jueves, 18 de abril de 2024

¿Qué decían sobre el aborto los primeros cristianos?

La lucha de los primeros cristianos contra la práctica del aborto
La tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo como en las diversas etapas de su desarrollo. Oponiéndose a las costumbres del mundo grecorromano, la Iglesia de los primeros siglos ha insistido sobre la distancia que separa en este punto tales costumbres de las costumbres cristianas.

A lo largo de toda la historia, los Padres de la Iglesia, sus pastores, sus doctores, han enseñado la misma doctrina sobre la ilegitimidad del aborto.

LA DIDACHE siglo I
“El segundo mandamiento de la enseñanza: No asesinarás. No cometerás adulterio. No seducirás a los niños. No cometerás fornicación. No robarás. No practicarás magia. No usarás pociones. No provocarás [un] aborto, ni destruirás a un niño recién nacido” (Didajé 2:1–2 [70 d.C.]).
EPÍSTOLA DE BERNABÉ siglo I o II
“El camino de la luz, entonces, es el siguiente. Si alguno desea viajar al lugar señalado, debe ser celoso en sus obras. El conocimiento, por tanto, que se nos da con el fin de caminar de esta manera, es el siguiente. . . . No matarás al niño procurándole el aborto; ni tampoco lo destruirás después de que haya nacido” (Carta de Bernabé 19 [74 d.C.]).
ATENÁGORAS
“¿Qué hombre en su sano juicio, por tanto, afirmará, siendo tal nuestro carácter, que somos asesinos? . . . Cuando decimos que aquellas mujeres que usan drogas para provocar el aborto cometen un asesinato y tendrán que dar cuenta a Dios por el aborto, ¿bajo qué principio deberíamos cometer un asesinato?
Porque no corresponde a la misma persona considerar al mismo feto en el vientre como un ser creado, y por tanto objeto del cuidado de Dios, y cuando ha pasado a la vida, matarlo; y no exponer a un niño, porque quienes lo exponen son acusados de asesinato de niños, y por otra parte, cuando ha sido criado para destruirlo” (Súplica a favor de los cristianos 35 [177 d.C.]).

TERTULIANO Siglo II-III
“En nuestro caso, al estar prohibido para siempre el asesinato, no podemos destruir ni siquiera al feto en el útero, mientras que el ser humano todavía obtiene sangre de las otras partes del cuerpo para su sustento. Impedir un nacimiento no es más que matar a un hombre más rápidamente; ni importa si se quita la vida que nace, o se destruye la que está por nacer. Ése es un hombre que va a serlo; ya tienes el fruto en su semilla” (Apología 9:8 [197 d.C.]).

“Entre las herramientas de los cirujanos hay un instrumento determinado, que está formado por un marco flexible bien ajustado para, en primer lugar, abrir el útero y mantenerlo abierto; está además provisto de una cuchilla anular, por medio de la cual se disecan los miembros [del niño] dentro del útero con cuidado ansioso pero inquebrantable; siendo su último apéndice un gancho romo o cubierto, con el que se extrae todo el feto mediante un parto violento.

“Existe también [otro instrumento en forma de] una aguja o púa de cobre, mediante la cual se gestiona la muerte misma en este robo furtivo de la vida: Le dan, por su función infanticida, el nombre de embruosphaktes, [es decir]” el asesino del niño”, que por supuesto estaba vivo. . . “[Los médicos que practicaban abortos] sabían muy bien que se había concebido un ser vivo, y [ellos] se compadecieron de este desdichado estado infantil, que primero tuvo que ser ejecutado para escapar de ser torturado vivo” (El Alma 25 [210 d.C.]).

“Ahora admitimos que la vida comienza con la concepción porque sostenemos que el alma también comienza desde la concepción; la vida comienza en el mismo momento y lugar que el alma” (ibid., 27). “La ley de Moisés, en verdad, castiga con las penas debidas al hombre que causare el aborto [Éx. 21:22–24]” (ibid., 37).

MINUCIO FELIX
“Hay algunas mujeres [paganas] que, al beber preparados médicos, extinguen en sus entrañas la fuente del futuro varón y cometen así un parricidio antes de dar a luz. Y estas cosas ciertamente proceden de la enseñanza de vuestros [falsos] dioses. . . . A nosotros [los cristianos] no nos es lícito ni ver ni oír hablar de homicidio” (Octavio 30 [226 d.C.]).

SAN HIPÓLITO siglo III
“Las mujeres que tenían fama de creyentes comenzaron a tomar drogas para volverse estériles y a atarse fuertemente para expulsar lo que estaba engendrando, ya que, a causa de los parientes y el exceso de riqueza, no querían tener un hijo de un esclavo o por cualquier persona insignificante. ¡Mira, pues, hasta qué gran impiedad ha procedido ese inicuo, al enseñar el adulterio y el asesinato al mismo tiempo! (Refutación de todas las herejías [228 d.C.]).

CONCILIO DE ANCIRA
“En cuanto a las mujeres que fornican y destruyen lo que han concebido, o que se emplean en fabricar drogas para abortar, un decreto anterior las excluía hasta la hora de la muerte, y algunos han consentido. Sin embargo, deseando utilizar una lenidad algo mayor, hemos ordenado que cumplan diez años [de penitencia], según los grados prescritos” (canon 21 [314 d.C.]).

