Cada día nos invita a mirar un aspecto distinto de la familia y a dejar que la Palabra ilumine nuestra historia. No es un itinerario para cumplir, es un camino para abrirnos al Espíritu Santo y preguntarle: ¿qué quieres sanar hoy en mi casa?
Confiemos en Él, que sabe cómo edificar la unidad y sostenernos en la esperanza.

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