sábado, 14 de junio de 2014

Teología del Cuerpo

La doctrina cristiana siempre valorizó el cuerpo humano por entender que él es bueno. Desde los primeros siglos, los doctores de la Iglesia tuvieron que combatir la doctrina maniqueísta que consideraba la existencia de dos dioses: uno del bien y otro del mal, siendo que todo lo material era entendido como obra del malo. De esa forma, el cuerpo, por ser materia, era despreciado.

Por otro lado, la fe cristiana siempre vio en el cuerpo una bella obra de Dios. El hombre es una unidad del cuerpo y del alma. El cuerpo es tan importante que en el misterio de la Encarnación del Verbo Divino, el Hijo de Dios asumió nuestra carne. Por eso la Iglesia entiende la grandeza del cuerpo humano y la necesidad de valorizarlo y protegerlo desde la gestación materna. Es a través de nuestro cuerpo que nos relacionamos con los otros, con la naturaleza y con el cosmos. El no es sólo una máquina fría sin expresión.

Teología del cuerpo-dentro







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En la persona humana el cuerpo es un reflejo de la vida interior, tanto que expresa el cansancio del espíritu, la depresión del alma o la alegría de vivir. Para el cristiano, materia y espíritu son dos dimensiones del ser. El hombre todo es obra buena de Dios, es un ser racional que debe valorizar todas las actividades: físicas, racionales, psicológicas y espirituales.

También la Biblia resalta la grandeza de nuestro cuerpo. San Pablo habla del cristiano como el templo vivo de la Santísima Trinidad. Jesús dice a los apóstoles que “si alguien me ama, mi Padre lo amará, iremos a él, y haremos morada” (Juan 14,23). Es por eso que el apóstol de los gentiles es tan severo en advertir a los corintios sobre la necesidad de mantener siempre la pureza del cuerpo.¿No saben que son el templo de Dios y que el espíritu de Dios habita en ustedes? (I Cor 3,16).

Esas enseñanzas hacen que el cristiano sepa usar su cuerpo con dignidad, sobretodo en la vida sexual, la expresión más grande del amor conyugal. Por eso, el sexo no se vive ni antes, ni fuera del matrimonio. Cuando Dios une una pareja para siempre como una sola carne, éste se vuelve un compromiso de vida en el dolor y en la alegría. Fuera del matrimonio, toda relación sexual se vuelve vacía porque pierde el sentido unitivo y procreativo. Por la relación amorosa de sus cuerpos, hombre y mujer celebran la liturgia conyugal y son capaces de dar vida a un nuevo ser que como ellos es imagen de Dios.

Por otro lado, el cuerpo no puede tener una primacía sobre el espíritu. Antiguamente, se valorizaba solamente el espíritu, despreciandose el cuerpo. Hoy corremos el riesgo de ver que sucede lo contrario. Hay personas que se vuelven esclavas del cuerpo. El consumismo las convenció de que lo más importante es ser bonito físicamente, esbelto, delgado. Muchas personas están convencidas de que si no están de acuerdo con esos padrones no serán felices.

Dios sería injusto si hiciese que la felicidad dependiese del color de la piel, del biotipo del cuerpo, de la ondulación del cabello. El cuerpo no es un fin en si mismo, sino un medio para expresarnos. Michel Quoist decía al joven que para ser bello lo mejor es detenerse cinco minutos delante del espejo, diez delante de si mismo y quince delante de Dios. Si consideramos este principio estaremos dando la justa medida a las cosas y por consecuencia trazando el camino de la verdadera felicidad.

Profesor Felipe Aquino
Master y Doctor en Ingeniería Mecánica. Recibió el título de Caballero de la Orden de San Gregorio Magno por el Papa Benedicto XVI, es autor de varios libros y presentador de programas de televisión y radio de la comunidad Canción Nueva.

fuente: Portal Canción Nueva en español

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