SAN BASILIO EL GRANDE siglo IV
“La que provoque el aborto, pase diez años de penitencia, ya sea que el embrión esté perfectamente formado o no” (Primera Carta Canónica, canon 2 [374 d.C.]).

“Es homicida... ; también lo son los que toman medicinas para provocar el aborto” (ibid., canon 8).

SAN JUAN CRISÓSTOMO siglo IV
“Por tanto os ruego que huyáis de la fornicación. . . . ¿Por qué sembrar donde la tierra se encarga de destruir el fruto? ¿Dónde hay muchos esfuerzos por abortar? ¿Dónde hay asesinato antes del nacimiento? Porque ni siquiera a la ramera dejarás que siga siendo una simple ramera, sino hazla también asesina. Ves cómo la embriaguez lleva a la prostitución, la prostitución al adulterio, el adulterio al asesinato; o más bien a algo incluso peor que el asesinato. Porque no tengo nombre que darle, ya que no quita lo que nace, sino que impide que nazca.

¿Por qué entonces abusas del don de Dios, y luchas con sus leyes, y sigues lo que es una maldición como si fuera una bendición, y haces de la cámara de la procreación una cámara para el asesinato, y armas a la mujer que fue dada para tener hijos para el matadero? ? Porque para sacar más dinero siendo agradable y objeto de deseo para sus amantes, ni siquiera esto se resiste a hacerlo, amontonando así sobre tu cabeza un gran montón de fuego. Porque incluso si la acción atrevida es de ella, la causa de la misma es tuya” (Homilías sobre Romanos 24 [391 d.C.]).
SAN JERÓNIMO siglo IV
“Algunos llegan incluso a tomar pociones para asegurar la esterilidad y asesinar así a seres humanos casi antes de su concepción. Algunas, cuando se encuentran encintas a causa de su pecado, utilizan drogas para procurar el aborto, y cuando, como sucede a menudo, mueren con su descendencia, entran al mundo inferior cargadas con la culpa no sólo de adulterio contra Cristo sino también de suicidio y asesinato de niños” (Cartas 22:13 [396 d.C.]).
 Publicado originalmente por Primeros Cristianos - Patrística

miércoles, 17 de abril de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Yo soy el pan de vida. El que venga a mí, nunca tendrá hambre”

¿Dónde encontráis la alegría de amar? En la eucaristía, la santa comunión. Jesús mismo se hizo "pan de vida" para darnos vida. Noche y día está allí. Si vosotros realmente queréis crecer en el amor, volved a la eucaristía, a esta adoración. En nuestra congregación, teníamos la costumbre de tener la adoración una vez a la semana durante una hora; después, en 1973, decidimos tener la adoración cada día durante una hora. Tenemos mucho trabajo; por todas partes nuestras casas para enfermos y moribundos indigentes están llenas. Pero a partir del momento en que comenzamos la adoración cada día, nuestro amor por Jesús se volvió más íntimo, nuestro amor por cada uno más benévolo, nuestro amor por los pobres más compasivo.

Mirad el tabernáculo y ved lo que significa ahora este amor. ¿Soy consciente de eso? ¿Mi corazón es lo bastante puro para que vea allí a Jesús? Con el fin de que para vosotros y para mí sea más fácil ver a Jesús, él mismo se hizo "pan de vida"; con el fin de que pudiéramos recibir la vida, una vida de paz, una vida de alegría. Encontrad a Jesús y encontraréis la paz.



Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
La palabra para ser hablada, cap. 6

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 6,35-40


Evangelio según San Juan 6,35-40
Jesús dijo a la gente: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.

Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen.

Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí yo no lo rechazaré,

porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de aquel que me envió.

La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos, paz y bien.

La muerte de Esteban fue el inicio de una persecución por toda Jerusalén. Y no sólo. Ser cristiano nunca ha sido fácil. Incluso hoy no es sencillo. Sin persecuciones físicas, pero con mucha presión social. Decir que somos cristianos no es siempre fácil. Estar en contra del aborto, de la eutanasia, de la maternidad subrogada no ayuda a hacer amigos. El documento “Dignitas infinita” del dicasterio para la Doctrina de la Fe nos recuerda cuántos ataques a la dignidad de la persona siguen sucediendo hoy. Y la Iglesia es la única que habla en contra de esos ataques. Es lo que hay.

Dios escribe recto con renglones torcidos. La persecución sacó a los cristianos de Jerusalén, y extendió la fe en Cristo resucitado por todo el mundo. Hasta los confines de la tierra. Hasta el día de hoy, seguimos por los cinco continentes hablando del Salvador del mundo. Y haciendo signos. Quizá no expulsamos tantos demonios ni curamos tantos enfermos como hacía Jesús, pero llevamos la Buena Nueva desde el Polo Norte hasta el Polo Sur, desde el este al oeste.

Saulo sigue haciendo estragos, pero en su vida pronto se producirá un gran cambio. Las personas que viven con pasión, son capaces de orientar su celo hacia el fin que marca sus vidas. De momento, el objetivo no es el correcto, pero Dios tiene sus tiempos. Démosle tiempo para que cambie lo que deba ser cambiado.

Otro mensaje del Evangelio de hoy nos habla de la importancia de aceptar la voluntad de Dios para nuestra vida. Hemos celebrado hace poco la solemnidad de la Encarnación. El “hágase en mí según tu Palabra” es el modelo de vida del cristiano. Confiar, fiarse de Dios para hacer de tu vida lo que Él quiere. Como Jesús. Como muchos santos en la historia de la Iglesia. Es un buen día para preguntarnos si somos creyentes, si nos atrevemos a creer o exigimos condiciones y señales, como santo Tomás hace un par de domingos.

