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lunes, 3 de junio de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 12,1-12


Evangelio según San Marcos 12,1-12
Jesús se puso a hablarles en parábolas: "Un hombre plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero.

A su debido tiempo, envió a un servidor para percibir de los viñadores la parte de los frutos que le correspondía.

Pero ellos lo tomaron, lo golpearon y lo echaron con las manos vacías.

De nuevo les envió a otro servidor, y a este también lo maltrataron y lo llenaron de ultrajes.

Envió a un tercero, y a este lo mataron. Y también golpearon o mataron a muchos otros.

Todavía le quedaba alguien, su hijo, a quien quería mucho, y lo mandó en último término, pensando: 'Respetarán a mi hijo'.

Pero los viñadores se dijeron: 'Este es el heredero: vamos a matarlo y la herencia será nuestra'.

Y apoderándose de él, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

¿Qué hará el dueño de la viña? Vendrá, acabará con los viñadores y entregará la viña a otros.

¿No han leído este pasaje de la Escritura: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular:

esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos?".

Entonces buscaban la manera de detener a Jesús, porque comprendían que esta parábola la había dicho por ellos, pero tenían miedo de la multitud. Y dejándolo, se fueron.


RESONAR DE  LA PALABRA


Jesús cita una frase de las Escrituras: “la piedra que despreciaron los constructores es ahora la piedra principal” Aquellos constructores sabían lo importante que era escoger bien las piedras principales para levantar la casa y sostener la casa, seleccionan la mejores

Jesús, piedra angular será despreciado por las autoridades que, al escucharle, se daban cuenta de que la comparación que hacía Jesús iba dirigía a ellos, que planeaban la muerte, pero no podían arrestarlo por temor a la gente.

Así vemos que el corazón de la gente sencilla suele estar más abierto a las novedades de Dios, pero cuando tenemos algún poder, sea económico, intelectual, político, religioso, nos aferramos a esa seguridad falsa, hasta el punto de que ya no recibimos con apertura los mensajes de Dios. Pretender construir comunidades cristianas con otras piedras es un error, un pecado. ¿Sabremos hoy ser instrumentos de Cristo, servidores de su viña, no la nuestra?

Cordialmente

Salvador León, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 2 de junio de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 14,12-16.22-26.


Evangelio según San Marcos 14,12-16.22-26.
El primer día de la fiesta de los panes Acimos, cuando se inmolaba la víctima pascual, los discípulos dijeron a Jesús: "¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la comida pascual?".

El envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan a la ciudad; allí se encontrarán con un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo,

y díganle al dueño de la casa donde entre: El Maestro dice: '¿Dónde está mi sala, en la que voy a comer el cordero pascual con mis discípulos?'.

El les mostrará en el piso alto una pieza grande, arreglada con almohadones y ya dispuesta; prepárennos allí lo necesario".

Los discípulos partieron y, al llegar a la ciudad, encontraron todo como Jesús les había dicho y prepararon la Pascua.

Mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: "Tomen, esto es mi Cuerpo".

Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, y todos bebieron de ella.

Y les dijo: "Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos.

Les aseguro que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios".

Después del canto de los Salmos, salieron hacia el monte de los Olivos.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos, paz y bien.

No hay descanso en la Liturgia, en este tiempo ordinario. La Ascensión, la Santísima Trinidad, y hoy el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Hay oportunidades, pues, para profundizar en nuestra fe.

Hoy se nos presenta para la reflexión el Cuerpo y Sangre de Cristo. Celebramos hoy un misterio de la fe: la gran fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor. Sólo se puede comprender cuando conocemos la vida de Jesús. Porque su vida fue una continua entrega de sí. Y la muerte fue la entrega de sí llevada hasta el final, hasta el extremo: nadie ama tanto como el que da la vida por los amigos. Toda esa vida y toda esa muerte están condensadas en cada una de nuestras celebraciones eucarísticas.

El relato del Éxodo nos recuerda la Alianza del Antiguo Testamento, que comenzó el largo camino hasta la Alianza Nueva del mismo Jesucristo. Se ve que Dios lo tenía todo previsto, desde el comienzo hasta el final de los tiempos.

En esa lectura, el pueblo de Israel hasta dos veces promete cumplir todo lo que Moisés les presenta. Para hacer más patente ese acuerdo, se ponen por escrito esas palabras. Las Tablas de la Ley. Las reglas de vida del pueblo elegido. Sabemos, por las Sagradas Escrituras, que pronto se apartaron de ellas. Se entregaron a otros dioses, y rompieron con su Dios, y sufrieron múltiples penalidades. Y Dios, por lo visto, lo permitía.

¿Cuál era el plan de Dios? Según los profetas, sobre todo Jeremías, (Jer 31, 33) Dios promete hacer una Nueva Alianza, que no sería necesario escribir ya en piedra, porque estaría impresa en el corazón de cada hombre. De esta manera, no serían necesarias normas externas, porque todo saldría del corazón. Interiorizar el mensaje, se dice ahora. Sin prisa, pero sin pausa. Día a día, año a año.

Nosotros hemos hecho también un pacto con el Señor. Mejor, él lo ha hecho con nosotros. Nos ha elegido y sólo nos pide que seamos fieles, como Él es fiel. Que seamos santos, como Él es santo. Y, como el pueblo de Israel, también faltamos a ese pacto con relativa frecuencia. Menos mal que Dios sí es fiel, guarda siempre su alianza. Nos ofrece una nueva vida, como la que recibieron los hebreos, después de la salida de Egipto, para vivir según Dios. Y nos ha dado la máxima señal de este amor: a su propio hijo.

