lunes, 27 de julio de 2015

PROFECÍA

Profeta es aquel que nos habla en nombre de Dios, un mensajero de Dios para su pueblo. Los profetas sacan a los hombres de la inercia y los urgen a volver hacia el Dios vivo. San Pablo dio una definición muy exacta de la profecía y de la función de los profetas: “Por el contrario, el que profetiza, habla a los hombre para su edificación, exhortación y consolación” (1ª Cor. 14, 3).
Por lo tanto la profecía edifica, construye, conforta, robustece, alienta y anima, consuela, calma y apacigua. Es como si Dios hablara al corazón de los hombres. Por este carisma Dios transmite su mensaje y edificar a su pueblo. San Pablo dice: “Aspirad a los dones espirituales, sobre todo al don de profecía” (1ª Cor. 14, 1-5).
¿Qué experimentan en su alma los que tienen este carisma? ¿Qué es lo que les impulsa a hablar a la comunidad? Esta es la experiencia común en casi todos los casos: "El Espíritu Santo les hace percibir una llamada o un impulso que les mueve a pronunciar una palabra, una frase o una idea, que se va desarrollando a medida que es proclamada y les da la convicción de que esa palabra, frase o idea viene del Señor y no de si mismos; les hace percibir, asimismo, la urgencia de proclamar esa palabra y de que Dios mismo desea que su mensaje sea manifestado". Suele ser una palabra de estímulo, de exhortación y de aliento.
Toda palabra profética debe someterse al discernimiento y el criterio es muy sencillo: “Si una palabra profética produce sosiego, amor, paz y gozo en el Espíritu Santo es un buen signo de su autenticidad”.
fuente: RCC de San Cristobal, Tachira.

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