¿Cuál es la roca sobre la que construimos nuestras vidas? ¿Nos apoyamos en Dios, o en nuestras propias fuerzas? Tenemos que esforzarnos más por ver el paso de Dios en nuestra vida, para configurarnos más con Él, leer todo en clave divina y responder como hace falta. Para ser más felices, o sea, para ser más santos.

Nuestro hermano en la fe,
Alejandro Carbajo, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 16 de abril de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“El pan de Dios, es el que desciende del cielo y da la vida al mundo”

Cristo es "el pan de la vida" para los que creen en él: creer en Cristo es comer el pan de vida, es poseer en sí a Cristo, es poseer la vida eterna…

"Yo soy el pan de vida, dice; vuestros padres comieron maná en el desierto, y murieron" (Jn 6,48s). Por ahí hay que comprender la muerte espiritual. ¿Por qué murieron? Porque creían lo que veían; no comprendían lo que no veían… Moisés comió maná, Aarón lo comió y muchos otros también los que agradaron a Dios y que no murieron. ¿Por qué no murieron? Porque comprendieron espiritualmente, tuvieron hambre espiritual, probaron espiritualmente el maná para ser saciados espiritualmente. "He aquí el pan que baja del cielo: el que lo coma no morirá" (v. 50).

Este pan, es decir Cristo mismo el que hablaba así, estaba prefigurado en el maná, pero puede más que el maná. Porque el maná mismo no podía impedir morir espiritualmente… Pero los justos vieron en el maná a Cristo, creyeron en su venida, y Cristo, cuyo maná era el símbolo, les concede a todos aquellos que creen en él no morir espiritualmente. Por eso dice: "este es el pan que ha bajado del cielo; el que lo come no morirá". Aquí sobre la tierra, aquí ahora, delante de vuestros ojos, vuestros ojos de carne, aquí se encuentra "el pan bajado del cielo". "Yo, soy el pan vivo, que ha bajado del cielo" (v. 51). El "pan de la vida" desde siempre llamado "pan vivo". Pan vivo, porque él mismo posee la vida que permanece y porque puede librar de la muerte espiritual y dar vida. Primero dijo: "el que lo coma no morirá "; ahora habla claramente de la vida que da: "el que come este pan vivirá eternamente" (v. 58).



Balduino de Ford (¿-c. 1190)
abad cisterciense, después obispo
El sacramento del altar II, 3; SC 93 (trad. SC p. 261 rev.)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 6,30-35


Evangelio según San Juan 6,30-35
La gente dijo a Jesús: "¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas?

Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura: Les dio de comer el pan bajado del cielo".

Jesús respondió: "Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo;

porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo".

Ellos le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan".

Jesús les respondió: "Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos, paz y bien.

Hoy escuchamos en la primera lectura cómo muere san Esteban. El esquema de su muerte nos recuerda al de la muerte del mismo Jesús. En ambos casos, la acusación es injusta, y los dos mueren perdonando a sus asesinos. Evidentemente, hay una intención en todo esto, una enseñanza para que los discípulos del siglo XXI, como los primeros discípulos, sepamos cómo reaccionar ante las injurias y las calumnias.

En este relato, además, aparece un joven Saulo, azote de cristianos, que aprobaba la ejecución. A lo largo de estos días, iremos viendo su evolución. No hay nada que el Espíritu Santo no pueda cambiar. Ni siquiera aquello que a nosotros nos parece imposible, como nuestra ira, nuestro egoísmo, nuestros defectos…

Jesús sigue educando a sus seguidores. Hoy les sorprende con una nueva afirmación. “Yo soy el Pan de vida”. Mejor que el maná del desierto, que al final resultaba insípido por repetitivo. Entendemos que tendremos hambre y sed cada día, porque es lo natural. Pero los interlocutores de Jesús querían vivir sin hambre y sin sed. Literalmente. Otra vez las motivaciones, de las que hablábamos ayer.

Con Cristo las cosas se pueden ver de otra manera. Porque Él es la Sabiduría que se nos da en su Palabra y en su Cuerpo, el verdadero Pan de Vida. Sólo Él puede saciar nuestra hambre y sed de paz y de perdón, de justicia y de felicidad. Otras maneras de saciarnos (el poder, el orgullo, el placer…) nos dejan con ganas de más. No pueden llenarnos.

Pidámosle al Señor que de verdad Él sea el pan que sacie nuestra hambre. Que nos dé siempre de ese pan que es su Cuerpo. Para que sepamos ver a Dios en todos los sucesos de nuestra vida.

Nuestro hermano en la fe,
Alejandro Carbajo, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

CAMBIO DE CORAZÓN Y VIDA NUEVA

"Llevar una vida espiritual requiere un cambio de corazón, una conversión.
Dicha conversión puede estar señalada por un repentino cambio interior. Pero siempre implica una experiencia interior de unicidad. Nos damos cuenta de que estamos en el centro, y de que desde allí todo lo que existe y todo lo que ocurre puede verse y comprenderse como parte del misterio de la vida de Dios con nosotros. Nuestros problemas y sufrimientos, nuestras tareas y promesas, nuestras familias y amigos, nuestras actividades y proyectos, nuestras esperanzas y aspiraciones, ya no nos parecen una fatigosa variedad de elementos que apenas podemos mantener unidos, sino más bien las declaraciones y revelaciones de una nueva vida del Espíritu en nosotros.