La segunda lectura es el recordatorio de que ya no hace falta la sangre de los animales, porque, para el perdón de los pecados, disfrutamos de la sangre del mismo hijo de Dios, Jesucristo, que se nos ofrece cada vez que participamos de la Santa Misa. En ese sacrificio incruento, podemos recibir el perdón de nuestros pecados y siempre es posible renovar la alianza con nuestro Dios. Recuperamos la unión que, por nuestros pecados y debilidades, perdemos a menudo. Y lo hacemos “simplemente” con el arrepentimiento y el deseo de seguir adelante.

La Eucaristía, pues, es nuestra posibilidad de recuperar la alegría. Y, revitalizados, debe llevarnos a la misión. El Señor, antes de marchar al cielo, nos dijo “Id”. Desde entonces, los cristianos, hemos aprendido la siguiente lección: no nos podemos detener. El Señor nos aguarda en el horizonte; nos espera en el compromiso activo y sin límites en pro de un mundo mejor. Debemos compartir con los demás nuestra felicidad, al estilo de Jesús, es decir:

* Reconciliar a los hombres con su pasado, consigo mismo, para que se sientan y vivan como hijos de Dios, pues lo son.

* Ponerse siempre de parte del pobre, del que es marginado por la mayoría, del que no tiene derechos, del que menos pinta.

* Consolar, curar, apoyar, alimentar, dar libertad a los que creen que el sufrimiento tiene la última palabra.

* Buscar la soledad, lo escondido para encontrarse con el Padre y sentirse amado sin condiciones; perdonado porque sí; pacificado y fortalecido porque Dios es así. Porque sabe que somos de barro. Y ante las caídas y desesperanzas, sólo tiene una pregunta que hacernos: ¿Me amas?

* Ser constructores de la gran familia del Padre, hermanos todos en Cristo y hermanos todos en el Espíritu.

Este es el proyecto del Padre. Comer a Jesús que es pan es hacerse uno con él, dejar que su vida corra por nuestras venas; dejarle que ore en nosotros; amar y consolar con nuestro corazón y nuestras manos; ir por los mismos caminos por donde él gustaba meterse; mirar con sus ojos limpios a los hombres; experimentar con él que las cosas no dan la felicidad y que los pobres y despojados por amor estarán más cerca de Dios y de los hombres.

Esto es comulgar. Ofrecernos a él. Pero contar también con su ayuda, porque sin mí no podéis hacer nada. Pentecostés nos lo dejó claro, con la promesa del Espíritu. Y es también una garantía de felicidad presente y futura. Acerquémonos, pues, hasta su mesa, ofrezcámosle nuestras personas y recibamos el regalo de felicidad y vida eterna que nos tiene reservado.

Nuestro hermano en la fe,
Alejandro Carbajo, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 1 de junio de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 11,27-33


Evangelio según San Marcos 11,27-33
Y llegaron de nuevo a Jerusalén. Mientras Jesús caminaba por el Templo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos se acercaron a él

y le dijeron: "¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién te dio autoridad para hacerlo?".

Jesús les respondió: "Yo también quiero hacerles una sola pregunta. Si me responden, les diré con qué autoridad hago estas cosas.

Díganme: el bautismo de Juan, ¿venía del cielo o de los hombres?".

Ellos se hacían este razonamiento: "Si contestamos: 'Del cielo', él nos dirá: '¿Por qué no creyeron en él?'.

¿Diremos entonces: "De los hombres'?". Pero como temían al pueblo, porque todos consideraban que Juan había sido realmente un profeta,

respondieron a Jesús: "No sabemos". Y él les respondió: "Yo tampoco les diré con qué autoridad hago estas cosas".


RESONAR DE LA PALABRA

Querido amigo/a:

¿Quién te ha dado permiso para actuar así, para hacer lo que haces? ¿De qué vas? ¿Con qué autoridad haces eso? Son las increpaciones que le hacen a Jesús los que llenos de ira y envidia, lo rechazan frontalmente. Sin embargo, no consiguieron que Jesús claudicara de su misión ni dejara de hacer aquello por lo que había venido al mundo.

Que nadie coarte tu libertad, que nadie impida impida que puedas realizar tus mejores sueños, que nadie te quite la ilusión. Si tu actuar es bueno, si nace del amor, si es para el bien de los demás, aunque cuestione todos los sistemas y todas las tradiciones, es semilla del Reino de Dios. Jesús fue un hombre libre, nada ni nadie, como puedes observar en el evangelio de hoy, le impidió cumplir la voluntad de su Padre.

San Justino, el mártir que hoy recuerda la liturgia, también fue un hombre libre. nos cuenta que tuvo un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, luego del cual, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde enseñaba gratuitamente a los alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año 165,

Ser libre como tú Jesús, ser valiente, decidido, confiado; aunque nadie me entienda, aunque los míos no me comprendan, aunque no sea políticamente correcto, aunque sea motivo de burla o me señalen con el dedo. Quiero ser instrumento de tu amor para que a través mía puedas realizar tu sueño sobre este mundo. ¿Qué de qué voy? Voy de la voluntad del Padre.

Nuestro hermano en la fe:

Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 31 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,39-56


Evangelio según San Lucas 1,39-56
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.

Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.

Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,

exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?

Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.

Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

María dijo entonces: "Mi alma canta la grandeza del Señor,

y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador,

porque él miró con bondad la pequeñez de tu servidora.

En adelante todas las generaciones me llamarán feliz".

Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas:

¡su Nombre es santo!

Su misericordia se extiende de generación en generación

sobre aquellos que lo temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.

Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos

y despidió a los ricos con las manos vacías.

Socorrió a Israel, su servidor,

acordándose de su misericordia,

como lo había prometido a nuestros padres,

en favor de Abraham y de su descendencia para siempre".

          María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.


RESONAR DE LA PALABRA


Querido amigo/a:

Tu casa es tu espacio vital, el lugar donde estás a gusto y en paz, a donde te apetece llegar después de una jornada ajetreada, tu lugar de descanso, donde nadie te molesta. Tu casa es como un templo, un lugar tranquilo, tuyo, íntimo. Pues bien, a tu casa, a ti, llega hoy la Madre De Dios, María. Celebramos la fiesta de la Visitación a su prima Isabel. Celebramos que María quiere entrar en nuestra casa para traernos la Buena Noticia de su Hijo.

Al igual que Isabel, también nosotros podemos quedarnos sorprendidos: “¿quién soy yo para que me viste la Madre de mi Señor?” Pero seríamos, a su vez, muy ingratos si no fuéramos capaces de recibirla en nuestra casa, en nuestra intimidad.

En esta fiesta de la Visitación, recordamos que tenemos una Madre en la fe que nos ayuda a encontrar a Jesús, pues donde está la Madre, ahí está su Hijo. Por ello nos acogemos siempre a su intercesión, siendo nuestro modelo de fe: “haced lo que Él os diga” nos dirá en las bodas de Caná.

Si el cristianismo fuese una ideología, una ideología no necesita a una madre, pero como el cristianismo es el encuentro con la persona de Jesucristo, los cristianos necesitamos a la Madre para encontrarnos con el Hijo.

Ven María a mi casa, visítame con tu amor de madre, ayúdame a seguir a tu hijo para que mi alma también proclame “su grandeza”, en la bella oración del Magníficat que hoy recordamos y “se alegre mi espíritu en Dios mi salvador”.

Nuestro hermano en la fe:

Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 30 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 10,46-52


Evangelio según San Marcos 10,46-52
Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino.

Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!".

Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!".

Jesús se detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le dijeron: "¡Animo, levántate! El te llama".

Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él.

Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". El le respondió: "Maestro, que yo pueda ver".

Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino.


RESONAR DE LA PALABRA


Querido amigo/a:

Si el Señor te preguntara: “¿qué quieres que haga por ti? ¿Cuál sería tu respuesta? Piénsalo bien antes de contestar, porque tienes que saber que la fuerza de su gracia no tiene obstáculos, que su amor puede transformar las zonas más endurecidas de tu corazón.

En la secuencia del evangelio de hoy, el ciego de nacimiento le pide ver; mejor dicho, le gritaba, le suplicaba por encima de las voces que lo increparan para que callase. Lo hacía porque tenía fe en Jesús, y esa fe le llevó a la oferta de Jesús, al qué quieres que haga por ti.

También nosotros necesitamos aclarar la vista, como la del ciego Bartimeo, y nos oramos hoy con su petición: “Señor, que vea”. Y si el Señor nos pregunta: “¿qué quieres ver? “Podríamos contestarle: Señor, quiero ver la belleza de la vida, la bondad de todo lo creado, las miles de señales que me hablan de Ti. No quiero ser ciego a estas realidades. Quiero ver las posibilidades que me da la vida para ser feliz, para amar, para hacer el bien, para vivir cada día con toda la fuerza e intensidad posibles, siendo consciente de que cada vez que me despierto Tú me regalas un día para que lo disfrute a tope. Quiero ver lo positivo y lo mejor de mis hermanos.

El apóstol San pedro en la primera lectura de hoy nos recuerda que estamos llamados a mirar más allá: “vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.”

No permitas Señor que la tiniebla se instale cual catarata en mi retina emborronando todo lo que vea, destruyendo la alegría de mi corazón. Ayúdame a ver cómo tu ves: con amor, con compasión, con paciencia, con cariño, con mucha luz. Señor quiero ver, quiero verte.

Nuestro hermano en la fe:

Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 29 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 10,32-45


Evangelio según San Marcos 10,32-45
Mientras iban de camino para subir a Jerusalén, Jesús se adelantaba a sus discípulos; ellos estaban asombrados y los que lo seguían tenían miedo. Entonces reunió nuevamente a los Doce y comenzó a decirles lo que le iba a suceder:

"Ahora subimos a Jerusalén; allí el Hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos:

ellos se burlarán de él, lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Y tres días después, resucitará".

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir".

El les respondió: "¿Qué quieren que haga por ustedes?".

Ellos le dijeron: "Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria".

Jesús les dijo: "No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?".

"Podemos", le respondieron. Entonces Jesús agregó: "Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo.

En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados".

Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.

Jesús los llamó y les dijo: "Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.

Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;

y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.

Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".


RESONAR DE LA PALABRA

Querido amigo/a:

Subir cuestas es complicado, sobre todo cuando se alcanzan ciertas edades, pues las articulaciones se resienten y el corazón no tiene la misma fuerza que en la juventud. La vida también tiene sus cuestas, sus momentos de dificultad, retos que no nos apetece afrontar pero que, a su vez, no podemos eludir.

