No es un imposible que algunos días, al comenzar la jornada, nuestro corazón despierte con cansancio o con dudas y preguntas. Debemos decir también que, independientemente del sentir interno, cada jornada trae consigo algo real que nos atraviesa a todos: el día no llega vacío, viene sostenido por las manos de Dios Padre que provee lo necesario antes de que lo pidamos.
Cuando los acontecimientos que nos rodean tornan la vida incierta, cuando los planes que soñamos, los proyectos que construimos se desmoronan o el ánimo se apaga, la Providencia de Dios se hace presente en lo pequeño: palabras que consuelan, gestos que abrazan, una paz que, sin darnos cuenta, vuelve a habitarnos.
Que este sábado se torne un espacio de confianza.
Que el espíritu de control que suele apoderarse de nuestra voluntad ceda a la confianza sin límites; ¡abramos las manos como tierra que espera la lluvia! El Padre del Cielo conoce nuestras necesidades y luchas y viene en auxilio con nuevas gracias.
Respiremos profundo y dejemos surgir la jaculatoria:
“Dios provee, Dios proveerá. Su misericordia no faltará.”
Que esta certeza nos acompañe hoy: nada falta donde el amor del Padre gobierna.

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