Hoy la mirada se dirige a los matrimonios que atraviesan crisis. La alianza no es sólo un pacto humano: es un signo de Dios en medio de la comunidad. Defenderla es volver a creer que el amor puede levantarse aun cuando parece agotado.
La fidelidad es más que resistencia: es confianza en que el Espíritu Santo puede renovar lo que parecía perdido.
Que esta jornada sea un clamor por los esposos, para que descubran que la promesa hecha ante Dios sigue siendo fuente de esperanza.

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