Ya sabemos por experiencia que no todas las etapas de la vida son llanas y placenteras como un camino de rosas. A estos momentos malos en lenguaje creyente los llamamos: “subir a Jerusalén”, porque es lo que tuvo que hacer Jesús para ser entregado en manos de los poderosos y afrontar así su pasión y muerte; es lo que nos recuerda el Evangelio de hoy y nos reafirma la primera carta del apóstol Pedro: “fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un cordero sin mancha, Cristo”.

Subir es difícil, evidentemente es más fácil caminar en llano que subir las cuestas de la vida. Pero cuando te toque afrontar la cuesta arriba, porque te llegará aunque no te guste, no olvides que no estás solo. Jesús sube contigo, a tu lado, dándote su mano para que te apoyes en Él. Jesús sabe por propia experiencia lo que es subir tramos difíciles. No sólo te acompaña, te pide que también ayudes a otros a subir las suyas, que de vez en cuando te pongas el último por la vida para alentar a los que están rezagados, a los que no pueden más y necesitan una mano amiga. No olvides que nunca estás solo en la subida, que Jesús sube contigo.

Nuestro hermano en la fe:

Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 28 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 10,28-31



Evangelio según San Marcos 10,28-31

Pedro le dijo a Jesús: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido".

Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia,

desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna.

Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros".


RESONAR DE LA PALABRA


Querido amigo/a:

Tener y acumular es una práctica mundana que contradice la dinámica evangélica de dejar y desprenderse. Muchos se afanan en su vida en alcanzar metas a golpe de acumular, como si esto fuera garantía de realización personal y felicidad. Pero a poco que te pongas a analizar, te das cuenta de que tener y acumular no llena tu vacío existencial.

En la respuesta que Jesús da hoy a los que le siguen, nos recuerda a todos donde está la clave de una vida realizada: quien deja, recibe cien veces más, se realiza y encuentra. Porque cuando más das, más recibes. Y a la inversa.

¿Cuál es el precio que estás dispuesto a pagar por seguir al Maestro? ¿Qué te cuesta dejar? La dinámica del evangelio es muy sencilla, pero a la vez, muy contra corriente: cuanto más acumulas y ahorras, más pobre eres, porque recibes menos ya en esta vida. Si no te entregas, no arriesgas, no sales de tu zona de confort, no saltas en paracaídas y no vives ninguna aventura; tu vida es pura monotonía, aburrida como una seta, sin novedades interesantes, un rollo. Sin embargo, cuanto más arriesgas, más das; cuanto más apuestas y más vuelas, más experiencias llenas de vida recorres, a más gente conoces, más aire de Dios se mueve dentro de ti, más rico eres. Al revés que en la lógica del mentalidad actual.

El apóstol Pedro, en la primera lectura de hoy, nos anima a: “estad interiormente preparados para la acción, controlándoos bien, a la expectativa del don que os va a traer la revelación de Jesucristo”. No le falta razón, dejar para seguir mejor a Jesús requiere una actitud de esfuerzo que debe ser animada por el Espíritu Santo. Se trata de dejarse llevar y confiar.

A Dios no le gana nadie en generosidad. Si tú le das tres, Él te lo multiplica por cien. ¡Pruébalo!

Nuestro hermano en la fe:

Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 27 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 10,17-27


Evangelio según San Marcos 10,17-27
Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?".

Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno.

Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre".

El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud".

Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".

El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.

Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".

Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!.

Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios".

Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".

Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible".


RESONAR DE LA PALABRA

Querido amigo/a:

¿Qué haré para heredar la vida eterna? ¿Qué puedo hacer para ser mejor, para ofrecer a los demás la mejor versión de mis mismo/a? Es la pregunta que un joven le dirige al Señor en el Evangelio de hoy. La respuesta de Jesús es sencilla: “vende”. Vende porque tu corazón puede estar lleno de muchas cosas que te impiden acoger mejor al Señor y necesitas hacerle hueco para que pueda instalarse con más comodidad.

Cuando llega el buen tiempo, cambias tu ropero guardando la ropa de invierno y recolocando la de verano. Al hacer esta operación, aprovechas para llevar a la parroquia o a un punto de recogida aquellas prendas que ya están viejas o pasadas de moda. Te desprendes y tiras cosas porque tienes mucho y no te cabe en el armario.

En la vida espiritual sucede lo mismo. Demasiados ídolos quieren ocupar el centro de tu corazón. Seguramente eres bueno o buena, como el joven del evangelio de hoy: no matas, ni extorsionas, ni has secuestrado a nadie, pero algunos diosecillos como pueden ser el orgullo, la imagen, el poder, la apariencia, etc., no dejan que el Señor pueda ser tu auténtico Señor. No puedes cristificarte más porque no hay sitio en tu interior. Dile hoy a Jesús que te ayude a desprenderte de los ídolos que te estorban. Él siempre te mira con cariño, como al joven del Evangelio de hoy, pero te quiere más suyo/a y para ello necesita más espacio en tu corazón.

El apóstol San Pedro, en la primera lectura de hoy, nos recuerda que Dios: “nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva”. Y el salmo 110 en la antífona que hoy rezamos nos dice por qué lo hace: “el Señor recuerda siempre su alianza”; es decir, no nos abandona, no se cansa de apostar por nosotros, de ofrecernos su gracia para que sigamos creciendo.

Despréndete de todo aquello que en tu interior ocupa demasiado espacio y no deja sitio al Señor para que habite más en ti. ¡Vende!

