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sábado, 24 de marzo de 2018

¿DIOS NO PODRÍA HABER PERDONADO A LOS ÁNGELES?

SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD - Parte VIII
¿DIOS NO PODRÍA
HABER PERDONADO
A LOS ÁNGELES?




Después de ver como aconteció la caída de los Ángeles y su transformación en Demonio, ciertamente pasó por nuestra cabeza que, una vez que Satanás vio su error, vio su derrota frente a Dios y a los Ángeles de Dios, vio que se deformó en tinieblas; ¿no podría entonces haberse arrepentido y volver atrás en su decisión?

¿Y si el Demonio se arrepintió, podría Dios haberlo perdonado y restablecido en su puesto como un Ángel de Luz nuevamente?

Lo que nos enseña la Iglesia en este sentido es que, si el Demonio se hubiese arrepentido, ciertamente Dios lo habría perdonado, pues Dios es amor, y es amor siempre.

Pero la realidad es que el Demonio no se arrepintió y ni se arrepentirá de sus errores y de su rebelión; y continua hasta los días de hoy, ininterrumpidamente, con su pecado de soberbia y mentira, atacando a los hijos de Dios para hacerlos caer.

Dos realidades lo hacen no arrepentir y volver atrás de sus errores:

La primera es la realidad de que los Ángeles, por ser criaturas espirituales, están dotados de una lucidez y de una inteligencia desproporcionada y superior a los hombres. Eso significa que, cuando hacen una elección, la hacen con tamaña fuerza interior, libertad y claridad que es imposible volver atrás de esa opción.

La segunda razón es que, una vez que el Demonio, en su voluntad y libertad, no quiere aceptar a Dios, y en verdad Lo rechaza y Lo desprecia, no podría existir sobre él la gracia de Dios que lo conduzca al arrepentimiento. De este modo será imposible que él se arrepienta, pues la contrición de corazón y el arrepentimiento son una acción de gracias de Dios sobre la criatura.

Por lo tanto, podemos decir que Dios es capaz de perdonar cualquier pecado, pero no puede perdonar a un Demonio pues la ley que el propio Dios estableció fue que el perdón es dado a aquel cuyo corazón se arrepintió; luego, como un Demonio jamás se arrepentirá, jamás habrá perdón para él.

Entiende que no es Dios quien no es capaz de perdonar, sino que está en la voluntad del Demonio no querer arrepentirse y volver.

San Juan Pablo II, en un discurso dado el 23 de julio de 1986, hizo esta afirmación sobre la caída de los Ángeles:
Con base en su libertad creada, hicieron una opción radical e irreversible, del mismo modo como los Ángeles buenos hicieron, pero diametralmente opuesta: en vez de una aceptación de Dios llena de amor, le opusieron un rechazo inspirado en un falso sentido de autosuficiencia, de aversión y hasta de odio que se convirtió en rebelión.
¡Por lo tanto, San Juan Pablo II afirma que fue una opción radical e irreversible!

El catecismo de la Iglesia Católica es también muy claro al respecto:
Es el carácter irrevocable de su opción, y no una deficiencia de la infinita misericordia divina, que hace que el pecado de los Ángeles no pueda ser perdonado. (CIC 393)
En este número del Catecismo existe una cita de San Juan Damasceno que afirma:
No existe arrepentimiento para ellos (Demonios) después de la caída, como no existe para los hombres después de la muerte. (Damasceno, S. Juan De fide orthodoxa 2,4)
El catecismo continua:
Esta “caída” consiste en la opción libre de esos espíritus creados, que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino” (CIC 392)
Por lo tanto, podemos afirmar que los Demonios escogieron para siempre lo que conocían con convicción.

Diferente de los hombres y de su naturaleza ya manchada por el pecado original, estos sí pueden arrepentirse y volver atrás de sus decisiones; pues no hay en los hombres tal claridad y lucidez sobre las realidades de Dios y del mundo espiritual que los rodea.

Una vez enraizadas en el hombre las consecuencias del pecado original, el acaba siendo condicionado e influenciado por sus propias pasiones y limitaciones, posición esta que lo limita en sus decisiones y percepciones.

Santo Tomás de Aquino nos enseña que, diferentemente de los Ángeles, los hombres no pueden tornarse buenos o malos en un único y preciso momento, pero este camino es hecho lentamente, elección sobre elección, delante de los hechos que se hacen, de las diversas posibilidades que se presentan.

Es exactamente por eso que, a pesar de la gravedad del pecado de Adán y Eva, su error no mantiene a los hombres en un estado de caída eterna, sino que se abrió a los mismos -y a toda la humanidad- una posibilidad de un camino de arrepentimiento y perdón.

LUCIFER: SOBERBIO, MENTIROSO Y ASESINO.

SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD - Parte VII
LUCIFER: SOBERBIO,
MENTIROSO Y ASESINO.

Las evidencias en las Sagradas Escrituras y en los escritos de los santos nos señalan realmente el pecado de Lucifer como un pecado de soberbia, que derivó en otros pecados como el orgullo, la envidia, la mentira, etc.

Lucifer, a pesar de ser “el Ángel más elevado, mas bello y mas perfecto” como dice Orígenes, fue capaz de transfigurarse en un ser terrible y maligno, que se transformó en el Diablo, o en Satanás, como es conocido.

Muchos exorcistas, por la experiencia en los exorcismos, afirman que Satanás y el Diablo son el mismo ser, y la Biblia da a entender eso en algunos pasajes. Pero la gran mayoría de los exorcistas afirma que Lucifer es otro ser distinto de Satanás.

Como la propia denominación de Lucifer es un nombre extra-bíblico, pasaremos a llamar esa figura deformada bajo los nombres de Ángel caído, Satanás o Diablo.

La Palabra Satanás significa adversario, enemigo, opositor (Summa Daemoniaca p. 30 p. Fortea). Ya la palabra Diablo viene del verbo griego y significa Acusador. (Summa Daemoniaca p. 30 p. Fortea).

