domingo, 14 de febrero de 2016

Primer Domingo de Cuaresma


Si creemos en la victoria de Cristo en la cruz y nos unimos a él en su muerte y resurrección, no seremos avergonzados, aunque las fuerzas del mal traten de destruirnos.

En su bondad, Dios libró a su pueblo de la esclavitud y lo llevó a una tierra de la que fluía leche y miel. Dios pidió a los israelitas que le ofrecieran los primeros frutos de la tierra que les daba, como muestra de su fe. De este modo, el diezmo del pueblo era la respuesta al deseo de Dios de liberarlos. Jesús es el Mesías prometido que nos lleva a Dios.

Así como el diablo tentó a Jesús en el desierto tratando de hacerlo renunciar a su confianza en el Padre, el Maligno trata hoy de destruir la obra de Dios para la salvación nuestra y de todos los seres humanos. A menudo tenemos la tentación de confiar en nosotros mismos más que en Cristo, y cuando cedemos a esa tentación, experimentamos el fracaso en la vida cristiana. Por eso, conviene mirar el ejemplo de Jesús que, lleno del Espíritu Santo, triunfó sobre Satanás porque no dejó de confiar en el amor y el poder de Dios.

La victoria de Cristo sobre la tentación es un ejemplo para nosotros en esta Cuaresma. Dios desea que, al igual que Jesús, seamos llenos del poder del Espíritu Santo y, confiando en la fuerza del Paráclito, triunfemos sobre el pecado y Satanás, porque estamos unidos a Cristo mediante la fe y el Bautismo. Hoy se celebra el Día del Amor y es una ocasión propicia para que todos nos detengamos un momento para hacer una oración especial por nuestros seres amados, particularmente por nuestra esposa o marido, hijos y tal vez nietos, pidiendo que el Señor les bendiga de un modo especial, nada más por el hecho de ser ellos objetos de nuestro amor. También no nos olvidemos de saludarlos personalmente y expresarles nuestro cariño de la mejor manera posible. ¡El Señor estará contento si lo hacemos!

“Señor mío Jesucristo, tú eres mi única esperanza. Sé que tú quieres salvarme, por eso invoco hoy tu santo nombre y me entrego a ti de corazón.”

fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

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