Nuestro hermano en la fe:

Juan Lozano, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 26 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 28,16-20


Evangelio según San Mateo 28,16-20
En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.

Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.

Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.

Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,

y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos, paz y bien.

Estamos en el tiempo ordinario, pero la Liturgia no nos da reposo. El lunes pasado, con la memoria de Santa María, Madre de la Iglesia. Y hoy, con la solemnidad de la Santísima Trinidad. Para que no nos relajemos.

Meditar acerca de la Trinidad significa intentar comprender cómo es nuestro Dios. Sabemos que a Dios no podemos verlo, pero eso no significa que no se manifieste. Cristo ha sido la manifestación definitiva de Dios. Él es el rostro del Padre. Y en sus palabras, en sus gestos, podemos ver cómo actúa, como siente nuestro Dios. Por ejemplo, en sus predicaciones. Cuando nos recordó que Dios hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace que llueva para los justos y para los pecadores, o cuando declaró si vosotros, que no sois un prodigio de bondad, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que se lo piden! También las parábolas de la oveja perdida (dejar a 99 para buscar a una), de la moneda perdida o del hijo pródigo (o del padre misericordioso, como algunos exégetas la denominan).

En la vida de Jesús también hay gestos que nos recuerdan la forma de ser de su Padre. Como cuando se acerca al publicano Mateo, a la mujer samaritana o Zaqueo. El dejad que los niños se acerquen a mí, los milagros, tanto las sanaciones como las revivificaciones y, finalmente, su muerte en la cruz, como culmen de su vida entregada y cercana.

De esa cercanía habla la primera lectura. El pueblo de Israel, en el destierro, se pregunta por qué han llegado a esa situación, si eran el pueblo elegido. Están deprimidos, desorientados, y unas palabras de aliento no vienen mal. Lo que nos cuenta el autor del Deuteronomio es que nuestro Dios no es como los “dioses” de Grecia o de Roma, que vivían en las alturas y se divertían viendo como los hombres, seres inferiores, sufrían y morían, incapaces de alcanzar ese cielo ansiado.

El Dios de Israel es un Dios cercano, que siempre está presente en la historia, que da segundas (y terceras y cuartas y las que haga falta) oportunidades y muestra cómo remediar los errores que, muy a menudo, cometían los fieles. Por eso, no debían perder la alegría, porque no hay nada tan terrible que no pueda perdonarse.

Ese Dios, Uno y Trino, que es comunidad, que es diálogo, Él mismo busca a su pueblo, lo ayuda a salir de Egipto, lo lleva a la Tierra Prometida, y promete habitar en medio de ellos. Pero no solo eso. La segunda lectura habla de ser hijos de Dios. Ya no solo tener a un vecino todopoderoso, sino que es nuestro Padre. Y, como hijos de Dios, tenemos acceso a una herencia de vida eterna. Herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con Él para ser también con Él glorificados. Casi nada. Hay que dejarse llevar por ese Espíritu, para estar en la sintonía de Dios.

A los Discípulos les costó sintonizar con ese espíritu de Dios. Al ver a Jesús, algunos vacilaban. Pero a todos el Señor les dice que tienen una misión, la misión de continuar su obra. Y esa misión se debe concretar en una serie de acciones, con el poder en el cielo y en la tierra del mismo Jesús. La petición de Jesús es especial. “Id”, es la primera parte. El Papa Francisco nos habla a menudo de la Iglesia en salida. No hace falta esperar a que los demás vengan a nosotros. Somos nosotros los que debemos ponernos en marcha. Movidos por el Espíritu de Dios, hay que hablar del amor que Él nos tiene. Para que todos sepan que son hijos del mismo Dios.

El segundo momento es “haced discípulos de todos los pueblos”. La carta a los Romanos (Rom 10, 13-15) nos dice que todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados? Como dice la Escritura: ¡Cuán hermosos los pies de los que anuncian el bien! Tengo un amigo que, todos los fines de semana, se dedica, con otros voluntarios, a salir por las calles de su ciudad, a hablar de Dios con todos, repartiendo estampitas y alguna frase de los Evangelios. Gracias a él. Mucha gente ha vuelto a entrar en la iglesia, y se ha confesado. Llega a mucha gente, unos lo aceptan, otros no, pero parece que es un mensajero de pies hermosos.

También entre habla el Evangelio de bautizar en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El Bautismo es la forma que tenemos de incorporarnos a la vida de Dios, de participar en la relación de amor el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Es la manera de sentirnos felices.

Y, por fin, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Obra de misericordia sigue siendo enseñar al que no sabe. Aquí, se trata de cumplir primero con lo que Dios nos pide, para que, predicando con el ejemplo y con las palabras, seamos testigos de la nueva vida del Reino.

Hay un guía interior para poder llevar a cabo esa tarea: el Espíritu de Dios. Cuando nos sentimos débiles, cuando no entendemos, Él nos lleva a la verdad plena. Para eso ha sido derramado en nuestros corazones, para que sepamos mirar a Jesús y ver al Padre; para que sepamos acercarnos con confianza a nuestro Abba.

Éste es nuestro Dios, y esto es lo que nos pide. Un Dios discreto, que no se impone; un Dios que da señales de vida, para que lo encuentre el que lo busca, y que se manifiesta en Jesús. En este Dios creemos, al que confiamos nuestra vida, y el que vamos a confesar en breve.

El salmo nos recuerda que es dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad. Nosotros somos esa heredad. Nosotros somos dichosos. Que no se nos olvide, pues, ser felices.

