Mostrando entradas con la etiqueta Cardenal Sarah. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cardenal Sarah. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de enero de 2020

Callar para dominar








Callar y dominar los labios y la lengua es una tarea difícil, abrasadora y árida. Pero hay que sepultarse cada vez mas en las realidades interiores capaces de moldear eficazmente el mundo. El hombre tiene que presentarse en silencio ante Dios y decirle: Dios mío, ya que me has concedido el conocimiento y el deseo de perfección, guíame siempre hacia el absoluto del Amor. Haz que crezca en el amor, porque Tú eres el artesano sabio que no deja ninguna obra inacabada, siempre que el barro de la criatura no oponga ningún obstáculo, ningún rechazo. Me entrego sin palabras a ti, Señor. Quiero ser dócil y maleable como el barro en tus manos de hábil y benévolo alfarero.

Card. Sarah – “La fuerza del silencio” # 42

domingo, 5 de enero de 2020

El verdadero desierto



Ningún profeta ha encontrado jamás a Dios sin retirarse a la soledad y el silencio. Moisés, Elías y Juan el Bautista hallaron a Dios en el silencio del desierto. También hoy los monjes buscan a Dios en la soledad y el silencio. No me refiero únicamente a una soledad o un movimiento geográfico, sino a un estado interior. Tampoco basta con callar. Hay que convertirse en silencio.

Y es que Dios se encuentra en el hombre antes que en el desierto, antes que en la soledad y el silencio. El auténtico desierto está en nuestro interior, en nuestra alma.

Si lo entendemos así somos capaces de comprender que el silencio es indispensable para encontrar a Dios. El Padre aguarda a sus hijos en sus propios corazones.

Card. Sarah – “La fuerza del silencio” # 05

domingo, 29 de diciembre de 2019

En el recogimiento, Dios lo hace todo

Dios lo hace todo, actúa en cualquier circunstancia y obra todas nuestras transformaciones interiores. Pero solo si le esperamos en el recogimiento y el silencio.
Es en el silencio y no en el tumulto ni en el ruido, cuando Dios penetra en las profundidades más íntimas de nuestro ser. En Quiero ver a Dios, el padre Marie-Eugéne escribía elocuentemente: “Nos sorprende esta ley divina. ¡Va tan en contra de nuestra experiencia de las leyes naturales del mundo! Aquí, en la tierra, toda transformación profunda, todo cambio exterior produce cierta agitación y se hace en el bullicio. El río no podría alcanzar el océano, que es su meta, más que por el movimiento de sus aguas, que se dirigen a él rumorosas”.

Si nos fijamos en las grandes obras, en las acciones más poderosas, en las transformaciones interiores más extraordinarias y espléndidas que Dios obra en el hombre, no cabe sino constatar que trabaja en silencio. El bautismo obra una maravillosa creación en el alma del niño o del adulto que recibe este sacramento en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Al nuevo bautizado se le sumerge dentro del nombre de la Trinidad, se le inserta en el Dios Trinitario. Se le concede una nueva vida que le permite llevar a cabo los actos divinos de los hijos de Dios. Nosotros escuchamos las palabras del sacerdote: Yo te bautizo…, vemos correr el agua por la cabeza del niño; pero de esa inmersión en la vida íntima de la Trinidad, de la gracia y de la creación que requiere nada menos que la acción personal y omnipotente de Dios, no hemos visto nada. Dios ha pronunciado su Verbo en el alma en silencio. En esa misma oscuridad silenciosa suelen acontecer los sucesivos desarrollos de la gracia.

Card. Sarah – “La fuerza del silencio” # 08

La fuerza del Silencio # 08