Después de esta deformación moral, a partir de la cual él consintió con el pecado de la soberbia, este ángel, que pasó a ser visto como Satanás, no fue expulsado del cielo solo; el no se corrompió ni se deformó solito. Él era bello y grandioso en el cielo, y los otros Ángeles lo admiraban por tamaña belleza, y tan grande era su inteligencia con relación a los otros Ángeles, que en su corrupción, el fue capaz de arrastrar una multitud de Ángeles con él, bajo el mismo argumento con el cual el se autoconvenció: de que le era posible ser como Dios!

Otros Ángeles, dotados también de inteligencia, de libre arbitrio y de un cierto grado de conocimiento de Dios, se dejaron convencer definitivamente de que Lucifer era mayor que Dios y que ellos, los Ángeles, no podrían tampoco de manera alguna estar al servicio de la criatura humana.

San Buenaventura levanta una posibilidad muy concreta cuando, comentando sobre la caída de los otros Ángeles, afirma que aquellos Ángeles que siguieron a Lucifer en la caída no solamente pecaron porque creyeron en las mentiras de él, sino porque de alguna forma el pecado de la soberbia que nació en Lucifer, comenzaba a reflejarse en ellos. De ese modo, ellos también comenzaron a desear la misma excelencia de Lucifer, se dejaron corromper progresivamente por el pecado de la soberbia y decidieron seguir a Lucifer -pues, para ellos, solamente por medio de la exaltación de Lucifer, es que podrían también obtener tan grande gloria.

Imaginen la fuerza de la inteligencia y de la argumentación de Lucifer para convencer “un tercio” (cfr. Gen 12,4) de los Ángeles de Dios a seguirlo.

¡Todos estos Ángeles pasaron por la prueba! La prueba de la libertad, de la elección, de la inteligencia y de la razón. Todos podrían haber escogido a Dios. Ninguno de ellos precisaría haber seguido a Lucifer. A pesar de todo, ellos se corrompieron, se revelaron y se transformaron en Demonios.

En el momento de la caída de los Ángeles, Lucifer se revela como el “padre de la mentira” y “asesino por excelencia” (cfr. Jn 8,44) por haber tenido la habilidad de engañar a todos los otros Ángeles que lo siguieron, y de cierta manera haber “asesinado” la posibilidad de continuar la vida en Dios que había en cada Ángel que lo siguió. El fue asesino y mentiroso desde el principio: 
“Ustedes tienen por padre al demonio y quieren cumplir los deseos de su padre. Desde el comienzo él fue homicida y no tiene nada que ver con la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando miente, habla conforme a lo que es, porque es mentiroso y padre de la mentira.”Jn 8,44
Pero también Satanás es llamado “padre de la mentira” y “asesino”, porque fue exactamente lo que el provocó por medio de su mentira, convenciendo a Adán y Eva de que, si experimentaban del fruto del árbol del conocimiento serían como dioses (cfr Gen 3,4), trayendo la muerte espiritual y física no solamente para Adán y Eva, sino para toda la humanidad. Nuevamente, el se mostró “asesino y mentiroso” Mintió a sus Ángeles, mintió a nuestros primeros padres, trajo la muerte al mundo y su propia ruptura definitiva para con Dios.

Y la Palabra de Dios lo atestigua de verdad cuando nos dice: 
Porque Dios no ha hecho la muerte ni se complace en el perdición de los vivientes.Sab 1,13
Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla.Sab 2, 23-24
Por lo tanto, el es mentiroso y asesino desde el principio.

San Jerónimo dice:
“Con Lucifer, uno de sus príncipes, cayeron muchos otros; (…) Lucifer pecó por orgullo y consigo arrastró un tercio de las estrellas, esto es, de los Ángeles” (Cfr. Montelli, G. Gli angeli, p 82-83)
Existe un relato extraordinario de un sacerdote exorcista, llamado Francisco Bamonte, que actualmente es el Presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, fundada por el p. Gabriele Amorth, y que tuvo su Reconocimiento Pontificio en el año 2014

El p. Francisco Bamonte relata que, durante un exorcismo, el Demonio expresó su rebeldía contra Dios expresándose de esta manera:
“Me revelé porque yo no soy Él. Quería ser como Él. Tengo muchos poderes y, por eso, creía que podía ser igual a Él. Quería ser como Él. Muchos me siguieron porque yo les he prometido todo, todo, todo… Les había prometido que yo sería como Dios. Yo tenía muchos poderes, tanto que hasta ellos (los otros Ángeles) creyeron que yo podía ser como Dios. Yo era mayor y más bello; yo era aún más bello que Miguel” 
En este relato de arriba vemos realmente la verdadera imagen que Lucifer tenía de sí mismo, su intención de ser como Dios, y como él engañó a otros Ángeles por tan grande excelencia que había en él. Vemos también como él mintió a estos Ángeles, prometiéndoles realidades que no podrían alcanzar.

En este mismo exorcismo, el exorcista que estaba rezando por este poseído, y autorizado por el Ritual Romano, -el cual provee la posibilidad de ordenar al Demonio que posee a la persona a revelar su nombre-, así indagó a él:
-En nombre de Jesús: ¿Cómo te llamabas antes de la Rebelión?La respuesta fue:-Lucifer…El exorcista preguntó qué significaba realmente aquel nombre y quedó sorprendido con la respuesta, cuando el mismo dijo:-Ángel. Ángel encima de los Ángeles… Ángel por excelencia.
No debemos siempre creer en todo lo que el Demonio dice cuando se trata de manifestaciones diabólicas, pero algunas veces, él es obligado, por una intervención divina, a revelar u obedecer al exorcista que le cuestiona algo.

Para completar el entendimiento de la caída de Lucifer, tenemos algunas citas que considero importantes para cerrar este asunto.