Nuestro hermano en la fe,
Alejandro Carbajo, CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

domingo, 19 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 15,26-27.16,12-15


Evangelio según San Juan 15,26-27.16,12-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí.

Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio.

Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora.

Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo.

El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes.

Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: 'Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes'."


RESONAR DE LA PALABRA


Recibid el Espíritu Santo.

Queridos hermanos, paz y bien.

Ha llegado. El soplo del Espíritu que inspiró a la Iglesia primitiva, que es el mismo que se derramó sobre cada uno de nosotros el día de nuestro Bautismo. Ya está aquí. Hemos vivido la Pascua. Hoy, cincuenta días después de la Pascua de Resurrección, coronamos este tiempo: la Pascua de Resurrección culmina en esta Pascua de Pentecostés. El Señor Resucitado entrega a los discípulos su Espíritu; el Señor resucitado y ascendido envía su Espíritu a la primera comunidad cristia­na. El Espíritu es, pues, el fruto maduro de la Pascua de Jesús.

En el Antiguo Testamento, en la aparición de Dios a los hebreos en el Sinaí, Moisés recibió los Mandamientos en medio de truenos, relámpagos y llamas de fuego. El evangelista Lucas, para que todos lo entendieran, usa el mismo modelo. Se cierra el círculo. Lo que en Babel provocó la dispersión de todos los pueblos de la tierra, la división de la humanidad con las distintas lenguas (Gn 11, 1-9), se supera ahora por la obra y gracia del Espíritu, en el día de Pentecostés. Todos entienden a todos. Se vuelve a formar una sola familia. Y el nexo de unión, el pegamento es el amor que Dios nos tiene.

Se nos aclaran varias cosas en esta solemnidad. Sabemos que, sin el Espíritu de Dios, no podemos conocer a Dios. Per te sciamus da Patrem, noscamus atque Filium, teque utriusque Spiritum, credamus omni tempore, (Por Ti conozcamos al Padre y también al Hijo y que en Ti, que eres el Espíritu de ambos, creamos en todo tiempo) dice el texto del Veni Creator Spiritus, Es por su gracia que llegamos a entrar en la profundidad de la vida de Dios.

También caemos en la cuenta de que, sin el Espíritu de Dios no podemos amar a Dios: «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu que se nos ha dado» (Rom 5,5). Cuanto más abiertos estemos a la acción de ese Espíritu, más capaces seremos de poder amar, como Dios nos ha amado.

Sin el Espíritu de Dios no podemos tomar parte en las cosas de Dios Participar en los misterios o sacramentos: agua y Espíritu; dones eucarísticos y Espíritu. Participamos en la vida diaria, en ese culto o liturgia existencial que es la vida diaria de los movidos por el Espíritu de Dios que son, así, gratos a Dios: éstos son mis hijos amados en quienes tengo mis complacencias. Lo que se escuchó en el Bautismo de Jesús. Lo que se escucho en el Bautismo de cada uno de nosotros.

Sin el Espíritu de Dios no podemos orar a Dios. Uno de los dones del Espíritu es justamente el don de piedad, por el que nos podemos sentir hijos de Dios y se crea sintonía y suavidad para escuchar a Dios y acogerlo y para volvernos a Él y hablarle a semejanza del modo confiado en que Jesús hablaba al Padre. «Y la prueba de que sois hijos es que Dios envió a vuestro interior el Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abba! ¡Padre!» (Gal 4,6).

Sin el Espíritu de Dios no podemos desear a Dios. Son muchos los salmos que hablan de la sed de Dios. Estaría bien releerlos en esta clave pentecostal, v.gr. el salmo 42 o el salmo 63. Que tengamos siempre deseo de esa agua viva.

Sin el Espíritu de Dios no podemos dar testimonio de Dios. Es el Espíritu el que nos ayuda a cumplir con la misión que Dios nos ha encomendado. Gracias a Él, podemos ser referencia para los demás, para que, al vernos, sepan que somos creyentes. En lo que decimos y en lo que hacemos.

El apóstol Pablo recurre a la imagen del cuerpo para hablar de la Iglesia. Porque también en el cuerpo cada miembro tiene su función. Y todos dependen los unos de los otros. Y, si nos duele un pie, o una muela, todo el cuerpo está incómodo. En esta Iglesia nuestra, santa y pecadora, es el Espíritu el que nos mantiene unidos. Los diversos carismas, las gracias recibidas de Dios, nos ayudan a formar un solo cuerpo. Somos diferentes. Pero somos iguales.

El Evangelio vuelve a presentarnos a Jesús con sus discípulos, el primer día de la semana. Ya vimos en la primera semana de Pascua que es en la comunidad donde se encuentra al Resucitado, cuando están todos juntos. Es lo que celebramos cuando nos reunimos en el nombre del Señor. Porque fuera de la comunidad hace frío, y no se reconoce a Cristo, como les pasó a los discípulos de Emaús.

El Maestro se presenta en medio de sus discípulos, deseándoles la paz. La paz de Cristo lleva la alegría, e invita a salir, a unirse a la misión, para compartirla. En la comunidad se siente la paz de Dios, y se puede sentir el perdón. Estando en paz, se puede luchar contra el mal, en todos los sentidos, contra el pecado, para que el mundo sea un lugar mejor. Hay que crear las condiciones, primero en el corazón de cada uno, y luego en nuestros grupos, para que ese regalo que es el perdón de Dios no sea algo sólo nuestro, sino que llegue a todo el mundo. Esa paz, esa alegría, debe ser universal. Como nuestra Iglesia.

