Mostrando entradas con la etiqueta Jacque Loew. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jacque Loew. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de noviembre de 2017

La oración es la única que puede imprimir el evangelio en un corazón de hombre

Pues caminan de la mano para llevarnos al camino seguro, sin peligrosas ilusiones: nada de contemplación en la ociosidad, nada de santidad sin trabajo, nada de presencia de Dios sin las humildes tareas comunes. Pero nada de Dios tampoco, si no habita en nuestro corazón un gran deseo, y sin una espera siempre aguzada, sin la oración en fin, siempre posible, siempre difícil, que es la única que abre la puerta de los deseos y de la espera, la única que puede « imprimir el evangelio en un corazón de hombre».

Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 228.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Hemos perdido la virtud de la contemplación

«Estamos enfermos. Los modernos hemos perdido la virtud de la contemplación.

Somos hábiles para leer, para pensar, para hablar, pero no sabemos hacerlo sin apegarnos intensamente a las imágenes sensibles.


La negación del espíritu y la conquista de la materia ha hecho esto.


En el pensamiento, la metáfora nos sirve de prueba; en la vida, lo que nos interesa son los colores, las siluetas, las líneas, los sonidos, el mundo sensible. Así, nos incapacitamos para acoger el mensaje de la fe: es demasiado espiritual.

Sin embargo, si pudiese interpretar con mis ojos miopes de hombre moderno –con mis ojos ávidos de modernidad- el alfabeto inmaterial, volvería la alegría, lo mismo que la confianza, confianza en la gracia cercana. En el espejo purificado del mundo se reflejaría el cielo; en la claridad de las cosas a las que el ojo está acostumbrado, el enigma superreal de la fe le atraería de nuevo.

Es cierto que no lo vería todo, queda el espejo, queda el enigma, pero no me sentiría extraño a mi propia vida buscando la vida de Dios».

PP Pablo VI citado en Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 178.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Hay sólo dos cosas que cuentan para el alma

Así más que los éxtasis y visiones, las sencillas y exigentes palabras del evangelio son la fuente de una paz que nada puede turbar. Este es el testamento espiritual de María de la Encarnación:
«Hay sólo dos cosas que cuentan para el alma: la primera es la práctica de las máximas del evangelio, o al menos un esfuerzo continuo para practicarlas. El otro es la dulce familiaridad con Dios, cultivarle, y por decirlo de alguna forma, entretenerse con él».
«Dios ama infinitamente las almas apacibles y pacificas y se complace en hablarles al corazón».

Loew, Jacques, La vida a la escucha de los grandes orantes, Narcea, Madrid, 1988, p. 116.