En el IV Concilio de Letrán existe un decreto que afirma:
El Diablo, por lo tanto, y los otros espíritus malos, fueron creados buenos por su naturaleza, pero se volvieron malos por obra de sí mismos.
Aquí no se plantea la cuestión del tipo de pecado que causó la caída, sólo que fue un acto de libertad de los mismos.

En el catecismo de San Pio X, que en verdad es un resumen sobre la doctrina católica en forma de preguntas, afirma en la cuestión 39:
¿Fueron los Ángeles todos fieles a Dios?Los Ángeles no fueron todos fieles a Dios, pero muchos de ellos, por soberbia, pretendieron ser iguales a Él e independientes; por causa de este pecado, fueron excluidos del Paraíso para siempre y condenados al infierno.
El mismo Catecismo dice que el nombre de los Ángeles condenados al infierno son Demonios, que tienen por su Jefe a Lucifer o Satanás (cfr. Cuestión 40)

El entonces Papa Pablo VI, en su famosa audiencia del 15 de noviembre de 1972 afirma:
Los Demonios son criaturas de Dios, pero caídas, por rebeldes, -y condenados; constituyen un mundo misterioso revuelto por un drama muy infeliz, del cual conocemos poco.
El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica resume la caída de los Ángeles de esta manera:
¿Qué es la caída de los Ángeles?Con la expresión «la caída de los ángeles» se indica que Satanás y los otros demonios, de los que hablan la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, eran inicialmente ángeles creados buenos por Dios, que se transformaron en malvados porque rechazaron a Dios y a su Reino, mediante una libre e irrevocable elección, dando así origen al infierno. Los demonios intentan asociar al hombre a su rebelión contra Dios, pero Dios afirma en Cristo su segura victoria sobre el Maligno. (CCIC 74)

Leer también

DEL CIELO SURGE UN GRITO: ¡QUIEN COMO DIOS!


Danilo Gesualdo
Libro: "Libres de todo mal" - Editora Cancao Nova
adaptación del original en portugues

martes, 20 de marzo de 2018

DEL CIELO SURGE UN GRITO: ¡QUIEN COMO DIOS!

SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD - Parte VI
DEL CIELO SURGE UN GRITO:
¡QUIEN COMO DIOS!

Después que Lucifer comienza a apartarse de Dios, la soberbia, el orgullo y la envidia lo dominan de tal manera, que el no acepta mas ser criatura, sino que quiere actuar y ser como el Creador. ¡Lucifer quiere ser como Dios!

Pienso que fue en este exacto momento en que Lucifer se extravió y se dejó corromper, queriendo ser como Dios, que del Cielo surgió un grito: ¡”Quien como Dios, quien como Dios…”

El hecho de que el Arcángel Miguel, cuyo nombre significa “Quien como Dios”, haya trabado una batalla en el cielo contra Satanás nos muestra también el tipo de pecado que él, Miguel, combatía… Este “Quien como Dios” es una forma de afirmar que “Nadie es como Dios”, pues ciertamente alguien se levantó para ser como Dios. En general, los nombres de los Ángeles dicen y nos señalan un poco su misión. Y la Palabra nos dice:
“Entonces se libró una batalla en el cielo: Miguel y sus Angeles combatieron contra el Dragón, y este contraatacó con sus ángeles, pero fueron vencidos y expulsados del cielo.”Ap 12, 7-9
El Arcángel Miguel, hasta los días de hoy, hace oposición al Diablo -que quiere hacerse como Dios- recordándole que ¡nadie es como Dios!

Es por eso también que la presencia de San Miguel Arcángel es siempre marcante y muy eficaz en las oraciones de liberación y en los exorcismos.

Otro pasaje trae esta asociación a la caída de Lucifer:
“¡Cómo has caído del cielo, Lucero, hijo de la aurora! ¡Cómo has sido precipitado por tierra, tú que subyugabas a las naciones, tú que decías en tu corazón: «Subiré a los cielos; por encima de las estrellas de Dios erigiré mi trono». Cfr. Is 14, 12-14
Lucifer, con su visión desordenada sobre sí mismo es corrompido por tal pecado, hace que dentro de si, de sus decisiones y su voluntad, otros pecados comiencen a nacer. Cuando el, ya con su astucia diabólica, se coloca frente a Adán y Eva en el Paraíso para tentarlos y hacerlos caer, es cierto que la envidia también ya había invadido su ser. Al final de cuentas, Adán y Eva, criaturas inferiores a los Ángeles fueron creados a imagen y semejanza del Creador.

Para Lucifer, era impensable que tal dignidad sea otorgada a ser inferiores, y por eso la envidia lo domina, su prepotencia lo ciega y nace el odio a Dios. A partir de entonces, Lucifer, sabiendo que era inferior a Dios, simple criatura, nunca pudiendo hacer nada directamente contra Dios, decide guerrear contra los hijos de Dios. Por lo tanto, la soberbia, la envidia, el orgullo y el odio fueron y continúan siendo un impulso irresistible e irreversible en Lucifer. El no pecó solamente en el pasado, pues no podemos jamás decir que fue una rebeldía original de Lucifer contra Dios y que, después de eso, hubo arrepentimiento y contrición. ¡No! Tan grande era el conocimiento, la proximidad, la inteligencia y la claridad de Lucifer con relación a Dios, que el no conseguiría oponerse libremente y volver atrás- como entendiendo, solamente después, que sus elecciones fueron erradas.

Para nosotros, seres humanos, puede ser cuestionable si Lucifer, después que vio los resultados de su elección realmente no podría haber entendido que había errado. Pero pensamos así porque no tenemos la dimensión del conocimiento y claridad que Lucifer tenía de Dios… Por eso, su opción en rebelarse contra Dios sería irreversible.

Todavía hoy, después de pasar por todo su proceso de deformación, de Ángel de Luz a un ser de tinieblas, Lucifer persiste en su culpa, en su rebeldía, en su odio y en su oposición directa a Dios y a Su creación.

