domingo, 23 de octubre de 2016

Meditación: Lucas 18, 9-14


XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Dijo el Papa Francisco en mayo de 2016: “El Jubileo extraordinario de la Misericordia… ilumina de modo especial la Jornada Mundial de las Misiones 2016 [que hoy celebramos]: nos invita a ver la misión a los pueblos como una grande e inmensa obra de misericordia, tanto espiritual como material.

“En esta Jornada Mundial de las Misiones, todos estamos invitados a ‘salir’, como discípulos misioneros, ofreciendo cada uno sus propios talentos, creatividad, sabiduría y experiencia para llevar el mensaje de la ternura y de la compasión de Dios a toda la familia humana, especialmente a los más cercanos.

“La Iglesia se interesa por los que no conocen el Evangelio, porque quiere que todos se salven y experimenten el amor del Señor.” Ella “tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio” (Bula Misericordiae vultus 12), y de proclamarla por todo el mundo, hasta que llegue a toda mujer, hombre, anciano, joven y niño.

“La misericordia hace que el corazón del Padre sienta una profunda alegría cada vez que encuentra a una criatura humana; desde el principio, él se dirige también con amor a las más frágiles, porque su grandeza y su poder se ponen de manifiesto precisamente en su capacidad de identificarse con los pequeños, los descartados, los oprimidos.

“La manifestación más alta y consumada de la misericordia se encuentra en el Verbo encarnado. Él revela el rostro del Padre rico en misericordia, ‘no sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica’ (San Juan Pablo II, Encíclica Dives in misericordia 2).” Con la acción del Espíritu Santo, podemos llegar a ser misericordiosos como nuestro Padre celestial, aprendiendo a amar como él nos ama y haciendo que nuestra vida sea una ofrenda gratuita, un signo de su bondad (MV 3).
“Que Santa María, ícono sublime de la humanidad redimida, modelo misionero para la Iglesia, enseñe a todos, hombres, mujeres y familias, a generar y custodiar la presencia viva y misteriosa del Señor Resucitado.”
Eclesiástico 35, 13-17. 20-22
Salmo 34(33), 2-3. 17-19. 23
2 Timoteo 4, 6-8. 16-18

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

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