«Todas esas otras cosas» que tanto nos ocupan y preocupan vienen ahora como dones o retos que fortalecen y ahondan la nueva vida que hemos descubierto. Esto no quiere decir que la vida espiritual facilite las cosas o nos libere de nuestros problemas o sufrimientos. Las vidas de los discípulos de Jesús muestran claramente que el sufrimiento no disminuye por la conversión. A veces incluso se intensifica. Pero nuestra atención ya no se dirige al «más o menos».

Lo importante es escuchar atentamente al Espíritu y acudir obedientemente allí donde somos conducidos, ya sea un lugar alegre o ingrato.

La pobreza, el dolor, los problemas, la angustia, la agonía e incluso las tinieblas interiores pueden seguir siendo parte de nuestra existencia. Pero la vida ya no es aburrida, rencorosa, depresiva o solitaria, porque hemos alcanzado a descubrir que todo lo que ocurre es parte de nuestro camino hacia el Padre".

Henri Nouwen

domingo, 14 de abril de 2024

LA PRIMERA DEFENSA CONTRA LA GUERRA


Si se quiere que haya una guerra, lo primero es convencer de que es inevitable y la impunidad de Netanyahu para liquidar a 30.000 gazatíes es la peor señal posible de que el mundo ha entrado en estado de guerra. Lo primero es resignarse a que hay que armarse hasta los dientes, invertir más en armamento que en diplomacia, ensanchar las divisiones.

Sin duda, debemos ser conscientes de que, si las cosas siguen así, habrá una guerra en cuanto pasen dos ciclos de elecciones en el mundo. La guerra no pasa, la guerra se construye. Y lo hace en nuestras conciencias, formándonos para ello. Por eso, si no queremos guerra, hay que prepararse para la paz. Sociedad civil e iglesias no se han movilizado por la paz. El estado mental de guerra ha tomado la plaza pública sin oposición.

Es legítima la defensa. Con las guerras de Ucrania y Gaza se ha saltado a la robotización del armamento. Los drones comienzan ya a poder actuar autónomamente para elegir a sus objetivos. La inteligencia artificial es ahora un nuevo general en las batallas. Ante ello, nuestras defensas deben invertir en una nueva generación de armamento. ¿Invertimos en una nueva generación de herramientas para la paz?

La violencia siembra más violencia

La reciente declaración vaticana ‘Dignidad infinita’ nos recuerda que toda guerra siembra una guerra posterior. Toda solución que solo use la violencia siembra más violencia. Por eso, cualquier rearme, como el que se está produciendo en Europa, solamente es legítimo si se invierte mayor cantidad de recursos en la prevención con servicios de inteligencia, en diplomacia y en paz. Y la primera defensa ante cualquier guerra es la dignidad humana. Bajar las defensas de la dignidad humana con la pobreza, la xenofobia, el autoritarismo, la prostitución o el aborto, es atraer la guerra.



COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Tócame y mira»

Después de la resurrección, como el Señor había entrado con todas las puertas cerradas (Jn 20,19), los discípulos no creían que había recuperado la realidad de su cuerpo, sino suponían que sólo su alma había regresado bajo una apariencia corporal, como las imágenes que se presentan a los que tienen en su sueño. "Creían que veían un espíritu "...

"¿Por qué estáis turbados, y por qué tenéis pensamientos inquietantes en vuestros corazones? Ved mis manos y mis pies". Ved, es decir: estad atentos. ¿Por qué? Porque no es un sueño lo que estáis viendo. Ved mis manos y mis pies, ya que, con vuestros ojos agobiados, no podéis todavía ver mi rostro. Ved las heridas de mi carne, ya que todavía no veis las obras de Dios.

Contemplad las marcas hechas por mis enemigos, ya que todavía no percibís las manifestaciones de Dios. Tócame, para que tu mano te dé la prueba, ya que tus ojos están cegados... Descubre los agujeros de mis manos, busca en mi costado, reabre mis heridas, porque no puedo negarles a mis discípulos con vistas a la fe, lo que no les negué a mis enemigos para mi suplicio. Tocad, tocad, ahondad entre los huesos, para confirmar la realidad de la carne, y que estas heridas todavía abiertas atestiguan que son bien mías...

¿Por qué no creéis que he resucitado, yo que devolví a la vida a varios muertos ante vuestros ojos?... Cuando estaba colgado en la cruz, me insultaban diciendo: "El que salvó a otros, no puede salvarse a sí mismo. Que descienda de la cruz y creeremos" (Mt 27,40). ¿Qué es más difícil, descender de la cruz arrancando los clavos o regresar de los infiernos pisoteando la muerte? Yo mismo me salvé, y rompiendo las cadenas del infierno, subí hacia lo alto.



San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
Sermón 31, 8º sobre la Resurrección del; PL 52, 427

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 24,35-48


Evangelio según San Lucas 24,35-48
Los discípulos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Todavía estaban hablando de esto, cuando Jesús se apareció en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes".

Atónitos y llenos de temor, creían ver un espíritu,

pero Jesús les preguntó: "¿Por qué están turbados y se les presentan esas dudas?

Miren mis manos y mis pies, soy yo mismo. Tóquenme y vean. Un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que yo tengo".

Y diciendo esto, les mostró sus manos y sus pies.

Era tal la alegría y la admiración de los discípulos, que se resistían a creer. Pero Jesús les preguntó: "¿Tienen aquí algo para comer?".

Ellos le presentaron un trozo de pescado asado;

él lo tomó y lo comió delante de todos.

Después les dijo: "Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos".

Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras,

y añadió: "Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día,

y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados.

Ustedes son testigos de todo esto."


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos hermanos, paz y bien.

A veces tengo la sensación que Jesús, durante la Pascua, tuvo que sonreír a menudo. Se presentaba a sus amigos, cumplía lo que les había prometido, y sus amigos, en vez de alegrarse, se asustaban. Creen que es un fantasma. Reaccionan de tal manera que el mismo Cristo los corrige: “De qué os asustáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?” Lentos para entender lo que pasaba en sus vidas hasta el final.

Tener clara la imagen de Jesús es importante también para nosotros, cristianos del siglo XXI. Para toda la Iglesia, y para cada uno en particular. Hay tantas imágenes de Cristo, y tan distintas, que no es difícil confundirlo con un fantasma. Se nos desvanece. Se nos olvida que hablamos de una persona de carne y hueso.

Por eso, para ver a Cristo, es tan importante encontrarse en el domingo, el día del Señor. En comunidad, escuchando la Palabra del Señor y compartiendo el Pan y el Vino, podemos sentir la experiencia del Resucitado en medio de nosotros. Es que el Resucitado nunca se alejó de su comunidad, siempre ha estado con ellos. Eran los ojos de los Discípulos los que no podían verlo. Hasta que sus ojos se abren a la luz de la Pascua, y pueden verlo como es realmente. Toman conciencia de que verdaderamente ha resucitado, y que está en medio de ellos.

Una cosa podemos tener en común con los Discípulos de la comunidad de Lucas. Les pasaba como a nosotros, no acababan de ver claro. Incluso después de resucitar, Jesús tiene que seguir catequizándolos. Antes, hablaba del Reino. Ahora, convencerles de que les toca ser testigos de la resurrección. También ellos tienen que morir a sus miedos, y resucitar a la vida nueva. Convertirse en pregoneros de la Buena Nueva. Otra llamada para cada uno de nosotros. Hablar de Cristo a las personas que nos encontremos. Necesitamos tener claro Quién es Jesús para nosotros, ver la vida a la luz del Resucitado, para ayudar a los hermanos a aclarar sus imágenes de Jesús.

Hoy, como en el tiempo de los Apóstoles, las condiciones no son las mejores para descubrir a Dios. Parece, como en la barca en el lago, que hay muchas olas y parece que nos hundimos. La oscuridad del mundo (las guerras de Ucrania, de Gaza…) nos lleva a pensar que hay mucho mal y sufrimiento en nuestra tierra. Y, además, están nuestros miedos personales. Nos da miedo abrir las puertas, como a los Discípulos. No dejamos que nos conozcan como somos, por si decepcionamos, o ven en nosotros cosas que nos avergüenzan, o se descubren nuestros miedos o errores pasados… Puede que se nos olvide cómo somos de verdad. Y una de las condiciones del testigo es ser auténtico.

Jesús nos invita a superar nuestros miedos y oscuridades, para, con su ayuda, ser nosotros mismos. A ser como Dios. Porque él se hizo hombre de verdad. Hasta la muerte. Para resucitar. A sus Discípulos les ofrece pruebas muy humanas: comer con ellos y enseñarles las manos. Esas manos que les habían repartido el pan, habían expulsado demonios y acariciado niños. Manos que habían lavado sus pies, la señal de máximo amor y servicio, manos que se dejan clavar en la cruz. Así deberían ser nuestras manos, orantes, religiosas, serviciales… Jesús no tiene manos, tiene sólo nuestras manos, recuerda una oración muy conocida. Hagamos de nuestras manos unas manos como las de Jesús. Manos que no empuñan armas, como creían los que veían a Jesús como un líder guerrillero, sino que son unas manos amables, siempre abiertas, libres para acariciar y repartir amor.

Saber reconocer a Jesús, esperarlo siempre, y ver los signos de su manifestación; hacer de nuestras manos unas manos como las de Jesús, siempre abiertas y serviciales; superar nuestros miedos personales, y ser testigos auténticos con toda nuestra vida. Pueden ser los mensajes que nos deja la Palabra hoy. No los desaprovechemos.

Nuestro hermano en la fe,
Alejandro Carbajo, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

Liberación de los espíritus malignos de la pornografía

Liberación de los espíritus malignos de la pornografía


Padre Celestial, te pido que derrames la Preciosísima Sangre de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesús, ahora mismo sobre mi memoria, imaginación, emociones, poder de sentido común y poder cogitativo. Pido que estas partes sean completamente inundadas con Su Preciosísima Sangre.

En el Santísimo Nombre de Jesús y a través del poder de Su Preciosísima Sangre, ato todos los espíritus malignos que puedan haberse adherido a estas partes opimiéndolos de alguna manera, ordenándoles que me dejen ahora y vayan directo a los pies de la Cruz.

Invoco el Fuego del Espíritu Santo ahora mismo, que pase por mi memoria, imaginación, emociones, poder del sentido común y poder cogitativo. Pido que el Fuego del Espíritu Santo traiga sanación a estas partes, purificándolas, santificándolas y uniéndolas con Nuestro Señor Jesús.