En la carta de Judas, queda claro que fue por la opción libre de Lucifer y de aquellos que lo siguieron que resultó su caída:
“En cuanto a los ángeles que no supieron conservar su preeminencia y abandonaron su propia morada, el Señor los tiene encadenados eternamente en las tinieblas para el Juicio del gran Día.”Judas 1,6
Judas afirma que fueron “los Ángeles que no conservaron su dignidad”. Fue responsabilidad de ellos abandonar la propia morada, fue responsabilidad de ellos no “conservar su dignidad”.

Pedro, en su carta, refuerza que Dios no perdonó a los Ángeles, porque ellos pecaron:
“Porque Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que los precipitó en le infierno y los sumergió en el abismo de las tinieblas, donde están reservados para el Juicio.”2 Pe 2, 4
San Cirilo de Alejandría hace la siguiente afirmación:
“El Diablo era un querubín que ofendió a Dios por arrogancia y que, ensoberbecido por su gloria, perturbó el orden establecido por Dios, exigiendo una honra superior a la de su condición.”In Genesin, p. 69, 21-24
Y San Cirilo concluye: 
“Imaginó que podría elevarse a la naturaleza de Creador y sentarse en el trono de Él, pero cayó como un rayo.”In Joan, V, 4: p. 73, 809
Veo que San Agustín consigue cerrar esta cuestión cuando, de manera espléndida, explica sobre la caída de los Ángeles, en la obra titulada De Genesis ad litteram, la cual el p. Bamonte resume en su libro diciendo:
El Diablo no cayó por envidia del hombre, porque fue hecho a imagen de Dios, sino por soberbia: la soberbia es el amor desordenado a su propia excelencia, mientras que la envidia es el odio a la excelencia y la felicidad de los otros. Por eso, no puede la envidia existir antes que la soberbia, sino solamente después de ella, porque es su consecuencia (…) Por eso, no es por causa de la envidia que se es soberbio, sino por causa de la soberbia que se es envidioso. La caída del Ángel sucedió antes de la creación del hombre y fue la soberbia que, después, lo volvió envidioso del hombre”
Los Ángeles rebeldes p. 52
Leer también

Danilo Gesualdo
Libro: "Libres de todo mal" - Editora Cancao Nova
adaptación del original en portugues

FUE NECESARIO QUE LOS ÁNGELES PASEN POR UNA PRUEBA

SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD - Parte V
FUE NECESARIO QUE LOS ÁNGELES
PASEN POR UNA PRUEBA


¿Qué implicaba de manera concreta esa prueba que cada Ángel debía pasar? ¿Estarían los Ángeles preparados para eso?
No se tiene una certeza respecto en qué consistía esa prueba que los Ángeles precisaban pasar, pero ciertamente estaba ligado a la libertad que les fue dada y a la capacidad de escoger.
Existen dos líneas que algunos teólogos y santos de nuestra Iglesia ponen como posibilidades. 
La primera tesis sobre la prueba por la cual los Ángeles necesitarían pasar considera la posibilidad de que Dios haya revelado de manera anticipada la Encarnación de Jesucristo: el Hijo de Dios se haría carne, se haría materia, “inferior a los Ángeles”; El traería un ropaje humano, y todos los Ángeles deberían someterse a esta realidad de Jesús hecho hombre, y a Él deberían servir.

Dentro de esta revelación anticipada de la Encarnación de Jesús, otra realidad, dicen los teólogos, puede haber agravado la rebelión de los Ángeles: la revelación de que Él nacería de una mujer, una virgen, y esta sería grande, estaría por encima de los Ángeles en dignidad, y cada Ángel debería someterse a ella y obedecerla.

Los Ángeles que “superan en perfección a todas las criaturas visibles” (CIC 330), tendrían ahora que someterse a “criaturas inferiores”; por eso, hubo una gran rebelión comandada por “la gran estrella de la mañana”, Lucifer. Sabiendo de su grandeza y gloria, el dijo “no” a Dios y a Su plan. Bajo la perspectiva de Lucifer, no sería él quien se humillaría a tal punto.

Esa tesis es realmente cuestionada por algunos teólogos y santos, primeramente porque algunos de ellos afirman que la Encarnación de Jesús solo aconteció porque le pecado entró en el mundo y, por eso, fue necesario que Jesús se encarnase, para romper con la esclavitud que el pecado traería a los hombres.

Algunos pasajes de la Biblia afirman que Jesús vino a redimirnos de nuestros pecados. En la Liturgia Pascual se canta: “Oh feliz culpa que nos mereció tal Redentor!”.

Por estos motivos, la tesis de la revelación anticipada de la Encarnación de Jesús a los Ángeles es puesta en cuestionamiento, pero no solo por eso, ya que algunos pasajes de la Biblia remiten a otra realidad: ¡el hecho de que el pecado de Lucifer, fue un pecado de soberbia! Esa es la segunda tesis, y es realmente la más aceptada, inclusive por Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica.

En el libro de Timoteo, cuando Pablo describe los atributos que debe tener un Obispo, el nos da una indicación del motivo de la caída del Diablo.
“Y no debe ser un hombre recientemente convertido, para que el orgullo no le haga perder la cabeza y no incurra en la misma condenación que el demonio.”1Tim 3,6
En este pasaje queda claro que Pablo afirma que le pecado que hizo caer al Diablo fue la soberbia.

Así también, basándonos en las Sagradas Escrituras, podemos decir que la primer tentación del Diablo contra Adán y Eva en el Paraíso fue una tentación relacionada a su propia fragilidad, la cual el mismo (el Diablo) no puede resistir: ¡la soberbia!

Es como si el, -el Diablo-, antes Lucifer, que tenía el gran esplendor y gloria en el cielo, depués que no fue capaz de contenerse con su propia grandeza, supiese también que el hombre, una vez que se viese grande, no conseguiría resistir esta realidad.

