El Don de Fortaleza no es una idea abstracta, ¡es poder en acción! El Padre Alírio Pedrini detalla que este don actúa en dos frentes: el combate contra el mal y la ejecución del bien.
El Espíritu nos capacita en tres grados de madurez: el primero nos da firmeza en lo fundamental de la vida cristiana.
El segundo grado nos otorga la fuerza para cumplir nuestros deberes, nuestro apostolado y nuestras responsabilidades familiares con una alegría que contagia.
El tercer grado es el heroísmo, la valentía que tuvieron los mártires y que hoy necesitamos para realizar actos comunes de servicio en circunstancias hostiles, sin retroceder por miedo al qué dirán. Es una fuerza que nos empuja a la lucha con un «sabor de victoria», recordándonos que no hay obstáculo que pueda abatir a un valiente de Dios que camina en obediencia.

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