Pido ahora que la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesús entre en mi corazón. Pido a Jesús que inunde completamente mi corazón ahora con Su Sangre Redentora. Si algún espíritu maligno se ha adherido a mi corazón oprimiéndolo de alguna manera, le ato ahora y le ordeno en el Nombre Santo de Jesús y a través del poder de Su Preciosísima Sangre que me dejen ahora y vayan directamente a los pies de la Cruz. Invoco al Fuego del Espíritu Santo para que entre en mi corazón. Pido el fuego del Espíritu Santo que traiga sanación a mi corazón, sanándolo, purificándolo, santificándolo y uniéndole con el Sagrado Corazón de Jesús.

Pido la gracia de la sanación para todas y cada una de las heridas y traumas emocionales de mi vida, especialmente: [nombra aquí tus heridas/traumas]. Pido que la Preciosa Sangre del Cordero de Dios y el Espíritu Santo sanen estas heridas y me traigan paz. Perdono a todos aquellos que me han hecho daño, incluidos: [nómbralos aquí]. Los perdono desde el fondo de mi corazón y pido a Dios que los bendiga. Acepto el perdón de Dios por mis propios pecados, incluidos los pecados de pornografía e impureza. Que las gracias sanadoras de Dios inunden mi corazón, me abracen y me curen.

En el Nombre de Jesús, rompo cualquier vínculo malsano con personas de mi pasado, incluidos aquellos cuyas imágenes he visto, o cualquier vínculo sacrílego en generaciones pasadas. Retiro lo que di y devuelvo lo que tomé, en el Nombre de Jesús. Que estos lazos impuros se rompan y cualquier pecado o debilidad resultante de estos lazos sea levantado y eliminado. Que todos seamos lavados y purificados en y por la Sangre Bendita del Cordero.

Pido una gracia especial de pureza por intercesión de la Virgen de Guadalupe, Santa María Magdalena y Santa María Goretti. Que Dios me sane de este vicio. En el nombre de Jesús, que yo y todos los que sufrimos este mal seamos sanados. En el Nombre de Jesús, que alcancemos y vivamos en paz.

Amén.

Adaptación del original publicado por el “Centro San Miguel para la Renovación Espiritual” – Mons. Esteban Rossetti 

sábado, 13 de abril de 2024

COMPRENDIENDO LA PALABRA


“La barca tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.”

Cristo sube a una barca. ¿No era él que enjugó el mar, amontonando las aguas por ambos lados para que el pueblo de Israel pudiera pasara a pie enjuto como por un valle? (Ex 14,29) ¿No era él que hizo pasar a Pedro por encima de las aguas, haciendo que las olas formaran un suelo firme y sólido debajo de sus pies? (Mt 14,29)

Cristo sube a la barca. Cristo, para atravesar el mar de este mundo hasta el final de los tiempos, sube a la barca de su Iglesia para conducir a los que creen en él hasta la patria del cielo por una travesía apacible, y hacer de aquellos con quien compartió la condición humana, ciudadanos de su reino. Cristo, ciertamente, no tiene necesidad de la barca, pero la barca necesita a Cristo. Sin este timonero celestial, en efecto, la barca de la Iglesia, agitada por las olas, no llegaría nunca a puerto seguro.



San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
Sermón 50, 1.2.3; PL 52, 339-340)

Aunque todo grite en contra

Juan 6,16-21
San Martín I, Papa y mártir - Memoria (13 de abril de 2024) -

“Ya estaba oscuro y Jesús aún no había venido a ellos. El mar estaba agitado, porque soplaba un viento fuerte ”. No nos engañemos, tarde o temprano llega la oscuridad para todos y las tormentas son inevitables. El problema, por tanto, no es pasarse la vida intentando esquivar los problemas, sino recordar cómo vivir en medio de las tormentas. La dificultad que ponen los discípulos es creer que Jesús es más fuerte que las tinieblas y la tormenta.

A menudo nos convencemos de que, en última instancia, el mal es más fuerte que el bien . Basta leer los periódicos y echar un vistazo a las noticias: violencia, abusos, tragedias, guerras, desastres. La sensación es que estamos en una oscuridad irreversible. Sin embargo, un cristiano sabe bien que Jesús tiene el poder de caminar sobre el misterio del mal. Sabe hacerse espacio aunque todo grite en su contra. “Después de haber remado unas tres o cuatro millas, vieron a Jesús caminando sobre el mar acercándose a la barca, y tuvieron miedo. Pero él les dijo: «Soy yo, no temáis». Si olvidamos que no estamos solos cuando todo se vuelve difícil y oscuro, entonces la desesperación se apodera de nosotros. Pero si recordamos que pase lo que pase el Señor está con nosotros, entonces experimentaremos una paz que nadie en el mundo podrá darnos: "Entonces quisieron meterlo en la barca y rápidamente la barca tocó la orilla a la que se dirigían".

Un cristiano debe poder ofrecer siempre el testimonio de su esperanza . No es inmune a las tormentas, pero sabe que la fe puede ayudarle a no desesperarse nunca. Él siempre sabrá "esperar contra toda esperanza".

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 6,16-21


Evangelio según San Juan 6,16-21
Al atardecer, sus discípulos bajaron a la orilla del mar

y se embarcaron, para dirigirse a Cafarnaún, que está en la otra orilla. Ya era de noche y Jesús aún no se había reunido con ellos.

El mar estaba agitado, porque soplaba un fuerte viento.

