lunes, 23 de junio de 2014

Formando un ejército

Nosotros, cristianos, precisamos reaccionar.
Nadie puede silenciar nuestros labios, nuestra fe, ni nuestra elocuencia al proclamar que Jesucristo es el Señor.
El ardor y la fuerza de convicción de San Esteban eran de tal tamaño que sacudieron las estructuras del sanedrín. Por causa de su predicación, los contrarios a la fe cristiana, tenían mucha rabia. Lo condenaron y lo martirizaron a piedrazos, para que él no pudiese proclamar la Palabra de Dios. Saulo, que después se transformó en el gran apóstol Pablo, fue quien cargó el manto de aquellos que lo apedrearon. La “revancha” de Dios fue mucho mayor, pues lo que Esteban no habló, fue palabra y obra dicha por Pablo.

Pedro, Juan y los demás apóstoles, después de haber estado presos, fueron prohibidos de enseñar en nombre de Jesús y de realizar milagros. Al volver para la comunidad a la que pertenecían todos estaban orando. Esos hombres, en lugar de quedar temerosos delante de la prohibición que les había sido impuesta, hicieron una oración:

“Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu mensaje con toda seguridad. Extiende tu mano para que sucedan sanaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús.”

Es así que el Señor prepara a sus valientes guerreros, los apóstoles de ayer y los de hoy.
Ayer eran Pedro, Juan, Esteban y Paulo entre otros.
Hoy somos Reginaldo, Nilva, vos… yo. Y el método es el mismo: el Señor pone delante de nosotros acontecimientos concretos delante de las cuales ponemos nuestra Fe en acción. No te extrañes: si las situaciones son difíciles es porque precisas de un entrenamiento más firme de la fe.

Reza y pide al Señor que te de una fe inquebrantable y renuncia a toda incredulidad.
Dile que quieres ser una persona de oración, de fe, de convicción y de determinación en Él!
Amén!
Dios te Bendiga.

Mons. Jona Abib
Fundador Comunidad Canção Nova
Fuente: Mensaje Del dia www.cancaonova.com
Adaptación y traducción del original en portugués.


Foto: Nosotros, cristianos, precisamos reaccionar.
Nadie puede silenciar nuestros labios, nuestra fe, ni nuestra elocuencia al proclamar que Jesucristo es el Señor.
El ardor y la fuerza de convicción de San Esteban eran de tal tamaño que sacudieron las estructuras del sanedrín. Por causa de su predicación, los contrarios a la fe cristiana, tenían mucha rabia. Lo condenaron y lo martirizaron a piedrazos, para que él no pudiese proclamar la Palabra de Dios. Saulo, que después se transformó en el gran apóstol Pablo, fue quien cargó el manto de aquellos que lo apedrearon. La “revancha” de Dios fue mucho mayor, pues lo que Esteban no habló, fue palabra y obra dicha por Pablo.

Pedro, Juan y los demás apóstoles, después de haber estado presos, fueron prohibidos de enseñar en nombre de Jesús y de realizar milagros. Al volver para la comunidad a la que pertenecían todos estaban orando. Esos hombres, en lugar de quedar temerosos delante de la prohibición que les había sido impuesta, hicieron una oración:

“Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos anunciar tu mensaje con toda seguridad. Extiende tu mano para que sucedan sanaciones, señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús.”

Es así que el Señor prepara a sus valientes guerreros, los apóstoles de ayer y los de hoy.
Ayer eran Pedro, Juan, Esteban y Paulo entre otros.
Hoy somos Reginaldo, Nilva, vos… yo. Y el método es el mismo: el Señor pone delante de nosotros acontecimientos concretos delante de las cuales ponemos nuestra Fe en acción. No te extrañes: si las situaciones son difíciles es porque precisas de un entrenamiento más firme de la fe.

Reza y pide al Señor que te de una fe inquebrantable y renuncia a toda incredulidad.
Dile que quieres ser una persona de oración, de fe, de convicción y de determinación en Él!
Amén!
Dios te Bendiga.

Mons. Jona Abib
Fundador Comunidad Canção Nova
Fuente: Mensaje Del dia WWW.cancaonova.com
Adaptación y traducción del original en portugués.

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