miércoles, 19 de agosto de 2026

La ternura, un derecho

El abandono de los niños no siempre se ve en la calle: muchas veces se esconde en los hogares. Es abandono cuando un padre está presente pero nunca escucha; cuando una madre está cerca pero no acaricia; cuando el tiempo se llena de pantallas y no de abrazos. Es abandono cuando un niño pide compañía y recibe silencio, cuando busca confianza y encuentra indiferencia. También es abandono espiritual: crecer sin oración, sin bendición, sin horizonte de fe.

Un mandato de Jesús resonó en el corazón de los discípulos: ‘Dejen que los niños vengan a mí’ (Mc 10,14). Hoy esa Palabra nos golpea a nosotros: ¿cómo vendrán a Él si los dejamos solos, si no les mostramos el camino, si no les abrimos la puerta de nuestro corazón? La ternura es su derecho, no un lujo. Pidamos al Espíritu Santo que despierte en nosotros la urgencia de protegerlos: que ningún niño quede sin abrazo, sin voz, sin fe. Porque cuando un niño es abandonado, se hiere el rostro mismo de Cristo en medio nuestro.”

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