viernes, 22 de enero de 2016

Nuevo Holocausto


En 1973, la Corte Suprema de Justicia legalizó el aborto en los Estados Unidos en base a que Norma McCorvey alegó que había sido violada por una pandilla y estaba embarazada.
Unos años más tarde, ella misma confesó públicamente que había mentido, que su embarazo no había sido producto de una violación y se arrepintió de haber sido usada por sus dos abogadas diciendo: “Yo soy Norma McCorvey. Fui conocida como Jane Roe el 22 de enero de 1973, cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos declaró que la mujer tiene el derecho de abortar… Humildemente pido perdón a los millones de mujeres y niños no nacidos que han experimentado la violencia del aborto.”
Trágicamente, una gran mentira, instigada por dos abogadas políticamente motivadas, ha dado como resultado un holocausto que hasta ahora ha costado la vida de unos 50 millones de seres humanos. Se ve, pues, claramente que los veredictos judiciales tienen consecuencias enormes para la vida humana: cuando el hombre decide dejar de lado los mandamientos de Dios para implantar sus propias leyes, los resultados son catastróficos.
¿Cuáles serán las inimaginables y trágicas consecuencias que tendrá la decisión reciente de la Corte Suprema de legalizar el “matrimonio” homosexual?
Toda vida humana es valiosísima para nuestro Padre celestial: la vida del bebé aún no nacido, la vida de la madre asustada, la vida del abortista, la vida del cristiano pasivo, la vida de la equivocada activista política pro-aborto. Dios, que nos ama a todos incondicionalmente, nos tiende la mano y nos muestra el camino para defender la vida. De hecho, en este Año de la Misericordia, el Papa Francisco ha autorizado a todos los sacerdotes a escuchar las confesiones de aquellas personas que han abortado o colaborado en un aborto y darles la absolución.
Oremos, pues, por la Marcha Pro-Vida de hoy, para que muchos miles más salgan a demostrar su apoyo a la defensa de la vida.
“Padre amado, ten piedad de nuestra sociedad actual, cuyas decisiones están destruyendo la humanidad y poniendo sus propios deseos por encima de tus santas leyes. Permite, Señor, que haya jueces y políticos que defiendan la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.”
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

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