Cuando habían remado unos cinco kilómetros, vieron a Jesús acercarse a la barca caminando sobre el agua, y tuvieron miedo.

El les dijo: "Soy yo, no teman".

Ellos quisieron subirlo a la barca, pero esta tocó tierra en seguida en el lugar adonde iban.


RESONAR DE LA PALABRA

“Soy yo, no tengáis miedo”

Sería bueno escuchar del Señor su “no tengáis miedo” Al decirnos “no temas” es como si nos dijera “ten confianza”. Esa palabra llega a nuestro corazón y se hace salvación. El Señor es como si nos dijera: no temas tomarte ningún trabajo para guardar tu vida, para enterrar tus dones, para desaten dr a lss personas que se te han confiado. Es como si oyésemos: “recibe la misión de Dios”, “déjate conducir por él”

Podemos ir sintiendo las “no temas” del señor. No temas acercarte a su Palabra. No temas denunciar las injusticias. No tenas ser sometido a una prueba. No temas. No temas “pequeño rebaño”. El Señor guía tus pasos. El no temas del Señor, se convierte en un “anímate”, “ten confianza”, “ten ánimo” a recibir la fuerza de Dios que es vida.

La seguridad no está en nosotros sino en el aliento que da la palabra del Resucitado que acompaña y calma nuestras tormentas. 

 Salvador León

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 12 de abril de 2024

Primeros cristianos y la oración

LA ORACIÓN EN LOS PRIMEROS CRISTIANOS
¿COMO HACÍAN ORACIÓN?


La oración cristiana hay que situarla en línea de continuidad con la tradición orante del pueblo de Israel. Lógicamente los cristianos van a estar muy vinculados a la oración de Jesús, puesto que el mismo Señor les indicó la forma de hacerlo, cuando se lo pidió uno de sus discípulos y les enseñó el Padrenuestro (Lc 11, 1-4).


Como textos representativos de la primitiva oración cristiana figura lo dispuesto en la Didaché donde se señala un criterio oracional distinto de la praxis judaica y se hace hincapié en seguir la recitación de Padrenuestro, «como mandó el Señor en su Evangelio (…). Así orad tres veces al día» (Did., VIII, 2-3). En la misma Didaché encontramos, a continuación, unas oraciones de acción de gracias, que debieron formar parte de la plegaria eucarística de una comunidad judeocristiana (Did., IX-X).

La Carta a los Corintios de san Clemente Romano termina con una larga oración de clara textura eucarística (Ad Cor. LIX-LXI). Un carácter más dramático nos ofrece la breve oración pronunciada por san Policarpo poco antes de consumar su martirio (Mart. Poly., 14).

De los testimonios que acabamos de presentar, aunque existen motivos y contenidos diversos en la oración cristiana, el cañamazo literario sobre el que se expresa es el de la berekah, la bendición judía, cuyo esquema comprendía una invocación divina –recuerdo de las intervenciones divinas del A. Testamento–, y una doxología.

Otra observación que aflora inmediatamente es que se mantiene la tradición de la plegaria horaria judía (mañana, mediodía y tarde), pero se cambia el contenido; no será el Shemá Israel («escucha Israel») (Dt 6, 4-7), sino el Padrenuestro. Otro tanto se podría decir de las celebraciones dominicales de la eucaristía, atestiguadas por san Justino (I Apol., LXVII, 3), que recuerdan las del shabat judío.

En el momento de amanecer y al caer la noche, el cristiano se recoge en oración, medita la Escritura o canta un salmo (Tertuliano, De orat., 23). También era una herencia judía la oración de bendición antes de las comidas (Tertuliano, De orat., XXV, 4). Se puede decir que el carácter religioso de mesa era tal que los cristianos excluían de ella a los paganos.

Si fijamos nuestra atención en naturaleza de la oración cristiana, Clemente de Alejandría, no sin cierta vacilación, nos la definirá como trato o «conversación con Dios» (Strom., VII, 39, 6). De ahí que la oración, por muy vocal que sea, requerirá siempre la atención de la mente de quien la recite, precisamente por ser una forma de interlocución. Al verdadero sabio cristiano (gnostikós) las oraciones cotidianas se convierten en camino que lleva a la contemplación. Escuchemos de nuevo a Clemente:

«También sus ofrendas son plegarias, alabanzas, lecturas de la Escritura antes de la comida, salmos e himnos para las comidas y antes del descanso, y de nuevo plegarias por la noche. Con esto él [el sabio] se une al divino coro, inscribiéndose para una contemplación eterna por su constante recuerdo (…). Reza de cualquier modo y en todos los sitios: en el paseo, en la conversación, en el descanso, durante la lectura y en las tareas intelectuales; y aunque sólo reflexionara en el aposento, sin embargo, Él esta cerca e incluso delante del que conversa» (Strom., VII, 49, 4-7).


Como Clemente, Orígenes está también profundamente convencido de que la vida del cristiano ha de ser una continua oración, dentro de la cual la oración diaria tiene un lugar insustituible (De orat., XII, 2). El gran pensador alejandrino escribe un breve tratado Sobre la oración, en el que comenta el Padrenuestro y da valiosos consejos para hacer mejor la oración.