Termina, pues, con esta solemnidad el tiempo pascual. Se reanuda el tiempo ordinario (que no aburrido) con lo que tiene de vuelta a la rutina, que es donde nos movemos la mayor parte del tiempo. No estamos solos, nos va llevando el Espíritu. Déjate llevar. Siempre será para tu bien.

Nuestro hermano en la fe,
Alejandro Carbajo, C.M.F.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

sábado, 18 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 21,20-25


Evangelio según San Juan 21,20-25
Pedro, volviéndose, vio que lo seguía el discípulo al que Jesús amaba, el mismo que durante la Cena se había reclinado sobre Jesús y le había preguntado: "Señor, ¿quién es el que te va a entregar?".

Cuando Pedro lo vio, preguntó a Jesús: "Señor, ¿y qué será de este?".

Jesús le respondió: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa? Tú sígueme".

Entonces se divulgó entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría, pero Jesús no había dicho a Pedro: "El no morirá", sino: "Si yo quiero que él quede hasta mi venida, ¿qué te importa?".

Este mismo discípulo es el que da testimonio de estas cosas y el que las ha escrito, y sabemos que su testimonio es verdadero.

Jesús hizo también muchas otras cosas. Si se las relata detalladamente, pienso que no bastaría todo el mundo para contener los libros que se escribirían.


RESONAR DE LA PALABRA

Termina el tiempo de Pascua. Mañana ya es Pentecostés. Y empieza otra historia. O continúa. Porque la historia del compromiso de Dios con los hombres comenzó hace mucho. Comenzó cuando todavía no existía ni el primer hombre ni la primera mujer. Comenzó cuando el amor de Dios se materializó en nosotros, cuando nos creó y nos trajo a la vida. Desde entonces Dios ha estado de nuestra parte. A pesar de los pesares, a pesar de todas las que hemos liado. En todo este tiempo, Dios no ha dejado de confiar en nosotros, de apostar por nosotros. Y, por tanto, de abrirnos un futuro de esperanza. No es una ilusión. ¡Quién puede ser más realista sobre lo que somos las personas que el mismo Dios que conoce de primera mano de lo que somos capaces. Lo experimentó en su hijo, asesinado en la cruz precisamente por los que decían ser los representantes suyos, de Dios, en la tierra. Y a pesar de eso sigue creyendo en nosotros. Levantó a la vida a su hijo, lo resucitó. Y en su resurrección nos abrió el camino y la esperanza a todos los demás.

Hoy termina una parte de la historia. Los discípulos, los apóstoles, nos han dado testimonio de primera mano. Ellos vieron y tocaron al que es la fuente de la vida. Fueron Juan o Pablo o Marcos o Mateo o Lucas o Santiago o tantos otros de los que no conocemos el nombre.

Pero su testimonio no se dirige solo a que estemos informados de unos hechos históricos. Ellos nos dan testimonio para que creamos que en esos hechos sobre Jesús descubramos la presencia del Hijo de Dios. Los Evangelios no son libros históricos sino libros de fe. Están escritos para que creamos.

Han sido siete semanas celebrando la Pascua, la Resurrección de Jesús. Y en ella nuestra propia resurrección. Hemos entrado en una nueva vida. Ahora somos conscientes, creemos, que Dios está de nuestro lado, que está comprometido con nosotros. Y que a pesar de ese mal que sabemos que está dentro de nosotros y que de vez en cuando nos domina, Dios está de nuestro lado. Dios cree en nosotros. Y su amor y su misericordia llenan nuestro corazón. Realistas pero llenos de esperanza. Así terminamos de celebrar la Pascua por este año.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

viernes, 17 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 21,15-19


Evangelio según San Juan 21,15-19
Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".

Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".

Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.

Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".

De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".


RESONAR DE LA PALABRA

Me atrevo a decir que lo más importante de este Evangelio es el final: “Dicho esto, añadió: ‘Sígueme’.” En esta palabra de Jesús se manifiesta lo más auténtico de la actitud de Dios con el hombre. No solo con Pedro sino con cada uno de nosotros. Es una actitud llena de confianza y de fe en nuestras posibilidades. Es una fe que va mucho más allá de lo que se podría esperar humanamente de una persona, de sus posibilidades reales. Mucho más allá de la experiencia vivida. Es verdaderamente una fe capaz de recrear a la persona y de abrirnos un futuro nuevo. Es una fe que no desfallece. Es una fe más fuerte que la muerte.

Me hace pensar que tendríamos que dar la vuelta al discurso sobre la fe. Siempre estamos poniéndonos nosotros como sujeto. Yo creo en Dios, es lo que solemos pensar. Una vez más nos colocamos nosotros en el centro de universo. Diría que la fe es, ante todo y en primer lugar, exactamente lo contrario: Dios cree en mí. Dios cree en cada uno de nosotros. Y, como decía un profesor mío jugando con las palabras: porque Dios cree en nosotros, nos crea, nos transforma, nos convierte en algo nuevo, capaz de salir de los laberintos, en los que andamos usualmente perdidos. Es Dios el que cree en nosotros. Y por eso existimos. Y por eso somos. Y por eso tenemos futuro. El futuro de Dios es nuestro. Y lo más importante, Dios cree en nosotros a pesar de todos los pesares, a pesar del desastre que somos. Dios sigue creyendo en nosotros y creándonos, tozudo, obstinado, porfiado, terco.