Si la soberbia fue la gran fragilidad de Lucifer, ciertamente sería fácil convencer a Adán y Eva de esta misma forma, con este mismo pecado. Y el así lo hizo, cuando lanzó la afirmación:
“Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal».Gn 3,5
Se revela nuevamente el pecado de la soberbia: “serán como dioses…” Este fue el primer pecado que entró en el mundo: Lucifer quiso ser igual a Dios, y esta fue la primera tentación que el Diablo lanzó a nuestros primeros padres en el Paraíso.

En la primer tentación del Diablo, después de haber sido expulsado del Cielo, el ya nos mostró cual sería el camino de ahí para adelante con relación a la guerra que trabaría con la humanidad: hacer exactamente lo contrario a lo que Dios hizo en cada uno de nosotros, al crearnos a Su imagen y semejanza. Después que el Diablo quiso igualarse a Dios, el también querría que cada hombre tenga un poco de su semejanza -una semejanza diabólica.

El pecado de la soberbia lo deformó, transformándolo en el Diablo; eso mismo el quiso hacer con Adán y Eva, cuando les ofreció el mismo veneno que el probó. Su intención era deformar a Adán y Eva para que reflejasen esa semejanza diabólica.

Y eso mismo es lo que quiere hacer el Diablo conmigo y contigo, cuando coloca en nuestra frente el pecado para hacernos caer. El quiere arrastrarnos como él mismo fue arrastrado por su libertad deformada, y hacernos de esa manera semejantes a el. Después que caemos y en el pecado permanecemos, vamos poco a poco, descaracterizándonos de lo que realmente somos -imagen y semejanza de Dios.

La majestad de Lucifer y el modo como el se percibe fue de cierta manera produciendo en él una ceguera. Fue creciendo en Lucifer una cierta afección desordenada por su propia perfección, llevándolo al extremo de no tener más en cuenta la Soberanía de Dios.

Existe un texto en las Sagradas Escrituras que algunos Padres de la Iglesia citan para hacer alusión a esta caída de Lucifer:
“Eras un modelo de perfección, lleno de sabiduría y de acabada hermosura.Estabas en Edén, el Jardín de Dios, recubierto de piedras preciosas de todas las especies: sardo, malaquita y diamante, crisólito, ónix y jaspe, zafiro, topacio y esmeralda. Llevabas adornos labrados en oro y encajes preparados para ti el día en que fuiste creado.Yo había hecho de ti un querubín protector, con sus alas desplegadas; estabas en la montaña santa de Dios y te paseabas entre piedras de fuego.Eras irreprochable en tus caminos desde el día en que fuiste creado, hasta que apareció tu iniquidad: a fuerza de tanto traficar, tu interior se llenó de violencia y caíste en el pecado. Por eso yo te expulso como algo profanado lejos de la montaña de Dios; te hago desaparecer, querubín protector, de entre las piedras de fuego.Tu corazón se llenó de arrogancia a causa de tu hermosura; corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor. Pero yo te arrojé por tierra y te expuse como espectáculo delante de los reyes.Con tus numerosas culpas, con tu comercio venal, profanaste tus santuarios. Pero yo hago brotar de ti mismo el fuego que te devora. Te reduciré a ceniza sobre el suelo delante de todos los que te miran.Todos los pueblos que te conocen están consternados por ti; te has convertido en un motivo de espanto y no existirás nunca más. (Cfr. Ez 28,11-19)
Leer también:

Danilo Gesualdo
Libro: "Libres de todo mal" - Editora Cancao Nova
adaptación del original en portugues

LA EXCELENCIA DE LUCIFER

SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD - Parte IV
LA EXCELENCIA DE LUCIFER 



Algunos pasajes de la Biblia hacen alusión a este momento de la caída de Satanás, que por libre opción se apartó del camino correcto. 

Diversos escritos nos hablan de un Ángel que tenía el nombre de Lucifer, nombre que significa “estrella de la mañana”. Es un nombre extra bíblico, o sea, que en un momento aparece en las Sagradas Escrituras. Algunos dicen que el nombre Lucifer significa “portador de luz”, pero el Padre José Fortea, exorcista y teólogo especializado en Demonología, afirma que la traducción correcta es “estrella de la mañana”, ya que en Latín la palabra era Luciferarius. (cfr. Fortea, Suma Demoníaca p. 31) 

Había en este Ángel una belleza, una luz, una fuerza del propio Dios que lo llenaba con Su gracia. 

Algunos teólogos dicen que Lucifer fue “el primogénito de los creados por Dios, modelado por Sus propias manos”. 

Ciertamente era el Ángel más inteligente de todos; fue agraciado más que cualquier otro Ángel creado por Dios, le fue dada la mayor inteligencia, el mayor poder, la autoridad, el esplendor. Lucifer tenía una gran comprensión de quien era Dios. Lucifer conocía a Dios como ningún otro Lo conocía. 

Es interesante entender la figura de Lucifer delante de los otros Ángeles, para realmente entender lo que sucedió con él, y como fue que tantos Ángeles lo siguieron cuando este pecó y se apartó de Dios. 

Lucifer era una figura grandiosa en el Cielo, realmente portador de la Luz Divina, y como conocía mejor a Dios que cualquier otro -aún cuando fuese limitado su conocimiento- era superior a todos los Ángeles en el Cielo. 

Esta grandiosidad de Lucifer ciertamente hacía que los otros Ángeles le admirasen. 

Es importante recordar que cuando se estudia Angelología, es dicho que los Ángeles en cuanto a su naturaleza son iguales, puramente espirituales, o sea, son espíritus. Y el Catecismo afirma que son seres personales, “dotados de inteligencia y voluntad”. (CIC 330). Eso significa que no todos tienen la misma inteligencia, ni todos tienen la misma voluntad, y ni todos amaban a Dios de la misma manera. 