Sugiere para que la oración sea fructuosa, tener como disposición inicial una actitud que la lleve al apartamiento constante del pecado y al empeño incesante de liberarse de las afecciones y pasiones. Como actitud positiva aconseja situarse en la presencia de Dios:

«Es sumamente provechoso al pretender hacer oración ponerse –durante toda ella– en actitud de presencia de Dios y hablar con Él como quien está presente y lo ve. Pues así como ciertas fantasías recordadas por nuestra memoria suscitan pensamientos que surgen cuando aquellas se contemplan en el ánimo, así también hay que creer será útil el recuerdo de Dios que está presente y que capta todos los movimientos, aún los más leves, del alma mientras ésta se dispone a sí misma para agradar a quien sabe que está presente, y que va y examina el corazón, y que escruta las entrañas.

Pues en la hipótesis de que no recibiese otra utilidad quien así dispusiera su mente para la oración, no se ha de considerar pequeño fruto el hecho mismo de haber adoptado durante el tiempo de la oración una actitud tan piadosa» (De orat., VIII, 2).

Con estas disposiciones previas, la oración de cristiano se debe desarrollar en una ascensión gradual. El primer escalón está representado por la oración de petición. Otro grado de oración es el de quien acompaña la alabanza de Dios con la oración de petición. El punto más alto del orar cristiano se alcanza en la oración interior, sin palabras, que une al alma con su Dios (Orígenes, In Num. hom., X, 3).

Orígenes no sólo era un excelente biblista y un gran teólogo, sino que como subraya Benedicto XVI: «A pesar de toda la riqueza teológica de su pensamiento, nunca lo desarrolla de un modo meramente académico; siempre se funda en la experiencia de la oración, del contacto con Dios».

Su doctrina sobre la oración contribuyó decisivamente a fomentar la piedad en el Oriente cristiano, especialmente en el mundo monástico, a partir del siglo IV. También influirá en la mística de Occidente, a través, sobre todo de san Ambrosio.

En el Occidente surgen igualmente tratados sobre la oración, que son comentarios al Padrenuestro, debidos a la pluma de dos autores latinos, Tertuliano y Cipriano. Coinciden con los alejandrinos en la necesidad de orar y en las disposiciones del alma, pero difieren al centrarse más en la nueva forma de oración, que enseñó Cristo y sólo los cristianos conocen, porque sólo ellos tienen a Dios por Padre (Tertuliano, De orat., 2). San Cipriano sitúa al cristiano que reza el Padrenuestro en el contexto de la filiación divina. Escuchemos lo que nos dice:

«Oremos, hermanos amadísimos, como Dios, el Maestro, nos ha enseñado. Es oración confidencial e íntima orar a Dios con lo que es suyo, elevar hasta sus oídos la oración de Cristo. Que el Padre reconozca las palabras de su Hijo, cuando rezamos una oración» (De orat. dominica., 3).

 

LA POSTURA AL REZAR

Las posturas que utilizaban los primeros cristianos para orar eran variadas y estaban inspiradas en la Biblia: de pie, de rodillas, inclinado y en postración. La forma más común es la del «orante», que aparece en numerosas representaciones iconográficas, a partir de los primeros siglos.

Tertuliano le da a esta manera de orar un valor de símbolo, porque imita al Señor sobre la cruz (De orat., 18-25). Por su parte, Orígenes prefiere esta postura orante:

«Siendo innumerables las posiciones del cuerpo, la postura de manos extendidas y ojos alzados ha de preferirse por reflejar así la misma disposición corporal una como imagen de las disposiciones interiores que son convenientes al alma en la oración. Y decimos que esta es la postura que se ha de guardar, si no hay alguna circunstancia que lo impida» (Orígenes, De orat., XXXI, 2).

La postura de poner las manos juntas no se empleaba en la Antigüedad, es un gesto de origen germánico de carácter feudal que el vasallo hacia a su señor, y que en la Edad Media se incorporaría en algunos usos litúrgicos.


La oración dirigida a Cristo se muestra, especialmente, en la orientación que adoptan los cristianos, a comienzos del siglo II, y que se impone ampliamente en Oriente y Occidente, durante el siglo III. Se ora vuelto al Oriente, porque de Oriente se espera que venga de nuevo Cristo, y en Oriente está el paraíso, anhelado por todos los cristianos. No hay que olvidar que la “luz viene del Oriente” (Ex oriente lux), y que esa luz la entendían los primeros fieles como referida específicamente a Cristo (Jn 3, 9. 19; 8, 12; 12, 46).

A la «orientación» se añade, ya desde el siglo II, la práctica de orar ante una cruz, que se coloca en la pared (en madera o pintada), de forma que quien vaya a rezar esté de cara al Oriente. La cruz como signo glorioso precederá al Señor en su segundo advenimiento desde el oriente. El uso de la señal de cruz estaba  muy arraigado entre los primeros creyentes. A finales del siglo II, Tertuliano escribía:

«En todos nuestros viajes, en nuestras salidas y entradas, al vestirnos y al calzarnos, al bañarnos y sentarnos a la mesa, al encender las luces, al irnos a la cama, al sentarnos, cualquiera que sea la tarea que nos ocupe signamos nuestra frente con la cruz» (De cor., 3).

En resumen, podríamos decir que hacer este signo es ya hacer oración. O mejor, dicho por Benedicto XVI:

«Hacer la señal de la cruz (…) significa decir un sí público y visible a Aquél que murió y resucitó por nosotros, a Dios, que en la humildad y debilidad de su amor, es el Todopoderoso, más fuerte que todo el poder y la inteligencia del mundo».

Domingo Ramos Lisson