jueves, 31 de agosto de 2017

Meditación: Mateo 24, 42-51


“Velen y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor.” (Mateo 24, 42)

Este discurso de Jesús nos desafía a vivir preparados para su segunda venida. Desoír esta advertencia y llevar una vida egocéntrica y de búsqueda de placeres sería desastroso. Este desafío de Jesús, planteado antes de su pasión, nos hace recordar otro anterior (Mateo 7, 24-26) en que el Señor advertía que los que no edificaran su casa sobre la roca de sus palabras sufrirían la pérdida total. De modo que, tanto al principio como al final de su ministerio público, Jesús nos presenta la misma advertencia.

Pero estas exhortaciones no aparecen sólo en el Nuevo Testamento, porque también pueden leerse en el Antiguo Testamento (por ejemplo, en el Salmo 1). Lo distinto es que ahora se nos presentan a la luz del juicio y en el contexto del regreso de Jesús a Jerusalén para completar la obra del Padre e inaugurar el Reino de Dios.

Cuando leemos lo del juicio en algún pasaje referente al final de los tiempos, la mayoría tendemos a identificarnos con los “buenos” y quizá nadie se identifique con el esclavo malvado (Mateo 24, 48-49). Sin embargo, sería más provechoso que reconociéramos honestamente que a veces actuamos como el siervo bueno, pero otras, como el malvado.

La idea es que, dependiendo de a nuestra propia iniciativa, no es muy probable que permanezcamos alertas y en guardia. Sin embargo, gracias a la muerte y la resurrección de Jesús, hemos recibido la gracia necesaria para saber actuar bien.

A medida que recibamos de buen grado la vida y el poder de Dios y cada día aprendamos a confiar en ese don gratuito, podemos estar despiertos y preparados y ser bendecidos por el Señor, que nos encontrará “trabajando” a cualquier hora que él llegue.

Nuestra esperanza está fundada en la promesa de Dios y en la salvación que nos mereció la muerte y la resurrección de su amado Hijo. Despreocuparse porque nos parezca que el Señor se demora en volver es pecar de insolencia y puede llevarnos a abusos y maldades. Pero si nos mantenemos atentos con la firme esperanza de que ciertamente Cristo volverá un día, seremos colmados de bendiciones.
“Señor Jesús, sé que tú vendrás de nuevo con todo tu poder y majestad. Me regocijo en esa venida y te ruego que me ayudes a permanecer siempre alerta y fiel a tus promesas.”
1 Tesalonicenses 3, 7-13
Salmo 90(89), 3-5. 12-14. 17

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 310817

Homilía atribuida a San Macario de Egipto (¿-390), monje 
Homilía 31; PG 34, 728
«Velad, porque no sabéis en que día vendrá el Señor»

      Dios es el bien supremo; dirige hacia él los pensamientos de tu espíritu y no sueñes en otra cosa que en aguardar su venida. Así pues, que el alma recoja sus pensamientos dispersos por el pecado, como si recogiera a unos hijos traviesos. Que los conduzca de nuevo a la casa de su cuerpo, y que espere siempre al Señor en el ayuno y en el amor, hasta que él venga y la recoja verdaderamente...

      Si nuestro corazón no se hincha, si nuestros pensamientos dispersos no los enviamos a pastura en las locas hierbas del pecado, sino que por el contrario, elevamos nuestro espíritu y por una ferviente voluntad conducimos nuestros pensamientos en la presencia del Señor, entonces gracias a su buen querer, ciertamente que el Señor vendrá a nosotros y nos unirá verdaderamente a él...

      Apresúrate, pues, a complacer al Señor, espérale sin cesar en tu corazón, búscale a través de tus pensamientos, incita tu voluntad y tus sentimientos a tender constantemente hacia él. Verás entonces como él viene a ti y hace en ti su morada.

Evangelio según San Mateo 24,42-51. 
Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada. ¿Cuál es, entonces, el servidor fiel y previsor, a quien el Señor ha puesto al frente de su personal, para distribuir el alimento en el momento oportuno? Feliz aquel servidor a quien su señor, al llegar, encuentre ocupado en este trabajo. Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si es un mal servidor, que piensa: 'Mi señor tardará', y se dedica a golpear a sus compañeros, a comer y a beber con los borrachos, su señor llegará el día y la hora menos pensada, y lo castigará. Entonces él correrá la misma suerte que los hipócritas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. 


RESONAR DE LA PALABRA 

Ciudadredonda
Queridos hermanos:
Los textos de hoy, mañana y pasado pertenecen al quinto y último gran discurso del evangelio de Mateo: es el discurso escatológico, completado con distintas recomendaciones que llaman a la vigilancia. Y se explican estos llamamientos: en las comunidades primitivas, la espera de la pronta llegada del Señor había perdido la tensión de los primeros tiempos; el Marana ta (¡Ven, Señor Jesús!) no resonaba ya con la misma fuerza; el retraso de la parusía propiciaba cierta relajación de las costumbres.
Quizá hayamos recordado en alguna otra ocasión un pensamiento de Theodor Adorno, pero puede venir bien recordarlo de nuevo. Decía este filósofo: «los hombres de nuestro tiempo son capaces de todo, incluso del amor, pero no de la fidelidad». Parece que acertaba. Uno de los personajes de la novela y la película “El Diario de Brigitte Jones”, de Helen Fielding, venía a decir lo mismo: vivimos “en la cultura de los tres minutos”, y lo refería a la crisis de las relaciones amorosas de larga duración. Años antes que Fielding, el dibujante Romeu presentaba una tira de viñetas alusivas al nomadismo religioso de los jóvenes: abandonaban su tradición católica, se dejaban atraer por el budismo, luego se asomaban a cultos sincretistas y así mariposeaban de religión en religión, sin “atarse” a ninguna.
El evangelista lanza un aviso a los dirigentes de las comunidades cristianas y a todos en general: nos llama a la fidelidad al Señor plasmada en la constancia en un servicio solícito. La erosión del tiempo, la aparición de problemas, la indiferencia de muchos, la oposición de otros, la sensación de que no se avanza ni se mejora y, en fin, las tensiones en el seno del grupo ponen a prueba la solidez de nuestras adhesiones y la tenacidad en el cumplimiento de nuestros compromisos. ¿Salimos airosos de estas pruebas?
Rimando con el evangelista Mateo, la Madre Teresa de Calcuta –según refieren– decía lo siguiente: “Lo que a nosotros se nos pide no es éxito, sino fidelidad. Si en esa fidelidad nos tenemos que desvivir, habremos aprendido la verdadera sabiduría de la vida”. ¡Ojalá podamos decir: “soy fiel, luego existo”!

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

miércoles, 30 de agosto de 2017

CERCO DE JERICÓ - Día Sexto

¿Es posible resistir la furia de las tormentas sin una buena protección?
¿Es posible resistir los embates de los vientos sin cubrir lo que es débil?

El mundo se ha vuelto un lugar inhóspito para nuestras familias.
El paraíso soñado por Dios se ha vuelto una selva.
Donde hallábamos seguridad hoy reina violencia.
Para devolvernos la esperanza,
Para rescatarnos de éste tormento Dios Padre ofreció el tesoro de Su Hijo.
La Sangre de Jesús es el precio de nuestra Salvación.
Fue por la Sangre del Cordero que hemos alcanzado
PLENA PROTECCIÓN.

Te esperamos en la noche, a las 21 horas, aquí en San Miguel para clamar el quebrantamiento de toda muralla que impida el crecimiento de "vida" en nuestras familias.



Meditación: Mateo 23, 27-32


Los fariseos presentaban una apariencia de rectitud que no tenían y no reconocían el pecado que los estaba carcomiendo por dentro.

¡Qué fácil es para algunos caer en esta trampa! ¡Qué pocas veces pensamos en buscar sanación cuando se trata de los males del alma!

Generalmente nos contentamos con mostrar una expresión de tranquilidad y tratar de actuar rectamente, pero sin hacernos un profundo examen de conciencia para sacar a la luz la ira, el egoísmo y las inseguridades que tal vez llevamos por dentro.

Hacemos buenas obras y observamos ciertas normas de conducta; pero si también llevamos una carga de resentimientos, miedos y hábitos de pecado, no hay obra buena en el mundo que pueda acercarnos a Dios.

La hipocresía es un pecado contra la verdad, es decir, un pecado contra el mandamiento de no mentir, y consiste en fingir cualidades o sentimientos que no se tienen. Muchas veces, el mundo nos tienta a pretender que hacemos lo correcto, a aparentar algo que en realidad no somos. Es un pecado grave contra el cual el Señor advierte severamente. Esto puede darse en el hogar, en el trabajo y también en la iglesia.

Pero cuando lo que hacemos y decimos es honestamente cierto, sobre todo en favor de los demás, el Señor puede elevar esas obras a un nivel espiritual y derramar el amor de Dios sobre las personas a quienes atendemos.

Las buenas obras y las normas de moral son indudablemente importantes, pero si lo que nos mueve no es el amor a nuestro Salvador, no podemos dar a nadie el regalo más grande de todos: la esperanza de la vida divina por medio del Espíritu Santo. Dios quiere que nuestras obras de misericordia y bondad sean reflejos auténticos de la transformación interna que Jesús ha forjado en nosotros.

Acudamos, pues, a nuestro Salvador, para que él cure nuestras heridas y nos libre del pecado. No tengas miedo, hermano, de lo que Cristo quiera hacer en tu interior, porque él viene a salvarte y no a condenarte. Si tienes el corazón iluminado por la gracia, las obras que hagas pueden llegar a ser reflejos de la misma pureza de Dios.
“Jesús, cúrame, te lo ruego, de todo lo que me impida recibirte sin reservas en mi corazón. No quiero ser un ‘sepulcro blanqueado’. Purifícame, Señor, de mis pecados para que yo sea capaz de proyectar tu amor hacia los demás.”
1 Tesalonicenses 2, 9-13
Salmo 139(138), 7-12

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

Buen día, Espíritu Santo! 30082017

En la mañana:
¡Bendícenos Dios de la Vida!
Tú eres el eternamente Santo,
el eternamente presente.
Necesitamos de Tí, Señor,
¡Danos Tu Espíritu Santo!
Danos ese Fuego que purifica,
ese Viento que levanta del suelo,
que lleva a Tus alturas,
y Santifica.
Con su Dulce presencia, ¡Santifícanos!


LA PARABOLA DEL TESORO Y DE LA PERLA

San Juan Crisóstomo (c. 345-407), presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia 
Homilía sobre San Mateo 47,2
«Las parábolas del tesoro y de la perla»

      La semejanza que puede haber entre la parábola del grano de mostaza y  la levadura se encuentra entre la del tesoro y la perla: las dos significan que es necesario elegir el mensaje evangélico a otra cosa... En efecto, el Evangelio se desarrolla como el grano de mostaza, impone su fuerza como la levadura; como la perla, es de un precio elevado; en fin, como un tesoro, otorga los más preciosos beneficios.

      A este propósito, conviene saber no solo que es necesario desprenderse de todo para acogerle Evangelio, más aún es necesario hacerlo con alegría... Observa cuan inadvertido pasa la predicación del Evangelio en el mundo, del mismo modo, el mundo no ve los numerosos bienes que tiene en recompensa... Dos condiciones son pues necesarias: la renuncia de los bienes del mundo y un firme valor. Se trata, en efecto, «de un comerciante en busca de perlas finas» que «habiendo encontrado una de gran valor va y vende todo lo que tiene» para comprarla. La verdad es una, no se divide. Lo mismo que el poseedor de la perla conoce su riqueza, en el momento que la  tiene en sus manos, por la pequeñez de la perla, los ayudantes no tienen duda, cuando lo saben, lo mismo estos que son instruidos por el Evangelio conocen su felicidad, los infieles, ignoran este tesoro, sin tener idea alguna de nuestra riqueza.

Evangelio según San Mateo 13,44-46. 
Jesús dijo a la multitud: "El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró." 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Queridos amigos:
Este capítulo de Mateo resulta «chocante» para no pocos cristianos. No están muy habituados a ver a un Jesús «enfadado» y enfrentado tan directamente y con frases tan agresivas y directas con un cierto grupo de personas «religiosas» (fariseos y escribas). La verdad es que, desde un punto de vista religioso, eran intachables: cumplidores a la letra de las leyes vigentes. Pero ellos se habían encargado de subrayar lo que era importante en esa ley, quedándose, eso sí, «con la letra», y en muchísimos casos con aspectos secundarios A CAMBIO de olvidar aspectos esenciales. Esto es: preferían todas las leyes «religiosas» que a lo largo del tiempo se habían ido introduciendo en la religión judía (y que tenían, claro, su sentido), pero otras cosas que les resultaban incómodas, las habían dejado en segundo plano (la justicia, la defensa del débil, el reparto de los bienes, la ley del Jubileo y el Año Sabático...). Lo leíamos en el Evangelio de ayer.
Hoy Jesús se refiere a la incoherencia entre el exterior y el interior. A las apariencias. De esto sabe mucho nuestra sociedad actual, tan preocupada de que estemos «guapos» y tan despreocupada de que nuestros cimientos, valores y mundo interior sean sólidos y valiosos. El espejo se lleva muchas horas de contemplación (que se lo pregunten a cualquier adolescente o joven, cuando está naciendo su «yo», pero no sólo a ellos), pero qué poco tiempo dedicamos a contemplar en silencio la vida, lo que somos, lo que debiéramos llegar a ser... Pero también en la Iglesia esto es bastante mejorable. Uno se sorprende cuando escucha a ciertos eclesiásticos recién nombrados su «sorpresa por el «inesperado nombramiento» que acaba de recibir... cuando llevaba tiempo buscándolo y deseándolo. O cuando algunos personajes religiosos (incluso algún fundador) eran superintransigentes en asuntos morales con sus gentes, mientras tenían una manga ancha enorme para sí mismos.
Luego pasa Jesús hablar de los profetas, y les reprocha que parecen «guardianes de cementerios». Los profetas siempre han resultado muy incómodos, y no es nada sencillo discernir quién es un profeta y quién un «cantamañanas». Por una parte Israel los ha valorado siempre... a la vez que procura no hacerles caso y quitarles de en medio. Y esto, con mucha frecuencia, «en el nombre de Dios». El propio Jesús será uno de estos casos.
En nuestra Iglesia esta historia se ha repetido. Personajes carismáticos, teólogos que resultaron molestos, sospechosos, críticos con la Institución... terminaron en los altares o siendo maestros de referencia para los siglos posteriores (recuerdo por ejemplo a Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Tomás de Aquino, pero también hay numerosos casos en nuestra propia época). Es tarea importante y delicada de nuestros Obispos velar porque la fe se transmita correctamente, cuidar el depósito de la fe. Y hay que agradecer que esta figura esté presente en nuestra Iglesia Católica (su ausencia en otras Iglesias cristianas ha sido a menudo fuente de confusión). Pero también tienen que poner mucho cuidado para no confundir su propia teología, sus ideas e ideologías, sus intereses personales... con la ortodoxia y el bien de la Iglesia. No deben olvidar nunca que fue, precisamente la autoridad religiosa la que, en el nombre de Dios y para velar por la ortodoxia, condenó a muerte al Hijo de Dios. No deben confundir nunca la ortodoxia con la uniformidad.
Y esto es muy difícil. De hecho no faltan quienes ven peligros por todas partes y tratan al pueblo de Dios como inmaduro, incapaz; quienes andan siempre con las prohibiciones, las condenas, los avisos, los silenciamiento, frenando las búsquedas de nuevos caminos, de nuevas interpretaciones... mientras siguen empeñados en mirar hacia atrás, tratando de resucitar lo que ya está muerto, pasado o trasnochado. Parece como si les gustara el «olor a muerto». El peligro de cualquier institución (también de nuestra Iglesia) es intentar perpetuarse a sí misma, mantener sus privilegios y logros, evitando adaptarse a las nuevas circunstancias y escuchar a la cultura y a las gentes a las que intenta, sinceramente, atender.
Ya digo: esto no es nada sencillo, y el Evangelio de hoy es una invitación a ver qué hacemos con los profetas, teólogos y santos de hoy. A estar atentos no sólo a nuestra historia, sino también a los signos de los tiempos. Oremos, pues, para que el Espíritu nos ayude a no vivir en clave de «cementerios», a no «eliminar» o silenciar a los profetas de hoy.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 29 de agosto de 2017

Cerco de Jericó - Rompiendo muros de celos y envidias

Dice el Papa Francisco que en el corazón de una persona golpeada por los celos y por la envidia ocurren “dos cosas clarísimas”. La primera cosa es la amargura.
“La persona envidiosa, la persona celosa es una persona amargada: no sabe cantar, no sabe alabar, no sabe qué cosa sea la alegría, siempre mira ‘qué cosa tiene aquel y que yo no tengo’.
Y esto lo lleva a la amargura, a una amargura que se difunde sobre toda la comunidad. Son, estos, sembradores de amargura”

La segunda actitud, “que lleva a los celos y a la envidia, son las habladurías. Porque este no tolera que aquel tenga algo, la solución es abajar al otro, para que yo esté un poco más alto. Y el instrumento son las habladurías. 
Busca (y verás que) siempre, tras un chisme (…) están los celos, está la envidia. Y las habladurías dividen a la comunidad, destruyen a la comunidad. Son las armas del diablo”.

Esta noche pediremos a María que rompa los muros de la envidia y los celos,
¡ Que sea quebrada toda armadura y todo espíritu de chisme y murmuraciones!


Buen día, Espíritu Santo! 29082017


EL ABRAZO DE DIOS

Con Jesús por la mañana.
“Ustedes, artistas itinerantes, tienen una especial riqueza: con sus continuos desplazamientos pueden llevar a todos el amor de Dios, su abrazo y su misericordia. Pueden ser comunidad cristiana itinerante, testigos de Cristo que está siempre en camino para encontrar también a los más alejados” (Papa Francisco). Somos peregrinos, pasamos por la vida como signos del amor de Dios. ¿Pasas por la vida de los demás siendo signo de misericordia y abrazo fraterno? Expresa tu amor con palabras y gestos de ternura y ofrécelo por los artistas para que transmitan con sus obras el amor de Dios.
Con Jesús durante el día.
“En aquel tiempo, Jesús dijo: ¡Ay de ustedes, maestros de la Ley y fariseos hipócritas! Que pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo fundamental de la Ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad. Sin descuidar lo otro, ¡es esto lo que hay que practicar!” (Mt 23,23). ¿Te quedas en las formas externas o amas genuinamente a tus hermanos? ¿Eres auténtico en tus afectos o estás ocupado en quedar bien y cuidar la imagen? Continúa expresando tu amor a los demás y pide ayuda a Jesús para crecer en autenticidad.
Con Jesús por la noche.
Repasa el día. Respira hondo y cierra los ojos. Repasa lo vivido desde el despertar. ¿Qué acontecimientos marcaron tu día? ¿Con quiénes te has encontrado? ¿Qué quieres agradecer a Dios? ¿Con qué sentimientos cierras el día? Apunta una frase, una palabra, que te ayude a cerrar el día y pide por las intenciones y necesidades de las personas que encontraste hoy.


Meditación: Marcos 6, 17-29


El Martirio de San Juan Bautista

La luz alumbra, comunica vida, permite ver y da un sentido de orientación y seguridad. La oscuridad engendra incertidumbre, ignorancia, frío y desorientación, por eso hay muchos delitos y pecados que se cometen en la oscuridad. En cambio, el sol del amanecer puede aliviar hasta el corazón más atribulado.

En efecto, las tinieblas y la luz no pueden coexistir; la oscuridad odia la luz y cuando llega la luz, las tinieblas no pueden resistirla y desaparecen.

Muchos cristianos recuerdan hoy el martirio de San Juan Bautista, hecho que contrasta la oscuridad con la luz. Juan fue una luz para el mundo, “una lámpara que ardía y brillaba” (Juan 5, 35), y muchos se sintieron atraídos por él, como más tarde se deslumbraron con Jesús.

Pero había algunos que le temían a Juan, porque no querían que sus malas acciones salieran a la luz. Estos se negaban a entrar en la luz; se sentían atraídos, pero no actuaban por temor. Por ejemplo, Herodes escuchaba a Juan con agrado, aunque éste le echaba en cara su pecado de adulterio.

Sin embargo, Herodes no dejó que la luz entrara en su vida y mantuvo su relación ilícita con Herodías. El remordimiento le hacía temer a Juan, pero más pudo el deseo de proteger su prestigio delante de sus amigos. Finalmente, Herodes se hundió por completo en las tinieblas del pecado cuando mandó decapitar a San Juan.

Por la fe y el Bautismo en Jesús, los cristianos tenemos la luz de Cristo en nuestro ser. Si dejamos brillar esa luz, otros la verán y se sentirán atraídos, como lo dijo el Señor: “Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero para que alumbre a todos los de la casa” (Mateo 5, 14-15).

Algunos seguramente escuchan la verdad con escepticismo o temor y no aceptan al Señor; pero otros, que se interesan y aceptan a Cristo, se llenan de la luz de Cristo y él les colma de gozo, paz, seguridad y sabiduría y pueden desechar el temor y el sentido de culpa.
“Amado Jesús, tú eres la luz del mundo. Enciende tu luz en mi oscuridad para que yo siga tus pasos y aprenda a vivir de un modo digno de un discípulo tuyo.”
1 Tesalonicenses 2, 1-8
Salmo 139(138), 1-6

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 290817

Lansperge el Cartujano (1489- 1539),  monje, teólogo 
Sermón en la Degollación de Juan Bautista, Opera omnia,  t.2.
“Dichosos los perseguidos por la justicia”(Mt 5,10)

      La muerte de Cristo está al origen de un multitud de creyentes. Por la fuerza del mismo Señor Jesús, y gracias a su bondad, la muerte preciosa de sus mártires y de sus santos ha hecho nacer una gran multitud de cristianos. Jamás, en efecto, la religión cristiana ha podido ser aniquilada por la persecución de los tiranos y la muerte injustificable de inocentes: ella más bien ha obtenido cada vez más un gran aumento.

      Nosotros tenemos un ejemplo en San Juan, el que bautizó a Cristo y por tanto nosotros festejamos hoy  el santo martirio. Herodes, ese  rey infiel, quiso, por fidelidad a su juramento, borrar completamente de la memoria de los hombres el recuerdo de Juan. Pues, no solamente Juan no fue aniquilado, sino millares de hombres inflamados por su ejemplo, acogerán la muerte con alegría por la justicia y la verdad... ¿qué cristiano, digno de tal nombre, no venera hoy a Juan, el que bautizó al Señor? Por todo el mundo los cristianos celebran su memoria, todos las generaciones lo proclaman bienaventurado y sus virtudes llenan la Iglesia de su perfume. Juan no ha vencido él solo y no ha muerto él solo.


Evangelio según San Marcos 6,17-29. 
Herodes, en efecto, había hecho arrestar y encarcelar a Juan a causa de Herodías, la mujer de su hermano Felipe, con la que se había casado. Porque Juan decía a Herodes: "No te es lícito tener a la mujer de tu hermano". Herodías odiaba a Juan e intentaba matarlo, pero no podía, porque Herodes lo respetaba, sabiendo que era un hombre justo y santo, y lo protegía. Cuando lo oía quedaba perplejo, pero lo escuchaba con gusto. Un día se presentó la ocasión favorable. Herodes festejaba su cumpleaños, ofreciendo un banquete a sus dignatarios, a sus oficiales y a los notables de Galilea. La hija de Herodías salió a bailar, y agradó tanto a Herodes y a sus convidados, que el rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras y te lo daré". Y le aseguró bajo juramento: "Te daré cualquier cosa que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino". Ella fue a preguntar a su madre: "¿Qué debo pedirle?". "La cabeza de Juan el Bautista", respondió esta. La joven volvió rápidamente adonde estaba el rey y le hizo este pedido: "Quiero que me traigas ahora mismo, sobre una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista". El rey se entristeció mucho, pero a causa de su juramento, y por los convidados, no quiso contrariarla. En seguida mandó a un guardia que trajera la cabeza de Juan. El guardia fue a la cárcel y le cortó la cabeza. Después la trajo sobre una bandeja, la entregó a la joven y esta se la dio a su madre. Cuando los discípulos de Juan lo supieron, fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron. 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Queridos hermanos:
Hace ya tiempo que se distinguió entre poder e influencia. Una mujer, Carmen Alborch, ministra en tiempos de Felipe González, recordaba hace varios años una precisión, formulada en estos términos: “los hombres tienen el poder; las mujeres, la influencia”. (Ahora ya, en ciertos países, las mujeres tienen también unas cuotas importantes de poder.) Quizá no sea necesario acotar una definición exacta de esos dos términos para comprender lo que se quiere decir. Nos basta con volver sobre el episodio evangélico de hoy para entender la diferencia.
Herodes manda decapitar a Juan; pero lo hace subyugado por la hija de Herodías, rendido ante la perfecta ejecución de la danza. El deseo de una mujer ha sido orden para un hombre que está aún bajo su embrujo y que no se siente con ánimo para volverse atrás de su juramento. Así se teje la red de complicidades humanas.
Aquí no nos interesa saber si las cosas sucedieron exactamente como se narran en el evangelio; pero reconozcamos que el relato refleja algo muy real. Por suerte, también pueden juntarse el poder y la influencia en orden a lo bueno, a la conquista de formas de vida mejores, de comportamientos ejemplares y envidiables. Podemos poner otro ejemplo evangélico: la escena de Caná. La situación es bochornosa para las familias que celebran la boda. María se percata de lo que sucede e interviene ante Jesús, que al final secunda el deseo de “la mujer”. Incluso se entiende la función de María glorificada como la de la gran intercesora que obtiene del Señor, en favor nuestro, dones de salvación.
En ocasiones no tenemos nada, ni podemos hacer nada; nos sentimos totalmente impotentes para sacar algo a flote o para encauzar de forma creadora y favorable una situación. En otras ocasiones tenemos alguna influencia: no tiene por qué ser una influencia turbia, acaso sea sólo la de una palabra cargada de sentido y de fuerza para sacudir las conciencias; así era la palabra profética de Juan el Bautista. En fin, otras veces tenemos poder para ejecutar o mandar ejecutar determinadas acciones que cambian una circunstancia o situación de signo negativo. Lo importante es saber discernir y actuar en consecuencia.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

lunes, 28 de agosto de 2017

CERCO DE JERICÓ - 4ta Noche

El Agua Bautismal marcó nuestra frente,
No hizo parte del pueblo, del Cuerpo Místico de Cristo.
El Fuego del Espíritu completó su obra cuando
Reavivó en nosotros, en nuestra confirmación,
La pertenencia.
En esta noche vamos a perdir una nueva efusión,
Ser nuevamente llenos de ese Poder, de esa fuerza Santificadora, liberadora y sanadora.

TE ESPERAMOS EN SAN MIGUEL a las 21 hs.
Y recuerda, si vives alejado y quieres compartir este tiempo de Gracia, ingresa en nuestro espacio virtual y podrás vivir EN VIVO la experiencia de amor.


Meditación: Mateo 23, 13-22


San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

Jesús denunciaba el juicio inflexible y legalista de los fariseos y escribas. El Señor entendía perfectamente por qué la gente no podía recibir la vida nueva, descubrir la verdadera libertad y experimentar la verdad en forma personal: Sabía que se sentían abrumados por las estrictas exigencias de la ley (Mateo 11, 28-30), y que los gentiles convertidos al judaísmo no experimentaban ni vida espiritual ni libertad.

Incluso los mismos fariseos ideaban formas de evadir el rigor de la ley, valiéndose de pretextos legales y eludiendo los votos que habían jurado cumplir. Por esto, Jesús condenaba las prácticas legalistas del judaísmo.

Quizás todo esto nos parezca sumamente ajeno a nosotros, pero es preciso que nos demos cuenta de que nuestras propias prácticas religiosas pueden convertirse en áridos rituales que nos privan de la libertad y la verdad. Como resultado, nosotros podemos llegar a presentar ante los demás una imagen deslucida y sin atractivo del cristianismo.

¿Es evitar aquello que hemos tildado de pecaminoso lo que más nos interesa en nuestro cristianismo? ¿Nos preocupamos más de guardar las leyes de la Iglesia (sólo el cumplimiento de la moral) que de conocer el amor compasivo de Dios y compartirlo con los demás? ¿Vemos que nuestra fe nos imparte la vida y la fuerza de Cristo resucitado para vivir diariamente con alegría y rectitud?

Toda vez que pensamos tener razón al enojarnos con algún familiar, criticar a un colega o amigo, o negarnos a ayudar por falta de tiempo, estamos manipulando la verdad. Nos ponemos a la defensiva y nos creemos justos, pero nosotros también necesitamos el poder de Dios para cambiar. La esencia del cristianismo consiste en presentarnos con toda sinceridad ante el Señor y abandonarnos a su misericordia.

Lo opuesto (como el judaísmo descrito en Mateo) es vivir sólo por esfuerzo propio, justificándose uno mismo. Para distinguir la diferencia, es bueno preguntarse: ¿Me siento abrumado por las exigencias del cristianismo, o encuentro en él la vida verdadera como discípulo de Cristo?
“Señor mío, ayúdame a reconocer si mis prácticas religiosas se transforman en obstáculos para la vida de la gracia que tú obtuviste para mí en la cruz.”
1 Tesalonicenses 1, 1-5. 8-10
Salmo 149, 1-6. 9

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 280817

Epístola llamada de Bernabé (c. 130) 
§19
Cristo nos llama a escoger el camino que conduce a su Reino (Mt 7,13)

      Existen dos caminos de enseñanza y de acción: el de la luz y el de las tinieblas. La lejanía es grande entre estos dos caminos. Sobre uno están apostados los ángeles de Dios, portadores de luz, sobre el otro los ángeles de Satán...

      El camino de la luz es este: el que quiere andar por él hasta el fin señalado se esmera en su tarea. El conocimiento que nos ha sido dado para dirigirnos por este camino es: amarás al que te ha creado, temerás al que te ha modelado, glorificarás al que te ha rescatado de la muerte, serás sencillo de corazón y rico de espíritu. No andarás con aquellos que pisan el camino de la muerte... No te elevarás por encima de los demás, sino que serás siempre humilde. No te gloriarás en nada, no tramarás malas intenciones  contra tu prójimo... No harás acepción de personas al corregir sus faltas. Serás dulce y pacífico, y temerás ante las palabras que has escuchado. No guardarás rencor a tu hermano.

      No te preguntarás por lo que el día de mañana te reserva. No invocarás el nombre del Señor en vano; amarás a tu prójimo más que a tu vida. No practicarás el aborto, y no harás morir al recién nacido... Acogerás los acontecimientos de tu vida como beneficios, sabiendo que nada pasa fuera de Dios...

      Lo compartirás todo con tu prójimo, sin que nada digas que es de tu propiedad (He 4,32). Porque si ponéis en común los bienes incorruptibles, cuanto más los que perecen... Hasta el fin odiarás al mal... Juzgarás con equidad. No crearás la división, sino que establecerás la paz reconciliando a los adversarios entre sí. Confesarás tus pecados. No vendrás a la oración con una conciencia mala.
Evangelio según San Mateo 23,13-22. 

"¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que quisieran. 
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para conseguir un prosélito, y cuando lo han conseguido lo hacen dos veces más digno de la Gehena que ustedes! ¡Ay de ustedes, guías, ciegos, que dicen: 'Si se jura por el santuario, el juramento no vale; pero si se jura por el oro del santuario, entonces sí que vale'! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante: el oro o el santuario que hace sagrado el oro? Ustedes dicen también: 'Si se jura por el altar, el juramento no vale, pero vale si se jura por la ofrenda que está sobre el altar'. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que hace sagrada esa ofrenda? Ahora bien, jurar por el altar, es jurar por él y por todo lo que está sobre él. Jurar por el santuario, es jurar por él y por aquel que lo habita. Jurar por el cielo, es jurar por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él. 

RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Queridos hermanos:
Durante cuatro días consecutivos resuena en la lectura continua un duro alegato contra los fariseos. Comenzó ya anteayer, sábado; mañana comentaremos un punto del evangelio correspondiente; pasado mañana se omite la lectura continua, pues prevalece el relato del martirio del Bautista. Hoy, segundo día de esta breve secuencia, contextuamos históricamente el pasaje y hacemos unos apuntes válidos para nosotros.
Diversos autores sitúan hacia el año 85 de nuestra era la redacción final del evangelio de Mateo. El año 70 las tropas de Tito, después de cercar Jerusalén, incendian la ciudad y su Templo. Hasta ese tiempo, el judaísmo tenía un rostro nada uniforme, e incluso fragmentado: los habitantes de Judea despreciaban a los galileos, y tiempo atrás se había roto su comunión con los heterodoxos samaritanos; saduceos, herodianos, celotas, fariseos y escribas estaban enfrentados entre sí. Después de la destrucción del Templo cambia el panorama: es la tendencia farisea la que se impone. La tensión entre esta tendencia y los cristianos de Palestina degenera en excomunión de los últimos. El capítulo 23 de Mateo refleja este conflicto: en labios de Jesús aparece la diatriba cristiana contra letrados y fariseos.
Ya en el discurso del Monte se denuncian en términos generales las deficiencias del fariseísmo; ahora se hace fuego contra ellos con toda una batería de acusaciones, en la que se percibe nítidamente la propensión a convertir el adversario en enemigo. Podríamos examinar en qué medida cedemos nosotros a esa misma inclinación en nuestras valoraciones de “los de fuera” o “los de enfrente” y averiguar si reconocemos en ellos algún rasgo digno de aprecio.
La relación de la Iglesias católica con el judaísmo ha conocido un cambio a partir del Vaticano II, sin que deban olvidarse ciertos precedentes. Si en Mateo prepondera la presentación de la comunidad cristiana como el verdadero Israel (¡piénsese en la parábola de los viñadores homicidas!), nosotros entendemos ahora la Iglesia como el Israel definitivo de Dios, a la vez que afirmamos con Pablo y los últimos papas que los dones de Dios son irrevocables y declaramos que Israel es nuestro hermano mayor. Lo reflejaba ya una anécdota del que sería papa Juan XXIII cuando era nuncio en París. En una recepción, el rabino le cedía el paso a él, y él al rabino. El nuncio Roncalli zanjó aquel certamen de cortesías con estas palabras: “primero, el Antiguo Testamento”; en nuestros días habría dicho: “primero, el Primer Testamento”.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

domingo, 27 de agosto de 2017

Ven Espíritu Santo!

Ven, Espíritu Santo,
Penetra en las profundidades de mi alma con Tu amor y Tu poder.
Arranca las raíces más profundas y ocultas del dolor
Y del pecado que están enterradas en mi.
Lávalas en la Sangre preciosa de Jesús
y aniquila definitivamente toda la ansiedad,
angustia, sufrimiento interior, desgaste emocional, infelicidad,
tristeza, ira, desesperación, envidia,
odio y venganza, sentimiento de culpa y de autoacusación,
deseo de muerte y de fuga de mi mismo,
toda opresión del maligno en mi alma,
en mi cuerpo y toda insidia que él pone en mi mente.

¡Oh Bendito Espíritu Santo!
Quema con Tu fuego abrasador
toda tiniebla instalada dentro de mi,
que me consume e impide ser feliz.

Destruye en mi todas las consecuencias de mis pecados
Y de los pecados de mis antepasados,
Que se manifiestan en mis actitudes,
Decisiones, temperamento, palabras, vicios.

Libera, Señor,
Toda mi descendencia de la herencia de pecado y rebeldía
Con las cosas de Dios que yo mismo le transmití.

¡Ven, Espíritu Santo! ¡Ven, en nombre de Jesús!
Lávame en la preciosa Sangre de Jesús.
Purifica todo mi ser, quiebra toda dureza de mi corazón,
Destruye todas las barreras de resentimientos,
Dolor, rencor, egoísmo, maldad,
Orgullo, soberbia, falta de tolerancia,
Prejuicios e incredulidad que hay en mi.

En el poder de Jesucristo resucitado,
¡libérame, Señor!
¡Cúrame, Señor!
¡Ten piedad de mi, Señor!

¡Ven Espíritu Santo!
Hazme resucitar ahora para una nueva vida,
Plena de Tu amor, alegría, paz y plenitud.

Creo que estás haciendo esto en mi ahora
Y asumo por la fe mi liberación, cura y salvación
En Jesucristo, mi Salvador

¡Gloria a Ti, mi Dios!
¡Bendito seas para siempre!
Alabado seas, mi Dios!
En Nombre de Jesús y por María,
Nuestra Madre.





Cerco de Jericó - Tercer día

Así como complejo, dinámico e impredecible es el mundo, así es el mundo de la mente y sus expresiones.Muchos creen que calmando la mente se logra calmar el basto universo de los afectos, pasiones y deseos; lo cierto es que ella es causa de muchas dolencias; En ella residen muchas opresiones, angustias y, aún contando con el auxilio de la medicina, muchas veces nos sentimos prisioneros de todo lo que de ella proviene.En esta noche queremos pedir al Señor la gracia de una mente renovada.La gracia de tener los mismos pensamientos de Cristo Jesús.
¿Vives cerca de nuestra parroquia, aquí en Recreo?
Te esperamos a las 21 horas para vivir la Tercer Noche del Cerco de Jericó.

¿Estás lejano en el espacio y cercano en el corazón y deseas compartir esta experiencia oracional?
IMPRIME el ORACIONAL, prepara tu corazón y el corazón de tu hogar.
Conéctate ONLINE vía facebook a "Comunidad Piedras Vivas" y asiste EN VIVO a la transmisión que comienza a las 21 hs.
¡Dios nos une, Dios nos Bendice!

Testigos de la Esperanza


Meditación: Mateo 16, 13-20


XXI Domingo del Tiempo Ordinario

Jesús hace preguntas para saber qué piensa la gente respecto a su persona, el Hijo del hombre. Las respuestas son variadas: Juan Bautista, Elías, Jeremías, algún profeta. Cuando Jesús pregunta la opinión de los discípulos, Pedro se vuelve portavoz y dice: “¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo!” Luego, Jesucristo funda su Iglesia y nombra a Pedro y sus sucesores como piedra angular de la misma.

Pedro debe ser “la roca”, esto es, el fundamento firme de la Iglesia. Con estas palabras de Jesús, Mateo animaba a las comunidades perseguidas de Siria y Palestina a que vieran en Pedro al jefe de la Iglesia. A pesar de ser débil y perseguida, la comunidad tiene un fundamento firme: la palabra de Jesús.

Lo que hoy se sabe acerca de la Divinidad es todo y sólo lo que el Señor ha querido revelar a su Iglesia, pero es suficiente para nuestra salvación, y nuestro deber no es “entenderlo todo”, sino creerlo. Si cada uno cree de corazón y se entrega completa y sinceramente a Dios, él nos concede el crecimiento y el entendimiento que anhelamos. La magnificencia de Dios es tan infinita que sólo él puede darnos a conocer a Cristo, y concedernos la fe y la fuerza necesarias para confesar que Jesús es el Mesías, el Hijo del Dios vivo.

Por esto, en el Sucesor de Pedro, los fieles tenemos una luz firme y segura de nuestra fe, porque Jesucristo quiso edificar su Iglesia sobre Pedro y sus sucesores. En él hallamos una roca inconmovible, frente a los oleajes de la confusión doctrinal que hoy en día se arremolinan por doquier.

En el Sumo Pontífice, en los obispos y en los sacerdotes fieles, (es decir, todos aquellos que reconocen la autoridad del Vicario de Cristo, siguen su Magisterio y transmiten sus enseñanzas), encontramos a Cristo mismo, el Buen Pastor, que guía a sus ovejas a las praderas del cielo. Escuchemos su voz e imitemos su ejemplo de amor, santidad y entrega incondicional.
“Señor Jesús, te damos gracias por nuestro Papa, nuestros obispos y sacerdotes. Úngelos, Señor, para que sean siempre fieles seguidores tuyos y maestros confiables para nosotros.”
Isaías 22, 19-23
Salmo 138(137), 1-3. 6. 8
Romanos 11, 33-36

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

TU ERES... EL HIJO DEL DIOS VIVO

San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia 
Comentario sobre Mateo, 16
«Tú eres... el Hijo del Dios vivo»

      El Señor había preguntado: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Seguramente que la simple vista de su cuerpo manifestaba que era el Hijo del hombre, pero haciendo esta pregunta quería hacer comprender que, al verle había algo más en él, había algo que necesitaba ser discernido... El objeto de la pregunta era un misterio, a él debía tender la fe de los creyentes.

      La confesión de Pedro obtuvo plenamente la respuesta merecida por haber visto en el hombre al Hijo de Dios. Él es «dichoso», alabado por haber extendido su vista más allá de la de los ojos humanos, no prestando atención a lo que venía de la carne y de la sangre, sino contemplando al Hijo de Dios revelado por el Padre celestial. Pedro fue juzgado digno de ser el primero en reconocer que Cristo era Dios. ¡Qué fundamento que tiene la suerte de dar a la Iglesia el título de su nombre nuevo! Se convierte en la piedra digna de edificar la Iglesia, de manera que rompe las leyes del infierno... y todas las demás cárceles de muerte. Dichoso portero del cielo a quien se le confían las llaves de acceso a la eternidad; su sentencia en la tierra se adelanta a la autoridad del cielo, de manera que lo que se ligue o desligue en la tierra será ligado o desligado en el cielo.

      Jesús, además, ordena a los discípulos que no digan a nadie que él es Cristo, porque era necesario que otros, es decir, la Ley y los profetas, fueran testimonios de su Espíritu, mientras que el testimonio de la resurrección es propio de los apóstoles. Y puesto que la bienaventuranza de los que conocen a Cristo en el Espíritu ha sido manifestada, se manifiesta, a su vez, el peligro de desconocer su humildad y su Pasión.

Evangelio según San Mateo 16,13-20. 
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". "Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. 


RESONAR DE LA PALABRA

Fernando Torres cmf
¿Qué quiso decir Pedro?
San Pablo en la carta a los Romanos, segunda lectura de este domingo, acentúa una dimensión muy importante de nuestro conocimiento de Dios: el hecho de que no conocemos casi nada de él. Es tan inmenso, es tan grande, que su realidad se nos escapa. De él sabemos lo poco que se nos ha manifestado a través de Jesús. ¡Qué insondables sus decisiones! ¡Qué abismo de generosidad! ¿Quién conoció la mente del Señor? Por eso, cuando decimos “Dios” apenas sabemos lo que queremos decir. Sabemos que es “misterio de amor”, pero sobre todo “misterio”.
Quizás así entendamos un poco mejor el Evangelio de este domingo. Simón Pedro se atreve a ponerle nombre a Jesús, a decir quién es, a definirle: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Pero, ¿qué significan esas palabras? ¿qué significaron para Pedro? Podemos suponer que “Mesías” le recordaba a Pedro las viejas historias de liberación de su pueblo. Para un pueblo como el judío que vivía entonces bajo la dominación romana, liberación no podía tener otro significado que “liberación política”. Por fin, Dios se manifestaba claramente a favor de su pueblo. Eso no significa que Pedro odiase a los romanos, pero ¿no es acaso una legítima aspiración la búsqueda de la libertad tanto de las personas como de los pueblos? Al decir que Jesús era el Mesías, Pedro estaba expresando su fe en un Dios liberador, en un Dios que apoyaba la libertad de su pueblo para tomar sus propias decisiones y ser dueño de su destino.
Pero Pedro también dijo de Jesús que era “el Hijo de Dios vivo”. Como Pedro, por razones obvias, no había estudiado el catecismo de la Iglesia Católica, no tendría muy claro el significado de “Hijo de Dios”. Al menos, no tanto como nosotros. Probablemente, lo que quiso subrayar fue la especial relación que notaba entre Jesús y Dios, aquel al que el mismo Jesús llamaba su “Abbá”, su Papaíto. Era una relación especial de amor, de cariño, de entrega mutua. Pero, además, Pedro dice que Jesús es el Hijo de Dios “vivo”. Es otro dato importante a señalar. La vida es lo mejor que tenemos los humanos. Es, posiblemente, lo único que tenemos. Cuando pensamos en Dios, pensamos en la vida, pero no como la nuestra, siempre abocada a la muerte, sino en la Vida en plenitud, para siempre, verdadera. Jesús es el Hijo de Dios “vivo” porque, así lo veía Pedro, era capaz de comunicar vida a los que estaban en torno a él, a los que se encontraba, a sus amigos.
Para la reflexión
Al final, Pedro vino a confesar que Jesús llenaba totalmente sus expectativas de libertad y de vida, que en Jesús encontraba una posibilidad de salir de este círculo fatal de esclavitud y muerte en que nos vemos envueltos las personas. ¿Por qué no nos preguntamos a nosotros mismos qué queremos decir al confesar que Jesús es el “Hijo de Dios”, el “Señor”, el “Cristo”?

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 26 de agosto de 2017

TIEMPO PARA LOS DEMÁS

Con Jesús por la mañana.
“A veces nos parece que perdemos el tiempo cuando atendemos a un pobre... Nos parece que sus problemas no valen nuestro tiempo. ¿Tiempo perdido? No, Cristo, por cada uno de ellos bajó del cielo” (San Alberto Hurtado). El tiempo nos ha sido dado para servir. ¿Cómo empleas tus horas? ¿Dedicas tiempo a estar con tu familia y amigos o te aturdes con actividades que te aíslan de los demás? Descubre la belleza de “estar en los vínculos”. Llama a un amigo, toma con él un paseo, escucha sobre la marcha de su vida. Ofrece lo de hoy por los artistas.
Con Jesús durante el día.
“En aquel tiempo, Jesús dijo: Ustedes no se dejen llamar ‘maestros’, pues uno solo es su Maestro, y todos ustedes son hermanos” (Mt 23,8). ¿A quién buscas cuando sirves? ¿Te entristece la falta de agradecimiento cuando realizas algún servicio? ¿Te sientes hermano de tus hermanos aún en las disidencias? Repite al ritmo de respiración: “Dame tu amor y gracia para amar como Tú”.
Con Jesús por la noche.
Bautiza el día. Serénate y toma contacto con tu interioridad. ¿Cómo ha sido tu día? ¿Qué imágenes han quedado grabadas en el corazón? ¿En qué momento has sentido plenitud? ¿Qué sentimiento habita tu corazón ahora? ¿Cómo llamarías a tu día y por qué? Toma nota y agradece a Dios lo vivido.

Meditación: Mateo 23, 1-12


El Papa Francisco es el primer Sumo Pontífice en la historia moderna que realiza una visita apostólica a un país sumido en una terrible revolución sectaria.

En noviembre de 2015, visitó la República Centroafricana, donde la violencia entre cristianos y musulmanes ha cercenado la vida de miles de personas. Pero el peligro latente no le impidió al Santo Padre predicar en una mezquita de una comunidad sitiada y proclamar “Dios es paz.”

También visitó un campamento de refugiados donde bendijo a los niños desplazados. El Papa cree firmemente que “la fe es un encuentro con Jesús, y debemos hacer lo que Jesús hace: encontrarse con los demás,” dondequiera que estén.

Los escribas y fariseos a los que se refiere Jesús en la lectura de hoy podrían aprender algo del Papa Francisco. Eran maestros muy entendidos, pero se mantenían a distancia de aquellos a quienes se dirigían; estaban demasiado preocupados de los honores de sus posiciones y de ocupar los lugares principales en la congregación. Por estas razones, su enseñanza era vacía. Decían lo que cada uno debía hacer, pero no daban el ejemplo.

Los cristianos de hoy no podemos suponer que la gente vaya a adoptar la fe automáticamente y luego condenarlos o desentenderse de ellos si no lo hacen. Lo que sí hemos de hacer es seguir el ejemplo del Papa Francisco y salir a encontrarnos con la gente; buscar modos novedosos y concretos de mostrarles el amor de Cristo.

Para algunos, esto puede ser difícil. Tal vez estemos muy ocupados, seamos tímidos o estemos involucrados en tantas actividades que nos resulta difícil tratar con personas fuera de nuestros familiares y amigos íntimos. Pero en lugar de entenderlo esto como una exigencia, podríamos mirarlo sólo como un desvío breve y esporádico de nuestras actividades usuales. Esto no es tan difícil, ¿cierto?

Basta con dedicar un momento para escuchar a alguien que esté afligido; una hora de un día para ir a visitar a un amigo en el hospital o en un asilo de ancianos. O bien, ofrecerse para rezar por alguien que esté enfrentando graves dificultades. Esto es lo bueno de los encuentros personales; no tienen que ser eventos extraordinarios; solamente tienen que suceder y el Señor se ocupa del resto.
“Señor y Salvador mío, ayúdame a extender la mano un poco más hoy, porque quiero ser instrumento tuyo para ayudar a quien lo necesite hoy.”
Rut 2, 1-3. 8-11; 4, 13-17
Salmo 128(127), 1-5

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

QUIEN SE HUMILLA SERA ENSALZADO

Isaac el Sirio (siglo VII), monje cercano a Mossoul 
Discurso 58, primera serie
“Quien se humilla será ensalzado”. (Lc 18,14)

      Hay una humildad que viene del temor de Dios y hay una humildad que de Dios mismo. Hay quien es humilde porque teme a Dios y hay quien es humilde porque conoce el gozo. El primero, que teme a Dios recibe la dulzura en su cuerpo, en el equilibrio de sus sentidos y un corazón contrito en todo tiempo. El segundo, el que se humilla porque conoce el gozo, recibe una gran simplicidad y un corazón dilatado a quien nada ni nadie puede retener en el amor.


Evangelio según San Mateo 23,1-12. 
Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos:"Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar 'mi maestro' por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar 'maestro', porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen 'padre', porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco 'doctores', porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. Que el más grande de entre ustedes se haga servidor de los otros, porque el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado". 

RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Queridos hermanos:
Hoy se usa bastante la palabra “referente” para señalar a una persona que brilla ante nosotros por alguna cualidad especial. Parece significar lo mismo que “modelo”, o, al menos algo parecido a esta palabra, ya más gastada por el uso. Jesús viene a decirnos: “no toméis por referentes o modelos a los escribas y los fariseos. Hablan correctamente, pero su vida no es un dechado de calidad y conducta humana”.
Lo podría decir también de muchos de los que dirigimos la palabra a las comunidades cristianas. Nuestro hablar puede ser correcto; nuestra vida es ya otro cantar. Lo formulaba muy bien un poeta y obispo, Don Pedro Casaldáliga:
No voy,
va mi palabra.
¿Qué más queréis?
Os doy
todo lo que yo creo,
que es más que lo que soy.
Otro obispo, san Agustín, se hacía eco de las otras reglas dadas por Jesús: “con vosotros soy cristiano, para vosotros soy obispo. ‘Cristiano’ es un título de dignidad; ‘obispo’ es designación de un deber que me infunde temor”.
El apóstol Pablo se atribuye el título de “padre”. Dice que los fieles pueden tener muchos pedagogos, pero que padres tienen pocos, pues fue él, Pablo, quien los engendró para una vida nueva. El mismo apóstol señala, entre los distintos carismas que hay en la Iglesia, el de maestros (cf 1 Cor 12,28). Vemos, pues, que no faltan usos distintos en la Iglesia. Esto nos puede librar de “ fetichismos lingüísticos”, de “tabúes lingüísticos”, o de “fundamentalismos lingüísticos”, si me permitís las expresiones.
Quizá se objete: “pero la palabra de Jesús debe prevalecer sobre la de Pablo (que quizá no conocía estas palabras que figuran en Mateo)”. Y esto nos llevaría a cuestiones como la historicidad de esas palabras que aparecen en labios de Jesús, o la prioridad del sentido sobre la pura letra. En cualquier caso, lo mínimo que se puede pedir es que seamos sencillos en los títulos y en el trato, sin que por ello los responsables de las comunidades cristianas deban abdicar de la misión recibida, y sin que los demás nos permitamos negarles el reconocimiento que cuadra.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 25 de agosto de 2017

UNA CHISPA DE ESPERANZA

Con Jesús por la mañana.
“Los artistas, especialmente los artistas que son creyentes, cumplen una tarea importante y necesaria: crear obras de arte que porten, mediante el lenguaje de la belleza, un signo, una chispa de esperanza y de confianza allí donde las personas parecen ceder ante la indiferencia y la fealdad” (Papa Francisco). No permitas que la indiferencia y el mal gusto se instalen en tu corazón; no te habitúes a la fealdad. ¡Crea belleza! Ten un detalle de buen gusto en tus ambientes, una flor, un dulce, buena música, que puedas disfrutar con tus hermanos y ofrécelo por la intención del mes.
Con Jesús durante el día.
“Jesús le respondió: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente; este es el más importante y el primer mandamiento. El segundo es semejante a aquel: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22,37-39). ¿Cómo expresas tu amor a los demás? Continúa expresando amor a tus hermanos en los detalles de buen gusto que te propusiste por la mañana. Repite al ritmo de tu respiración: “Señor, enséñame a mantener unidos estos dos amores”.
Con Jesús por la noche.
Recuerda a las personas y ofrece. Aquieta la respiración y cierra los ojos. Recuerda a las personas que acompañaron tu día. ¿Qué te han dejado esos encuentros? ¿Cuánto amor has demostrado en el trato? ¿Alguien necesita que le pidas perdón? ¿Qué te hubiera gustado que fuera diferente? Apunta lo que descubras y ofrece a todas las personas que estuvieron en tu día.

Meditación: Mateo 22, 34-40


San Luis o San José de Calasanz, presbítero

Los seres humanos fuimos creados por un Dios amoroso, que quiso manifestarnos su ternura y hacernos partícipes de la vida eterna en la gloria del cielo. Nos creó a su imagen y semejanza, para que fuéramos capaces de recibir su amor y para que ese amor diera fruto en nosotros.

No hay poder más grande que el amor divino y, desde el comienzo, Dios quiso que su amor fuese la fuerza dominante en su Reino. El Altísimo rige todo lo creado con la ternura y la compasión de su amor eterno, y nos invita a todos, como personas y como comunidad, a adoptar el amor a Dios y al prójimo como principio de vida muy superior a todo lo demás. Porque en realidad estamos llamados a ser administradores de los bienes de Dios, unidos en el amor y ejerciendo su justicia.

Lamentablemente, el pecado trastornó la totalidad del orden creado y se desvirtuó el privilegio del amor. Hasta la palabra “amor” adoptó un significado distinto, para denotar un interés egoísta, sensual y la mezquindad de las intenciones del maligno. Sólo cuando Dios se revela —como lo ha hecho principalmente con la venida de Cristo— el amor recupera su dignidad correcta.

Sólo el Espíritu Santo que actúa en nuestro corazón nos purifica de los conceptos erróneos que tengamos del amor. Sólo por el Espíritu Santo podemos recibir el amor de Dios, que se nos ofrece libre e incondicionalmente y sólo por el Espíritu Santo podemos aprender a tratar a los demás con el mismo amor.

El amor de Dios es vivo y dinámico, capaz de transformar la vida y derribar los temores persistentes y las amarguras de la vida. Por la acción del Espíritu Santo, este amor llena nuestro corazón, y luego fluye hacia los demás dándonos fuerzas para ser bondadosos con el prójimo, con una confianza cada vez más grande en nuestro Padre celestial.

Toda vez que nos reunimos para celebrar la Sagrada Eucaristía, recordamos el primer y principal don del amor a Dios: la muerte y la resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. Por el poder de la cruz, todo pecado ha quedado derrotado, y el amor divino llena el alma y el corazón de los fieles, hombres, mujeres y niños.
“Amado Salvador y Redentor, participamos de tu Cuerpo y de tu Sangre en la Sagrada Eucaristía con amor y devoción para que seamos capaces de amar con tu amor divino e incondicional.”
Rut 1, 1. 3-6. 14-16. 22
Salmo 146(145), 5-10

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 250817

San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia 
Sermones para el domingo y las fiestas
Amar a Dios, al prójimo y a sí mismo

      Ámate tal cual Aquel que te ha amado te ha hecho. Despréciate tal como tú te has hecho. Sométete a Aquel que está por encima de ti. Desprecia lo que está por debajo de ti. Ámate de la misma manera que te ha amado Aquel que se entregó por ti. Despréciate  por haber despreciado eso que Dios ha hecho y ha amado en ti...

      ¿Quieres tener siempre a Dios en tu espíritu? Mírate tal como Dios te ha hecho. No busques ser otro que tú mismo, no quieras ser otro que ese que Dios te ha hecho. De esta manera tendrás siempre a Dios en tu espíritu.


Evangelio según San Mateo 22,34-40. 
Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron con Él, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?". Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas". 

RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Queridos hermanos:
¿Y si me preguntan a mí eso de “cuál es el mandamiento principal de mi vida”? Seguro que tengo una respuesta estupenda, de las de libro. Como seguramente tendría el fariseo del Evangelio de hoy si la pregunta se la hubiesen hecho a él.
Pero si alguien observa mi vida y deduce cuál es el principal interés o centro de atención (“mandamiento”) de la misma, la cosa podría ser distinta. Como le ocurría al fariseo.
Jesús no da la respuesta que le piden para “instruir” al fariseo, sino para recordarle que no basta con “saber” cuál es el mandamiento, sino que hay que ponerlo en práctica.
Este pasaje no admite mucho comentario, pero sí admite mucha reflexión. Te invito a que dediques unos minutos a repetir en voz baja, como si fuera un mantra, eso de “amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser y al prójimo como a uno mismo”. Y mira a ver cómo suena en tu vida, qué repercusión tiene en tu comportamiento de esta semana, de este viernes.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA