Existe un secreto que el mundo no entiende: para ser fuerte, hay que ser pequeño. Daniel Godri suele hablar del «Santo Coraje», que es la valentía de admitir que somos frágiles y necesitamos de Dios. Admitir nuestros límites no es cobardía, es abrir espacio para ser cuidados por el Padre.
Tiago Marcon, citando a San Pablo, nos recuerda que es en la debilidad donde el poder de Dios se manifiesta plenamente. Cuando dejamos de confiar en nuestras capacidades humanas y nos arrojamos a los brazos de Jesús, somos revestidos de la «fuerza de lo Alto».
Es el misterio de la gracia: cuando tocamos nuestra propia nada, el Espíritu Santo lo es todo en nosotros.
No nos avergoncemos de nuestras espinas; ellas son la ocasión perfecta para que la fuerza de Cristo habite en nuestros corazones y nos haga invencibles ante el Maligno.
Es el misterio de la gracia: cuando tocamos nuestra propia nada, el Espíritu Santo lo es todo en nosotros.
No nos avergoncemos de nuestras espinas; ellas son la ocasión perfecta para que la fuerza de Cristo habite en nuestros corazones y nos haga invencibles ante el Maligno.

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