Por ser estos seres personales y diferentes unos de otros, y por Lucifer estar por encima de todos ellos en grandeza en el Cielo, ciertamente eso traía consigo la admiración de los otros Ángeles. Y eso no era algo negativo, pues en Lucifer habitaba realmente la belleza de Dios; no había nada de malo en el hecho de que los otros Ángeles admirasen tamaño esplendor, y ni aún el mismo Lucifer que era el mayor de todos, pues Dios estaba ordenado como el centro de todas las cosas; luego, no había sentimientos corrompidos entre ellos. 

Pero la libertad y la voluntad también fueron dadas a Lucifer, y el mismos se percibía mayor que todos los otros Ángeles. Lucifer sabía que su relación con Dios era diferente, profunda, personal, más especial que la de los otros… Ciertamente, el percibió que muchos otros Ángeles lo oían cuando el les compartía su entendimiento, su sabiduría, y lo admiraban por eso. 

Pero delante de esta grandeza, cada Ángel, inclusive Lucifer, necesitó pasar por una prueba. Esta prueba consistía exactamente en la cuestión de la libertad dada a cada uno, en la decisión personal de cada uno de ellos, en permanecer fiel a la voluntad de Dios.

Leer también:

DIOS CREÓ A LOS ÁNGELES PARA UNA MISIÓN
DIOS ACTÚA MISTERIOSAMENTE SOBRE EL MAL
¿POR QUÉ DIOS PERMITIÓ EL MAL?

Danilo Gesualdo
Libro: "Libres de todo mal" - Editora Cancao Nova
adaptación del original en portugues

domingo, 18 de marzo de 2018

DIOS CREÓ A LOS ÁNGELES PARA UNA MISIÓN

SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD - Parte III
DIOS CREÓ A LOS ÁNGELES PARA UNA MISIÓN

Habiendo entendido que estaba en la libertad de cada criatura escoger a Dios o no, y que una sombra podría adentrarse sobre la belleza de toda la creación, no pasó mucho tiempo para que la corrupción penetrase las elecciones y decisiones de las criaturas…

Y la primera criatura en corromperse fue exactamente un Ángel. ¡Fue por medio de él que el mal entró en el mundo!

Los Ángeles fueron las primeras criaturas creadas por Dios dotadas de inteligencia y voluntad. Son seres puramente espirituales -no poseen cuerpos físicos como nosotros los hombres. (cfr CIC 328) Los Ángeles “superan en perfección a todas las criaturas visibles” (cfr CIC 330)

La palabra Ángel significa mensajero, o sea, es para eso que fueron creados, es la designación del encargo que poseen.

Pero ¿qué mensaje fue destinado a los Ángeles comunicar? A los Ángeles se les dio la tarea de conducir a cada hombre al cumplimiento de la voluntad de Dios, auxiliar a Dios en Su proyecto de Salvación para la humanidad y también auxiliar a los hombres en todas sus necesidades dentro de la realidad espiritual:
“¿Acaso no son todos ellos espíritus al servicio de Dios, enviados en ayuda de los que van a heredar la salvación?” Heb. 1, 14
Desde el inicio de la creación ellos están ahí. No sabemos en que momento Dios creó a los Ángeles, pero sabemos que ellos siempre se hicieron presentes en la historia de la humanidad. De la misma forma, los Ángeles marcan presencia importante en las Sagradas Escrituras: tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, vemos siempre la presencia ilustre de la acción de los Ángeles en medio del pueblo de Dios. Esa misma presencia es destacada en la historia de nuestra Iglesia por medio de los Santos Padres, de los Santos, de los Papas, de los Concilios, etc. ¡La existencia de los Ángeles es una verdad de fe! (cfr. CIC 328)

Danilo Gesualdo
Libro: "Líbranos de todo mal" 
Adaptación del original en portugués

jueves, 15 de marzo de 2018

DIOS ACTÚA MISTERIOSAMENTE SOBRE EL MAL

SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD - Parte II
DIOS ACTÚA MISTERIOSAMENTE SOBRE EL MAL

¡Fue por medio de la inteligencia y libertad que, ahora, cada criatura tendría en sus manos el poder de la decisión.

¡La criatura, a partir de ahora, podría decidir sola!

¡Podría decidir seguir o no las leyes de Dios! ¡Podría decidir amar o no a Dios! Los Ángeles y los hombres pueden ahora escoger los caminos que quieren seguir. ¡Se abre, por lo tanto, la posibilidad para que el mal moral se instale, pues las elecciones podrían ocurrir ya no más en función del Bien Supremo que es Dios!

Las criaturas ahora pueden escoger conscientes de su propia voluntad. Existe la real posibilidad de que se aparten de Dios, pero no la obligación. El acto de apartarse de Dios no se volvería un camino natural. Se abre de este modo, el riesgo del pecado. Y es exactamente eso lo que sucede.

En los comienzos algunos Ángeles, de manera libre, dijeron no a Dios, y con eso el mal moral entró en el mundo. A partir de ahora, entraremos en el drama de toda la humanidad, que tendrá, hasta la segunda y definitiva venida de Nuestro Señor Jesucristo, que luchar contra ese mal…

Aún así, Dios, en su bondad y sabiduría -y de modo misterioso- supo extraer de ese mal un bien: 

«Porque el Dios todopoderoso [...] por ser soberanamente bueno, no permitiría jamás que en sus obras existiera algún mal, si Él no fuera suficientemente poderoso y bueno para hacer surgir un bien del mismo mal» (San Agustín, Enchiridion de fide, spe et caritate, 11, 3).

Hemos ido descubriendo de esta manera que, en medio de este mal, Dios siempre nos apunta un bien como consecuencia.

¡Surge, así, como un bien mayor, mediante el mal que se instaló en el mundo, el mérito! ¿Qué mérito sería ese? El mérito de escoger a Dios y Su voluntad. Podemos escoger el bien; y el mérito consiste en la posibilidad de la libre elección por el mal, pero en mi libertad, inteligencia y voluntad yo escojo a Dios; ¡en eso están los méritos!

¡Por lo tanto, se inicia aquí la tan dolorosa, como misteriosa, acción de la Misericordia Divina!

De esa manera entendemos que Dios no creó el mal, sino que fue por la mala elección, -elección errada-, de un ángel provisto de voluntad e inteligencia que el mal entró en el mundo y nos distanció de Dios.

Dios, el Bien Supremo, el Ser Infinitamente Perfecto, jamás sería capaz de haber creado el mal. El mal siempre será fruto de nuestras decisiones impensadas y precipitadas, contraponiéndonos a Su verdad y bondad!

Danilo Gesualdo
Libro: "Libres de todo mal"
Editora Cancao Nova
Adaptación del original en portugues.

Leer: SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD

miércoles, 14 de marzo de 2018

¿POR QUÉ DIOS PERMITIÓ EL MAL?

SATANÁS: DE LA EXCELENCIA A LA PLENA DEFORMIDAD
¿POR QUÉ DIOS PERMITIÓ EL MAL?


Intentaré en este capítulo ser lo más conciso posible, aun cuando el asunto exija cierta complejidad para el entendimiento, pero es importante explicar esto, para que entendamos el camino que existió para que el Mal se instale en el mundo en que vivimos.

Este cuestionamiento continua en los tiempos actuales siendo hecho por las personas, que de alguna manera no entienden cómo es posible que Dios, siendo bueno, haya permitido la existencia del Mal en medio de nosotros.

¿Dios no hubiese podido impedir todo ese Mal con una simple orden de Su boca?

¿Estaría siendo colocada en “jaque” la condición de la Omnipotencia Divina, desde que el mal se adentró en el mundo y se instaló en él?

Es cierto que no fue y no es una falla de la Omnipotencia Divina la existencia del Mal. Dios, ser infinitamente bueno, no podía crear nada que fuese malo, y por eso no fue Dios quien creó el Mal -¡nada malo puede salir de un ser que es solamente bueno!

En este caso, cuando hablamos de Mal, no estamos hablando del Demonio en sí, sino del mal moral que entró en la historia de la creación, causando la desarmonía, contraponiéndose a los planes de Dios.

¿Qué queremos decir con que el mal moral entró en el mundo?

El mal moral solo puede ser aplicado dentro de la creación de Dios a los Ángeles y a los hombres, pues la realidad del mal moral solamente es válida en cuanto a los seres dotados de inteligencia, que son racionales, tienen voluntad propia y son conscientes y libres en sus elecciones. Desde el momento que son seres dotados de inteligencia, racionales y libres, pueden decidir por sí solos qué camino seguir, qué decisiones tomar, -aún cuando hagan elecciones que contraríen la voluntad y la conformidad de Dios.

Como nos enseña Santo Tomás de Aquino:
El mal es la privación del bien.
Si el mal es la privación del bien, eso significa que el mal, en su naturaleza, no es un ser, una cosa que existe por sí misma, que tiene vida propia. El mal no es algo; en verdad, el es la falta de algo… El mal es la deficiencia, es la carencia de la presencia de este Bien Supremo que es Dios.

Y la cuestión continúa: ¿Cómo es que Dios, siendo bueno, podría dejar que de alguna manera una criatura Suya tuviese una privación de este Bien?

Es exactamente en este punto que podemos percibir tamaño amor de Dios para cada criatura. Todo lo que Dios creó, lo creó para que fuese bueno (cfr. Gn. 1,31), lo creó de manera ordenada en Su plan de amor.

¡Dios no podía dotar Su creación de una perfección infinita, así como Él mismo Lo es, infinitamente perfecto! Si toda la perfección que hay en Dios, que es infinita, existiese también en Sus criaturas, Dios estaría “creando otros dioses” y por lo tanto, su creación habría de ser, en determinados puntos, limitada y sujeta a ciertas privaciones.

Pero estas limitaciones y privaciones no estarían desprovistas de la capacidad de continuar y permanecer en el Bien Supremo que es Dios, pues El dotaría a los Ángeles y los hombres -criaturas racionales- de inteligencia. Y esta inteligencia que los distingue de las otras criaturas sería suficientemente capaz de ayudar a su voluntad, para que escogiesen permanecer en el Bien Supremo que es Dios.

Dios además capacitó y dio a los Ángeles y a los hombres el gran don de la libertad en cuestiones de libre arbitrio.

Por lo tanto, Ángeles y hombres son capaces, mediante el libre arbitrio, de hacer elecciones por medio de la inteligencia que les fue dada. Esta inteligencia los vuelve capaces de tener conocimiento de sus acciones, así como los habilita a decidirse o no por estas acciones.

Todavía muchas personas creen que fue el libre arbitrio dado por Dios a sus criaturas que trajo el problema del Mal a la humanidad, pero este es sin duda alguna uno de los mayores dones que Dios podría haber dado a sus criaturas.

Si Dios, al crear a los Ángeles y a los hombres, les hubiese retirado la libertad y el libre arbitrio, seríamos todos como marionetas en Sus manos.

Dios no quiso marionetas en Sus manos, y sí hijos y criaturas inteligentes y libres, que pudiesen, juntamente con Él, en el curso de los acontecimientos, tener la responsabilidad de someter la tierra y dominarla, completando así la obra de la creación.

El catecismo de la Iglesia Católica nos deja esta linda afirmación:
Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo "en estado de vía" hacia su perfección última. CIC 310
Dios nos quiso crear el mundo perfecto, sino que quiso conceder a sus criaturas participar libremente de Su Providencia creadora. Creó un mundo en “estado de vía”. ¡Que bella expresión!

Así, “¡Ángeles y hombres por opción libre y amor preferencial” podrían escoger únicamente a Dios!

