La Cuaresma de San Miguel nos recuerda que la vida cristiana es camino de combate y fidelidad. Cada pensamiento que compartimos en la jornada es una chispa que ilumina la batalla interior y nos anima a perseverar.
Esta placa no se lee aislada: se enlaza con las demás, formando un proceso que nos abre a la gracia y nos sostiene en la unidad.
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