Eso es lo que me dice este texto del evangelio de hoy y, sobre todo, su final. Jesús podía haber mandado a Pedro al último puesto. Lo podía haber condenado a la gehena. Sabía que era un bocazas inveterado (recordemos sus negaciones en el momento de la pasión y sus promesas previas de no abandonar nunca a Jesús), que era miedoso y cobarde. Lo sabía perfectamente. Pero Jesús, ya el Resucitado, sigue creyendo y confiando en él. Le confirma como el que tiene que cuidar a los demás. Y al final, le vuelve a repetir aquella invitación que hacía tiempo le había hecho al borde del lago: “Sígueme.”

Así nos cree y nos crea Dios. ¡Cuánta ternura! ¡Cuánta capacidad de perdonar y de confiar! ¿Nos vamos pareciendo a él en nuestra vida?

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 16 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 17,20-26


Evangelio según San Juan 17,20-26
Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:

"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.

Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno

-yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.

Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.

Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".


RESONAR DE LA PALABRA


El texto evangélico de hoy es uno de esos que me hace sonreír, me hace sentirme consolado y mirar al presente y al futuro del mundo, de la iglesia y de mi propia vida con esperanza. ¡Hemos estado presentes en la oración de Jesús!

Cuántas veces hemos orado y… hemos desesperado casi al mismo tiempo. Cuántas veces nos ponemos a pensar en nuestro mundo, en la realidad del hambre y la injusticia, en los políticos que parece que no hacen nada para solucionarlo más allá de buscar su propio interés, en el deseo de poder y riquezas que llenan el corazón de tantos, en las escenas de insolidaridad que vemos a nuestro alrededor. Y, si somos sinceros, basta también con ser honestos con nosotros mismos y mirarnos al espejo (habiéndonos quitado previamente la coraza protectora en que nos solemos envolver para quedar bien antes los demás y ante nosotros mismos, claro), para darnos cuenta de que tampoco en nosotros es oro todo lo que reluce. Ni mucho menos. Lo natural sería caer en el pesimismo y la desesperanza absoluta. No hay salida. No hay futuro.

Pero es que ha sido el mismo Jesús el que ha orado por nosotros al Padre: “Padre Santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos.” Y luego Jesús pide para que nos insertemos en esa corriente de vida, de amor, de unidad, de fraternidad que nace de su Padre y de él mismo. Quizá no sean estas exactamente las palabras que pronunció Jesús –no creo que hubiese un escriba al lado de Jesús anotando sus palabras una por una–. Pero me basta pensar que cada uno de nosotros ha estado presente en el corazón de Jesús, en su amor. Me basta pensar que cada de nosotros somos importantes para él.

Ese pensamiento ya me hace levantarme de la postración y mirar mi presente y mi futuro con esperanza. Y descubrir en cada uno de los que me rodean un hermano o una hermana amado por Jesús. Me hace sentir que este mundo tiene un futuro mejor por delante y que ese futuro es el Reino. Y me hace sentirme comprometido en trabajar por la justicia, por la fraternidad, por la reconciliación, aunque no termine de ver los resultados en el día a día. Porque en nosotros, en cada uno, está presente el amor que es Dios, aunque no lo veamos ni sintamos.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 15 de mayo de 2024

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 17,11b-19


Evangelio según San Juan 17,11b-19
Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:

"Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.

Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.

Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.

Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.

Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.

Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.

Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad."


RESONAR DE LA PALABRA


Hoy es optativo leer las lecturas del día correspondiente de Pascua o las de la memoria de san Isidro. Pero me van a permitir que haga un comentario sobre este santo un poco “raro” dentro del santoral pero a la vez enormemente popular y conocido en muchísimos pueblos del mundo cristiano. Quizá, me atrevo a decir, porque los cristianos más sencillos lo reconocen como uno de los suyos.

Basta con que echemos una mirada al santoral a lo largo del año para ver que la mayoría de los santos que celebra la liturgia cristiana pertenecen a la jerarquía eclesial (obispos, sacerdotes…) o fueron miembros de congregaciones religiosas tanto masculinas como femeninas. De entre los restantes que no son muchos, la mayoría pertenece a una clase social alta. Y de repente tenemos aquí a Isidro, un agricultor madrileño, un campesino, un hombre que vivía trabajando una tierra que no era suya, que arrendaba y por la que recibía un pago. Eran tiempos duros aquellos en una España en la que la mitad todavía estaba dominada por los musulmanes y la otra mitad por los reinos cristianos. Así que su vida no fue fácil.

Otro dato que hace de san Isidro un santo un poco “raro” es que estaba casado. Volvamos al santoral y se verá con facilidad que la inmensa mayoría de los santos son célibes o vírgenes. No hay muchos que hayan vivido en el matrimonio y que ahí hayan encontrado la santidad. O quizá la iglesia no ha sabido valorar bien a los casados.

Pues así, un poco “raro” es el santo de hoy. También él, hombre casado y, según la tradición, con un hijo. Campesino sin tierras, siervo de un señor que era su dueño, fue del Señor. También por él oró Jesús como dice el evangelio del día: “Padre santo: guárdalos en tu nombre a los que me has dado para que sean uno como nosotros… yo les he dado tu palabra… santifícalos en la verdad.”

Seguro que ha habido y hay muchos santos por el mundo como san Isidro, hombres y mujeres sencillos, pobres, humildes, pero que acogen la palabra y hacen de su vida un testimonio del Evangelio.

Fernando Torres, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA