domingo, 12 de julio de 2026

El abrazo al "discípulo roto": Cuando la fragilidad se torna camino hacia la santidad.






En el diario caminar existen días, incluso algunas veces períodos prolongados, en los que el peso de nuestras fallas y las consecuencias del pecado nos hacen sentir "moradas en ruinas". Son tiempos con claroscuros donde el pensamiento recurrente es creer que el quebranto nos aleja definitivamente de la santidad. Aquellos que han hecho experiencia comunitaria en Piedras Vivas bien lo pueden atestiguar, pues en ella hemos vivido, percibido y abrazado la identidad del discípulo roto: de aquel que, lejos de ocultar su fragilidad, la presenta ante Jesús como el lugar privilegiado donde la Gracia puede verdaderamente trabajar.

Como afirmaba el P. Laurent Fabre, al reconocer la verdad de su propia humanidad: "Lo más profundo que he descubierto... es que era un pecador" es que podemos tomar consciencia que esta confesión lejos de ser un final, es el inicio de la restauración que el Padre Misericordioso opera desde nuestras mismas ruinas, en estos tiempos, por la acción del Espíritu Santo. San Pablo experimentó un "aguijón clavado en la carne", y fue esa herida la que posibilitó en él el descubriendo del poder de Dios que se perfecciona precisamente en la debilidad (2 Co 12, 7-9).

No podemos olvidarnos la insistencia del Papa Francisco quien repetía de diversas formas que seguir a Cristo "requiere de nosotros una gran docilidad, una gran humildad, para reconocer nuestros límites".

¿Caminas agrietado? ¿El peso de la herida te hunde en abismos de desolación y tristeza? No huyas de estos sentimientos, reconcíliate con tus grietas, contémplalas, procura dejar que la mirada del Misericordioso las penetre; Él no está distante ni desatento a tus ruinas porque existe una verdad innegable: desde el día en que el agua bautismal selló tu vida, desde el momento en que confirmaste tu vínculo de amor con Él; desde el momento mismo en que del pecho abierto del Crucificado brotó Sangre Redentora, en lo que está en ruinas aún viven "semillas del Verbo" esperando ser reconstruidas. ¡¿Vas a desistir de esta obra?!

¡Ánimo!
La obra esta siendo realizada en el silencio amoroso del Corazón de Jesús!

Oración del Discípulo Roto

Señor Jesús, al contemplarte en la cruz, al ver Tu humanidad herida por nuestros pecados, pongo mi humanidad herida ante Ti; en ella verás que vive el peso de sentirme en ruinas.
No hay engaño, aquí están mis llagas.
No procuro revestirme con falsas seguridades ni ocultar mis grietas bajo apariencias de santidad. Estoy aquí reconociendo lo que soy: un discípulo roto por el pecado; Un hijo, un hermano que lleva un aguijón clavado en la carne.
¡Lanza Tu mirada de misericordia sobre mis escombros!
Restáurame desde mis mismas ruinas, porque sé que en lo más hondo de mi quebranto aún laten semillas del Verbo esperando Tu soplo de Vida.
No desistas de esta obra, Señor.
Venda mi corazón herido.
Otórgame la humildad necesaria para reconocer mis límites.
Que mi debilidad no sea un abismo que me aleje de Ti, sino el lugar privilegiado donde Tu Gracia se perfeccione.
Permíteme descansar sobre Tu Lado abierto, para que en el silencio de Tu Corazón mis miserias sean consumidas por Tu Amor.
¡Señor, aquí está mi nada; que lo sea todo para Tu Gloria!

®piedrasvivas

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