Honrar la memoria es reconocer que ellos son raíces vivas, que sostienen nuestra historia y nos enseñan a esperar. No se trata sólo de recordar, sino de acariciar lo que se vuelve frágil, de agradecer lo que sembraron y aún siembran en nosotros.
Que esta jornada despierte en cada corazón el deseo de volver a escuchar su voz y de custodiar su presencia como tesoro de Dios.

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