Thomas Merton decía que la ternura es la fuerza más real contra la dureza del mundo. Proteger la ternura es custodiar la infancia como lugar sagrado: allí se aprende a confiar, a esperar, a amar.
Hoy pedimos al Espíritu Santo que sane las heridas de los pequeños olvidados, que levante padres y madres capaces de abrazar, y que haga de cada hogar un espacio donde la ternura sea custodiada como tesoro de Dios.
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