario y la oración de la Liturgia de las horas, entre otras cosas. El era muy apasionado por el Rosario. Todas estas prácticas eran publicas y todos nosotros sabemos que el las vivía, pero existen otras prácticas que nosotros, muchas veces, desconocemos, como la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y al Divino Espíritu Santo. El tenía el don de la oración intensa y disciplinada.

Padre Márlon Múcio 
Fundador da Comunidade Missão Sede Santos
transcripción de parte de la prédica: Luana Oliveira
fuente Canção Nova.
Adaptación final del original en portugues.

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