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viernes, 20 de enero de 2017

3 formas de silencio

3 formas de silencio para relacionarse con Dios de Santa Teresa de Calcuta

No podemos entrar inmediatamente en la presencia de Dios sin una experiencia de un silencio interior y exterior


Resulta muy difícil predicar cuando no se sabe cómo hacerlo, pero debemos animarnos a predicar. Para ello, el primer medio que debemos emplear es el silencio.

Las almas consagradas a la predicación son almas que se sumergen en un gran silencio. No podemos entrar inmediatamente en la presencia de Dios, sino a condición de que hagamos la experiencia de un silencio interior y exterior. Por eso,hemos de adoptar como propósito especial el silencio de la mente, de los ojos y de la boca

1.- El silencio de la boca

Este tipo de silencio nos enseñará muchísimas cosas: a hablar con Cristo; a estar alegres en los momentos de desolación; a descubrir muchas cosas prácticas para decir. En los momentos de desolación, Cristo habla por medio de los demás y en la meditación nos habla directamente. Además, el silencio nos asemeja mucho más a Cristo, puesto que Él siente amor especial por esa virtud.

2.- El silencio de los ojos


Guardemos, entonces, el silencio de los ojos, el cual nos ayudará siempre a ver a Dios. Los ojos son como dos ventanas a través de las cuales Cristo y el mundo penetran en nuestro corazón. Muchísimas veces necesitamos un gran valor para tenerlos cerrados. Cuántas veces decimos: "Qué lástima no haber podido mirar aquello", quedamos entonces preocupados por no poder vencer el deseo de mirarlo todo.

3.- El silencio de la mente y del corazón


La Virgen María "conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón". Este silencio la aproximó tanto al Señor, que nunca tuvo que arrepentirse de nada. Mira cual fue su comportamiento al ver la confusión de San José. Una palabra suya hubiera bastado para poner claridad en su mente; con todo, ella prefirió no decir nada y el propio Señor obró el milagro de rescatar su inocencia. ¡No podríamos encontrar un argumento mejor para convencernos de la necesidad de silencio! Creo que así el camino hacia una más profunda unión con Dios se hace clarísimo.

El silencio nos proporciona una visión nueva de todas las cosas. Necesitamos el silencio para poder acercarnos a las almas. Lo más importante no es aquello que decimos, sino aquello que Dios nos dice y lo que dice a través de nosotros. Jesús está siempre pronto a presentársenos en el silencio. En el silencio, nosotros lo escuchamos, Él habla a nuestro espíritu, y nosotros podemos escuchar su voz.

El silencio interior es sumamente difícil, pero tenemos que esforzarnos por pedirlo.

En el silencio hallaremos una nueva energía y una genuina unión con Dios. Su fuerza será nuestra fuerza para poder cumplir bien nuestras tareas, y eso ocurrirá por la unión de nuestro pensamiento con el suyo, por la unión de nuestras acciones con sus acciones, por la unión de nuestra vida con su vida. Todas nuestras palabras serán por completo inútiles a menos que procedan de lo más íntimo de nosotros mismos. Las palabras que no procuran la luz de Cristo no hacen más que aumentar en nosotros la confusión.

Todo esto exigirá mucho sacrificio, pero si efectivamente intentamos orar y queremos sinceramente orar, hemos de estar prontos a hacerlo ahora mismo. Estos son sólo los primeros pasos hacia la plegaria, pero si nos decidimos a darlos con resolución, podremos llegar hasta el último grado: la presencia de Dios.

sábado, 10 de diciembre de 2016

DISPOSICIÓN

¿Cuál es la mejor disposición para acercarse a Dios?

Para acercarse a Dios no hay mejor disposición que el desprendimiento de todas las cosas y del propio yo. La experiencia del encuentro con Dios no depende de nuestro propio esfuerzo ni brota de ninguna parte. Se nos es dada de un modo totalmente gratuito: es un acto de amor por parte de Dios, que ilumina los ojos de nuestro corazón. Así, apoyados en Cristo, podemos tener una experiencia de Dios. Se podría definir este estado como un estar dentro de sí mismo, en un vacío total de todo lo que no es el ser humano, donde Dios se revela como el totalmente Otro, que no se puede identificar con La realidad personal más profunda. Experimentando a Dios en su propia conciencia, la persona, por una luz divina, es introducida en la conciencia de Dios. Y en la experiencia de uno experimenta el otro.
Cristo nos hace la propuesta de adentrarnos en una mayor intimidad por el solo hecho de que por la fuerza del Espíritu somos una imagen de este Dios que nos ha creado. Cristo viene a revelarnos el amor del Padre y así, poco a poco, nos va revelando lo que somos y cuál es nuestra misión. Cristo nos da un nuevo “sentido a la vida”. Por la revelación que Cristo nos va haciendo nuestra vida va creciendo hasta adquirir dimensiones del cosmos y acaba desbordándose tomando dimensiones divinas.


fuente Café Diálogo