Danilo Gesualdo
Libro: "Libres de todo mal" - Editora Cancao Nova
adaptación del original en portugues

lunes, 12 de marzo de 2018

LA TENTATIVA DE NEGAR LA EXISTENCIA DEL DEMONIO

LÍBRANOS DE TODO MAL
LA TENTATIVA DE NEGAR LA EXISTENCIA DEL DEMONIO

La Iglesia es muy clara al enseñarnos sobre la existencia de las realidades diabólicas. Ella nunca negó la existencia del Mal, por el contrario: la Iglesia siempre afirmó la existencia de esta fuerza opuesta a Dios, que combate contra la humanidad.

Desgraciadamente, existen personas que todavía insisten en caer en un relativismo en cuanto a esta cuestión. Existen, todavía, personas que llegan al punto de negar completamente la existencia del Demonio.

Esas personas responsabilizan solamente al hombre, en cuanto criatura, por todo y cualquier tipo de mal que nos rodea.

La triste realidad es que vemos algunos padres y personas de dentro de la propia Iglesia, negando la existencia del Mal. Ellas desafiaban a los Demonios para que las poseyesen y causasen algún tipo de actividad extraordinaria en sus vidas. Ellas afirmaban que los espíritus que son invocados en determinadas sectas no existen y que nada podrían hacer contra ellas. Por causa de eso, muchos llegaron a creer que realmente no podría haber ningún tipo de acción del Demonio sobre las personas, y que todo sería fruto de mentes perturbadas y enfermas que precisaban atribuir a los espíritus la responsabilidad sobre sus propios problemas, en vez de lidiar personalmente con ellos.

Ciertamente, tales afirmaciones causaron perjuicios a algunas personas, pues ellas no conseguían ver la realidad espiritual que les cercaba. Como todo era explicado por los fenómenos parasicológicos y por el poder que hay en la mente humana, nada quedaba para el Mal. 

Delante de escenas de esas personas que gustaban aparecer en los medios desmintiendo la acción del Demonio y la existencia de entidades malignas espirituales, muchos se preguntaban: “¿El demonio no podría realmente poseer esas personas, que le están desafiando y llamando para dentro de ellos?” Otro cuestionamiento que se hacía era: “Si el Demonio realmente existe, ¿por qué no hace el mal a esas personas?

La respuesta es simple: ¡esas personas ayudaban a los Demonios indirectamente! Ellas realizaban exactamente lo que ellos querían, que era hacer que todos crean que ellos no existen. Es triste saber que, de cierta manera, esas personas colaboraban con la intención real del Demonio, pero es la pura verdad. Por eso, no sería lógico que el Demonio atacase a quien está colaborando de manera tan explícita y amplia con su estrategia.

Curiosamente, aquellos que más defendían -y todavía defienden- que la mayoría de los fenómenos extraordinarios son solo realizados por la autosugestión y por el poder de la mente, y que existe en la parapsicología una explicación “científica” para todo lo que es extraordinario, estos mismos nunca demuestran el poder de sus propias mentes y técnicas parapsicológicas para mover un vaso de lugar…

Quiero referirme aquí un poco a la cuestión de la parapsicología, pues todavía existen quienes utilizan ese recurso para encontrar respuestas a los conflictos que las personas viven.

Pero nosotros, cristianos, no nos apoyamos en la parapsicología para la resolución de lo que entendemos como realidades espirituales, pues los métodos que ella utiliza, así como los resultados, son ampliamente probados por la comunidad científica, y las consecuencias pueden hasta ser trágicas, si intentamos aplicar sus teorías sobre realidades espirituales malignas.

EL PROBLEMA DE NEGAR EL MAL

Existe un gran problema cuando el asunto es negar la existencia del Demonio. Si negamos eso, negamos también toda realidad acerca del pecado que nos envuelve a todos nosotros, y del cual él (Diablo) es el autor desde el principio (Cfr. 1 Jn 3,8)

Siendo así, si niego la existencia del Demonio, niego la existencia del pecado, y si niego la existencia del pecado, estoy despreciando todo el sacrificio, muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, que vino exactamente a romper con las cadenas que nos hacía esclavos del pecado. 

La Biblia dice:
“Para eso es que el Hijo de Dios se manifestó: para destruir las obras del Diablo” 1Jn 3,8
Si no existe pecado, porque no existe su autor, ¿qué es el Diablo?, ¿para qué todo el sacrificio de Jesús en la Cruz? ¿Habría sido todo en vano?

El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. El castigo que nos da la paz recayó sobre él y por sus heridas fuimos sanados.

Todos andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su propio camino, y el Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. ISAIAS 53, 5-6

Jesús vino a destruir las obras del Diablo! Vino a destruir de manera definitiva el yugo que pesaba y nos hacía cautivos del pecado, y nos dejó Su Espíritu Santo para que, por medio de Él, podamos ir santificándonos con cada elección que hacemos por Dios.

Entonces, si acogemos la Salvación que Dios nos trajo por medio de Jesucristo, no podemos negar a quien Él también combatió.

La verdad sobre la existencia del Demonio está contenida en la Biblia desde el Génesis hasta el Apocalipsis, por lo tanto, para nosotros cristianos, no es opcional creer en la existencia del Mal, es un dogma de fe que no podemos descartar.

No es posible comprender la Salvación sin la creencia en la existencia del Demonio.

DEJEMOS QUE JESÚS RECE SOBRE NOSOTROS.

Permitamos, en este momento, que Jesús rece sobre nosotros con las mismas palabras con las cuales El rezó al Padre…

Dejémonos amar por este Dios que es amor y que no quiere que ninguno de nosotros se pierda.

Lee atentamente cada palabra que Jesús dice al Padre, y déjate inundar por ese Amor. Percíbete en estas palabras de Jesús, porque es por ti y por mi que El está orando al Padre en este exacto momento:
Después de hablar así, Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti. Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.

Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad.
No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno –yo en ellos y tú en mí– para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos».

Por un breve momento, con tus palabras, agradece a Jesús por el cuidado y celo con que Él suplicó al Padre por ti…

Bruno Gesualdo
"libres de todo mal" - Editora Cançao Nova
adaptación del original en portugues